PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.
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sábado, 19 de septiembre de 2026
San Jerónimo Hermosilla y Aransay (19 de Septiembre)
Jerónimo Hermosilla y Aransay (Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, España, 30 de septiembre de 1800[1] - Hai-Duong, Vietnam, 1 de noviembre de 1861[1]). Obispo santo y mártir dominico. Fue canonizado por la Iglesia católica como san Jerónimo Hermosilla en 1988.
Vida
Fue el menor de los nueve hijos de Agustín Julián Hermosilla y Sáenz y de Catalina Aransay, quienes disponían de pocos recursos. Su padre falleció teniendo él 10 años, por lo que su madre padeció penurias para sostener a la familia, trabajando como ama de llaves para el sacerdote, de quien Jerónimo sería su ayudante.[2] Viviría en la localidad de Cordovín entre 1809 y 1814.[3]
A los 15 años residió en el arzobispado de Valencia, donde servía su hermano Millán,[2] ingresando en el Seminario Diocesano de Valencia, donde sería cautivado por algunos de sus profesores Dominicos, pidiendo en 1819 su admisión en el Convento de Santo Domingo de Valencia, perteneciente a dicha orden.[2]
En 1820 se ve obligado a interrumpir sus estudios eclesiásticos para alistarse en las tropas del monarca Fernando VII. En 1823 al término del Trienio Liberal reanudó el noviciado en la orden dominica.
En 1824 se trasladó con otros compañeros a Manila, capital de Filipinas. Allí cursó estudios de teología y recibió el sacramento del Orden como presbítero en 1828.
En 1829 fue enviado a Tonkín en el norte del actual Vietnam como misionero, donde aprendería el lenguaje local y realizaría una labor docente con los catequistas locales y colaboraría con las religiosas dominicas.[2] Allí el 15 de mayo de ese año vivió la persecución y matanza que el emperador Minh Mang llevaba a cabo contra los cristianos. En 1841 fue nombrado obispo de Tonkin, tras el asesinato de Ignacio Clemente Delgado.[2] Jerónimo permaneció en el país trabajando en su labor evangelizadora en lugares aparentemente seguros. Desde 1858 se escondía en cuevas para no ser apresado, desde donde escribiría sus cartas de cautividad dirigidas a los católicos convertidos,[2] hasta ser capturado junto a Valentín de Berriochoa y Pedro Almató Ribera por las autoridades vietnamitas tras la traición de un soldado apóstata, por la persecución que el emperador Tu Duc había decretado contra los cristianos. Fue torturado en una jaula de 1,20 m de altura y decapitado junto a sus compañeros en Hai-Duong mediante espada en 1861.
Proceso de canonización
El 20 de mayo de 1906[1] fue beatificado por Pío X y el 19 de junio de 1988[1] canonizado por Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro junto con otros mártires de Vietnam.
Veneración
En 1906, coincidiendo con su beatificación, la antigua capilla de San Jorge de la catedral de Santo Domingo de la Calzada, pasó a ser dedicada a Jerónimo, colocándose una imagen suya en el centro del retablo.[4]
El 19 de septiembre se honra su memoria en Santo Domingo de la Calzada, su localidad natal.
El tercer domingo de septiembre se celebra en Cordovín fiesta en su honor, con procesión con Danzas, desfile y concurso de carrozas populares.
viernes, 18 de septiembre de 2026
Domingo 25, tiempo ordinario: 20 de septiembre de 2026
El choque de nuestros esquemas
¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?
TEXTOS BÍBLICOS
1ª lectura: Is. 55, 6-9.
2ª lectura: Fil. 1, 20-24.
EVANGELIO
San Mateo 20, 1-16:
- Agradezcamos haber sido llamados a trabajar en su viña.
- Seamos canales de su generosidad, mirando con misericordia a los que todavía están en la plaza esperando que alguien los mire con amor y les recuerde que para Dios nunca es tarde.
El Espejo de la Iglesia en La Rioja. 18 de septiembre de 2026
“Salió el sembrador a sembrar”

1.- Oración – Introductoria.
Señor, hoy quiero acercarme a tu evangelio con un corazón limpio, transparente, dúctil, maleable, como cera blanda donde se marquen bien tus palabras. Y te pido que la semilla de tu Palabra sea abundante. El buen sembrador nunca se cansó de sembrar. Yo también quiero sembrar, sembrar el mundo de paz, de bondad, de sencillez, de amor.
2.- Lectura reposada del evangelio Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente, y viniendo a él de todas las ciudades, dijo en parábola: Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó al borde del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre terreno pedregoso, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los del borde del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.
3.- Qué dice el texto
Meditación-reflexión.
Ya hemos comentado en otro lugar que en las parábolas hay que distinguir tres etapas:
- a) La parábola tal y como fue dicha por Jesús.
- b) la parábola predicada por los apóstoles y discípulos (pensemos que desde la muerte de Jesús hasta que se escribe el primer evangelio de Marcos han pasado casi cuarenta años).
