🎶 "Toma tu Cruz y ven... sígueme" 🎶 Evangelio de San Mateo 16, 21-27
Jesús habló de su camino,
de Jerusalén y del dolor;
dijo que habría sufrimiento,
pero después, resurrección.
Pedro quiso detenerlo,
no entendía aquel sendero;
Jesús miró su corazón
y le habló con amor sincero.
«No pienses como los hombres,
mira el plan de mi Padre Dios;
quien pretenda salvar su vida,
la perderá lejos de Dios».
Y llamó a sus discípulos:
«Si me quieres acompañar,
toma tu cruz cada día
y aprende conmigo a caminar».
Toma tu cruz y ven conmigo,
no tengas miedo de avanzar;
si entregas tu vida por Cristo,
una vida nueva hallarás.
¿De qué te sirve ganar el mundo,
si tu alma vas a perder?
Más vale perderlo todo
que sin Cristo amanecer.
Hay caminos que prometen
una vida sin ningún dolor;
te ofrecen gloria y riquezas,
pero no llenan el corazón.
Puedes tener cuanto quieras,
puedes llegar hasta el final;
pero si pierdes tu alma,
¿qué tesoro quedará?
La cruz no es final ni derrota,
es camino hacia la verdad;
quien camina junto a Cristo
encuentra su libertad.
Cada lágrima ofrecida,
cada entrega hecha con amor,
se transforma en una semilla
cuando la recibe el Señor.
Tal vez hoy llevas una cruz
que no quisieras cargar;
pero Cristo va contigo,
no te dejará caminar en soledad.
No siempre entiendes el camino,
ni comprendes dónde va;
pero quien confía en Cristo
sabe que no se perderá.
No busques una vida fácil,
busca una vida con verdad;
porque el que entrega su vida
en Cristo la encontrará.
Toma tu cruz y ven conmigo,
no tengas miedo de avanzar;
si entregas tu vida por Cristo,
una vida nueva hallarás.
¿De qué te sirve ganar el mundo,
si tu alma vas a perder?
Más vale perderlo todo
que sin Cristo amanecer.
Toma tu cruz, camina conmigo,
yo nunca te voy a abandonar;
quien pierda su vida por Cristo,
para siempre la encontrará.
Toma tu cruz... ven conmigo;
toma tu cruz... y sígueme;
lo que parece una derrota,
en mis manos renacerá otra vez.
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
INTRODUCCIÓN
Pedro, que acababa de ser reconocido como la «roca» del grupo, es llamado ahora «piedra» de tropiezo, incluso «Satanás», es decir, «adversario» diabólico. Había contestado bien –estaba en la ortodoxia-, pero en su seguimiento efectivo se hallaba diametralmente opuesto al Maestro. No pocas veces, los cristianos hemos podido pensar que la fe se ventilaba en creer lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica, sin preocuparnos de que nuestra vida se ajustara a las actitudes y valores del Evangelio.
TEXTOS BÍBLICOS DEL DÍA
1ª lectura: Jer. 20, 7-9 2ª lectura: Ro. 12, 1-2.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,21-27)
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas corno los hombres, no como Dios.» Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»
REFLEXIÓN
El seguimiento, es muy importante en todos los evangelios. Se trata de abandonar cualquier otra manera de relacionarse con Dios y con los demás, y entrar en la dinámica espiritual que Jesús manifiesta en su vida. Es identificarse con Jesús en su entrega total a los demás, sin buscar para sí nada que pueda oler a poder o gloria. Es hacer un viaje fantástico del yo al Tú; de mi “yo” al “Tú” de Jesús.
1.– Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Y Pedro recibe de Jesús las palabras más duras, las que no dirigió nunca ni a sus enemigos. ¿Por qué? Este texto hay que relacionarlo con las tentaciones de Jesús. Todas comienzan de la misma manera: “Si eres Hijo de Dios…” Si eres hijo de Papá-Dios, ¿Por qué no conviertes las piedras en pan? ¿Por qué no te tiras del alero del Templo? ¿Por qué te empeñas en vivir “como hombre” y no vives como Dios? Es una tentación que persiguió a Jesús a lo largo de su vida. En realidad, Jesús nos hubiera salvado lo mismo “muriendo tranquilamente en su cama”. ¿Por qué tuvo que morir en la Cruz? Y ahí nos perdemos. Solamente nos queda el “abismarnos en un Misterio de Amor”. “Nadie ama más al amigo que el que da la vida por Él” (Juan 15,13).
