miércoles, 1 de julio de 2026

Encíclica Magnifica Humanitas. ¡Lo que el Papa León XIV advierte sobre la IA | TEOLOGIA PARA LAICOS

 

PASTORAL DE LA CARRETERA

 


VÍSPERAS Miércoles 1 de Julio de 2026

 

LAUDES Miércoles 1 de Julio de 2026

 

Lectio Divina: 1 de julio de 2026

 

“Llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos”


1.- Introducción 

Hoy, Señor, quiero comenzar mi oración dándote gracias por tu poder sobre los elementos de la naturaleza y, sobre todo, tu poder para liberar al hombre de todo lo que le oprime, le envilece, no le deja ser persona. Mucho te arriesgaste, Señor, al hacernos libres y qué caro has pagado el mal uso de nuestra libertad. La pagaste a precio de sangre. Si, a pesar de todo, nunca nos quitas la libertad, ¿no será por lo mucho que te agradan nuestras acciones, hechas con plena libertad y mucho amor? Ayúdame a obrar así.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: -¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo? Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: -Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos-. Él les dijo: Id. Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.

3.- Qué dice el texto. 

Meditación

En aquella época se creía que los espíritus malévolos manchaban, ensuciaban y contaminaban a las personas. Este endemoniado vivía junto a los sepulcros, es decir, en el reino de la muerte. Era como un ser muerto en vida y además contagiaba el mal a las personas y  les privaba de libertad. Con este milagro, Jesús pretende devolver a las personas la dignidad perdida y devolverles el derecho a disfrutar de la vida.

 “Dios nos quiere. Dios ama a todos. El mal no ganará. Estemos todos en las manos de Dios. Por tanto, sin miedo, unidos, mano a mano y en las manos de Dios, caminemos adelante, siendo discípulos de Cristo”. (Papa León XIV 8-mayo- 2025).

Hay que tener en cuenta el texto paralelo de Marcos 5, 1-20. Es mucho más largo y pintoresco y hay que considerar  dos datos importantes:

  1. el endemoniado apareció “sentado, vestido y en su sano juicio” (v.15) Se habla explícitamente de la dignidad totalmente restaurada, aunque a los ricos (los porqueros) les importe poco esto y prefieran el negocio de los cerdos. El Papa Francisco ha hablado públicamente del sucio negocio de las drogas y de los fabricantes de armas que favorecen las guerras e incluso las provocan.
  2. El endemoniado aparece haciendo propaganda por el territorio extranjero de lo que Jesús había hecho con Él (v.20). Jesús es universal. Es de todos los pueblos. ¿Por qué Mateo ha resumido el evangelio de Marcos? Ha querido dar importancia a los protagonistas: el endemoniado y Jesús. El único capaz de liberarnos de todo mal es Jesús.

Palabra del Papa

“Desencuentros familiares, desencuentros testimoniales, desencuentros en el anuncio de la Palabra, y del mensaje, desencuentros de guerras, desencuentros de familias, o sea el desencuentro, la división, es el arma que el demonio tiene. Y entre paréntesis les digo que el demonio existe. Por si alguno tiene dudas, ¿no? Existe y se las trae. Y el camino es el desencuentro que lleva a la pelea, la enemistad. Babel, ¿no? Así como la Iglesia es ese templo de piedras vivas, que edifica el Espíritu Santo, el demonio edifica ese otro templo de la soberbia, del orgullo, que desencuentra, porque cada cual no se entiende, porque habla cosas distintas, que es Babel, ¿no? De ahí que tenemos que trabajar por una cultura del encuentro. Una cultura que nos ayude a encontrarnos como familia, como movimiento, como Iglesia, como parroquia. Siempre buscar cómo encontrarse” (S.S. Francisco, al Movimiento de Schoenstatt, 24 de octubre de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Acudir al Señor, sobre todo en la Eucaristía, y pedirle al Señor que me libere de mis ataduras internas.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, porque Tú sólo quieres mi bien, el que yo sea libre, disfrute de mi libertad y pueda vivir en este mundo como hijo y no como esclavo. Dame fuerza para propagar esta verdad no tanto como una doctrina sino como fruto de una experiencia.

lunes, 29 de junio de 2026

VÍSPERAS Martes 30 de Junio de 2026

 

LAUDES Martes 30 de Junio de 2026

 

Lectio Divina: 30 de junio de 2026

 

¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

1.- Introducción.

