miércoles, 24 de junio de 2026

PEREGRINACIÓN DIOCESANA CON ENFERMOS A LOURDES (25 AL 28 DE JUNIO)

 


Domingo 13, tiempo ordinario: 28 de junio de 2026

 

el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.


INTRODUCCIÓN

         Hace años empleaba yo, en el comentario a este evangelio, palabras como éstas: exigencia, radicalidad, renuncia. Hoy considero que ese lenguaje es inadecuado. Jesús no nos pide que renunciemos a nada, sino que elijamos lo mejor. Si elegimos bien, alcanzaremos la plenitud, dentro de nuestras posibilidades como seres humanos (Fray Marcos).

LECTURAS BÍBLICAS

1ª lectura: 2Re. 4,8-1114-16ª.                         2ª lectura: Ro.6,3-4.8-11.

EVANGELIO

San Mateo 10, 37-42:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe  al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

MEDITACIÓN-REFLEXIÓN

Este evangelio es difícil de entender si no hemos asistido asiduamente a escuchar las charlas excelentes del amor que nos da Jesús en los evangelios. Nos desorientamos cuando oímos: “El que quiere a su padre, a su madre, a su hijo, a su hija más que a mí no es digno de mí”. ¿Cómo hay que entender estas frases? ¿Acaso Dios es un egoísta que nos reclama todo el amor sólo para Él?  ¿O es un Dios celoso de nuestros amores humanos? ¿Acaso Dios se enfada cuando ve que nos queremos mucho? ¡Todo lo contrario! Por encima de todo hay que mantener que Dios sólo tiene una tarea, una ocupación, una preocupación: que todos nosotros seamos plenamente felices. Dios sabe que no podemos ser felices sin amar y ser amados; y también sabe que no podemos ser plenamente felices si nuestro amor no es auténtico. ¿Qué características tiene este amor del que nos habla Jesús?

1.– ES AMOR GRATUITO, TOTALMENTE DESINTERESADO. En todos los amores humanos, por nobles y grandes que sean, aunque se trate de amores de padres e hijos, se puede colar el GUSANO del egoísmo. Y este gusano mata el auténtico amor. La verdadera vida, la que produce nuestra verdadera felicidad, consiste en el amor. ”Sólo el amor hace que la vida merezca ser vivida: Sólo la ayuda desinteresada a los demás procura la gran alegría de vivir”. (Karl Tillmann).  Este amor gratuito que brota espontáneo como el agua de un manantial; el que da a cambio de nada, el que no exige paga sino que le basta con existir para ser pagado;  este amor que no conoce límites ni fronteras, no puede realizarse sin una auténtica muerte al egoísmo personal. Y éste es el que nos dio Jesús muriendo por nosotros en la Cruz. Si el egoísmo y el afán de ser “como Dios” expulsó   a nuestros primeros padres del Paraíso, sólo la muerte a ese egoísmo nos puede llevar a reiniciar la vuelta al paraíso de nuestra plena felicidad.

2.– ES AMOR HUMANO Y AMOR DIVINO INTIMAMENTE UNIDOS. Los dos mandamientos ya estaban en el A.T. Del amor a Dios se habla en Dt. 6,4 “Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas”.  Y el amor al hermano también estaba en Lev.19,18 “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Pero estos dos mandamientos estaban separados, no sólo en libros distintos, sino en la vida real. Se podía amar  a Dios sin necesidad de amar al hermano. La genialidad de Jesús fue el haberlos unido para siempre: (Mc. 12,28-34). El amor a Dios y al hombre son vasos comunicantes. No se pueden dar el uno sin el otro. Por consiguiente, ese amor total que debemos a Dios “con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”, se lo debemos también a nuestros hermanos. Y este es el  supremo don que Dios nos puede dar. Amar así es estar ya en el paraíso. Si Dios quiere que no nos amemos a medias es porque no quiere para nosotros una felicidad a medias.