2.- “El que quiera venirse conmigo, que cargue con su cruz y me siga”. Al pie de la letra, cargar con la cruz significaba iniciar un recorrido llevando el palo trasversal hasta llegar al final donde estaba ya hincado en tierra el palo vertical. Y todo este recorrido hecho con desprecios, mofas, insultos, vejaciones. Eso significaba seguir a Jesús. Más tarde el evangelista Lucas lo matiza hablando de “la cruz de cada día”. Es decir, aceptar esas astillas de cada día que nos molestan y nos hacen sufrir (Lc. 9,23). Con todo hay que mantener que el evangelio nunca hay que entenderlo en sentido negativo, como negación de lo humano, sino para disfrutar de los dones creados por Dios. No podemos aceptar una ascesis que consiste en “fastidiarse aquí para merecer la vida eterna allá”. Se trata de saber perder, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien sino también el bien de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su plena realización.
“Tomar nuestra cruz y seguirle no es un asunto que pueda evadirse. Es un llamado de Jesús. Según nuestro texto, la vida cristiana no es cuestión de vida o muerte, sino de vida y muerte. Es morir para poder vivir. No significa cualquier renunciamiento. El llamado de Jesús no trata de un masoquismo o de sufrir por gusto. El mandato de Jesús trata de que nos comprometamos de tal forma con el Reino y su justicia que estemos dispuestos/as a soportar los sufrimientos que inevitablemente siguen a tal compromiso”. (Pablo E, Rojas Banuchi).
3.- Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. Es la paradoja de Jesús: perder para ganar. A David María Turoldo le gustaba llamar a Jesús: “Mi dulce ruina”. Es Jesús quien arruina mi vida mediocre, mi fe barata, mi vida a ras de tierra. Vivir para el yo no sólo nos mantiene en la ignorancia, sino que nos hace infelices: la búsqueda insaciable de gratificaciones no hará sino aumentar la frustración porque –como ya advertía Freud- lo que puede satisfacerse «está llamado a extinguirse en la satisfacción». Una y otra vez, reaparecerá la insatisfacción. Buscamos insaciablemente bienestar, pero ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos “progresar” cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humanos en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar, cerrando nuestras fronteras a los hambrientos? Tal vez estos años en que nos toca a todos “apretarnos el cinturón” comprendamos un poco más a los que no tienen lo más elemental para vivir. Los cristianos tenemos una ley: La ley del “grano de trigo que, si no muere, no puede dar fruto”. (Juan 12,24)
Queridos hermanos y hermanas: El Evangelio de hoy nos sitúa en un momento de crisis y de profunda enseñanza. Apenas el domingo pasado contemplábamos a Pedro confesando con entusiasmo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús lo alababa y lo nombraba roca de la Iglesia. Pero hoy, la escena cambia drásticamente. En cuanto Jesús empieza a explicar que su misión como Mesías no implica un triunfo político o militar, sino el camino del sufrimiento, del rechazo y de la muerte en la cruz, Pedro se asusta. Intenta apartar a Jesús de ese destino, ganándose la reprensión más severa de todo el Evangelio: "¡Ponte detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
Este pasaje nos confronta con una realidad incómoda: muchas veces, nuestras expectativas sobre Dios y sobre la fe chocan de frente con la realidad del plan de Dios. Queremos un cristianismo a nuestra medida: un Dios que resuelva nuestros problemas de inmediato, que nos evite cualquier dolor y que nos garantice el éxito según los criterios del mundo. Pero Jesús nos recuerda que la lógica del Reino de Dios es radicalmente distinta.
