/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.

lunes, 17 de agosto de 2026

LUNES 17 de AGOSTO 2026 🎶 "Tesoro en el Cielo" 🎶 Evangelio de San Mateo 19, 16-22

 

"Tesoro en el Cielo" 🎶 Evangelio de San Mateo 19, 16-22 Un joven buscaba la vida eterna, su alma sedienta la gracia anhela. Corrió hacia Cristo con gran devoción, pidiendo camino hacia la salvación. Jesús le recuerda los mandamientos, camino seguro, divino alimento. Amar al prójimo, honrar con amor, vivir la verdad sin miedo ni error. Tesoro en el cielo, riquezas de Dios, más que el oro brilla su eterno amor. Si todo lo entrego, lo puedo seguir, y en su misericordia siempre vivir. El joven responde: “Todo he cumplido”, pero algo en su alma aún no ha rendido. Jesús lo llama a soltar y a dar, a pobres su bien, y a Él caminar. Pero sus riquezas pesaban de más, y triste se aleja, no pudo avanzar. Cristo nos dice: “Ven y confía, yo soy la puerta, la paz y la vida”. No es lo que guardas lo que da valor, sino lo que entregas por puro amor. La cruz es sendero que lleva a Jesús, la luz que no muere, la eterna luz. Tesoro en el cielo, riquezas de Dios, más que el oro brilla su eterno amor. Si todo lo entrego, lo puedo seguir, y en su misericordia siempre vivir.

Evangelio del día 17 agosto 2026 (Vende tus bienes, ven y sígueme)

 

Lectio Divina: 17 de agosto de 2026

 

¿Qué tengo que hacer para obtener la vida eterna?

1.- Oración Introductoria.

Muchas veces he pensado en este joven, buen cumplidor de la ley, a quien Jesús mira con afecto. ¡Qué oportunidad le ofrece Jesús! Seguirle a Él, disfrutar de su compañía, compartir su mundo, su riqueza interior, ser plenamente feliz. Y, por ser miope, de mirada corta, de vuelo horizontal, se quedó solo con su riqueza humana, es decir, con su pobreza existencial, su limitación, su fragilidad, su finitud.  Señor, yo quiero estar siempre contigo: con un horizonte abierto al infinito, con una felicidad completa, esa que sólo Tú me puedes dar.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama al prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

3.- Que dice el texto 

Meditación-reflexión

Este joven rico era un buen judío. Era cumplidor de la Ley y nadie le echaba en cara que su fortuna la hubiera adquirido con medios ilícitos. Y, como buen judío, buscaba la “vida eterna” es decir, ser feliz después de la muerte. Jesús no le recrimina nada de lo que ha hecho, incluso le mira con cariño (Mc. 10,21), Jesús ha visto en él “buen fundamento” para levantar un bonito edificio espiritual. Por eso le dice: “Si quieres llegar hasta el final”, es decir, si no quieres quedarte a mitad del camino, si no quieres ser una medianía, una vulgaridad, un judío más del montón, te hago una oferta: “Deja lo que tienes y vente conmigo”.  Aquel joven vio con claridad lo que Jesús le ofrecía: su persona, su riqueza interior, el gozo de caminar a su lado…Todo lo vio, pero “como era rico” prefirió seguir son su riqueza. Y aquí está el peligro de la riqueza. No es en sí mala, incluso se puede hacer buen uso de ella, pero de tal modo avasalla el corazón de la persona que “no le deja libertad para decidirse por Jesús”.  Y el texto termina diciendo: “se fue triste”. Y uno se pregunta: ¿Por qué tienes que quedarse triste si Jesús no te ha quitado nada? Jesús te ha respetado y has hecho lo que tú has querido. Aquel joven se quedó triste porque “se quedó con su riqueza, pero se quedó sin Jesús”. De una manera sencilla, insinuante, Jesús nos está diciendo que la riqueza es fuente de tristeza y que Jesús es la alegría y la fiesta de la vida. Un judío (y también muchos cristianos) se preguntan por la vida futura, por su salvación eterna. El que de verdad sigue a Jesús experimenta que esa vida futura, “ya está presente aquí en esta vida, siguiendo a Jesús”. El cielo, el reino de Dios “ya está dentro de nosotros”. Ya hoy, aquí y ahora podemos ser felices con Jesús. Y sólo desde esta experiencia puedo esperar con seguridad la vida eterna.

