PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO
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jueves, 5 de noviembre de 2026
EPISODIO 1 - "A la luz del Concilio Vaticano II"
Lectio Divina: 5 de noviembre de 2026
“He hallado la oveja que se me había perdido”

1.- Oración introductoria.
Señor, estas parábolas del capítulo quince de Lucas, son un verdadero tesoro. Aunque un descerebrado hubiera podido quemar todos los evangelios, si de esas cenizas se hubieran podido rescatar estas parábolas, todavía tendríamos argumentos para ser felices. Un Dios-Padre que nos ama de esta manera, es motivo suficiente para llenar nuestro corazón de alegría. Gracias por ser como eres, gracias porque no puedes, no sabes y no quieres hacer otra cosa que amarnos.
2.- Lectura reposada del Evangelio: Lucas 15, 1-10
Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el campo, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.» Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión. «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.» Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
Estas parábolas son preciosas, pero no menos preciosa es la introducción a las mismas. La gente del mal vivir: publicanos, prostitutas, pecadores en general, se lo pasaban en grande con Jesús. Y dejaban todo por escucharle. En cambio, los escribas y fariseos, es decir, aquellos que el pueblo tenía por buenos, criticaban a Jesús. Ellos creían que el Mesías vendría a premiarles por las obras buenas que habían acumulado, por los méritos adquiridos, y también vendría a castigar a los pecadores, a los que no han estudiado la Ley. Este es el contexto. Las parábolas que vienen detrás, la de la oveja perdida, la de la mujer que pierde la dracma y la del Hijo Pródigo, son parábolas-revelación. Vienen a decirnos cómo es Dios. Y, de paso, vienen a decirles a los que están todo el día con la biblia en la mano, que no tienen ni idea de lo que es Dios. A Dios sólo lo conoce Dios. Sólo aquel que ha vivido desde siempre con Él, lo puede revelar. Dios es como ese “pastor” que va en busca de la oveja perdida y la pone en sus hombros. O como “esa mujer” (¡Qué osadía la de Jesús al plasmar la imagen de Dios en “forma de mujer!) que se pasa la noche buscando una moneda de poco valor y a la mañana siguiente invita a las vecinas a celebrar el hallazgo de la moneda. No digamos nada del Padre que hace fiesta porque ha encontrado al hijo que era una calavera… ¡Qué maravilla de Dios! ¿Quién no va a ir a apuntarse con Él?
Palabra del Papa
“Algunos cristianos parecen ser devotos de la diosa lamentación. El mundo es el mundo, el mismo que hace cinco siglos atrás y es necesario dar testimonio fuerte, ir adelante pero también soportar las cosas que aún no se pueden cambiar. Con coraje y paciencia a salir de nosotros mismos, hacia la comunidad para invitarlos. Sean por todos partes portadores de la palabra de vida, en nuestros barrios, dónde haya personas. Queridos hermanos, tenemos una oveja y nos faltan 99, salgamos a buscarlas, pidamos la gracia de salir a anunciar el evangelio. Porque es más fácil quedarse en casa con una sola oveja, peinarla, acariciarla, pero a todos nosotros el Señor nos quiere pastores y no peinadores. Dios nos dio esta gracia gratuitamente, debemos darla gratuitamente”. (Cf. S.S. Francisco, 17 de junio de 2013, homilía en Santa Marta).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Guardo silencio)
5.- Propósito: Hoy pasaré el día entusiasmado, loco de contento, por haber descubierto el verdadero rostro de Dios.
6.- Dios me ha hablado hoy por medio de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, al acabar de meditar en estas bellas parábolas, no quiero pronunciar ninguna palabra humana. Me estorban todas. Quiero, como la Virgen, quedarme en silencio y con mi alma colmada de emoción y mi corazón lleno de estremecimiento, cantar ¡Aleluya!
miércoles, 4 de noviembre de 2026
ADORACIÓN AL SANTÍSIMO, 5 DE NOVIEMBRE A LAS 19:00 (ORACIÓN POR TODOS LOS FIELES DIFUNTOS).
Monitor:
Hermanos: Nos hemos reunido esta tarde para hacer memoria y rezar por nuestras hermanas y hermanos que han dejado este mundo.
Sus cuerpos, como el de todos nosotros, serán transformados en el día de la resurrección de la carne, entonces gloriosa y perdurable.
Esta es nuestra fe.
Si durante la Solemnidad de todos los Santos se recuerda y honra a los que ya gozan de Dios en el cielo, pensemos que solo a través de la muerte obtuvieron la entrada en el Reino.