1. El reproche a Pedro: ¿A quién seguimos realmente?
Cuando Jesús le dice a Pedro "Ponte detrás de mí", no solo lo está reprendiendo, sino que lo está resituando en su lugar correcto. El lugar del discípulo no es ir delante del Maestro diciéndole por dónde debe caminar o qué debe evitar. El lugar del discípulo es ir detrás de Jesús, siguiendo sus huellas, aceptando el camino que Él ya ha trazado.
Pedro actúa aquí como "Satanás", que literalmente significa "el que estorba", "el adversario" o "el que pone tropiezos". Nos convertimos en tropiezo para el Evangelio cada vez que intentamos eliminar el sacrificio de nuestra vida cristiana. La lógica del mundo nos dice que la felicidad consiste en acumular, en evitar el sufrimiento a toda costa, en buscar el placer inmediato y en destacar por encima de los demás. La lógica de Dios nos dice que la plenitud solo se alcanza a través del amor entregado, y ese amor, tarde o temprano, cuesta.
2. Las tres condiciones del discipulado
Jesús no nos engaña ni nos vende falsas promesas de prosperidad fácil. Él es claro y nos presenta hoy las tres condiciones fundamentales para ser sus seguidores:
Renunciar a uno mismo: No significa anular nuestra personalidad o destruir nuestra autoestima. Significa destronar al "yo" egoísta. Dejar de ser el centro de nuestro propio universo para que Dios y el prójimo ocupen ese lugar. Es vencer la tentación de vivir solo para nuestros propios intereses.
Tomar la cruz: La cruz no es el sufrimiento que nos buscamos por nuestros propios errores, ni tampoco es una resignación pasiva ante las injusticias. Tomar la cruz es asumir con valentía y por amor las consecuencias de la fidelidad a Dios. Es la fatiga del día a día, el esfuerzo por mantener un matrimonio unido, la paciencia con los hijos, la honestidad en el trabajo aunque otros hagan trampa, o la incomprensión social por defender nuestra fe.
Seguir a Jesús: Significa caminar al ritmo del Maestro. Significa que nuestras decisiones, prioridades y valores no se rigen por las modas del momento o por el "todo el mundo lo hace", sino por las actitudes de Cristo: su misericordia, su perdón, su justicia y su cercanía con los más necesitados.
3. La paradoja de ganar perdiendo
Jesús concluye con una sentencia que desafía toda lógica comercial o matemática: "El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará".
La vida es como una semilla: si la guardamos celosamente en un frasco para que no le pase nada, se termina secando y muriendo sola. Pero si la enterramos en la tierra, si "pierde" su forma y se desgasta, brota y da mucho fruto. Quien vive cerrado en su propio egoísmo, cuidando solo su comodidad, termina perdiendo el verdadero sentido de la existencia. En cambio, quien gasta su vida sirviendo, amando y entregándose a Dios y a los demás, descubre la alegría profunda que nada ni nadie le puede quitar.
Esa es la experiencia que escuchamos en la primera lectura en labios del profeta Jeremías. Él experimentaba el peso de su misión, la burla y el sufrimiento por anunciar la palabra de Dios. Pensó en rendirse, en "salvar su vida" callándose. Pero nos confiesa que dentro de él había "como un fuego ardiente encerrado en sus huesos". Ese fuego es el amor de Dios, que cuando se experimenta de verdad, quema toda cobardía y nos impulsa a seguir adelante a pesar de las dificultades.
El verdadero culto espiritual
San Pablo, en la segunda lectura, nos da la clave práctica para aplicar todo esto en la vida cotidiana. Nos pide que no nos amoldemos a los criterios de este mundo, sino que transformemos nuestra mente para discernir la voluntad de Dios. Nos invita a ofrecer nuestro propio cuerpo —es decir, nuestra vida concreta, nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestras relaciones— como una "ofrenda viva, santa y agradable a Dios".
