/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.

sábado, 22 de agosto de 2026

XXI Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) (23 de Agosto)


EXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Is. 22,19-23.                  

  2ª lectura: Ro.11,33-36

EVANGELIO

San Mateo 16, 13-20

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1. Introducción: La pregunta que lo cambia todo
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy el Evangelio nos sitúa en un escenario lejano, en Cesarea de Filipo, un lugar fronterizo rodeado de templos paganos. Allí, lejos del ruido de las multitudes, Jesús hace a sus discípulos la pregunta más crucial de todas. Primero les consulta por lo que dice la calle: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Las respuestas son variadas, respetuosas y elevadas: Elías, Jeremías, Juan el Bautista. Para la masa, Jesús es un gran personaje del pasado, un profeta admirable, un maestro ético.
Pero a Jesús no le basta con la opinión pública. Por eso da un giro directo y los mira a los ojos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». En ese "vosotros" estamos incluidos cada uno de nosotros hoy, en este banco de la iglesia, en medio de nuestra vida cotidiana, en este año 2026. Jesús no busca una definición de diccionario; busca una definición de nuestra propia vida.
2. La confesión de Pedro: El don de la fe
Pedro, con su habitual audacia, toma la palabra en nombre de todos y dice: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Es una respuesta perfecta. Pero Jesús inmediatamente aclara algo fundamental: «Esto no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en los cielos».
La fe verdadera no es el resultado de un estudio intelectual, ni de una tradición familiar que se sigue por pura inercia. La fe es un don, una gracia, un encuentro íntimo que el Padre siembra en el corazón humano. Pedro no llegó a esa conclusión por ser el más inteligente, sino por tener el corazón lo suficientemente abierto para escuchar la voz del Espíritu Santo.
A veces nos conformamos con una "fe de segunda mano": creemos porque nos lo enseñaron, porque es la costumbre o porque admiramos la doctrina de la Iglesia. Pero el Evangelio de hoy nos empuja a pasar de las respuestas aprendidas a una experiencia viva. Si Jesús te preguntara hoy directamente al corazón: «¿Quién soy yo para ti en tus problemas, en tus alegrías, en tu sufrimiento?», ¿qué le responderías?
3. La Iglesia edificada sobre la roca y el poder del servicio
Al ver la fe de Pedro, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Aquí encontramos la institución del primado de Pedro. Las lecturas de hoy nos hablan de llaves y de autoridad. En la primera lectura, el profeta Isaías nos muestra cómo Dios quita el poder a un mayordomo soberbio y se lo entrega a otro más fiel, colocándole la llave del palacio sobre el hombro.
En el Evangelio, Jesús entrega las llaves del Reino a Pedro. Pero no olvidemos nunca qué significa esto en el lenguaje de Jesús: la autoridad en la Iglesia es, y debe ser siempre, un servicio. Las llaves no son para cerrar el paso, sino para abrir las puertas de la misericordia de Dios. El poder de atar y desatar es el poder de liberar a los hombres del pecado y de unirlos al amor del Padre.
La Iglesia, compuesta por hombres débiles como Pedro —que más adelante negará a Jesús y que a menudo duda—, permanece en pie no por la fuerza humana, sino porque está sostenida por la promesa de Cristo: «El poder del infierno no la derrotará». La roca no es la perfección moral de Pedro; la roca es la fidelidad de Dios y la fe confesada.
4. La sabiduría incomprensible de Dios
San Pablo, en la segunda lectura, estalla en un himno de alabanza ante los misterios de Dios: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!».
Esto nos recuerda que el Mesías que Pedro confiesa no es un rey político ni un libertador militar. Es un Mesías que salvará al mundo a través de la entrega, de la humillación de la cruz y de la resurrección. Los caminos de Dios descolocan nuestros planes humanos de éxito, comodidad y control. Confesar a Jesús como el Señor significa aceptar también su estilo de vida: perder para ganar, servir para reinar, morir para vivir.
5. Conclusión y compromiso de vida
Hermanos, la liturgia de este domingo no nos deja indiferentes. Al salir hoy del templo, volvemos a nuestras casas, a nuestros trabajos y a nuestras realidades cotidianas con una tarea.
No podemos vivir de una fe prestada. Renovemos hoy nuestra adhesión personal a Jesucristo. Que nuestra respuesta a su pregunta no sea de palabra, sino con los hechos de nuestra vida: perdonando a quien nos ofende, tendiendo la mano al necesitado y manteniendo la esperanza en los momentos de oscuridad.