3.– ES AMOR DETALLISTA. Un amor vivido así tiene detalles. Detalles por parte de Dios que no deja de sorprendernos cada día. Pero también detalles de los hombres. El evangelio nos habla de un vaso “de agua fría”. Un vaso de agua tibia en verano es como ofrecer una cerveza caliente. El bien hay que hacerlo bien. Y en estos mil detalles de cada día está la esencia de la  felicidad de una vida normal y corriente. Dice muy bien esa gran mujer y poeta, Gloria Fuertes: “El voluntariado no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música, no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte”. Y es un arte vivir en el amor,  evitando todo lo que hace sufrir a los demás, vivir para agradar, para hacer felices a los demás. El evangelio está hecho de mil detalles conocidos. Nos cuenta San Clemente (tercer Papa) un bonito detalle que viene de la tradición: Jesús, se despertaba de mañana, antes de salir el sol, y se iba a orar. Este dato lo pone  (Mc. 1,35) Pues bien, la costumbre de Jesús era tapar bien a los discípulos antes de marchar, para que  no se  resfriaran al llegar la madrugada.

«A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre» (Mt 26,8-9.11). Aquella mujer había comprendido que Jesús era el Mesías humilde y sufriente sobre el que debía derramar su amor. ¡Qué consuelo ese ungüento sobre aquella cabeza que algunos días después sería atormentada por las espinas! Era un gesto insignificante, ciertamente, pero quien sufre sabe cuán importante es un pequeño gesto de afecto y cuánto alivio puede causar. Jesús lo comprende y sanciona su perennidad: «Allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo» (Mt 26,13). La sencillez de este gesto revela algo grande. Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad, como se encontraba el Señor en aquel momento. (Papa León XIV. Dilexit me Números 4 y5).

PREGUNTAS

1.- ¿Caigo en la cuenta de que las cosas más bellas de la vida: el sol, el agua, el aire, el amor…me los da Dios gratis?

2.- ¿Me paro a pensar lo felices que serían las personas con quienes convivo cada día, si les amara con todo mi corazón? ¿A qué espero?

3.- ¿Me preocupa el pensar que una vida sin detalles de amor es una vida triste y aburrida? ¿Por qué no inicio el verdadero camino de mi felicidad?                 


Lectio Divina 27 de junio de 2028

 ¡Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo!…


1.- Oración Introductoria.

Señor, qué bonita la expresión de aquel centurión: “No soy digno de que entres en mi casa”. Es una fórmula que repito todos los días antes de comulgar; pero puede convertirse en una fórmula vieja, fría, carente de sentido. Lo que hace que esta fórmula esté siempre viva y agrade a Dios es la fe. No una fe gastada, al estilo de los judíos del tiempo de Jesús, sino una fe joven, sincera, confiada y comprometida, al estilo del Centurión. Dame, Señor, esta fe.  

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, entrando Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos. Jesús le dijo: Yo iré a curarle. Replicó el centurión: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: «Vete», y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Y dijo Jesús al centurión: Anda; que te suceda como has creído. Y en aquella hora sanó el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Este evangelio me hace pensar.  La alabanza espontanea de Jesús a la fe nueva y joven del Centurión, un pagano, un hombre rechazado por los judíos, me descubre la fe que agrada a Dios, la que le provoca admiración. Y esa fe vieja y cansina de los judíos, de puros ritos externos; de menudear plegarias teniendo el corazón lejos de Dios, le provoca nauseas. “Porque no eres ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Apo. 3,16). La fe farisaica, la fe del sacerdote y el levita que bajan del templo y pasan de largo ante un hombre que yace en el suelo medio muerto al borde del camino, no agrada a Dios. La fe sencilla del samaritano que se detiene ante ese hombre que sufre, y le ofrece su vino y su aceite; y él mismo le monta en la cabalgadura y le paga al posadero, ésa agrada a Dios. Jesús nos dice que no podemos ir a Dios dando rodeos al hombre. Jesús alaba la fe del centurión porque éste cuida a su criado, lo trata como persona, y disfruta de poder recuperarlo sano. La suegra de Pedro, tan pronto como ha sido curada, se pone a servir. La religión de Jesús nos humaniza, nos pone al servicio de los demás, nos hace sensibles ante el dolor y sufrimientos de nuestros hermanos. Y esta es la fe que agrada al Padre.