Que nuestra Madre Santísima de los Desamparados interceda por todos nuestros hermanos que están sufriendo esta terrible situación.
ADORAMOS AL SEÑOR
De rodillas
Lector:
Todos:
Venimos, Señor, a tu presencia.
Lector:
Te alaba y te canta toda la creación,
Todos:
Venimos, Señor, a tu presencia.
Lector:
Jesús nos unimos a tu oración y a tu adoración al Padre, uniéndonos a tu inmolación por toda la humanidad,
Todos:
Venimos, Señor, a tu presencia.
Lector:
Unidos por nuestros hermanos difuntos con la Iglesia Triunfante que canta eternamente tu gloria,
Todos:
Venimos, Señor, a tu presencia.
Lector:
Para orar por todos aquellos de entre nosotros que han sido llamados a la Casa del Padre
Todos:
Venimos, Señor, a tu presencia.
Lector:
Para llenarnos de ti, para ser luego signo de tu presencia y de tu Amor,
Todos:
Venimos, Señor, a tu presencia.
Lector:
Deseamos, Señor, fortalecernos con el Pan de Vida para estar siempre disponible, en actitud de servicio, en entrega constante a ti, a la Iglesia, a los hermanos…Y por eso,
Todos:
Venimos, Señor, a tu presencia.
Evangelio (Jn 14,1-6)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dijo: — Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino? — Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida — le respondió Jesús—; nadie va al Padre si no es a través de mí».
Comentario al Evangelio
Después de celebrar ayer la fiesta dedicada a todas las personas que gozan de la presencia de Dios en el Cielo, la Iglesia nos invita a rezar de modo especial por los difuntos.
El Evangelio seleccionado recoge una pequeña parte del diálogo de Jesús con sus apóstoles durante la Última Cena, en el que, a raíz de una pregunta de Tomás, les revela que solo a través de Él se puede llegar al Padre.
Podemos imaginar la inquietud e incertidumbre de los apóstoles ante los acontecimientos que están viviendo. Desde la preparación de la cena los días previos con las indicaciones concretas sobre el lugar de la celebración; el comienzo con el lavatorio de los pies y el mandato universal de amarse y servirse los unos a los otros como él hizo durante los tres años de enseñanza con ellos. El Maestro se ha mostrado en un modo especialmente solemne y, también, emotivo. Seguramente percibirían que estaban a las puertas de algo grande, quizá ese algo que no terminaban de entender desde que comenzaron gozosos a seguirle.
Es natural que los hombres, ante la muerte, sintamos también inquietud e incertidumbre. Incluso miedo. Es el momento final, aquel al que nos hemos preparado desde siempre y que sabemos que a todos nos llegará algún día. En este contexto, Jesús nos pide que confiemos en él. Que creamos en Él, porque no nos dejará solos en ese momento y nos llevará a su morada celestial. Por eso Jesús es el Camino, porque no somos nosotros quienes alcanzamos el cielo, sino que nos conduce Él.
Jesús es la Verdad porque en ese trance imponente de la muerte, todas las verdades que nos rodean se deshacen ante la única Verdad del amor de un Dios que da la vida por sus hijos y que solo espera que le acojamos. Por último, Jesús es también la Vida porque Él participa desde toda la eternidad de la vida divina junto a su Padre de la que, mediante su resurrección, nos dejó un testimonio inquebrantable a todos los hombres.
Presidente:
Señor Jesús:
Tú compartiste nuestra vida humana, alegrías y penas, y, sin acusarnos, por amor, cargaste con la responsabilidad de nuestras culpas para redimirnos. Ayúdanos a seguir tu ejemplo desde nuestra situación de pecadores redimidos.
Ante ti, Señor, nos sentimos sinceramente responsables de un mundo al que pertenecemos, que estamos contribuyendo a forjar, y con el que estamos comprometidos especialmente por tu amor. Avergonzados de nuestras obras, fruto del olvido o rechazo culpable de tus enseñanzas, te pedimos perdón y ayuda.
Lector:
Por las propagandas de ateísmo, las blasfemias contra el nombre de Dios, el desprecio de sus obras.
Todos:
Perdón, Señor, perdón.
Lector:
Por los ataques y persecuciones a la Iglesia y a sus miembros, por la críticas destructivas, intencionadas o inconscientes y superficiales.
Todos:
Perdón, Señor, perdón.
Lector:
Por todas las opresiones, injusticias, violencias que atentan contra la libertad y los derechos del hombre en el plano político, social, laboral, familiar.
Todos:
Perdón, Señor, perdón.