Esta imagen tan sugestiva de una barca juguete de los vientos, con las olas encrespadas y el agua entrando por todas partes, mientras Jesús duerme plácidamente, me serena, me tranquiliza, me da confianza. Todas las tempestades del mundo ya no serán capaces de quitar la paz profunda que concita la presencia de Jesús, aunque aparentemente esté dormido. Señor, estando tú presente, haz que no tenga miedo a nada ni a nadie.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Mateo 8,23-27

Después Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, ¡nos hundimos!». Él les respondió: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Para entender bien este texto hay que situarlo dentro del contexto anterior donde Jesús acaba de llamar a unos discípulos para que le sigan. Jesús les ha advertido de las dificultades que toda vocación entraña. Se trata de seguir a Jesús en pura fragilidad “El hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza” (8, 20) ¿Qué hacer cuando llega la prueba, cuando arrecia la tempestad, cuando parece que todo se hunde? Una salida es el miedo. Es lo que tienen los discípulos. Y este miedo frena y paraliza toda acción. ¿Dónde va Jesús con unos discípulos llenos de miedo? Ángela Merkel dijo: “el miedo nunca fue un buen asesor. Culturas que están marcadas por el miedo, no van a ganar el futuro”. Jesús nos dice cómo perder el miedo: En medio de la tormenta, “hay que embarcarse con Él”. Hay que fiarse plenamente de Jesús, a quien los vientos y el mar le obedecen. Esta barca frágil, juguete de las olas, es el mejor símbolo de la fragilidad humana que, ante un virus, o ante un fuego insistente, o ante una guerra atroz como la de Ucrania o Gaza, la humanidad entera tiembla como las hojas de los árboles. ¡Qué lección de humildad! ¡Qué poca cosa somos! Menos mal que Dios no nos abandona y siempre nos echa una mano.

Palabra del Papa

“La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”, este fue el aliento del Papa León XIV a los participantes en el Encuentro con la Comunidad diocesana de la capital española, a quienes encontró este lunes, 8 de junio, en el Estadio Santiago Bernabéu, de Madrid, España.

4.- ¿Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado? (Guardo silencio)

5.- Propósito: Durante este día fijaré mi mirada en aquellas personas que sufren, que están en peligro, que tienen miedo. Y haré algún gesto de cercanía con alguna de ellas.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al acabar hoy mi oración, caigo en la cuenta de la cantidad de hermanos y hermanas que están pasando miedo, que están en situaciones límite, sobre todo, en este año de sequías, fuegos intensos y consecuencias de las guerras.  Tú no eres un “Dios-dormido” ya que confías en un Padre que no puede dormir mientras sus hijos están sufriendo. Todos navegamos con Cristo en el Mar de la Bondad de Dios nuestro Padre.

Lectio Divina: 29 de junio de 2026

 

¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre?

Santos Pedro y Pablo

1.- Introducción.

Señor, en la fiesta de San Pedro me siento limitado como él; pecador como él; pero también muy querido de Ti como él. Haz que, como Pedro, yo también sepa superar mis pecados, mis deficiencias, mis negaciones, por la fuerza de mi sincero amor.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

Meditación-reflexión

En el evangelio de hoy Jesús hace dos preguntas: 1ª) a la gente. 2ª) a los discípulos. Como dice el Papa Francisco, la pregunta a la gente es muy importante. A Jesús le interesa la opinión de la gente, los problemas y preocupaciones de la gente, lo que palpita en el corazón de los hombres y mujeres del mundo.  Sin esta consulta a la gente la Iglesia difícilmente podrá dar una respuesta acertada, real y actual al mundo. Como nos aconseja el Concilio Vaticano II “hay que escrutar los signos de los tiempos» (G.S. 44). Y nos lo recordó el Papa Francisco en este tiempo SINODAL.   La segunda pregunta la plantea Jesús a los discípulos y contesta Pedro en nombre de todos. Aparentemente Pedro da una buena respuesta ya que es elogiado por el propio Jesús. Pero hay que seguir leyendo el evangelio y nos daremos cuenta de que esta respuesta es insuficiente ya que, cuando Jesús les dice que el Mesías debe padecer mucho y morir, San Pedro protesta enérgicamente: “De ninguna manera debe pasarte eso a ti”. Y Jesús le da una respuesta muy dura: “Apártate de aquí, Satanás”. Pedro se equivocó al pretender dar lecciones a Jesús marcándole el camino que debía seguir. El camino lo marco yo. Tú, ponte detrás de mí. Pedro, si hubiese obtenido el don de no pecar, ¿cómo hubiera podido perdonar a los pueblos? Pero la providencia divina permitió que cayese él primero para que fuese condescendiente con los demás, recordando su propia caída. (S. Agustín. Catena aurea vol. VI. Pg. 474).