Palabra del Papa

“Cuando somos nosotros solos los que encontramos al Señor, somos nosotros –digámoslo, entre comillas – los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él quien entra en nosotros, es Él el que vuelve a hacer todo de nuevo, porque esta es la venida, lo que significa cuando viene Cristo: volver a hacer todo de nuevo, rehacer el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino. Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y, sobre todo, ¡para dejar que Él nos encuentre! Pero se necesita un corazón abierto ¡para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiere decirme, ¡que no es siempre aquello que yo quiero que me diga! Él es Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno a la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es un amor concreto! De persona a persona: el Señor persona me mira a mí persona. Dejarse encontrar por el Señor es precisamente esto: ¡dejarse amar por el Señor! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 2 de diciembre de 2013, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Al comulgar le diré a Jesús: No soy digno de que Dios entre en mi casa; pero entra dentro, porque estando fuera, me muero de frío.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, por estas bellas enseñanzas que me haces cada día. Hoy te pido vivir de fe; no de la fe de los fariseos, los separados, los que se creían santos y despreciaban a los demás. Quiero vivir de la fe del Centurión que se preocupó de su siervo; de la fe del samaritano, que se ocupó y preocupó de un hombre que estaba medio muerto, sin preguntarle de dónde era, de dónde venía, ni qué religión practicaba; de la fe de la suegra de Pedro que, tan pronto como fue curada, se puso al servicio de los demás.

Lectio Divina: 26 de junio de 2026

 «Señor, si quieres puedes limpiarme»

1.- Introducción

Señor, me llama la atención esta bajada del monte de las Bienaventuranzas. Qué distinta de aquella bajada de Moisés del monte Sinaí entre truenos, relámpagos, miedos y castigos. Jesús, bajas de la montaña de Dios, pero un Dios Padre, lleno de compasión y de ternura. No bajas para castigar sino para salvar; no bajas para meter miedo, sino para dar confianza; no bajas porque no te lo pases bien en el monte, sino porque los hombres y mujeres que están en el valle te necesitan. Que yo sepa bajar de la contemplación a la acción.

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 8, 1-4

Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Jesús sube al monte. Jesús baja del monte. Jesús sube no atraído por el aire sano de la montaña ni por el intenso olor de las flores en primavera, sino por el inmenso e infinito amor del Padre. Algo grande, inefable, misterioso, ocurre siempre que Jesús se interna en el silencio de la noche y abre su corazón a la ternura infinita del Padre. Para Jesús esta oración es una fuerte atracción, una imperiosa necesidad, una íntima y gozosa experiencia.  Pero Jesús baja al valle donde están los problemas de la gente. Y, en este caso, se encuentra con un problema terrible, el de la enfermedad de la lepra. En realidad son tres enfermedades en una: a) la física, dolorosa y difícil de curar; b) la social, que le apartaba de la sociedad para no contagiar. c) la religiosa, creyendo que eso sucedía como un castigo de Dios. Y aquí está Jesús para sanarlo todo. Le cura la lepra y deja ya de sufrir físicamente. Lo manda al sacerdote para que certifique que está curado y así pueda ya insertarse en la sociedad. Y, sobre todo, le cura de la enfermedad más terrible, la de creer que Dios está lejos de él.  Y Jesús le dice que Dios está tan cerca de él que le toca. Ese gesto por parte de Jesús es para expresarle con un apretón de manos, lo equivocado que estaba cuando se creía lejos de Dios.  Dios no se contagia al tocar de cerca nuestras miserias y nuestras enfermedades, pero sí nos contagia de su amor.

Palabra del Papa

“El episodio de la curación del leproso se desarrolla en tres breves etapas: la invocación del enfermo, la respuesta de Jesús, las consecuencias de la curación prodigiosa. El leproso le suplica a Jesús, ‘de rodillas’ y le dice: ‘Si quieres puedes purificarme’. A esta oración humilde y llena de confianza, Jesús responde con una actitud profunda de su ánimo: la compasión. La compasión es una palabra muy profunda que significa ‘sufrir con el otro’. El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por aquel hombre, acercándose a él y tocándolo. Este particular es muy importante. Jesús ‘tiende la mano, lo toca… y en seguida la lepra desaparece y Él lo purifica”. La misericordia de Dios supera cada barrera y la mano de Jesús toca al leproso. Él no pone una distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio por nuestro mal. Y así justamente nuestro mal se vuelve el lugar del contacto: Él, Jesús, toma de nosotros la humanidad enferma y nosotros de Él su humanidad sana y que cura. Esto sucede cada vez que recibimos con fe un sacramento: el Señor Jesús nos ‘toca’ y nos da su gracia. En este caso pensamos especialmente al sacramento de la Reconciliación, que nos cura de la lepra y del pecado. (S.S. Francisco, Ángelus del 15 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya reflexionado. (Silencio)