Palabra del Papa

“Lo que llama la atención es que este hombre no conoce el vocabulario de la gratuidad. Todo parece debido. Todo es una obligación. La vida eterna es para él una herencia, algo que se obtiene por derecho, a través de una meticulosa observancia de los compromisos”, dice el Papa. Y destaca además que Jesús no se queda en las apariencias: “Mientras este hombre pone ante Jesús su buen currículum, Jesús va más allá y mira en su interior. El verbo que emplea Marcos es muy significativo: ‘mirando en su interior’ (v. 21)”.

“Mirando en su interior -dice el Evangelio- «le amó» (v. 21). Jesús ama a este hombre incluso antes de invitarle a seguirle. Lo ama tal como es. El amor de Jesús es gratuito: exactamente lo contrario de la lógica del mérito que acosaba a esta persona” (Papa Francisco, 9-abril-2025)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito.  Hoy me hago esta pregunta: ¿Realmente me hace feliz Jesús a mí, o pongo mi felicidad en otras cosas?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, a veces tengo la tentación de buscar la felicidad fuera de ti, haciendo mis gustos, mis caprichos, mi “santa” voluntad. Pero soy sincero cuando te digo que, fuera de ti, nunca he sido feliz. Siempre me ha quedado un vacío dentro de mí que nadie, excepto Tú, has sabido llenar. Por eso, quiero agradecerte, de todo corazón, esta experiencia maravillosa de no poder disfrutar de nada de este mundo estando Tú ausente. Es una gran gracia que yo te agradezco.

domingo, 16 de agosto de 2026

Evangelio del día 16 agosto 2026 (Ten compasión de mí, Señor)

 

San Roque de Montpellier, patrono de los enfermos, los peregrinos y los perros

 


Cada 16 de agosto, la Iglesia celebra a San Roque, peregrino y santo venerado especialmente como protector frente a las epidemias y patrono de los enfermos. Nació probablemente en Montpellier, Francia, hacia el siglo XIV, en el seno de una familia acomodada. Tras quedar huérfano, decidió repartir sus bienes entre los pobres y emprender una peregrinación hacia Roma. Durante el camino encontró numerosas personas afectadas por la peste. En lugar de huir, decidió quedarse para atenderlas y servirlas con caridad. Según la tradición, muchos enfermos recuperaron la salud gracias a sus oraciones. Finalmente, el propio Roque contrajo la enfermedad y se retiró a un bosque para no contagiar a otros. Allí, según la tradición, un perro acudía diariamente a llevarle un pan y Dios permitió que sobreviviera. Su figura se convirtió en un poderoso símbolo de caridad hacia los enfermos y de confianza en Dios en medio del sufrimiento. San Roque, peregrino y servidor de los enfermos, intercede por nosotros. Enséñanos a no ser indiferentes ante el sufrimiento de los demás, a servir con caridad y a confiar siempre en la Providencia de Dios. Protege especialmente a los enfermos y a quienes los cuidan. Amén.

DOMINGO 16 de AGOSTO 2026 🎶 "Que grande es tu fe" 🎶 Evangelio de San Mateo 15, 21-28

 