Palabra del Papa

“Para nosotros es también una Palabra de vida, que despierta nuestra conciencia de cómo, en la Iglesia, todos estamos llamados a ser discípulos misioneros y a aportar nuestra propia contribución. Y aquí me viene en mente la pregunta: ¿qué puedo hacer por la Iglesia? No quejarnos de la Iglesia, sino comprometernos con la Iglesia. Participar con pasión y humildad. Con pasión, porque no debemos permanecer como espectadores pasivos; con humildad, porque participar en la comunidad nunca debe significar ocupar el centro del escenario, sentirnos mejores que los demás e impedir que se acerquen. Iglesia en proceso sinodal significa que todos participan, ninguno en el lugar de los otros o por encima de los demás. No hay cristianos de primera o de segunda clase, todos están llamados. (Papa Francisco, 29-junio-2022)

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio. (Guardo silencio).

5.- Propósito: Hoy hago un ejercicio práctico siendo consciente de que necesito de los demás.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, porque hoy también me preguntas a mí: ¿Y tú qué piensas de Mí? No caben respuestas teóricas. Yo soy sincero al decirte que me siento pobre, pequeño, limitado; pero no soy menos sincero cuando afirmo que Tú Señor, eres mi pan y mi vino; mi aire y mi sol; mi suelo y mi cielo. Sin Ti yo no soy nada; sin Ti me siento perdido.

miércoles, 24 de junio de 2026

PEREGRINACIÓN DIOCESANA CON ENFERMOS A LOURDES (25 AL 28 DE JUNIO)

 


Domingo 13, tiempo ordinario: 28 de junio de 2026

 

el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.


INTRODUCCIÓN

         Hace años empleaba yo, en el comentario a este evangelio, palabras como éstas: exigencia, radicalidad, renuncia. Hoy considero que ese lenguaje es inadecuado. Jesús no nos pide que renunciemos a nada, sino que elijamos lo mejor. Si elegimos bien, alcanzaremos la plenitud, dentro de nuestras posibilidades como seres humanos (Fray Marcos).

LECTURAS BÍBLICAS

1ª lectura: 2Re. 4,8-1114-16ª.                         2ª lectura: Ro.6,3-4.8-11.

EVANGELIO

San Mateo 10, 37-42:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe  al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

MEDITACIÓN-REFLEXIÓN

Este evangelio es difícil de entender si no hemos asistido asiduamente a escuchar las charlas excelentes del amor que nos da Jesús en los evangelios. Nos desorientamos cuando oímos: “El que quiere a su padre, a su madre, a su hijo, a su hija más que a mí no es digno de mí”. ¿Cómo hay que entender estas frases? ¿Acaso Dios es un egoísta que nos reclama todo el amor sólo para Él?  ¿O es un Dios celoso de nuestros amores humanos? ¿Acaso Dios se enfada cuando ve que nos queremos mucho? ¡Todo lo contrario! Por encima de todo hay que mantener que Dios sólo tiene una tarea, una ocupación, una preocupación: que todos nosotros seamos plenamente felices. Dios sabe que no podemos ser felices sin amar y ser amados; y también sabe que no podemos ser plenamente felices si nuestro amor no es auténtico. ¿Qué características tiene este amor del que nos habla Jesús?

