martes, 5 de mayo de 2026

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO, 5 DE MAYO A LAS 19:00

 


“La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro” 

“Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 35) 

Este año 2026 el Papa León XIV nos propuso volver nuestra mirada y reflexionar sobre el  Buen Samaritano. Y  elegido el tema para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se  celebraró el 11 de febrero de 2026: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor  del otro”. 

El tema, centrado en la figura evangélica del samaritano que manifiesta su amor al cuidar al hombre herido que ha caído en manos de los ladrones, quiere subrayar este aspecto  del amor al prójimo: el amor necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad,  a menudo en un contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la soledad.

La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992, busca ser un  momento privilegiado de oración, de cercanía y de reflexión para toda la comunidad eclesial  y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos y hermanas  marcados por la enfermedad y la fragilidad. 

Al igual que el buen samaritano que se detiene y se inclina ante el herido en el camino,  la comunidad cristiana está llamada a detenerse ante quien sufre, y a dar testimonio  evangélico de cercanía y servicio hacia los enfermos y los más vulnerables. 

En esta Campaña ponemos en el centro el cuidado a los enfermos. La Iglesia es la posada  a donde el Buen Samaritano lleva al hombre herido y necesitamos aprender a acoger y cuidar. De ahí el lema elegido: “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 34). Jesús se presenta  públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre  de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. “Le llevaron a todos los enfermos y  endemoniados” (Mc 1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto  dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados.  Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado y  hoy nos envía a cumplir su propia obra y nos dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a  los enfermos y cuidarlos hasta el fondo ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar  cerca de los enfermos; ésta es la tarea (cf. Papa Francisco, Audiencia 10-VI- 2015). 

Cuidar a los enfermos y sus cuidadores lejos de suponer un problema son una  oportunidad evangelizadora de primer orden. Los enfermos son, con palabras de Benedicto  XVI, “un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para  vuestras familias (…) sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al  mundo”./span>

Oración de los Fieles: Elevemos nuestra oración a Dios Padre, en quien ponemos nuestra esperanza. Lo hacemos por mediación de María, salud de los enfermos, respondiendo: R. Padre, en Ti confiamos.

 — Por la Iglesia: para que asumiendo su vocación maternal acoja en su seno a todos los que se sienten solos y haga presente el consuelo de Cristo. Oremos

. — Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio del dolor, sientan también la presencia cercana y maternal de la Virgen. Oremos. 

— Por todos los consagrados al servicio de los enfermos y mayores: para que su dedicación y entrega sea reflejo del rostro misericordioso del Padre para quien nos necesite. Oremos. 

— Por nuestra comunidad cristiana, nuestra parroquia: para que se muestre siempre cercana a las necesidades de quienes padecen la tristeza sea un verdadero hogar de acogida, acompañamiento y servicio para ellas. Oremos. 

Escucha, Padre, nuestra oración y danos un corazón compasivo como el de María, para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y nos comprometamos, sin miedo, a acompañarlos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Jesús, Buen Samaritano, que viviste aliviando el sufrimiento de quienes encontrabas en el camino, como expresión de la misericordia del Padre. 
Ayúdanos a bajar a lo profundo del corazón, donde se escucha el grito del dolor, la voz de quien sufre y necesita. 
Danos entrañas de misericordia, para que no demos rodeos ante los que sufren y sepamos caminar con los ojos del corazón abiertos para ayudar a quienes nos necesitan. 
Haznos, Señor, buenos samaritanos para que el mundo descubra en nuestra vida el rostro misericordioso del Padre


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