martes, 21 de abril de 2026

La Cruz del Perdón de San Pío X

 

La Cruz del Perdón de San Pío X es un sacramental católico aprobado en 1905 que fomenta la devoción a la Pasión y la unión con la Virgen Dolorosa. Vinculado a indulgencias especiales para los fieles y las almas del purgatorio, integra la Medalla de San Benito y la Medalla Milagrosa, simbolizando protección, perdón divino y misericordia.


Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno estadounidense fabricó y distribuyó rosarios de guerra a todos sus soldados. En este rosario había una cruz muy especial: la Cruz del Perdón. De hecho, desde 1905, el Papa San Pío X declaró que toda persona que lleve o bese la Cruz del Perdón recibirá una indulgencia de perdón para ella y para las almas del purgatorio.

·         Aprobación: Promovida por el Papa San Pío X en 1905, consolidando la indulgencia para quien la porte con fe.

 

·                   Diseño: Incluye la Medalla Milagrosa en el centro, la Medalla de San Benito.

 

·         Indulgencias: Se obtienen indulgencias al besar la cruz o meditar sobre la pasión de Cristo y la Virgen.

 

·         Propósito: Sirve como un arma espiritual, fomentando la meditación y la caridad.

 

·         Origen: Fue presentada al Papa por los Frailes Lémann y apoyada por el Cardenal Coullié en el Congreso Mariano de 1904.

 


Historia del Crucifijo del Perdón

·         La histórica y sagrada inscripción de la imagen de Jesús, sobre la Cabeza de Cristo (en el crucifijo), como negación e impiedad a la realeza de Jesús al ser crucificado: “JESUS NAZARENUS, REX JUDAORUM”, conservada la inscripción original del Gólgota, en la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, la cual fue recuperada por Santa Elena, en el año 326, sobre la figura cruciforme de las letras familiares “I.N.R.I.”, que traducido del latín significa, Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos, es exacta a la que tiene el Crucifijo del Perdón.

·         En el reverso del crucifijo, en el transverso de los brazos, está escrito: “PADRE PERDÓNALOS”; en la parte vertical de la cruz dice: “HE AQUÍ ESTE CORAZÓN QUE TANTO HA AMADO A LOS HOMBRES”, además, una imagen del Sagrado Corazón de Jesús se muestra en el centro. Debajo, como figura de Nuestra Señora coronada, hay una estrella, ocupando los pies de la cruz, el cual fue el lugar que ocupó María durante la crucifixión de Jesús. Desde este soporte, de los pies clavados de su Hijo, llama a cada alma y le dice: No olviden las penas de su Madre, yo los consolaré. La desesperación murmura que es muy tarde, pero ella nos dice: Entre tarde y demasiado tarde hay un abismo. Mirad toda la Sangre de mi Jesús, mira mi devoción maternal hacia ti.

 (Solicita la Cruz del Perdón de San Pío x en esta parroquia)

Misa de hoy ⛪ Martes 21 Abril de 2026,

 

VÍSPERAS Martes 21 de Abril de 2026

 

LAUDES Martes 21 de Abril de 2026

 

Lectio Divina: 21 de abril de 2026

 

“Danos siempre de ese pan”

1.-Oración introductoria.

Señor, hoy vengo a la oración como un “hambriento y como un sediento.” Y si vengo a la oración a satisfacer estas necesidades vitales es porque se trata de un pan especial y un agua también peculiar. De lo contrario hubiera ido a la panadería y a la fuente del pueblo. Si vengo a ti es porque tengo “hambre de Ti” y “sed de Ti”. Y necesito que me sacies Tú y nadie más.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 6 30-35

Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión.