Que la Virgen María nos ayude a decir, como ella y como Pedro, un "sí" rotundo al plan de Dios, reconociendo siempre a su Hijo como el único Señor de nuestras vidas.
Amén.
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1. Monición de entrada
Hermanos y hermanas, bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este XXI Domingo del Tiempo Ordinario. Hoy la Palabra de Dios nos sitúa ante una decisión fundamental en nuestra vida de fe. Jesús nos hace directamente la misma pregunta que formuló a sus apóstoles: ¿Quién es Él para cada uno de nosotros?. No se trata de repetir respuestas aprendidas, sino de reconocerlo con el corazón como nuestro Salvador y el motor de nuestras vidas. Con la alegría de sabernos comunidad reunida en su nombre, y con el deseo de renovar nuestra profesión de fe, comenzamos la Santa Misa cantando juntos. 
2. Monición a las lecturas
Escucharemos ahora la Palabra de Dios, que nos habla de confianza, autoridad y de los misterios insondables de su amor. En la primera lectura, el profeta Isaías nos muestra cómo Dios otorga el poder y las llaves de la autoridad a quien es fiel. San Pablo, en la segunda lectura, prorrumpe en un himno de alabanza ante la infinita sabiduría del Creador. Finalmente, en el Evangelio, seremos testigos de la confesión de fe de Pedro en Cesarea de Filipo y de cómo Jesús lo constituye como la roca sobre la cual edificará su Iglesia. Escuchemos con atención. [1, 2, 3]
  • Monición para la Primera Lectura (Isaías 22, 19-23): El profeta Isaías nos relata cómo Dios destituye a un funcionario soberbio para colocar en su lugar a un servidor de confianza, a quien le entrega las llaves de la autoridad. Esta lectura anticipa el poder espiritual que Cristo otorgará más tarde a Pedro. 
  • Monición para la Segunda Lectura (Romanos 11, 33-36): San Pablo concluye su profunda reflexión sobre el plan de salvación maravillándose ante los caminos de Dios, cuya sabiduría supera todo entendimiento humano.
  • Monición para el Evangelio (Mateo 16, 13-20): Escucharemos el momento crucial en el que Pedro, inspirado por el Padre, reconoce a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo, recibiendo la misión de guiar y sostener a la Iglesia. 
3. Oración de los fieles (Oración universal)
Sacerdote: Dirijamos nuestras súplicas a Dios Padre, que fundó su Iglesia sobre la roca de la fe, y pidámosle que escuche las intenciones de este pueblo que confiesa a su Hijo como el Señor. 
A cada intención respondemos juntos: "Señor, escucha nuestra oración".
  • Por la Iglesia universal y por el Papa: Para que el Señor lo sostenga con la fuerza de su Espíritu en su misión de guiar al pueblo de Dios, confirmando a sus hermanos en la fe verdadera. Roguemos al Señor.
  • Por los gobernantes y líderes de las naciones: Para que ejerzan su autoridad como un servicio a la justicia, la verdad y la paz, velando especialmente por los más desfavorecidos. Roguemos al Señor.
  • Por los que dudan de su fe o no conocen a Cristo: Para que el testimonio valiente y coherente de los cristianos les ayude a descubrir en Jesús al Salvador que da sentido a la vida. Roguemos al Señor.
  • Por los enfermos, los que sufren y los marginados: Para que experimenten el consuelo de Dios a través de nuestra caridad fraterna y nuestra solidaridad activa. Roguemos al Señor. 
  • Por nuestra comunidad parroquial: Para que seamos verdaderas piedras vivas en la construcción del Reino de Dios, viviendo unidos en el amor y en el servicio mutuo. Roguemos al Señor. 
Sacerdote: Escucha, Padre bondadoso, las oraciones de tu Iglesia. Concédenos lo que te pedimos con fe por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. [1]
4. Monición de ofertorio
Al presentar el pan y el vino en el altar, ofrecemos también nuestras propias vidas. Le entregamos al Señor nuestras debilidades, pero sobre todo nuestro deseo sincero de serle fieles. Que este sacrificio nos transforme para ser reflejo de su amor en el mundo. Con generosidad, presentamos las ofrendas.
5. Monición de comunión
Cristo, a quien hemos reconocido como el Hijo de Dios vivo, se hace ahora alimento para fortalecer nuestro caminar. Acercarnos a recibir la Sagrada Eucaristía es reafirmar nuestra unión con Él y con toda la Iglesia. Con un corazón limpio y agradecido, vayamos a comulgar. [
6. Monición de salida / despedida
Terminada nuestra celebración, volvemos a nuestras actividades cotidianas con una misión clara: dar testimonio con nuestras obras de que Jesús es nuestro Señor. Que la bendición de Dios nos acompañe y nos dé la fuerza para edificar su Reino allá donde vayamos. Podéis ir en paz. 