Nuestra misa no termina cuando el sacerdote dice: "Podéis ir en paz". Al contrario, ahí empieza nuestro verdadero culto. Al comulgar hoy con Cristo, le pedimos la fuerza para no escandalizarnos de la cruz. Que el Espíritu Santo encienda en nosotros ese mismo fuego que movía a Jeremías, para que tengamos la valentía de perder nuestros pequeños egoísmos diarios y así ganar, desde ahora, la vida auténtica y eterna que solo Jesús nos puede dar. Amén.
"Fiel hasta el final" 🎶 Evangelio de San Marcos 6, 17-29
Herodes temía la verdad,
Juan predicaba con libertad.
No tuvo miedo de proclamar,
Que el pecado no puede reinar.
La cárcel oscura lo vio esperar,
Pero en su espíritu ardía el amar.
La voz del desierto no se apagó,
Con sangre su vida a Cristo entregó.
Fiel hasta el final, como Juan Bautista,
Con la cruz en mano, con fe que resista.
Aunque el mundo calle lo que es verdad,
Cristo nos da fuerza para perseverar.
La danza engañosa trajo dolor,
El odio venció con falso favor.
La espada cortó su voz terrenal,
Pero su mensaje fue inmortal.
Hoy nuestro martirio es luchar con fe,
Ser santos en medio del mundo infiel.
Vivir con pureza, amar de verdad,
Seguir a Jesús sin nunca dudar.
Ser mártir no siempre es morir en dolor,
Es dar cada día la vida en amor.
Callar al orgullo, vencer tentación,
Ofrecer la lucha con fiel corazón.
Fiel hasta el final, como Juan Bautista,
Con la cruz en mano, con fe que resista.
Aunque el mundo calle lo que es verdad,
Cristo nos da fuerza para perseverar.
“Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel”
1.- Introducción
Señor, el tema de oración de este día me sobrecoge. Juan Bautista es en labios de Jesús “el mayor entre los nacidos de mujer”. Su sentido de la misión, su humildad, su coraje para defender la verdad incluso ante el rey, han convertido a Juan en el precursor del Señor, en el mejor representante, el más parecido a Jesús. Te pido que sepa contagiarme de estos valores.
2.- Lectura sosegada del evangelio: Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino. Ella salió a preguntarle a su madre: ¿qué le pido? La madre le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
Trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven.
Me impresiona este relato. Nunca esa joven había visto la muerte tan de cerca, Y nunca había pensado que una fiesta podía acabar así. Todo un símbolo para la juventud de hoy. Encima de esa bandeja se podrían poner miles de cabezas de jóvenes cortadas por la espada de las drogas, o a consecuencia de un accidente en carretera. En esa bandeja del bautista hay mucha sangre, mucho sufrimiento, mucho dolor. En el corazón de esa madre, con nombre Herodías, había mucho odio, mucha rabia, mucho deseo de venganza. Por eso, en vez de afligirse, se alegra de esa muerte porque ¡Por fin! había logrado “hacer callar” al profeta. ¿De verdad que lo hizo callar? Esa cabeza “hoy” todavía sigue hablando de libertad, de responsabilidad, de testimonio, de valentía y de fidelidad a la misión. Herodías, su hija la bailarina, el mismo Herodes… ¡Qué lejos nos caen! Han pasado a la historia. Pero Juan sigue vivo, sigue actual, nos sigue hablando, y su testimonio nos estimula a ser consecuentes con nuestra misión. Dejó de hablar con su palabra, pero sigue hablando con el testimonio de su vida.
Y como decía el Papa Pablo VI hace mucho tiempo, que «la evangelización cuesta la vida del evangelizador». Seguir a Jesús implica estar dispuesto a dar la vida. A lo mejor que sin duda en este tiempo o en el lugar donde estamos, no es la vida más la sangre la que tenemos que dar, sino soportar que nos carguen, que nos persigan, que nos digan muchas veces que somos retrógrados, quedados en el tiempo, que no nos adaptamos al mundo de hoy, porque muchas veces dependemos de los valores de Jesús y del Reino que muchas veces son contraculturales, es decir, van en contra que la cultura nos propone.
Palabra del Papa.