Jesús se manifiesta en este evangelio como el “pan de la vida”.  No se trata de un pan material, ni siquiera del pan de maná que había dado el Padre a los judíos hambrientos en el desierto. Nos promete un pan que da vida, pero no una simple vida humana para prolongar nuestros años. Dice el Gran Inquisidor: “El pan te asegura el éxito y el hombre se inclina ante quien se lo da; pero si otro se adueña de su conciencia, el hombre desdeñará incluso tu pan para seguir a quien ha cautivado su razón” (Dostoyevsky).  Jesús aquí nos habla de un pan que da vida en plenitud. Un pan que “sacia”, un pan que nos satisface, que nos llena por dentro el corazón.  En realidad, un pan que nos hace ya aquí y ahora plenamente felices. El comer con gozo este pan, en la gran mesa de la fraternidad, es la mejor garantía del Banquete Celestial. Este pan ya gustado y saboreado en esta vida, nos asegura la fiesta definitiva de Dios Padre con todos sus hijos en la gran mesa del Reino eterno. Dado el ambiente tan poco religioso que estamos viviendo en esta sociedad secularizada, cada vez se hace más difícil el creer. En realidad, nadie puede creer en el más allá si ese “más allá” no se ha hace presente, de alguna manera, en el “más acá”. Por eso, el Concilio Vaticano II, nos dice muy bien en la Constitución de Liturgia: “En la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos”. (S.C.Nº 8).

Palabra del Papa

Lo poco que ofrecemos, Dios lo convierte en abundancia

León XIV recordó que el milagro de los panes no es solo un prodigio, sino un signo que nos recuerda que “los dones de Dios” crecen en abundancia cuando se ponen al servicio de los demás.

Jesús pide a los Apóstoles que ofrezcan lo poco que tienen. Y es a partir de ese gesto humilde de generosidad que todos quedan saciados, afirmó el Papa. Esa dinámica, señaló, alcanza su plenitud en el sacramento de la Eucaristía, donde Dios mismo se ofrece en el pan y el vino consagrados, aceptando lo que la humanidad le presenta y devolviéndolo como don divino: el Cuerpo y la Sangre de Cristo. (22-junio-2025)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Procuraré vivir hoy la Misa como un adelanto de la fiesta definitiva.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero terminar la oración de este día con unas hermosas palabras del poeta indio Rabindranath-Tagore: “Vengo a Ti no sólo pidiendo un vaso de agua sino buscando su misma fuente. Vengo a Ti no sólo pidiendo alguien que me guie a la puerta, sino buscando un camino al hogar mismo de la casa de Dios. Vengo no sólo buscando el don del amor sino al Amor mismo”.

lunes, 20 de abril de 2026

Iglesia Noticia en La Rioja. 19 de abril de 2026

 

Misa de hoy ⛪ Lunes 20 Abril de 2026,

 

VÍSPERAS Lunes 20 de Abril de 2026

 

LAUDES Lunes 20 de Abril de 2026

 

XXVIII FESTIVAL CANCIÓN MISIONERA

 


Lectio Divina: 20 de abril de 2026

 

Vosotros me buscáis porque os habéis saciado.

1.-Oración introductoria.

Señor, hoy mi oración va a deslizarse por un nuevo camino. No voy a pedirte cosas: salud, bienestar, bienes de aquí abajo. Voy a despojar mi alma de todo egoísmo, de todo interés material. Quiero buscarte a Ti por el gozo de buscarte y, una vez encontrado, te quiero seguir buscando. Sé que todo lo que encuentro contigo sólo puede ser una meta parcial para seguir buscándote. Tú siempre serás para nosotros “un Dios escondido”. Y también “un Dios novedad”.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Juan 6, 22-29

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado».

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión

Hoy las palabras de tu evangelio son un “aviso para caminantes”. El evangelio nos invita a revisar nuestra religiosidad. Hay un proverbio que dice: “cuando el sabio señala la luna con el dedo, sólo el necio se queda mirando el dedo”. Aquellos que habían llenado sus estómagos con el pan de la multiplicación, buscaban a Jesús para seguir llenando sus estómagos sin trabajar. Esos son los que le querían hacer rey. ¿Un rey de holgazanes? ¿Un rey que les liberara del trabajo y del esfuerzo? ¿Ese era el Mesías que esperaban? Jesús les recrimina su comportamiento tan rastrero y les ofrece un alimento espiritual, el alimento de la fe. Dice Teresa de Jesús: “Es un cielo, si puede haber en la tierra, para quien se contenta de sólo contentar a Dios y no hace caso de contento suyo. En queriendo algo más, lo perderá todo; y el alma descontenta es como quien tiene gran hastío, que por bueno que sea el manjar le da en rostro, y lo que los sanos comen con gran gusto le hace asco en el estómago”. (Teresa, Camino de perfección, 13,7).