🎶 "Que grande es tu fe" 🎶 Evangelio de San Mateo 15, 21-28 Una madre caminaba, con el alma en aflicción; por su hija suplicaba, conmovida el corazón. «Ten piedad, Señor amado, mira mi necesidad». Y aunque el cielo parecía guardar silencio y esperar. No se fue cuando callaste, no dejó de suplicar; se acercó, cayó de rodillas, y volvió a clamar. «Señor, ayúdame ahora, solo en Ti puedo confiar». Su esperanza era pequeña, pero no dejó de amar. ¡Qué grande es tu fe! ¡Qué grande es tu fe! Cuando todo queda en silencio, sigues firme junto a Él. ¡Qué grande es tu fe! ¡Qué grande es tu fe! Quien confía aunque no vea, ve la mano de Dios también. «Hasta las migajas, Señor, yo las quiero recibir; si una cae de tu mesa, basta para hacerme vivir». Jesús miró aquella entrega, vio su humilde corazón; y le dijo con ternura: «Grande es tu fe y tu oración». Hoy también hay corazones que se cansan de esperar; que preguntan en silencio: «¿Cuándo vas a contestar?». No abandones la esperanza, no te canses de creer; Dios escucha cada lágrima que derramas con tu fe. Si parece que no responde, sigue firme en la oración; Dios trabaja en el silencio, aunque no veas su acción. No midas su amor por tiempos, ni por lo que puedes ver; a veces la fe más grande es seguir diciendo: «¡Amén!». ¡Qué grande es tu fe! ¡Qué grande es tu fe! Cuando todo queda en silencio, sigues firme junto a Él. ¡Qué grande es tu fe! ¡Qué grande es tu fe! Aunque no entiendas el camino, sigue confiando en Él. Sigue confiando... Dios no te dejará caer.

sábado, 15 de agosto de 2026

Domingo 20, tiempo ordinario: 16 de agosto de 2026

 

“Mujer, ¡qué grande es tu fe!

1ª Lectura: Is. 56, 1,6-7.                     

2ª lectura: Ro. 11, 13-15.29-32.

EVANGELIO

San Mateo 15, 21-28.

La audacia de una fe sin fronteras

El Evangelio de este domingo (Mateo 15, 21-28) nos presenta una de las escenas más conmovedoras, y a la vez más desconcertantes, de la vida pública de Jesús. El Maestro se retira a la región de Tiro y Sidón, tierra extranjera y pagana. No está en territorio judío; está en la periferia. Y allí sale a su encuentro una mujer cananea. Una mujer que, según las categorías de la época, lo tenía todo en contra: era extranjera, pertenecía a un pueblo históricamente enemigo de Israel, no compartía la misma fe y, para colmo, era una mujer sola gritando en público en un entorno de hombres.

Esta mujer lleva en el alma un dolor insoportable: su hija está terriblemente atormentada por un demonio. Es el grito desesperado de una madre que ya no tiene nada que perder. Se acerca a Jesús y le dice: «Señor, Hijo de David, ten compasión de mí».

El silencio y la prueba

Lo primero que nos descoloca es la reacción de Jesús. Dice el texto que «no le respondió palabra». El silencio de Jesús nos incomoda porque muchas veces se parece a nuestros propios silencios con Dios. ¿Quién de nosotros no ha gritado al cielo en un momento de enfermedad, de crisis familiar o de dolor profundo, y ha sentido solo el eco de su propia voz? El silencio de Dios no es desinterés, sino pedagogía. Jesús no está ignorando a la mujer; está purificando su fe y, sobre todo, está poniendo a prueba el corazón de sus propios discípulos.

Los discípulos fracasan en la prueba. Su reacción es la de la exclusión: «Despídela, que viene gritando detrás de nosotros». Para ellos, la mujer es una molestia, un ruido incómodo que rompe su tranquilidad. ¡Qué fácil es caer en la tentación de los discípulos! Cuántas veces en nuestras comunidades e iglesias miramos con sospecha al que viene de fuera, al que no viste como nosotros, al que tiene una vida rota o al que busca a Dios de una manera que no encaja en nuestros moldes perfectos.

La lógica del pan y las migajas

Cuando Jesús rompe el silencio, lo hace con una frase que suena durísima: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». En el lenguaje de la época, los "hijos" eran el pueblo de Israel, los depositarios de la promesa original. Jesús está marcando el orden de la historia de la salvación. [

Pero la respuesta de la mujer es una obra maestra de humildad y agudeza espiritual. Ella no se ofende, no se llena de orgullo, no exige derechos que no tiene. Ella acepta la lógica de Jesús, pero la ensancha desde el amor: «Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos».