5.- Propósito. Yo no puedo curar enfermedades físicas. Sí puedo visitar hoy a un enfermo y curarle de la enfermedad de la soledad y tal vez del prejuicio de creer que Dios no le quiere.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, tu amor siempre me sorprende y me desborda. No te limitas a hacer el bien, sino que lo quieres hacer bien. No te gusta emplear el bisturí para curar; te basta con el ungüento de tu dulzura, con la unción de tu bondad, con la caricia de tu mano, con la sonrisa de tus labios, con la ternura de tu corazón. ¡Qué bisturí tan bonito el de Jesús!

Lectio Divina: 25 de junio de 2026

 

No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”

1.- Oración introductoria.

Hoy la Palabra de Jesús en el evangelio es dura y exigente. Me dices Jesús que debo vivir en verdad y no aparentar lo que no soy. Tu palabra debe transformar mi vida. Si me limito a escucharla cada día, pero sigo igual, no avanzo, no cambio, no me transformo, no me parezco cada día un poco más a ti, estoy edificando mi vida sobre la arena movediza. En cualquier momento, todo puede terminar en una ruina total. Ayúdame, Señor, a edificar mi vida sobre la roca firme de las obras.

2.- Lectura reposada de la Palabra del Evangelio Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y entonces les declararé: «¡Jamás os conocí; ¡apartaos de mí, agentes de iniquidad!» Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina. Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

Nosotros, los que tomamos el evangelio cada día en nuestras manos, no podemos olvidar que la Palabra de Dios es “interpelación”. Es un desafío que nos invita a cambiar, a transformarnos, a ajustar nuestra vida al evangelio. Y nos preguntamos. ¿Por qué leyendo el Evangelio todos los días se nota tan poco en nuestras vidas? Seguimos teniendo los mismos defectos, las mismas limitaciones, las mismas rutinas. Y lo peor es que podemos seguir engañándonos a nosotros mismos y creer que ya somos buenos. Ya en el siglo IV San Juan Crisóstomo advertía a sus fieles:” ¿Acaso creéis que el fervor espiritual consiste simplemente en venir continuamente a la celebración de la Divina Liturgia? Eso no sirve para nada si no obtenemos algún fruto: si no sacamos ningún partido, es mejor que nos quedemos en casa”.  El gran profeta Isaías arengaba al pueblo a pensar en la fe de sus antepasados: “Mirad la piedra de que fuisteis tallados, y el corte en la roca de donde fuisteis sacados. Mirad a Abrahán, su padre, y a Sara, que los dio a luz” (Is 51,1-2). En estos tiempos donde se debilita la fe, no está demás el pensar en la fe de nuestros padres. Como diría San Agustín, “la fe en Jesús la aprendí en la leche de mi madre”.  Unas madres sencillas, trabajadoras, sacrificadas, que al mismo tiempo que nos enseñaban a hablar y a caminar, nos enseñaron también a rezar.

Palabra del Papa.

“Cristo nos pide permanecer en su amor. Hay dos criterios que ayudan a distinguir el verdadero amor del que no lo es. El primer criterio es éste: el amor está más en los hechos que en las palabras, no es un amor de telenovela, una fantasía, historia que nos hacen latir el corazón, pero nada más, está en los hechos concretos. Jesús avisaba a los suyos: «No los que dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que han hecho la voluntad de mi Padre, que cumplen mis mandamientos». El verdadero amor es concreto, está en las obras, es un amor constante. No es un sencillo entusiasmo. También, muchas veces es un amor doloroso: pensemos en el amor de Jesús llevando la cruz. Pero las obras de amor son las que Jesús nos enseña en el pasaje del capítulo 25 de san Mateo. Quien ama hace esto, el protocolo del juicio: Estaba hambriento y me han dado de comer, etc. Las bienaventuranzas, que son el programa pastoral de Jesús, son concretas. El segundo criterio del amor es que el amor se comunica, no permanece aislado. El amor da de sí mismo y recibe, se da esa comunicación que existe entre el Padre y el Hijo, una comunicación que la hace el Espíritu Santo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 7 de mayo de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico que acabo de meditar?  (Silencio) 

5.- Propósito: Pensaré que puedo arruinar mi vida si no pongo en práctica las enseñanzas de Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero agradecerte tu palabra exigente. Gracias por esta sacudida que he sentido en el alma. Yo también, como cristiano, puedo vivir del cuento, puedo poner el paraguas y constatar cómo la lluvia de tu Palabra resbala sobre mí. Yo te prometo cambiar, prometo hacer un propósito de llevar a la vida lo que oigo en el evangelio. Quiero asentar mi vida sobre la roca firme de las obras.