Es verdad que somos “buscadores de Dios”. Pero, ¿a qué Dios buscamos? ¿Un Dios hecho a nuestra medida? ¿Un Dios tapa-agujeros? ¿O ese Dios Inmenso, Trascendente, que siempre va por delante de nosotros, ¿y nunca lo podemos alcanzar? Ese es el Dios-Misterio al que buscaban los místicos. “¿Adónde te escondiste, Amado, ¿y me dejaste con gemido? …Salí tras Ti clamando y ya eras ido” (San Juan de la Cruz

Palabra del Papa

“El buscar y encontrar a Dios en todas las cosas deja siempre un margen de incertidumbre. Si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien. Esto es una clave importante, que si uno tiene respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él. Recordemos a los grandes guías del pueblo de Dios, como Moisés, que siempre han dado espacio a la duda. Les invito a ser humildes, tenemos que hacer espacio al Señor, no a nuestras certezas. Recomiendo buscar a Dios para hallarlo, y hallarlo para buscarle siempre. Es la experiencia de los grandes Padres de la fe. Les invito a releer el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos. Abrahán, por la fe, partió sin saber a dónde iba. Todos nuestros antepasados en la fe murieron teniendo ante los ojos los bienes prometidos, pero muy a lo lejos… No se nos ha entregado la vida como un guion en el que ya todo está escrito, sino que consiste en andar, caminar, hacer, buscar, ver… Hay que embarcarse en la aventura de la búsqueda del encuentro y del dejarse buscar y dejarse encontrar por Dios”. (Cf Comentario de S.S. Francisco, en entrevista de Antonio Spadaro, el 27 de septiembre de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Me comprometo a llevar a cabo hoy un acto totalmente desinteresado.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Señor, quiero darte gracias “con todo mi corazón”, porque me has enseñado a orar a fondo perdido, sin esperar nada de Ti excepto el gozo de encontrarte. Quiero decirte: Señor, en este momento, sólo me interesas Tú. Me interesa tu alabanza, tu reconocimiento, tu voluntad, tu reino, tu proyecto personal sobre mí. Tú sabes mejor que yo lo que necesito, lo que a mí me va a hacer feliz. Me fío plenamente de Ti.

sábado, 18 de abril de 2026

VÍSPERAS Domingo 19 de Abril de 2026

 

LAUDES Domingo 19 de Abril de 2026

 

Del Desaliento a la Esperanza (III Domingo de Pascua)