Lector:
Por todas las inmoralidades y corrupciones que condicionan y empujan al individuo a una degradación moral o física, disuelven los vínculos familiares y desenfocan los verdaderos valores de la vida.
Todos:
Perdón, Señor, perdón.
San Carlos Borromeo: El héroe silencioso de la Contrarreforma
8 de noviembre, Día de la Iglesia Diocesana con el lema: «Dios cuenta contigo»
- El Día de la Iglesia Diocesana nos invita a renovar nuestro compromiso con una Iglesia cercana, participativa y al servicio de la misión.
- La campaña gira en torno a mensajes clave del papa León XIV en su visita a España el pasado mes de junio.
- Una oportunidad para dar a conocer lo que la Iglesia es y lo que hace en todo el territorio, reforzando el compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas.
«Dios cuenta contigo» es el lema de la campaña del Día de la Iglesia Diocesana 2026 que se celebra este año el domingo 8 de noviembre. Una llamada al compromiso desde la gratitud, ya que, la vida de las diócesis y parroquias solo se entiende desde la respuesta corresponsable de todos los bautizados, cada uno desde su propia vocación y estado de vida.
Lectio Divina: 4 de noviembre de 2026
“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”

1.-Oración introductoria
Señor, hoy tu evangelio es fuerte, exigente. La adhesión a tu persona está por encima del amor a los padres, los hermanos y hasta de uno mismo. Yo lo acepto, Señor, pero te pido que me ayudes, que me des fuerza para cumplir lo que me exiges. Yo sé que “tu yugo es suave y tu carga es ligera”.
2.- Lectura sosegada del evangelio. Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; Él se volvió y les dijo: Si alguno viene donde mí y no pospone a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: «Este comenzó a edificar y no pudo terminar.» O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10 mil puede salir al paso del que viene contra él con 20 mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
A primera vista, Jesús en este evangelio, nos parece demasiado exigente, incluso demasiado egoísta: quiere que le amemos a ÉL por encima de todo, y que le amemos “con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas”. Pero, ¿hemos caído en la cuenta de lo que dice después? El segundo mandamiento es semejante al primero. Y el segundo es amar a las personas. Si llegamos a amar a Dios con todo el corazón, los más beneficiados de ese amor serán las personas a las que amamos. Un corazón lleno del amor de Dios es un verdadero tesoro para el hombre. Pensemos en dos esposos que se aman “con todo el corazón”; los padres y los hijos que se quieren con “todo el corazón”; la familia humana que se ama con el mismo amor que el mismo Jesús le regala. Este mundo se convertiría en un verdadero paraíso. Y Jesús no quiere que nos amemos con un amor limitado, pobre, ruin. Con un amor así nadie puede ser plenamente feliz. Por eso, porque Dios quiere que seamos felices plenamente, quiere que nuestro amor sea pleno. Y nadie en este mundo puede amar de esa manera “si el amor de Dios no ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. (Ro.5,5) Jesús no puede querer que no nos amemos. Jesús no quiere que nos amemos poco, que nos amemos mal.
Palabra del Papa
“Jesús dice a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo». Este es el estilo cristiano porque Jesús ha recorrido antes este camino. Nosotros no podemos pensar la vida cristiana fuera de este camino. Siempre está este camino que Él ha hecho antes: el camino de la humildad, el camino también de la humillación, de negarse a uno mismo y después resurgir de nuevo. Este es el camino. El estilo cristiano, sin cruz no es cristiano, y si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana. El estilo cristiano toma la cruz con Jesús y va adelante. No sin cruz, no sin Jesús”. (Cf. S.S. Francisco, 6 de marzo de 2014, homilía en Santa Marta).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)
5.-Propósito. Hoy amaré mucho a Dios para poder amar mucho a mis hermanos.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, hoy he caído en la cuenta de que tus exigencias son verdaderos regalos para mí. Me exiges que ame. ¿Habrá en este mundo algo más bello y hermoso que el amor? ¿Qué es el gozo sino la posesión del amor? Ensancha, Señor mi corazón, para que dedique mi vida al amor: amarte a Ti y amar a mis hermanos. ¿No es esto un adelanto del cielo?
martes, 3 de noviembre de 2026
San Martín de Porres: El Santo de la Escoba y los Milagros
Lectio Divina: 3 de noviembre de 2026
Venid, que ya está todo preparado»

1.- Introducción
Señor, yo siempre me he sentido invitado por Ti: cuando era niño, cuando fui adolescente y joven, en la edad madura y ahora que ya soy viejo. Te confieso que he sido un afortunado. Repaso mi vida y no encuentro ninguna edad, ninguna etapa en la que no haya sido invitado por Ti a la “gran mesa” de la felicidad. Mi problema está en que algunas veces he escuchado otras voces, otras invitaciones que me han dejado el corazón vacío. Gracias, Señor, porque no te has cansado de mí y me sigues llamando también en la “hora de la tarde”. Haz que sepa darte ahora la mejor respuesta: la más auténtica, la más generosa.