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VÍSPERAS Miércoles 24 de Junio de 2026

 

LAUDES Miércoles 24 de Junio de 2026

 

Lectio Divina: 24 de junio de 2026

 

“San Juan Bautista”

1.- Oración Introductoria.

Señor, te confieso que me fascina la figura de Juan y te pido que sepa imitarle en su humildad: “es la voz de otro”. Está llamado a señalar a otro que viene detrás y es más que él. Haz que el importante de mi vida no sea yo sino que seas Tú. Que yo sólo viva para anunciarte con mis palabras y, sobre todo, con el testimonio de mi vida.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lc. 1, 57-66, 80

Se le cumplió a Isabel el tiempo y dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella. Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo: -No, se llamará Juan. Le dijeron: No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre. Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos se llevaron una sorpresa. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban en su interior: «¿Qué va a ser este niño?». Porque efectivamente el Señor estaba con él. El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión.

1.- San Juan como hombre. Normalmente, cuando nos preguntan como a Juan: Tú, ¿quién eres? enseguida enseñamos todos nuestros títulos… soy doctorado, licenciado, obispo, párroco, maestro, etc. En cambio, San Juan dice: Yo no soy… No soy el Mesías. No soy profeta… No soy… ¿Quién eres? Mi misión es ser referente a Otro. Dar paso al que viene detrás de mí y es más que yo. Nos cuesta dar paso a otro. Nos cuesta aceptar que no somos importantes, imprescindibles; que hay otro que viene detrás y hace las cosas como nosotros y mejor que nosotros. Nos cuesta decir como San Juan: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Pero ahí está precisamente la grandeza de este hombre.

Dios permite el pecado para mantenernos humildes.

Me expongo a decir un despropósito, pero lo digo: El Señor ama tanto la humildad que, a veces, permite pecados graves. ¿Para qué? Para que aquellos que han cometido esos pecados, arrepentidos, después se mantengan humildes. (Juan Pablo I Aloc. 6-IX-1978).

2.- San Juan como profeta. A veces entendemos mal eso de profeta. Decimos que es como un adivino que ve el futuro y nos habla de lo que va a pasar. Pero el profeta es el que anuncia y denuncia. Anuncia la Buena Nueva de Dios o de Jesucristo. Da buenas noticias sobre Dios y sobre Jesús. Y denuncia todo lo que está mal. Juan tuvo valentía para decirle a Herodes: “No te es lícito tener la mujer de tu hermano”.

3.- San Juan, el Santo. De San Juan se dice que “nunca abaja el dedo”. No puede porque siempre debe apuntar a Jesucristo, a Dios. Dios es el Absoluto, el único necesario a quien debemos adorar. Hoy que tantos niegan a Dios o lo eliminan de sus vidas, hace falta cristianos con el dedo levantado, es decir, con su testimonio apuntando a Dios… gritando a Dios, diciendo que la vida sin Dios no  tiene sentido, ni tiene salida. ¡O Dios o Nada!

Palabra del Papa.

¿Quién es Juan? Él mismo, dijo el Papa, explica: «Yo soy la voz, una voz en el desierto», pero «es una voz sin la Palabra, porque la Palabra no es él, es un Otro». He aquí el misterio de Juan: «Nunca se apodera de la Palabra». Juan «es aquel que indica, que señala». El «sentido de la vida de Juan – añadió – es señalar a otro».  Y realmente Juan «era el hombre de la luz, llevó la luz, pero no era su propia luz, era una luz reflejada.» Juan es «como una luna», y cuando Jesús comenzó a predicar, la luz de Juan «comenzó a disminuir a bajar.» «Voz, no Palabra – dijo el Papa – luz, pero no propia»: «Juan parece ser nada” Esa es la vocación de Juan: desaparecer (24-06-2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Hacer todo en este día pensando: lo hago por Otro. Él es el importante. Yo soy su voz, pero no su palabra.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por Juan Bautista, ese hombre tan grande por ser pequeño, por no querer ser protagonista de nada, por dar paso a otro, por no querer figurar. Su misión fue la de señalar con el dedo y decir: Ahí está el Cordero de Dios. Ése sí que es importante. Yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia. Gracias, Señor, por esta figura tan genial.

martes, 23 de junio de 2026

VÍSPERAS Martes 23 de Junio de 2026

 

LAUDES Martes 23 de Junio de 2026

 

Lectio Divina: 23 de junio de 2026

 

“Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos”.