El camino de la decepción
Hermanos y hermanas, el Evangelio de hoy nos presenta una de las escenas más humanas y hermosas de toda la Biblia: el camino de Emaús.
Dos discípulos se alejan de Jerusalén. Caminan de espaldas a la comunidad y de espaldas a la esperanza. Sus rostros están sombríos porque sus expectativas han muerto en la cruz. "Nosotros esperábamos...", dicen. Esa frase resume la frustración de quien siente que Dios le ha fallado o que la vida no ha salido como planeaba.
1. El Dios que se hace compañero
Lo primero que impresiona es que Jesús no espera a que ellos regresen a Él; Él sale a su encuentro en el camino de su huida.
  • Jesús se interesa por nuestra tristeza: No llega juzgando su falta de fe, sino preguntando: "¿De qué vienen hablando?".
  • Lección para hoy: Jesús camina con nosotros en nuestras crisis, en nuestros duelos y en nuestros fracasos laborales o familiares, aunque nuestros ojos "estén cegados" por el dolor y no podamos reconocerlo.
2. La Palabra que enciende el corazón
Jesús comienza a explicarles las Escrituras. Les muestra que el sufrimiento no era un error de cálculo, sino parte del plan de amor de Dios.
Muchas veces leemos la Biblia como un libro de historia antigua, pero hoy se nos invita a leerla como una carta de amor actual. La Palabra de Dios tiene el poder de cambiar nuestra perspectiva: donde nosotros vemos un final (la muerte), Dios ve un nuevo comienzo (la Resurrección). Por eso, al final del camino, ellos confiesan: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?".
3. El gesto de la Fracción del Pan
Llegando a la aldea, Jesús hace como que va a seguir adelante. Es un detalle de delicadeza: Dios nunca se impone, espera a ser invitado. "Quédate con nosotros", le dicen. Es la oración más sencilla y profunda que podemos hacer.
Al sentarse a la mesa, Jesús repite el gesto de la Última Cena: tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese instante, la venda se cae de sus ojos. Lo reconocen en la fracción del pan, que es la Eucaristía.
  • La misa no es solo un rito; es el lugar donde el Resucitado se hace tangible para nosotros hoy.
4. El regreso a la comunidad
El encuentro con Cristo no es para guardárselo. Aquellos hombres que estaban cansados y tristes, sacan fuerzas de flaqueza y regresan corriendo a Jerusalén. Ya no tienen miedo. Tienen una noticia que no puede esperar: "¡Es verdad, el Señor ha resucitado!".
Conclusión y aplicación
Hoy, este Evangelio nos hace tres preguntas:
  1. ¿Cuál es tu Emaús? ¿De qué situación estás intentando huir hoy?
  2. ¿Dejas que la Palabra te hable? ¿Buscas en la oración entender lo que Dios te dice en medio de tus dificultades?
  3. ¿Eres testigo de alegría? Tras recibir la comunión, ¿sales al mundo con el rostro transformado o sigues con el rostro sombrío?
Que esta Eucaristía nos abra los ojos para descubrir que Cristo no está lejos, sino que camina a nuestro lado, dándole sentido a cada paso de nuestra vida. Amén.


Misa de hoy ⛪ Sábado 18 Abril de 2026,

 

Domingo 3º de Pascua: 19 de abril de 2026

 

…el mismo Jesús se acercó a ellos y caminó a su lado.


INTRODUCCIÓN

Para el evangelista Lucas, Cristo Resucitado es “El que vive” ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?  (Lc. 24,6). La Pascua cae siempre en primavera, que es “el estallido de la vida”. Una vida que se derrama en miles y millones de árboles y arbustos. Y de ese derroche, de esa sin medida, brota la belleza de la nueva vida. No cabe otro ejemplo más claro para expresar la Resurrección. Mientras Jesús vivía en este mundo, la vida estaba limitada, aprisionada en su cuerpo. Al resucitar, esa vida se derrama por medio del Espíritu a manera de “frasco de perfume que se rompe”. Y el mundo entero se llenó de su fragancia.

LECTURAS BÍBLICAS

Hech. 2,14.22-23.               1ª Pedr. 1,17-21

EVANGELIO

Lucas 24,13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que dista sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y caminó a su lado; pero sus ojos estaban como incapacitados para reconocerle. Él les dijo: «¿De qué discutís por el camino?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que han pasado allí estos días?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»

Él les dijo: “¡Qué poco entendéis y cuánto os cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le rogaron insistentemente: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Entró, pues, y se quedó con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su vista. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan.

REFLEXIÓN

¿Dónde podemos encontrarnos con el Resucitado?

San Lucas, en una espléndida catequesis, nos hace ver la situación de una comunidad que no se ha encontrado vitalmente con Jesucristo y otra que ha experimentado la fuerza y el poder del Señor Resucitado. Y nos habla de cuatro presencias del Resucitado.

1.– En el diálogo.  Aquellos discípulos iban caminando y, como dice el texto original, “iban buscando juntos”.  Si de corazón buscamos la verdad y no “mi verdad”; si acepto que la Verdad Absoluta sólo la tiene Dios y nosotros estamos sembrados de verdades; si estamos dispuestos a aceptar la verdad del otro hasta el punto de decir: estaba equivocado; si acepto democráticamente la opinión de la mayoría, en ese diálogo sincero está presente el Señor.