Es una respuesta bellísima. Ella está diciendo: "Sé que no tengo derecho al banquete principal, pero sé también que eres tan rico en misericordia, que incluso tus migajas bastan para salvar a mi hija". Ella descubre que el amor de Dios no es un recurso limitado que se agota; es un manantial tan desbordante que hay de sobra para todos.

El elogio de la fe

Ante esta muestra de confianza absoluta, el corazón de Jesús se conmueve y exclama: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas». Es curioso: en el Evangelio de Mateo, Jesús suele reprochar a sus apóstoles —los que estaban siempre con Él— su "poca fe". Sin embargo, la fe más grande, la que arranca el milagro y la admiración del Salvador, la encuentra en una mujer pagana, en la periferia de la religión oficial.

Como nos recordaba hoy la primera lectura del profeta Isaías, la casa de Dios es «casa de oración para todos los pueblos». Dios no tiene aduanas, no pide pasaportes religiosos para derramar su gracia. Lo único que pide es un corazón humilde y necesitado.

¿Qué nos dice esta palabra hoy?

Hermanos, esta palabra nos invita a dos conversiones urgentes en nuestra vida:

1.    En nuestra relación con los demás: A derribar los muros de la intolerancia. A no juzgar a las personas por su pasado, por su origen o por sus errores. Dios opera con fuerza en los lugares más insospechados y en los corazones que a veces nosotros mismos damos por perdidos.

2.    En nuestra oración personal: A no desanimarnos ante el silencio de Dios. La mujer cananea nos enseña la "audacia de la fe". Orar no es convencer a Dios de que haga nuestra voluntad, sino insistir con la confianza absoluta de que Él nos ama y sabe lo que necesitamos, postrándonos ante Él con humildad.

Que en esta Eucaristía, al acercarnos a recibir no una migaja, sino el Pan entero de la vida que es Cristo, le pidamos al Señor que sane nuestra falta de fe y nos conceda un corazón tan grande y confiado como el de aquella mujer de la periferia. Amén.

 

Lecturas de la Misa en LENGUA DE SIGNOS: DOMINGO XX del TIEMPO ORDINARIO (A)

 

SÁBADO 15 de AGOSTO 2026 🎶 "Mi alma glorifica" 🎶 Evangelio de San Lucas 1, 39-56

 

Asunción de de la Virgen María: 15 de agosto de 2026



 La Asunción de María, el Triunfo de la Humildad

LECTURAS BÍBLICAS

1ª lectura: Apo. 11, 19ª; 12,1-6ª.10ab.                   

 2ª lectura: 1Cor. 15, 20-27ª

EVANGELIO

San Lucas 1, 39-56:

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Una fiesta de esperanza
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy la Iglesia se viste de fiesta para celebrar una de las solemnidades más bellas y consoladoras del año litúrgico: la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma a los cielos.
En pleno corazón del verano, cuando el cansancio del año se hace sentir, la liturgia nos invita a levantar la mirada al cielo. No miramos al espacio vacío, sino que contemplamos a una Madre que ya ha llegado a la meta. La Asunción no es un mito ni una simple tradición piadosa; es el dogma de fe que nos recuerda que María, por haber sido preservada del pecado, no conoció la corrupción del sepulcro. Ella participa ya de manera plena, en cuerpo y alma, de la victoria de su Hijo Jesús.
1. El secreto de María: La prisa por servir
El Evangelio de hoy nos muestra el camino que llevó a María a esta gloria tan alta. San Lucas nos dice que, tras recibir el anuncio del ángel, María se levantó y partió «de prisa» a la montaña para ayudar a su prima santa Isabel.
Es un detalle precioso. Quien llevaba en su seno al Rey del universo no se quedó en casa exigiendo atenciones. Al contrario, se hizo sierva. Salió al camino, cruzó montañas y se entregó al servicio doméstico de su familia.
Aquí radica el primer gran mensaje para nuestra vida: el camino hacia el cielo se construye en la tierra a través del servicio diario. María es elevada a lo más alto de los cielos porque primero supo abajarse a lo más humilde de la tierra. Su grandeza no nació del poder, sino de su capacidad de amar y servir sin reservas.
2. El Magníficat: La revolución de los humildes
Al encontrarse con Isabel, brota de los labios de la Virgen el canto del Magníficat. Es un canto de alabanza, pero también una declaración profética que sacude los cimientos de los criterios de este mundo.
María canta: «El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos».
Nuestra cultura actual nos repite constantemente que para ser felices hay que ser fuertes, ricos, independientes y famosos. Sin embargo, la fiesta de hoy demuestra que Dios tiene otra lógica. Dios se enamora de la pequeñez. La Asunción es la prueba definitiva de que las promesas del Magníficat son verdaderas: la humilde esclava de Nazaret es hoy coronada como Reina de la creación.
3. Nuestra carne tiene destino de eternidad
La segunda lectura de san Pablo a los Corintios nos recordaba que Cristo ha resucitado como «primicia» de los que durmieron. María, la primera y perfecta discípula, sigue los pasos de su Hijo.
Esto nos deja una enseñanza profundamente reconfortante sobre nosotros mismos. En un mundo que a veces idolatra el cuerpo físico a través de la estética, pero que al mismo tiempo lo maltrata o lo ve solo como un objeto descartable, la Asunción dignifica nuestra condición humana.
Esta fiesta nos dice que nuestros cuerpos, nuestra materia, el cansancio de nuestras manos y el sudor de nuestra frente importan para Dios. Tu cuerpo no está hecho para el polvo de la nada; está hecho para la resurrección. María nos precede en ese destino. Al contemplarla a ella en la gloria, vemos el reflejo de lo que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros al final de los tiempos.
 Un signo de consuelo
Hermanos, el Apocalipsis nos ha descrito hoy una batalla espiritual: la mujer vestida de sol frente al gran dragón del mal. Muchas veces sentimos que ese dragón (en forma de enfermedad, problemas familiares, injusticias o crisis de fe) nos acecha y nos debilita.
Pero hoy no es un día para el temor. María en el cielo es, como dice el Concilio Vaticano II, «signo de esperanza cierta y de consuelo para el pueblo de Dios que peregrina». Ella nos cuida con amor maternal y nos recuerda que el mal y la muerte no tienen la última palabra.
Que al salir hoy del templo renovemos nuestro deseo de caminar como ella: con los pies firmes en la tierra del servicio y los ojos puestos en la gloria del cielo.
Santa María, Asunta al cielo, ruega por nosotros. Amén.

viernes, 14 de agosto de 2026

Lectio Divina: 14 de agosto de 2026

 

Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

1.- Oración Introductoria.

Hoy, Señor, quiero pedirte por tantas parejas que fracasan; por tantos hombres y mujeres que se quisieron mucho y, con el paso del tiempo, llegan a odiarse, incluso a matarse. Los sueños de Dios sobre el matrimonio eran bellísimos, las intenciones no podían ser mejores: ponerles en un Jardín de delicias.   ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando? Te pido que ayudes a tantas parejas malogradas, a tantos niños que, sin ninguna culpa, tienen que pagar muy caro los errores de sus padres.