1.- Oración introductoria.

Señor, hay muchas cosas buenas, “santas” que me has dado a lo largo de la vida. Me has favorecido con muchos dones, me has inundado de regalos, de gracias. Y me pregunto: Dios mío, ¿qué he hecho de tanto derroche de amor? Muchas veces lo he tirado, lo he malgastado, lo he malogrado. ¡Me pesa, Señor! Y quiero emplear ya toda mi vida en tu servicio. Quiero compensar con mi respuesta generosa, tanto olvido, tanta deficiencia, tanta negligencia, tanto descuido, tanta ingratitud. Señor, ayúdame a cambiar.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 7, 6.12-14

«No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran.

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión.

El evangelio de hoy nos habla de una “puerta estrecha”. En realidad, para un cristiano no puede haber otra puerta que no sea Jesús. “Él es la puerta” (Jn. 10,7). Y la puerta de Jesús no puede ser otra que “la puerta del amor”. Por esa puerta Jesús nos abre el acceso a un Padre maravilloso, lleno de cariño y de ternura. Y por esa misma puerta Jesús nos abre el acceso “al hombre”. Es el Concilio Vaticano II el que nos dice que “Jesús revela el hombre al hombre” (G.E. 22). Sólo a través de Jesús conocemos a Dios y al hombre. Y el modo de conocer en la Biblia es “a través del amor”. La puerta del amor no puede ser ancha porque se cuela el egoísmo por dentro y destruye al verdadero amor. La puerta del amor es estrecha porque está hecha de sacrificio. Jesús pasó por la puerta estrecha de la Cruz, y así nos expresó con toda claridad todo lo que nos quería. En muchas religiones se habla de una regla de oro: “Hacer a otros lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros”. Está bien porque se pone al hombre como “centro”. Pero para un cristiano la meta es más alta: el cristiano pone en el centro a Jesús. Hacer lo que hizo Jesús, pensar como pensaba Jesús, y amar como Él amó.  Sólo este amor nos realiza como personas. Sólo este amor nos hace plenamente felices. “Y sabiendo como sabéis estas cosas, seréis felices si las cumplís” (Jn. 13,17). El saber cosas bonitas sobre el amor no nos hace felices. Pero sí nos hace felices el ponerlo en práctica como Jesús. “Sólo ama de verdad a Dios quien no se acuerda de sí mismo”. (S, Gregorio Magno. Homilía 38 sobre los evangelios) Bendita “puerta estrecha” que nos lleva a la auténtica y verdadera felicidad.

Palabra del Papa

“¿Qué significa esta «puerta estrecha»? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos? Si se observa bien, este modo de razonar de los interlocutores de Jesús es siempre actual: nos acecha continuamente la tentación de interpretar la práctica religiosa como fuente de privilegios o seguridades. En realidad, el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta: todos pueden entrar en la vida, pero para toda la puerta es «estrecha». No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es «estrecho» porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo. (…)La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal”. Benedicto XVI, 26 de agosto de 2007.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Todo el día caminaré por la puerta estrecha del amor concreto y sacrificado a mis hermanos.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Señor, te quiero agradecer el haber aprendido el verdadero camino de la auténtica felicidad. No está en recorrer un camino ancho, haciendo lo que me apetece en cada instante, un camino sin exigencias ni compromisos; sino un camino más estrecho, el de un amor más limpio, más transparente, más sacrificado.  Una vez más he comprendido que no puede haber otro camino mejor para los hombres que el que ha recorrido Jesús, el hombre ideal, el hombre perfecto.

lunes, 22 de junio de 2026

VÍSPERAS Lunes 22 de Junio de 2026

 

LAUDES Lunes 22 de Junio de 2026

 

Lectio Divina: 22 de junio de 2026

 

“No juzguéis, para que no seáis juzgados”


1.- Introducción.