“Una misión requiere valor heroico. Juan era tu precursor. Su misión marcó su vida desde antes de nacer. Además, murió proclamando la Verdad, preparando el camino para que llegara tu Reino, Jesús. Anunciar tu nombre no es fácil. A muchos les costó la fama; otros eran expulsados de la sinagoga; a Juan su valentía le costó la cárcel, y poco después la cabeza. Su audacia, sin embargo, no cayó en vano: Tú mismo, Señor, lo reconociste ante todos como el más grande de los profetas. ¡Qué contraste tan grande hay entre Herodes y Juan! Uno, decidido y sin ningún miedo; el otro, víctima de la imagen, temeroso de perder la reputación, incapaz de abandonar el pecado…. Ser fiel a Ti, Dios mío, es ante todo un don. Sabes que ser profeta ante el mundo sobrepasa mi capacidad humana. Por eso hoy te pido la gracia de ser fiel. Cueste lo que cueste, quiero que puedas contar conmigo y que haya alguien que anuncie tu Nombre ante los demás. Por eso, Señor, hazme valiente, hazme perseverante. ¡Que tu fuerza sostenga mi misión en la extensión de tu Reino! (Homilía de S.S. Francisco, 12 de abril de 2016, en Santa Marta).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)
5.-Propósito: La memoria de Juan bautista me estimula a ser coherente en este día y en todos los días de mi vida-
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, al terminar mi oración, quiero pedirte que se me quede un poquito de la valentía, libertad y coherencia de Juan Bautista. Su vida, ciertamente no era “una caña agitada por el viento”, sino un árbol bien plantado, con profundas raíces. Ayúdame, Señor, a vivir con coherencia.
🎶 "Lámpara Encendida" 🎶 Evangelio de San Mateo 25, 1-13
Diez jóvenes esperaban,
con sus lámparas de luz;
todas iban hacia el Esposo,
todas iban tras Jesús.
Cinco fueron previsoras,
con su aceite al esperar;
cinco fueron descuidadas,
sin aceite que guardar.
El Esposo se hizo esperar,
y el cansancio las venció;
todas cerraron los ojos,
y la noche las cubrió.
Pero al grito de medianoche:
«¡Ya viene el Esposo, ven!»,
se levantaron de prisa,
para encontrarlo también.
Mantén tu lámpara encendida,
mantén tu corazón en Dios;
vive despierto en la vida,
esperando al Salvador.
Mantén tu lámpara encendida,
que nadie sabe la ocasión;
cuando aparezca el Esposo,
que te encuentre en su amor.
Las prudentes tenían aceite,
para volver a alumbrar;
las otras pidieron ayuda,
pero no pudieron esperar.
Corrieron buscando el aceite,
cuando empezó a amanecer;
pero la puerta se cerró,
y ya no pudieron volver.
«Señor, Señor, ábrenos»,
gritaron desde el umbral;
pero escucharon la respuesta:
«No las puedo reconocer ya».
No basta decir que lo amas,
si no lo quieres seguir;
la fe que transforma la vida
se demuestra al vivir.
Hoy también pasa lo mismo:
Dios nos invita a velar;
no dejes para mañana
lo que hoy puedes entregar.
El aceite es tu respuesta,
tu oración y tu fidelidad;
es amar cuando nadie mira,
es vivir en la verdad.
Porque Cristo viene a tu encuentro,
aunque no sepas cuándo será;
feliz aquel que lo espera
con su lámpara encendida ya.
Mantén tu lámpara encendida,
mantén tu corazón en Dios;
vive despierto en la vida,
esperando al Salvador.
Mantén tu lámpara encendida,
que nadie sabe la ocasión;
cuando aparezca el Esposo,
que te encuentre en su amor.
Que no se apague tu llama,
que no se duerma tu fe;
cuando el Esposo te llame,
que estés dispuesto a responder.
Mantén tu lámpara encendida...
mantén tu corazón en Dios;
vive esperando su llegada,
vive esperando al Señor.
“El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes”
1.- Oración introductoria.