Domingo 21, tiempo ordinario: 23 de agosto de 2026

 

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

INTRODUCCIÓN

          Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Aparentemente, la respuesta de Pedro parece la correcta: TU ERES EL MESÍAS. Pero sólo aparentemente porque, a continuación, cuando Jesús les dice que el Mesías va a sufrir mucho, Pedro no acepta un Mesías que vaya a la Cruz. Jesús increpa a Pedro y le dice: Satanás, tú ponte detrás de mí. El camino lo marco yo y no tú.  Y Jesús jamás se desvía del camino señalado por el Padre. Jesús siempre es camino hacia el Padre.

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Is. 22,19-23.                    2ª lectura: Ro.11,33-36

EVANGELIO

San Mateo 16, 13-20:

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. “Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: “¡Dichoso tú, Simón, ¡hijo de Jonás!”, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

REFLEXIÓN

La pregunta de Jesús a los discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? es una pregunta abierta para todos los discípulos de Jesús de todos los tiempos. Es una pregunta concreta, incisiva, que nos lanza Jesús hoy a cada uno de nosotros. A lo largo del mismo evangelio se van dando distintas respuestas: unas falsas, otras insuficientes y  otras que son auténticas.  En la misma persona de Pedro se dan estas dos últimas.

1.– Respuestas falsas. Son las de todos aquellos que, en la práctica, no aceptan a Jesús como en el “centro”.  Uno de ellos es el “joven rico”. Era bueno, cumplía los mandamientos, buscaba salvarse, pero prefirió “su dinero” a Jesús. El texto nos dice que se quedó “muy triste”. Con dinero se pueden comprar muchas cosas, pero no la felicidad.  Otros ponen en el centro “el poder” A estos Jesús les dice que eso es propio de los poderosos de este mundo, pero “no debe ser así entre vosotros” (Lc. 22,25). Y los mismos apóstoles, mientras suben a Jerusalén, piensan en quién de ellos iba a ser el más importante. Tampoco ellos han puesto a Jesús en el “Centro”. Ahora bien, si Cristo no está en el centro, viviremos siempre “descentrados”. Y una persona descentrada no puede ser feliz.

2.– Respuestas insuficientes. Una de ellas es la de Pedro en el evangelio de hoy. No bastan las teorías ni las palabras solemnes. Es verdad que ha dicho que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Pero, a continuación, cuando Jesús les explica que este Mesías debe pasar por el sufrimiento y la Cruz, Pedro se lleva aparte a Jesús y le dice que eso no le puede pasar a Él. Jesús le contesta con dureza: “Apártate de mi vista, Satanás”. (Mt.16,23). No podemos separar a Cristo de la Cruz. Y los cristianos no podemos aceptar un cristianismo sin Cristo. Respuestas insuficientes son todas las que damos todos los días los cristianos que no somos consecuentes con nuestra fe; los que somos incoherentes; los que decimos y no hacemos, los que separamos fe y vida. Y todos los que predicamos, pero no damos trigo.