Señor, hoy te pido en este evangelio, que me ayudes a ser objetivo, a ver las cosas como son y no como a mí me parecen; a no valorar los comportamientos humanos a partir del afecto o desafecto que yo tengo con las personas a las que me atrevo a enjuiciar.  Suele ocurrir que una misma acción es valorada de una manera distinta si se trata de una persona que me cae bien o me cae mal. Señor, dame un corazón sano, una mente limpia y una mirada de fe para emitir un juicio objetivo sobre mis hermanos.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 7, 1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: «Deja que te saque la brizna del ojo», teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

La mota y la viga. Al Señor le gusta exagerar los términos de comparación para que caigamos en la cuenta de nuestros errores y cambiemos. El no ver una mota no tiene demasiada importancia respecto a nuestra salud del ojo. Pero no ver una viga significa que tengo mis ojos muy estropeados, que me urge la visita al oculista, que estoy a punto de perder la vista. Pablo tenía sus ojos muy sucios cuando en cada cristiano veía a un enemigo. En realidad estaba ciego. Por eso tuvo que estrenar unos ojos nuevos, los ojos del amor. Y, con esta mirada del corazón, pudo ver a Jesús en cada uno de los cristianos a los que perseguía. Lamentablemente, a más de veinte siglos de distancia, seguimos estando ciegos, no vemos a Cristo en el rostro de nuestros hermanos. Qué bonitas las palabras del Papa Pablo VI a todos los cristianos al acabar el Concilio Vaticano II. “En el rostro de cada hombre, sobre todo si se ha hecho transparente a través de las lágrimas y el dolor, nosotros podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo”.  Antes de ver “motas” en el ojo de nuestros hermanos, quitemos las “vigas” que llevamos en los nuestros. “Los peores son, sin duda alguna, los que de boca aman y con el corazón destrozan. (Santo Tomás sobre la caridad I.c.p 220).

Palabra del Papa.

“No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia: no se puede, porque el enfermo morirá de dolor. Y la caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Apartarlo, con mansedumbre, con amor y hablarle. En segundo lugar es necesario no decir algo que no es verdad. Cuántas veces en nuestras comunidades se dicen cosas una persona de la otra que no son verdaderas: son calumnias… La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero, ahí, en el tejido de la Iglesia que es necesario coser de nuevo. Y como las madres y las abuelas, cuando cosen, lo hacen con mucha delicadeza, así se debe hacer la corrección fraterna. Si no eres capaz de hacerlo con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, se comete una ofensa, una destrucción del corazón de la persona. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 12 de septiembre de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Evitar los prejuicios para mirar hoy a todas las personas con la mirada del corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Dios mío, qué bella, qué fuerte, qué eficaz es tu Palabra. Yo, por mí mismo, nunca hubiera caído en la cuenta de la terrible enfermedad de mis ojos del alma. Hoy he visto lo hipócrita que soy. Qué duro, que inflexible, qué intransigente soy a la hora de hacer un juicio a los demás. Y, por otra parte, qué blando, qué condescendiente, qué comprensivo soy con mis errores y defectos. Sigo con la ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho para los demás. Te prometo, Señor, que voy a cambiar.

domingo, 21 de junio de 2026

II VÍSPERAS Domingo 21 de Junio de 2026

 

LAUDES Domingo 21 de Junio de 2026

 

Domingo 12, tiempo ordinario: 21 de junio de 2026

 

…y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

INTRODUCCIÓN

El tema de este Domingo lo propone claramente el mismo Jesús ya que, en estos breves versículos del evangelio de Mateo, nos repite por tres veces ¡No temáis! Unas palabras que necesitamos escuchar hoy más que nunca. Salimos de la terrible experiencia del “corona-virus” que, a nivel mundial, nos cogió de sorpresa y totalmente desprevenidos. En cualquier momento pueden aparecer nuevas enfermedades. Y la paz, tan querida y suspirada por todos, nunca acaba de llegar, es más, la amenaza de un gran conflicto entre grandes potencias nos está amenazando. Sigue la guerra en Ucrania, Irán, Israel. ¿Cómo no tener miedo? Sólo Jesús, vencedor de la muerte, puede abrirnos horizontes de esperanza.

LITURGIA DE LA PALABRA

1ª lectura: Jer, 20, 10-13.                           2ª lectura: Ro. 5, 12-15.