2.– En la Palabra de Dios.  Aquellos discípulos huían de Jerusalén, porque Jerusalén sólo ofrecía muerte. La muerte de Jesús les hundió y caminaban desesperanzados. Todavía recitaban un credo “frío y vacío:” «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel” Esperábamos, pero ya no esperamos nada. Esta puede ser la situación de tantos cristianos de nuestros días, que todavía van a Misa, recitan un credo de memoria, pero no hay vibración religiosa, ni entusiasmo, ni alegría. Acaso cierta nostalgia del pasado. Jesús les recrimina: “¡Qué poco entendéis y cuánto os cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas¿No tenía que ser así y que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?”. Y comienza a explicarles la Escritura desde la perspectiva de Pascua. Al final, dirán:” «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Sin la presencia del Resucitado y la llegada del Espíritu no podemos entender la Palabra de Dios, ni menos arder y entusiasmarnos con ella.

3.– En la “fracción del pan”. Si acudimos a la Eucaristía, no es a recitar de rutina credos ya sabidos, sino a hacer presente el gesto de Jesús de “partir el pan”. El pan que parte Jesús el día de Jueves Santo nos habla del Cuerpo destrozado de Jesús en la Cruz el día de Viernes Santo. El jueves y el viernes van unidos y no se pueden separar. Este gesto no sólo nos lleva a recordar lo que hizo Jesús sino a “actualizar” y hacer presente en nosotros el compromiso de dar nuestra vida en favor de los demás. Si esto lo hacemos, ciertamente Jesús se hace presente en nuestro caminar.  

 4.-En la Comunidad. Aquellos apóstoles habían salido de la Comunidad de Jerusalén. Ya no les decía nada. Con la muerte de Cristo viene la dispersión del grupo y los discípulos de Emaús van huyendo del grupo porque allí sólo se habla de muerte y de fracasos. ¡Qué distinto el camino de ida y el de vuelta!

El camino de ida de Jerusalén a Emaús se hace largo, pesado. El camino de vuelta, cuando ya se han encontrado con Jesús resucitado, teniendo los mismos kilómetros, se hace corto, van corriendo, deseando de llevar la buena noticia a sus hermanos de Comunidad.

Lo mismo nos puede pasar ahora. Todos tenemos que hacer un camino mientras vivimos en este mundo. Sin la fe en Cristo Resucitado es camino largo, penoso, triste. Pero si somos capaces de desandar el camino de desesperación y decepción, por una experiencia de encuentro gozoso con el Señor, es claro que nuestro paso por el mundo es gozoso, feliz, apostólico, misionero.  ¿A quién no le gusta dar una buena noticia? ¿Quién es capaz de retenerla en el corazón?

Dice el Papa León XVI: “Como los discípulos de Emaús, también nosotros volvemos a nuestras casas con un corazón que arde de alegría. Una alegría sencilla, que no borra las heridas, sino que las ilumina. Una alegría que nace de la certeza de que el Señor está vivo, que camina con nosotros y nos da en cada momento la posibilidad de recomenzar. Cuando por fin se sientan a la mesa con Él y parten el pan, se les abren los ojos. Y se dan cuenta de que su corazón ya ardía, aunque no lo sabían (cf. Lc24, 28-32). Esta es la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado. ((8-octubre-2025)               

PREGUNTAS

1.- ¿Estoy convencido de la necesidad de diálogo para nuestra convivencia? ¿Qué está faltando en nuestros diálogos?

2.– ¿Leo la Palabra de Dios? ¿Me creo que cuando yo rezo con esa Palabra, es el mismo Padre del cielo el que baja a conversar conmigo?

3.– El hecho de comulgar un “pan roto” ¿me incentiva a darme y romperme por los demás?

4.- ¿Tengo algún grupo cristiano con quien comparto vivencialmente la fe? ¿No?  ¿Entonces ¿a qué espero?