3.– Respuestas auténticas. También hay respuestas verdaderas. Una de ellas es la del mismo Pedro después de la multiplicación de los panes. Cuando todos se querían marchar, Jesús pregunta a sus discípulos: ¿También vosotros os queréis ir? Pedro, en nombre de todos, contesta: “Señor, ¿adónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6, 68).  No poner a Dios en el centro de la vida es lo mismo que sentirse perdido. Nos lo demostró muy bien el malhadado “corona-virus”. Respuesta auténtica es la del ciego de nacimiento que “tira la capa, da un salto, y sigue a Jesús por el camino”. (Mc, 10,50) Y el camino era el camino de Jerusalén donde se iba a encontrar con la Cruz. Y respuestas auténticas son las de miles de misioneros: religiosos, religiosas, laicos, que, de una manera silenciosa, dan la vida por Jesús. Y no digamos nada de tantos cristianos que, en pleno siglo XXI, son asesinados por el delito de ser cristianos. Como dice el Papa Francisco, en estos últimos años, ha habido más mártires en la Iglesia que en la época de las persecuciones romanas. Y respuestas auténticas han sido las de tantos profesionales de la salud, tantos militares, transportistas, comerciantes, y voluntarios en general que, en la pandemia, o sofocando fuegos, arriesgaron sus vidas, incluso llegan a morir por auxiliar a los demás.

Y, entre las respuestas auténticas, están las del Papa León XIV sobre la persona de Jesús: «El cristianismo no nació de una idea, sino de una carne; no de un concepto abstracto, sino de un vientre, de un cuerpo, de un sepulcro. La fe cristiana, en su esencia más auténtica, es histórica: se basa en hechos concretos, en rostros, en gestos y en palabras pronunciadas en una lengua, en una época y en un entorno. […] Dios eligió hablar en una lengua humana, caminar en una tierra, habitar lugares, casas, sinagogas, calles» (11-diciembre-2025).

🎶 “Sin espectador”, Reflexión hecha canción del Evangelio de Mateo 23,1-12

 

SANTA MARÍA REINA. 22 DE AGOSTO

 


SÁBADO 22 de AGOSTO 2026 🎶 "El que sirve primero" 🎶 Evangelio de San Mateo 23, 1-12

 

"El que se humilla" 🎶 Evangelio de San Mateo 23, 1-12
Jesús hablaba con gran verdad, su voz llamaba a la humildad. "Los fariseos imponen cargas, pero no ayudan a levantarlas." Buscan honores y admiración, pero su vida es solo ilusión. Quieren los puestos de gran honor, pero su orgullo es su peor error. El que se humilla, será exaltado, quien se engrandece, será humillado. No es el primero quien brilla más, sino el que sirve con humildad. "No busques títulos ni atención, tienes un Padre, Dios de amor. Uno es tu Guía, tu Redentor, Cristo es el único Maestro y Señor." Ser el más grande no es aparentar, es con amor a otros cuidar. Si quieres gloria en la eternidad, sirve en la tierra con caridad. El que se humilla, será exaltado, quien se engrandece, será humillado. No es el primero quien brilla más, sino el que sirve con humildad. Dame, Señor, un corazón, que no presuma, sino dé amor. Que en el silencio aprenda a ser, fiel servidor hasta el amanecer.

Evangelio del día 22 agosto 2026 (Ellos dicen, pero no hacen)

“Todos vosotros sois hermanos”.

1.- Introducción.

Señor, hoy en mi oración sólo te pido una cosa: que llegue a comprender tu mensaje, el proyecto del Padre sobre la humanidad, que llegue a descubrir aquello que más le agrada al Padre: el vernos unidos; y también lo que más le duele: el que rompamos esa unidad.