EVANGELIO

Mt. 10, 26-33

No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

MEDITACIÓN-REFLEXIÓN

1.– El miedo nos paraliza. Jesús, después de la Resurrección, se encuentra a unos discípulos “encerrados por miedo a los judíos” (Jn. 20,19). Unos discípulos llenos de miedo no pueden salir a ninguna parte. Esta Iglesia que debe dar al mundo la gran noticia de la Resurrección, está frenada, paralizada por el miedo. Sólo cuando Jesús aparece se llenan de gozo y salen a llevar la buena noticia al mundo entero.  Sin experiencia de Resurrección no se puede vencer el miedo y la Iglesia que “debe estar en salida” está anclada en el pasado, replegada sobre sí misma, lamentándose de ir perdiendo fieles cada día, sin horizonte, sin ilusión, con poca sin esperanza.  Sólo un encuentro vivo con el Resucitado nos hará perder todos los miedos.

2.– El miedo nos esclaviza.  En el escrito a los hebreos se nos dice algo asombroso.: «Cristo vino a liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos” (Heb. 2,15).  Cristo no sólo vino a librarnos de la muerte sino del miedo a morir. El miedo a morir nos hace vivir como esclavos. El evangelio de hoy nos anima a poner toda la confianza en un Padre maravilloso que no permite que caiga un pájaro al suelo sin su permiso y tiene contados hasta los cabellos de la cabeza. Tenemos un Padre que está al tanto de todo y nos quita el miedo a vivir y el miedo a morir. Dios no quiere esclavos que le sirvan por miedo sino hijos que le sirvan por amor.  Es interesante un testimonio del s. V de San Pedro Crisólogo: “El mismo Dios nos enseña a orar: Padre Nuestro. Nos empuja a orar así y nos lo manda. Por eso seguimos la gracia que nos llama, seguimos el amor que nos arrastra, seguimos el cariño que nos invita. Que Dios es nuestro Padre, lo siente nuestro corazón, lo confiesa nuestra alma, lo proclama nuestra lengua. Y todo lo que hay en nosotros corresponde a la gracia y no al temor; porque quien de juez pasó a ser nuestro Padre, quiere ser amado y no quiere ser temido”. Dios quiere que vivamos con la libertad de hijos de Dios.

3.– El miedo no nos deja disfrutar. Uno de los males mayores del miedo es que no nos deja disfrutar de la vida.  Dios ha creado para nosotros un mundo maravilloso y quiere que lo disfrutemos. Que disfrutemos del sol, de la brisa, del agua, de un bello atardecer, del canto de los pájaros, y de toda la creación. Y quiere aún más que disfrutemos de la amistad, del compartir juntos una mesa, del cariño de las personas. Pero, sobre todo, quiere que disfrutemos de Dios. Quiere que desterremos para siempre esas imágenes de Dios que nos asustan y nos distancian. Que disfrutemos de un Dios que es Padre que nos ama con locura; que disfrutemos de Jesús, nuestro amigo y nuestro hermano que ha ido a la Cruz para expresarnos lo que nos quería; y de un Espíritu Santo que es Amor y nos atrae hacia la unidad

En una intervención improvisada, el Santo Padre Papa León XIV afirmó que una de las mayores alegrías de todo obispo es poder celebrar las Confirmaciones, pues son «verdaderamente el don del Espíritu Santo». «Es muy hermoso recibir este sacramento», dijo el Papa, «porque la plenitud del Espíritu Santo nos da entusiasmo, fuerza y la capacidad de seguir a Jesucristo, de decir «sí al Señor siempre», y de no tener miedo de seguirle con valentía, de vivir la fe en un mundo que tan a menudo quiere alejarnos de Jesús». (Confirmandos de Génova, 17-05-2026)

PREGUNTAS

1.- ¿Tengo miedo? ¿A quién tengo miedo? ¿Siento que el miedo me paraliza y no me deja realizarme?  ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?

2.- ¿Tengo miedo a morir? ¿Hasta el punto de esclavizarme? ¿Qué debo hacer para ser hombre libre, sin miedos ni sobresaltos?

3.- ¿Qué imagen de Dios llevo dentro de mí? ¿La imagen de un Dios que me da miedo, que me frena? ¿O la de un Dios que me hace disfrutar de todo?