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer –no hablo de prostitución- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero Él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Jesús, en este texto, quiere luchar contra distintos frentes:

  • Quiere dejar bien clara la intención de Dios sobre el matrimonio al comienzo de la Creación: que vivieran siempre en un paraíso de delicias. El asombro y fascinación de Adán ante Eva, indica que el sueño de Dios es que los matrimonios fueran plenamente felices. A ese sueño nunca se puede renunciar.
  • La ley de Moisés permitiendo el divorcio es por la “dureza de corazón”. Notemos que Jesús no recrimina nada a Moisés sino que trata de comprenderlo al verse obligado a dar una solución ante problemas concretos que se le presentan; pero mantiene en pie la voluntad del Creador.
  • En lo que Jesús no puede estar en absoluto de acuerdo es en el modo de promulgar una ley donde sólo el varón tiene derecho a divorciarse y nunca la mujer. “Si uno se casa con una mujer y… descubre en ella “algo vergonzoso” le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa” (Dt. 24,1). Por eso, en el lugar paralelo de Marcos 10,12 se dice: “y si ella repudia a su marido y se casa con otro comete adulterio”. Está hablando a paganos y Marcos descubre muy bien la intención de Jesús.
  • Tampoco Jesús está de acuerdo en la interpretación laxista de la escuela de Hillel, donde se podía despedir a la mujer por cualquier motivo: porque se le había quemado la comida, o simplemente se había cansado de ella y ya no le gustaba. (La otra escuela de Sammai era más rigurosa). Por tanto, Jesús quiere reconducir al matrimonio a su prístina pureza, como corresponde a los “hijos del reino”, trata de comprender a los de “corazón duro”, y aprovecha la ocasión para hablar en contra de un “machismo escandaloso” y de una ley injusta en relación con la mujer.

         Palabra del Papa.

“Cuando imagino un corazón, lo imagino siempre de carne, rojo, palpitante, sano, fuerte, vigoroso, y transmitiendo vida. Pero podría también imaginar cómo es la imagen que representa a los fariseos el día de hoy: un corazón de piedra. Es un corazón muerto, grisáceo, seco, inmóvil, resistente, es un corazón que pesa, que causa dolor y transforma todo en muerte… «Nosotros debemos caminar con estas dos cosas que Jesús nos enseña: la verdad y la comprensión. Y esto no se resuelve como una ecuación matemática, sino con la propia carne: es decir, yo cristiano ayudo a esa persona, a aquellos matrimonios que atraviesan una dificultad, que están heridos, en el camino de acercamiento a Dios. Permanece el hecho que la verdad es aquella, pero esta es otra verdad: todos somos pecadores, en camino. Y siempre está este trabajo por hacer: cómo ayudar, cómo acompañar, pero también cómo enseñar a aquellos que se quieren casar, cuál es la verdad sobre el matrimonio.» (Homilía    de S.S. Francisco, 20 de mayo de 2016, en santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. A la luz de este texto intentaré conciliar el capítulo cuarto y el octavo de “Amoris laetitia” del Papa Francisco.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, tengo dentro de mí dos sentimientos encontrados: Me encanta tu plan, tu proyecto original sobre el matrimonio. Le dotaste de los elementos necesarios para que las parejas fueran felices. Pero la historia es tozuda y cada día nos encontramos con escenas muy desagradables y que a tantas personas les hacen sufrir mucho. Ayuda, Señor, a tantas parejas en situaciones conflictivas.

jueves, 13 de agosto de 2026

JUEVES 13 de AGOSTO 2026 🎶 "Setenta veces Siete" 🎶 Evangelio de San Mateo 18, 21-- 19, 1

 


Lectura reposada del evangelio: Mateo 18, 21-19,1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán. Palabra del Señor

Lectio Divina: 13 de agosto de 2026

 ¿Cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?


1.-Introducción.

Señor, Tú sabías muy bien que el perdón era totalmente necesario para la vida de comunidad. Por eso, en la oración del Padre Nuestro nos dijiste que teníamos que pedir cada día el pan: el pan material para “vivir” y el pan espiritual del perdón para “convivir”. Es imposible una vida de comunidad sin capacidad de perdonar. Señor, dame el don de saber perdonar de corazón a mis hermanos.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 18, 21-19,1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión.