2.- Lectura reposada del evangelio, Mateo 23, 1-12

Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Estas palabras duras de este capítulo de Mateo obedecen a una situación histórica concreta: la Iglesia cristiana ha roto definitivamente con la sinagoga judía. Los seguidores de Jesús deben ser fieles a Jesús y no a los jefes de las sinagogas a quienes les gustan los halagos de la gente, los primeros puestos en los banquetes, que la gente les salude como “maestros” por las calles… Y, lo peor de todo es que sean incoherentes: “dicen pero no hacen”; “ponen cargas pesadas a la gente y ellos ni levantan un dedo para moverlas”. La Iglesia de Jesús debe tener otro estilo, otro talante, otra manera de ver las cosas. A Jesús no le gusta que a cualquiera de los humanos le llamemos “padre”. Hay peligro de confundirlo con el único y verdadero Padre que es Dios; padre cariñoso y lleno de ternura y misericordia. Tampoco quiere que a nadie se le llame “maestro”. Entre cristianos el único Maestro es Jesús, un maestro de vida. Todos los demás, incluidos los apóstoles, somos “discípulos”, es decir, personas que siempre estamos aprendiendo de Jesús. Y menos quiere Jesús que se le dé a nadie el título de “señor” porque uno sólo es el Señor, el que ha muerto y ha resucitado por nosotros. Está claro el pensamiento de Jesús: “todos vosotros sois hermanos”. Ahora bien, las diferencias, los títulos, los honores, las preferencias son un obstáculo para la auténtica fraternidad. “El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer… Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos. Esto no es debilidad, sino autentica fuerza. Quien lleva en si? el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor”.  (Cf Homilía de S.S. Francisco, 5 de abril de 2015).

Palabra del Papa

“En el pasaje de hoy, Jesús amonesta a los escribas y fariseos, que en la comunidad desempeñaban el papel de maestros, porque su conducta estaba abiertamente en contraste con la enseñanza que proponían a los demás con rigor. Jesús subraya que ellos «dicen, pero no hacen» (Mt 23, 3); más aún, «lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar» (Mt 23, 4). Es necesario acoger la buena doctrina, pero se corre el riesgo de desmentirla con una conducta incoherente. Por esto Jesús dice: «Haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen» (Mt 23, 3). La actitud de Jesús es exactamente la opuesta: él es el primero en practicar el mandamiento del amor, que enseña a todos, y puede decir que es un peso ligero y suave precisamente porque nos ayuda a llevarlo juntamente con él” (cf. Mt 11, 29-30). (Benedicto XVI, Ángelus, Plaza de San Pedro, 30 de octubre de 2011)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya reflexionado. (Guardo silencio).

5.-Propósito. Hoy haré un esfuerzo por descubrir que cada hombre con quien me encuentre es mi hermano y cada mujer es mi hermana.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, sé muy bien que una cosa es saber cosas bonitas de la amistad y otra muy distinta es tener un buen amigo. Y también sé que una cosa es llamarse hermano y otra muy distinta el serlo. Dame, Señor, la gracia de vivir en una comunidad de hermanos, de saber superar las diferencias y, sobre todo, de poder experimentar “lo bueno y hermoso que es vivir los hermanos unidos”.

viernes, 21 de agosto de 2026

San Pío X: el Papa que enseñaba catecismo cada domingo en el Vaticano | 21 de agosto

 

Cada 21 de agosto la Iglesia celebra a San Pío X, el Papa que nunca dejó de ser párroco. Su firma cambió para siempre la edad en que los niños de todo el mundo reciben la primera comunión.
⛪ El hijo de un cartero rural que llegó a la silla de Pedro sin dejar de enseñar el catecismo. ¿Sabías que San Pío X fijó en 1910 la edad de la primera comunión en los siete años, y que esa norma sigue vigente hoy? Nacido en una aldea pobre del Véneto, dedicaba sus domingos, ya como Papa, a enseñar personalmente la doctrina a la gente sencilla de Roma. En este episodio vas a descubrir:
  • 📜 Por qué el decreto Quam singulari (1910) cambió la primera comunión de millones de niños.
  • 🕊️ Cómo el último veto imperial de la historia marcó el cónclave que lo llevó al papado en 1903.
  • ⚱️ Qué dice el testamento en el que pidió: "Nací pobre, he vivido pobre y quiero morir pobre."
  • ✝️ Por qué se negó a bendecir las armas al estallar la Primera Guerra Mundial, semanas antes de morir.
La vida de Pío X es la de un pastor que nunca cambió, aunque el mundo entero llegara a mirarlo como Papa: del cólera de Salzano al terremoto de Messina, de la catequesis de aldea al decreto que abrió el altar a los niños de todo el mundo. Un recorrido para descubrir, o volver a descubrir, a uno de los santos más cercanos del siglo veinte.