2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 14, 15-24
Habiendo oído esto, uno de los comensales le dijo: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!» Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: «Venid, que ya está todo preparado.» Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: «He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.» Y otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.» Otro dijo: «Me he casado, y por eso no puedo ir.» «Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: «Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos.» Dijo el siervo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.» Dijo el señor al siervo: «Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.» Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena».
3.- Qué dice el texto.
Meditación-Reflexión
En esta parábola de Jesús hay una invitación a una “gran cena”. Y esta gran cena hay que distinguirla de las “pequeñas cenas”, las nuestras, las que son incapaces de hacernos felices. La gran cena es de Dios y en esta, todo es a lo grande: la cena de los mejores manjares, la de los vinos de solera, la de los caros perfumes, la de los grandes regalos. Nos invita a una felicidad plena, a una felicidad que nunca se acaba. Y en esa cena nos hace un regalo inaudito: “quitará el velo que cubre las naciones; aniquilará la muerte para siempre” (Is. 25,7-8). Esta invitación se hace primero a los de casa, a los judíos, a los que se sienten con derechos, pero éstos se excusan y no quieren entrar. Pero el Señor no se desanima: invita a los pobres, a los que no tienen derechos, a los que nunca han tenido un banquete para celebrar. Éstos son los que se comen todo y nada desperdician; los que apuran el buen vino, participan de la música y el baile; los que no se cansan de agradecer al anfitrión que les haya dado esta oportunidad. Nos preguntamos: Y nosotros, como cristianos, ¿dónde nos colocamos? ¿entre los viejos invitados que tenemos de todo y nunca estamos satisfechos con nada? ¿los que somos tan estúpidamente avaros que ni siquiera Dios nos basta? ¿Los que presumimos de derechos ante Dios, incluso del derecho de poder decirle que no? ¿O nos situamos entre los invitados de última hora y disfrutamos de los dones de Dios y, sobre todo del Dios de los dones? Impresionan estas palabras, «sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa», pues denotan el auténtico interés de Dios que nos busca desesperadamente.
Palabra del Papa
¡No aceptan la invitación! Dicen que sí, pero no lo hacen. Ellos son los cristianos que se conforman sólo con estar en la lista de los invitados: cristianos enumerados. Pero esto no es suficiente, porque si no se entra en la fiesta no se es cristiano. ¡Tú estarás en la lista, pero esto no sirve para tu salvación! Entrar en la Iglesia es una gracia; entrar en la Iglesia es una invitación. Y este derecho, no se puede comprar. Entrar en la Iglesia es hacer comunidad, comunidad de la Iglesia; entrar en la Iglesia es participar de todo aquello que tenemos, de las virtudes, de las cualidades que el Señor nos ha dado, en el servicio del uno para el otro. Además, entrar en la Iglesia significa estar disponible para aquello que el Señor Jesús nos pide. En definitiva, entrar en la Iglesia es entrar en este Pueblo de Dios, que camina hacia la eternidad. Ninguno es protagonista en la Iglesia: pero tenemos Uno que ha hecho todo. ¡Dios es el protagonista! Todos nosotros vamos detrás de Él y quien no va detrás de Él, es uno que se excusa y no va a la fiesta”. (Cf. S.S. Francisco, 5 de noviembre de 2013, homilía en Santa Marta).
4.- ¿Qué me dice hoy a mí este texto? (Silencio)
5.-Propósito: Hoy buscaré un momento de soledad y le daré gracias a Dios por haberme invitado a cenar con Él.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, antes de terminar mi oración, quiero que perdones mi ingratitud, mi poca delicadeza, mis respuestas mezquinas y raquíticas a tu gran invitación de sentarme a “cenar contigo en tu mesa”. Y ¿qué significa cenar contigo? Participar de tu amistad, de tu intimidad, en definitiva de la felicidad que sólo Tú puedes dar. Te agradezco, de todo corazón, el que todavía no te hayas cansado de mí y me sigas invitando.
12. Grupo de Acompañamiento en el Duelo: "Resurrección" (Pastoral del Duelo)
11. De la Herida a la Luz de la Esperanza (Pastoral del Duelo)