Dentro del capítulo 18 sobre la “vida de fraternidad” el Señor ha insistido mucho sobre la necesidad del perdón. La razón es muy sencilla: Todos somos limitados, todos somos pecadores, todos nos equivocamos. Ante esta aplastante realidad, ¿qué podemos hacer? ¿Esforzarnos para evitar todo error, toda caída? Esto, además de llevarnos a una falsa humildad, no lo podríamos evitar dada nuestra situación de personas frágiles, débiles, limitadas. La única manera de salir de este atolladero es fomentar una gran capacidad de perdón. Pero no sirve una reconciliación superficial, se necesita una reconciliación “de corazón”. Ni bastan las palabras ni siquiera las buenas intenciones. No hay duda de que San Pedro tenía buenas intenciones cuando estaba dispuesto a perdonar “hasta siete veces” y sabemos que el siete es un número que indica perfección. Jesús le habla no de siete veces, sino de  “setenta veces siete”. Es como si Jesús le dijera: Pedro, ¿me pides una medida para el perdón? Te la voy a dar: “Hay que perdonar sin medida”.  Y para que esto lo entienda bien le propone una parábola de la “desmedida”. El rey le perdona al empleado “diez mil talentos”. Esto equivaldría a TRESCIENTAS CINCUENTA TONELADAS DE ORO. Y lo que ese empleado no está dispuesto a perdonar a su pequeño deudor equivaldría a TREINTA GRAMOS DE ORO. Lo que el Señor quiere dejar bien claro, a la hora del perdón, es que “no miremos las pequeñas deudas que unos a otros nos debemos”, sino la inmensa deuda que todos debemos a Dios. Si Dios nos perdona todo, nos perdona siempre, y nunca nos pasa factura, ¿Cómo vamos nosotros a tener una cara tan dura para no perdonarnos nuestros fallos que, por grandes que nos parezcan, siempre son pequeños e insignificantes, comparados con todo lo que le debemos a Dios?

“La Iglesia está llamada a sanar corazones heridos, a ser facilitadora en procesos de reconciliación, a educar acerca del perdón y a que sus miembros oren los unos por los otros como medio efectivo de la gracia de Dios” (P. Pablo Rojas).  

Palabra del Papa.

“Te pido perdón, Señor, por las veces que no he sabido perdonar cuando Tú no tienes límites al perdonarme. Te pido que me ayudes a comprender la debilidad del hombre. Dame un corazón grande, un corazón bondadoso. Que nunca ofenda a nadie y que todos puedan recibir consuelo en él. Dame, Jesús, unos ojos misericordiosos que se compadezcan de las necesidades del prójimo, y dame una lengua que siempre hable bien de los demás y de la que nunca salgan palabras duras. Dame la gracia de tener ese corazón tuyo. Que nunca me canse de perdonar y que siempre esté dispuesto a sufrir por mis hermanos. «El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos permite vivir así, ser así: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados.»   (Homilía de S.S. Francisco, 14 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Después de haber orado con este evangelio, buscaré a la persona con quien me siento todavía distanciado y le pediré perdón independientemente de su reacción. El perdón me sale del corazón. Y se lo ofrezco gratis.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque Tú eres Dios y no un mero hombre. Los hombres somos mezquinos, cicateros, egoístas. Tú siempre eres generoso, y lo tuyo es lo grande, lo inmenso, lo nunca visto. Así siempre, y así también con el perdón. Como el perdón te sale del corazón, no cabe límite, ni medida. Tu perdón es inmenso, infinito, inabarcable. Gracias, Señor, porque eres Dios y no un simple hombre.

martes, 11 de agosto de 2026

Evangelio del día 12 agosto 2026 (Si tu hermano peca, repréndelo a solas)

 

SAN JUAN PABLO II | 🎨 COLOREANDO Y CANTANDO 🎶 la vida de los Santos


 

🎨 COLOREANDO Y CANTANDO 🎶 la vida de los Santos es una serie pensada para que los niños descubran, a través del color y la música, la alegría de seguir a Jesús.

MARTES 11 de AGOSTO 2026 🎶 "Como un niño" 🎶 Evangelio de San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

 

 

Lectura reposada del texto. Mateo 18, 1-5. 10, 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?» Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron.  De igual modo, el Padre Celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños».Palabra del Señor