- c) La parábola tal y como la escribió el evangelista.
Normalmente las explicaciones de las parábolas son cosecha de la comunidad primitiva. ¿Qué quiso decir Jesús en esta parábola? En esta parábola, tal y como fue dicha por Jesús, hay que destacar:
- a) La postura del sembrador. “Salió el sembrador”. Salió con su juventud, su alegría, su canción por el monte, su entusiasmo, y “su semilla en el zurrón”. Un sembrador sin alegría, sin entusiasmo, sin valorar la semilla, no sirve para sembrar el evangelio.
- b) la abundancia de la semilla. El sembrador derrocha la semilla y lo deja todo sembrado: los caminos, las piedras, los espinos. Lo importante para Jesús es no cansarse de sembrar el bien. No dar nada por perdido. No decir nunca: de aquí no se puede sacar nada.
- c) Al final habrá una gran cosecha. En tiempo de Jesús una buena
cosecha daba el siete por uno. Pensar en un 30, 60 o 100 era inimaginable. Pero la cosecha es de Dios y es abundante. Lo nuestro es sembrar. El fruto se lo dejemos a Dios.
Palabra del Papa
“Para hablar de salvación, se recuerda aquí la experiencia de cada año que se renueva en el mundo agrícola: el momento difícil y fatigoso de la siembra, y la alegría tremenda de la recogida. Una siembra que se acompaña con las lágrimas, porque se tira lo que todavía se podría convertir en pan, exponiéndose a una espera llena de inseguridades: el campesino trabaja, prepara el terreno, esparce la semilla, pero, como tan bien ilustra la parábola del sembrador, no sabe dónde caerá esta semilla, si los pájaros se la comerán, si se echará raíces, si se convertirá en espiga. Esparcir la semilla es un gesto de confianza y de esperanza; es necesario el trabajo del hombre, pero luego se entra en una espera impotente, sabiendo que muchos factores serán determinantes para el buen resultado de la recogida y que el riesgo de un fracaso está siempre presente. […] En la cosecha todo se transforma, el llanto termina, deja su lugar a gritos de alegría exultante”. (Benedicto XVI, 13 de octubre de 2011).
4.- Qué me dice hoy a mí esta parábola ya meditada. (Silencio)
5.- Propósito. Desde que me levanto hasta que me acuesto no dejo de sembrar el bien, aunque no vea ningún fruto.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi
Gracias, Señor, por tu capacidad de escucha, por tu capacidad de espera, por tu capacidad de aguante, con nosotros. Jamás das nada por perdido. Jamás dices: de este no se puede esperar nada. Tú, Señor, siempre animando, apoyando, levantando. No te asustan nuestras caídas, nuestras demoras, nuestros cansancios, nuestros retrocesos. Siempre nos ofreces una nueva oportunidad. ¡Qué bueno eres siempre con nosotros! ¡Gracias!
jueves, 17 de septiembre de 2026
“Le acompañaban los Doce, y algunas mujeres”

1.- Introducción.
Señor, te agradezco que hayas incorporado a la mujer a tu misión, a la construcción del Reino. En medio de un contexto totalmente machista, Tú optaste a favor del feminismo de una manera clara y contundente. No tuviste prejuicios contra ellas, las defendiste del tabú de la sangre, las elevaste a la categoría de seres libres, capaces de escuchar tu palabra, y sobre todo, siempre las miraste con la mirada del corazón.
2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
Es verdad que, a la hora de la primera creación, el protagonismo lo tuvo un hombre: Adán; pero en la segunda creación, Dios, a la hora de elegir un medio eficaz para entrar en el mundo, pensó en clave femenina. Siempre me impresionan las palabras de Pablo: “Al llegar la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gal. 4,4). En el relato del evangelio de hoy Jesús fue un osado. Sabía que “la mujer casada que acompañaba a los profetas era repudiada por su marido y era motivo suficiente para casarse con otra” (J. Jeremías). Pero Jesús rompe los esquemas sociales y culturales a la hora de optar por un auténtico feminismo, incluso incorporando a las mujeres a su propia misión evangelizadora. Y fue una mujer, María Magdalena, la que dio a los discípulos la noticia de que Cristo había Resucitado. Fueron unos ojos de mujer los primeros que vieron el rostro del resucitado; unos oídos de mujer los que escucharon el primer nombre pronunciado por Él: ¡María! Y unos labios de mujer los primeros que besaron los pies del nuevo Adán.