Señor, hoy te quiero dar gracias porque siempre has pensado en positivo, en querer alegrarnos la vida, en que fuéramos felices. Tus palabras, tus gestos, tu vida, así nos lo manifiestan. Si por definición, el gozo es la posesión del amor, te pido que dilates cada día mi corazón para amar cada vez más y mejor, hasta llegar a participar del gozo perfecto que eres Tú.
2.- Lectura sosegada del evangelio. Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: «¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!» Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: «Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.» Pero las prudentes replicaron: «No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: «¡Señor, señor, ábrenos!» Pero él respondió: «En verdad os digo que no os conozco. «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».
3.- Qué dice el texto
Meditación-reflexión
Lo menos que se puede pedir a unas muchachas que van de boda es que se pongan guapas; que no vayan con un vestido viejo o sucio. Y eso es lo que les pasó a las vírgenes necias. Llevaban la antorcha, el palo con los trapos, pero al no impregnarlos de aceite, se chamuscaron, se quemaron y quedaron negros, sucios, feos. Lo que hermosea una fiesta de bodas es el amor. Sin amor, no puede haber fiesta, ni menos fiesta de boda. Pero no es lo malo eso, lo peor fue la decepción del esposo que esperaba a las diez vírgenes acompañando a la novia, con las lámparas del amor bien encendidas. La vida cristiana, vivida con la lámpara del amor bien encendida, es una fiesta de boda. Pero, cuando falta el aceite, se van apagando las lámparas y se acaba la fiesta. Jesús, que sólo quería que todos viviéramos felices, al morir, sólo nos dejó un mandato: ”que os améis como yo os he amado”. Si os amáis, habrá alegría y fiesta. Si no os amáis, podéis convertir este mundo en un infierno. Permaneced con las lámparas del amor bien encendidas, pero para eso no sirve un aceite cualquiera, el aceite lo pone el Señor. El mismo que usó Él para mantener siempre encendida la lámpara del amor al Padre y a los hermanos.
“Porque no sabemos el día ni la hora. Y ningún algoritmo puede predecirlo con suficiente aproximación. Admitir no saber es casi mortificante en la era del hipercontrol, pero visto desde una perspectiva diferente es liberador. Precisamente porque no sabemos, nos toca a nosotros dar sentido a la espera y prepararnos para gozar plenamente la belleza del encuentro y de la fiesta”. (Chiara Glaccardi).
Palabra del Papa.
La lámpara que tenemos, es la mejor. Cuántas veces uno se despista y vive en la oscuridad. Y a veces unos se quieren poner a la luz del otro, como estas jóvenes que buscaron poner en sus lámparas el aceite de las otras. Pero cada uno tiene su luz. En cada uno Dios ha dejado una luz particular, una luz que le hace ser él mismo. Por eso, en el Reino de los cielos cada uno tiene que ser él mismo. «La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia —una universidad católica, un colegio, un hospital…—, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón» (Cf Homilía de S.S. Francisco, 10 de junio de 2016, en Santa Marta).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)
5.- Propósito. Hoy convertiré todo el día en fiesta porque viviré solo para amar: a Dios y a mis hermanos.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Por eso yo le respondo ahora con mi oración.
Señor, no sé cómo no te cansas de nosotros. Siempre piensas en amarnos, en hacernos felices y nosotros nos empeñamos en no hacerte caso. Haz que me crea de verdad que este mundo puede convertirse en alegría y en fiesta si vivimos en el amor. Pero el amor no es una teoría que se sabe sino una experiencia que se vive, se goza, se saborea, se disfruta. ¡Gracias, Señor!
Cada 27 de agosto, la Iglesia celebra a Santa Mónica, madre de San Agustín de Hipona y uno de los grandes ejemplos de perseverancia en la oración.
Nació alrededor del año 331 en Tagaste, en el norte de África. Desde joven recibió una formación cristiana y se casó con Patricio, un hombre de carácter difícil que inicialmente no compartía su fe.
Mónica soportó con paciencia las dificultades de su matrimonio y procuró transmitir la fe a sus hijos.
Uno de sus mayores dolores fue contemplar cómo su hijo Agustín se alejaba del cristianismo. Durante años, Mónica rezó por su conversión y siguió buscando la manera de acercarlo nuevamente a Dios.