San Pío X: El Papa que Defendió la Fe y Acercó a los Niños a Jesús

 

Cada 21 de agosto, la Iglesia celebra a San Pío X, papa de la Iglesia Católica y uno de los grandes reformadores de la vida eclesial a comienzos del siglo XX.
Nació en 1835 en Riese, Italia, en una familia humilde. Fue ordenado sacerdote y durante años ejerció como párroco, obispo y cardenal, hasta que en 1903 fue elegido sucesor de San Pedro. Eligió como lema de su pontificado “Instaurare omnia in Christo”, es decir, “Restaurar todas las cosas en Cristo”. Durante su pontificado impulsó una profunda renovación de la vida de la Iglesia: promovió la formación del clero, la renovación de la música litúrgica y una mayor participación de los fieles en la vida sacramental. Una de sus grandes preocupaciones fue acercar a los niños a Jesús en la Eucaristía. Favoreció que los pequeños pudieran recibir la Primera Comunión a una edad más temprana, cuando estuvieran debidamente preparados. También impulsó la reforma del Derecho Canónico y trabajó para combatir errores doctrinales que consideraba perjudiciales para la fe. Murió en 1914, poco después del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Fue canonizado en 1954 por el papa Pío XII. Su vida quedó marcada por una profunda sencillez y por un deseo constante de llevar a todos hacia Cristo, especialmente mediante la Eucaristía. San Pío X, pastor fiel de la Iglesia y gran amante de la Eucaristía, intercede por nosotros. Ayúdanos a acercarnos cada día más a Jesús Sacramentado, a vivir nuestra fe con fidelidad y a poner a Cristo en el centro de nuestra vida. Amén.

Jesús os sigue esperando el domingo

 Después de la Primera Comunión, ¿qué?: Una llamada a seguir caminando juntos

Queridos padres:
Os escribo esta carta con el corazón abierto y con un profundo cariño por vuestras familias. Hace apenas unos años, compartimos la inmensa alegría de ver a vuestros hijos recibir su Primera Comunión en nuestra Parroquia de San Pío X. Fue un tiempo de preparación, de ilusión compartida y de ver crecer la fe de los más pequeños de la casa.
Detrás de ese día tan especial, hubo un camino largo y hermoso. Nuestros catequistas dedicaron generosamente su tiempo, su ilusión y su fe a vuestros hijos, semana tras semana, cuidando de ellos y preparándolos para ese gran encuentro con Jesús. Lo hicieron de manera voluntaria, con todo el amor del mundo, confiando en que sembraban en tierra fértil. 
Sin embargo, hoy os escribo con una honda preocupación que no puedo callar: tras la fiesta de aquel día, la gran mayoría de vuestros hijos desapareció de la parroquia.
La Primera Comunión se ha convertido, por desgracia, en la "última comunión" para muchos niños. El gran esfuerzo de los catequistas y de la comunidad no era un trámite para obtener un diploma, ni la misa del domingo es un extra prescindible; es el alimento espiritual que sus hijos necesitan para crecer con valores sólidos en un mundo cada vez más complejo.
Sé que el día a día es difícil. Los horarios, las actividades extraescolares y el descanso del fin de semana absorben todo su tiempo. Pero la fe de un niño no se sostiene sola; necesita el ejemplo, el compromiso y el empuje de sus padres. Si vosotros no los acompañáis, ellos no pueden venir.
Las puertas de San Pío X siguen abiertas de par en par para todos vosotros. No pretendemos juzgaros, sino acogeros. Queremos que vuestros hijos sigan formando parte de nuestra comunidad de jóvenes, que sigan descubriendo la amistad con Jesús y que encuentren aquí un espacio seguro de crecimiento y fraternidad.
Os invito a reflexionar en familia y a dar el paso de volver. Jesús os sigue esperando cada domingo con los brazos abiertos. 
Con mi bendición y mi recuerdo afectuoso para vuestros hijos,
Rafa
El Párroco de San Pío X