Palabra del Papa
“Es indudable que debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la iglesia. El modo mismo con el cual Jesús ha considerado a las mujeres -el evangelio lo indica así- era un contexto menos favorable del nuestro, porque en esos tiempos la mujer era puesta en segundo lugar. Pero Jesús la considera de una manera que da una luz potente que ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo. Aún no hemos entendido en profundidad cuales son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Tal vez haya que ver las cosas con otros ojos para que se complemente el pensamiento de los hombres. “Es un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más audacia”. (Audiencia de S.S. Francisco, 15 de abril de 2015).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)
5.- Propósito: Dar gracias a Dios por habernos dado a María su madre por madre nuestra.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor Jesús, yo te agradezco que hayas sido tan valiente y no te haya importado incorporar a las mujeres a la misión de extender a todas partes tu Reino. Y, de un modo especial, te agradezco que hayas querido venir a este mundo a través de una mujer llamada María. Ella es, como dice P Claudel, “el sacramento de la ternura maternal de Dios”. Haz que sepamos empaparnos de esta ternura infinita.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
🎶 “Lágrimas de amor”, Basada en el Evangelio de Lucas 7,36-50
Tu fe te ha salvado, vete en paz

1.- Oración Introductoria.
Señor, hay escenas en el evangelio que son tan sublimes, tan tiernas, tan delicadas, que solamente han podido salir de Ti. La escena de este evangelio bastaría para reconocerte como Dios. Una persona humana es incapaz de inventar tanta grandeza, tanta delicadeza, tanta belleza. Tu mirada no se queda en lo superficial sino que es capaz de bucear en el fondo del ser humano y descubrir esa imagen de Dios en lo profundo del corazón. Tú, Señor, eres la mejor escuela de humanidad.
2.- Lectura reposada del Evangelio: Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo un fariseo le rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando Jesús en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. Jesús le respondió: Simón, tengo algo que decirte. Él dijo: Di, maestro. Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más? Respondió Simón: Supongo que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: Has juzgado bien, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra. Y le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados. Los comensales empezaron a decirse para sí: ¿Quién es éste que hasta perdona los pecados? Pero Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-Reflexión
Los protagonistas de esta escena son dos hombres y una mujer. El fariseo se recrea en recoger la basura y el estiércol del pasado de la pecadora para tirárselo a la cara: “Es una prostituta”. En cambio a Jesús no le interesa para nada lo que ella ha sido sino lo que ella está llamada a ser: “puede ser una santa”.
Es interesante la pregunta de Jesús al fariseo: ¿Ves esta mujer? Porque tú no la has visto. Sólo has visto sus pecados, su miseria, su pasado. Pero esta mujer es mucho más que todo eso. Esta mujer, desde que ha entrado en esta casa, no ha dejado de sorprenderme con mil detalles de afecto y de cariño: Me ha lavado los pies con un perfume exquisito. Y no lo ha derramado a cuentagotas, sino que ha roto el frasco y me lo ha derramado del todo, sin reservarse nada. Y después me ha enjugado los pies con sus cabellos, con sus cabellos sí, con esos cabellos desmelenados que, en otro tiempo, han servido de atracción para otros hombres.
Esa mujer tiene un gran corazón; esa mujer con sus besos, su ternura, sus mil detalles, es una afrenta y acusación para ti que, al entrar en tu casa, ni me has saludado, ni me has ofrecido agua para lavarme; eso que se hace en todas las casas con los invitados. Realmente has sido un grosero. Esa mujer ha demostrado mucho amor y por eso se le han perdonado sus muchos pecados. Una mirada superficial, llena de prejuicios, hunde para siempre a las personas. Una mirada limpia, profunda, creadora, positiva, las levanta y les hace crecer. En aquella casa entró una prostituta y salió una mujer. Una mujer con su dignidad perdida y ahora recuperada. Una mujer con la cabeza baja y ahora con la cabeza bien alta porque el mismo Dios le ha perdonado.
Palabra del Papa.
“Cada gesto de esta mujer habla de amor y expresa su deseo de tener una certeza indestructible en su vida: la de haber sido perdonada. ¡Esta es una certeza hermosísima! Y Jesús le da esta certeza: acogiéndola le demuestra el amor de Dios por ella, precisamente por ella, una pecadora pública. El amor y el perdón son simultáneos: Dios le perdona mucho, le perdona todo, porque «ha amado mucho»; y ella adora a Jesús porque percibe que en Él hay misericordia y no condena. Siente que Jesús la comprende con amor a ella, que es una pecadora. Gracias a Jesús, Dios carga sobre sí sus muchos pecados, ya no los recuerda. Porque también esto es verdad: cuando Dios perdona, olvida. ¡Es grande el perdón de Dios! Para ella ahora comienza un nuevo período; renace en el amor a una vida nueva”. (Homilía de S.S. Francisco, 13 de marzo de 2015).
4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Guardo silencio)
5.-Propósito. Hoy me fijaré sólo en lo bueno y positivo de las personas con las que me relacione.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, al terminar esta oración, me quedo impresionado por tu gran amor, por tu gran misericordia. Tú no quieres que miremos las miserias y los pecados de los demás, para humillarles, para hundirles, para despreciarles. Tú quieres que nos miremos unos a otros con ese inmenso amor con que nos amas Tú. El día que nos creamos de verdad lo que Dios nos ama, ese será el día más bonito para nosotros. Y a eso te refieres Tú, Jesús, cuando nos hablas del evangelio como una buena noticia.
Santos Cornelio y Cipriano, testigos de la fe cristiana del siglo III