Cuando Agustín viajó a Italia, ella lo siguió. Allí conoció a San Ambrosio de Milán, quien la acompañó espiritualmente y tuvo una influencia importante en el camino de conversión de su hijo.
Finalmente, Agustín abrazó la fe católica, fue bautizado por San Ambrosio y posteriormente se convertiría en uno de los grandes santos, teólogos y Doctores de la Iglesia.
Mónica murió en Ostia, cerca de Roma, en el año 387, después de haber visto cumplido aquello por lo que había rezado durante tantos años.
Su vida quedó como un ejemplo de oración perseverante, paciencia y confianza absoluta en Dios.
Santa Mónica,
madre perseverante y mujer de oración,
intercede por nosotros.
Enséñanos a confiar en Dios
cuando no vemos respuestas,
a perseverar en la oración
y a nunca perder la esperanza.
Ruega especialmente por las familias
y por quienes esperan con fe
la conversión de sus seres queridos.
Amén
Jesús nos habla con su bondad,
su venida llega sin avisar.
Como un ladrón que en la noche vendrá,
dichoso el siervo que sabe esperar.
El buen servidor hace su labor,
sirve con amor al Señor.
Fiel en lo poco, en lo grande será,
su recompensa en el cielo tendrá.
Velad y estad preparados,
que el día no está anunciado.
Fiel al Señor quiero estar,
cuando Él me venga a llamar.
Ay del que olvida su vocación,
y se entrega al pecado y tentación.
El amo regresa y pedirá,
cuentas del alma que se le confió.
Hoy es el tiempo para cambiar,
con corazón limpio velar.
La vida es don que se debe entregar,
en manos de Cristo confiar.
El mundo pasa, Su palabra quedará,
el cielo espera al que vela y persevera.
Que cada instante lo pueda amar,
pues solo en Cristo hay vida eterna.
Velad y estad preparados,
que el día no está anunciado.
Fiel al Señor quiero estar,
cuando Él me venga a llamar.
Tumbas pintadas parecen brillar,
pero por dentro hay vacío mortal.
Palabras hermosas que engañan la voz,
pero el corazón se aleja de Dios.
Buscan honores y aplausos de más,
olvidan la vida que el Padre nos da.
La máscara cubre lo que hay en su ser,
pero ante los ojos de Dios nada es.
Quiero un corazón vivo, sincero y fiel,
que ame en lo oculto y haga el bien.
No solo apariencia, no solo hablar,
sino en mi vida la verdad reflejar.
Jesús nos llama a ser luz y verdad,
vivir con pureza y en santidad.
No basta el brillo que el mundo me dé,
si dentro no arde el fuego de fe.
Hoy me preguntas, Señor, cómo estoy,
si vivo tu Palabra o solo la doy.
Quiero ser limpio de dentro hacia afuera,
con obras de amor que al cielo me llevan.
Señor, arranca mi doble vivir,
haz que en tu gracia pueda latir.
Que mi apariencia se vuelva verdad,
y en cada gesto brille tu paz.
Quiero un corazón vivo, sincero y fiel,
que ame en lo oculto y haga el bien.
No solo apariencia, no solo hablar,
sino en mi vida tu amor reflejar.
EDUCACIÓN PRIMARIA: Incorporar en la vida de la IGLESIA. En esta etapa, sobre todo a partir de 3º, es el momento adecuado para incorporarse a la vida de la fe de la comunidad. BETANIA
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Sacramento de la Confirmación
Asociación juvenil Ain Karin
Recogiendo el testigo de años de trabajo, queremos volver a nacer, para seguir ofreciendo en el Colegio Santa María, Marianistas de Logroño, la posibilidad de compartir experiencias de vida y fe, con los grupos Ain Karin, desde 1º de la ESO, hasta 4º de la ESO, potenciando la continuidad natural en el Bachillerato con el grupo “Vino Nuevo”.
Desde nuestra perspectiva cristiana, y bajo el carisma marianista que nos caracteriza, queremos acompañar a los jóvenes en sus distintos momentos de maduración, enriqueciendo aún más, la labor que realiza el Colegio.
Queremos acoger a todas las personas, sea cual sea su nivel de vivencia de fe, para integrarnos juntos en un proyecto que abarca, desde lo más lúdico, hasta lo más profundo.
Este proyecto es un recorrido vital que está estructurado en varias etapas, para que los chicos y chicas puedan progresar en el camino tanto a nivel personal como de grupo. El recorrido está planteado en tres etapas de dos años de duración cada una:
1ª Etapa: 12-13 años
2º Etapa: 14-15 años
3º Etapa: 16-17 años
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MISA DE LAS FAMILIAS
LOS DOMINGOS EN LA PARROQUIA SAN PÍO X (12:00)
INSCRIPCIONES
En el despacho parroquial o en el Colegio Marianista de Logroño
Señor, a primera vista este evangelio me asusta, me produce respeto, incluso miedo. Pero quiero leerlo con la intención con que Tú hablaste de él. No te va a ti el meter miedo, asustar, intimidar. Todo lo contrario: Nos hablas de tesoros y perlas; de comidas y banquetes; de brisas y no de huracanes; de bodas y no de entierros. Gracias, Señor, porque tu mismo lenguaje me ayuda a vivir.
2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
En este evangelio el Señor nos habla de “vigilancia”. ¿Por qué hemos de estar vigilantes? Porque alguien importante va a llegar y debemos estar atentos a recibirlo. Ese personaje importante que va a llegar no es un enemigo, no es un fantasma, es Jesús, mi amigo, mi tesoro, mi vida. Este nos ha enviado a “trabajar en su viña”. La mejor manera de esperarlo es trabajando a gusto, estando contentos y satisfechos con aquello que hacemos, disfrutando de tener un Dueño tan maravilloso que no se limita a pagarnos un jornal sino a darnos la viña por herencia. Por otra parte, no es lo mismo la espera de un soldado, agazapado en su trinchera, esperando con verdadero miedo el ataque del enemigo, que la espera de la esposa de un marinero que lleva ya meses sin volver a casa. En el primer caso, la espera está amenazada por la zozobra y la angustia; en el caso de la esposa la espera se convierte en expectación, nostalgia, júbilo ante el encuentro inminente. La idea de que Dios pueda venir a cualquier hora hace que algunas personas se pongan nerviosas y tengan miedo. Si dejo que Jesús me lleve a un amor más profundo de Dios, me doy cuenta de que no tengo nada porque temer porque soy capaz, en cualquier momento, de decirle a Dios, «Mira, Señor, aquí estoy, confío en tu misericordia».
“El reino de los cielos es semejante a un rey que celebra las bodas de su hijo” (Mt.22, 2) Tal vez nos dé miedo lo del ladrón en la noche. Oigamos esta bonita interpretación de Dolores Aleixandre: “Lo mismo que un ladrón viene en busca de algo valioso y se las arregla para encontrar el momento más oportuno, también Dios vendrá a buscarnos como quien se apodera de un tesoro, porque eso somos para Él. Y vendrá a buscarnos en el mejor momento”.
Palabra del Papa
“La vigilancia permanente se consigue con la práctica constante de la oración y con el examen de conciencia. La fuerza nos la dan el Espirita Santo, la Eucaristía, la lectura y meditación de la Palabra. El premio consiste en tener paz en el alma, serenidad en nuestra mente y felicidad en el corazón. «Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene “con gran poder y gloria”, que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo. (S.S. Francisco, Angelus15 de noviembre de 2015).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)
5.-Propósito. Trabajar hoy con mucha alegría porque trabajo en la viña del Señor.
6.- Dios me hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, hoy quiero acabar mi oración dándote gracias por las cosas tan bonitas que he meditado. Me siento feliz trabajando en tu viña. Con un “patrón así” da gusto trabajar. Espero tu venida última, pero con mucha paz, con alegría, con verdadero anhelo. Me gustaría acabar mi vida como Santa Teresa: Esposo mío, ¡hora era ya de que nos viéramos!