1.– ES AMOR GRATUITO, TOTALMENTE DESINTERESADO. En todos los amores humanos, por nobles y grandes que sean, aunque se trate de amores de padres e hijos, se puede colar el GUSANO del egoísmo. Y este gusano mata el auténtico amor. La verdadera vida, la que produce nuestra verdadera felicidad, consiste en el amor. ”Sólo el amor hace que la vida merezca ser vivida: Sólo la ayuda desinteresada a los demás procura la gran alegría de vivir”. (Karl Tillmann).  Este amor gratuito que brota espontáneo como el agua de un manantial; el que da a cambio de nada, el que no exige paga sino que le basta con existir para ser pagado;  este amor que no conoce límites ni fronteras, no puede realizarse sin una auténtica muerte al egoísmo personal. Y éste es el que nos dio Jesús muriendo por nosotros en la Cruz. Si el egoísmo y el afán de ser “como Dios” expulsó   a nuestros primeros padres del Paraíso, sólo la muerte a ese egoísmo nos puede llevar a reiniciar la vuelta al paraíso de nuestra plena felicidad.

2.– ES AMOR HUMANO Y AMOR DIVINO INTIMAMENTE UNIDOS. Los dos mandamientos ya estaban en el A.T. Del amor a Dios se habla en Dt. 6,4 “Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas”.  Y el amor al hermano también estaba en Lev.19,18 “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Pero estos dos mandamientos estaban separados, no sólo en libros distintos, sino en la vida real. Se podía amar  a Dios sin necesidad de amar al hermano. La genialidad de Jesús fue el haberlos unido para siempre: (Mc. 12,28-34). El amor a Dios y al hombre son vasos comunicantes. No se pueden dar el uno sin el otro. Por consiguiente, ese amor total que debemos a Dios “con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”, se lo debemos también a nuestros hermanos. Y este es el  supremo don que Dios nos puede dar. Amar así es estar ya en el paraíso. Si Dios quiere que no nos amemos a medias es porque no quiere para nosotros una felicidad a medias.

3.– ES AMOR DETALLISTA. Un amor vivido así tiene detalles. Detalles por parte de Dios que no deja de sorprendernos cada día. Pero también detalles de los hombres. El evangelio nos habla de un vaso “de agua fría”. Un vaso de agua tibia en verano es como ofrecer una cerveza caliente. El bien hay que hacerlo bien. Y en estos mil detalles de cada día está la esencia de la  felicidad de una vida normal y corriente. Dice muy bien esa gran mujer y poeta, Gloria Fuertes: “El voluntariado no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música, no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte”. Y es un arte vivir en el amor,  evitando todo lo que hace sufrir a los demás, vivir para agradar, para hacer felices a los demás. El evangelio está hecho de mil detalles conocidos. Nos cuenta San Clemente (tercer Papa) un bonito detalle que viene de la tradición: Jesús, se despertaba de mañana, antes de salir el sol, y se iba a orar. Este dato lo pone  (Mc. 1,35) Pues bien, la costumbre de Jesús era tapar bien a los discípulos antes de marchar, para que  no se  resfriaran al llegar la madrugada.

«A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre» (Mt 26,8-9.11). Aquella mujer había comprendido que Jesús era el Mesías humilde y sufriente sobre el que debía derramar su amor. ¡Qué consuelo ese ungüento sobre aquella cabeza que algunos días después sería atormentada por las espinas! Era un gesto insignificante, ciertamente, pero quien sufre sabe cuán importante es un pequeño gesto de afecto y cuánto alivio puede causar. Jesús lo comprende y sanciona su perennidad: «Allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo» (Mt 26,13). La sencillez de este gesto revela algo grande. Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad, como se encontraba el Señor en aquel momento. (Papa León XIV. Dilexit me Números 4 y5).

PREGUNTAS

1.- ¿Caigo en la cuenta de que las cosas más bellas de la vida: el sol, el agua, el aire, el amor…me los da Dios gratis?

2.- ¿Me paro a pensar lo felices que serían las personas con quienes convivo cada día, si les amara con todo mi corazón? ¿A qué espero?

3.- ¿Me preocupa el pensar que una vida sin detalles de amor es una vida triste y aburrida? ¿Por qué no inicio el verdadero camino de mi felicidad?                 


Lectio Divina 27 de junio de 2028

 ¡Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo!…


1.- Oración Introductoria.

Señor, qué bonita la expresión de aquel centurión: “No soy digno de que entres en mi casa”. Es una fórmula que repito todos los días antes de comulgar; pero puede convertirse en una fórmula vieja, fría, carente de sentido. Lo que hace que esta fórmula esté siempre viva y agrade a Dios es la fe. No una fe gastada, al estilo de los judíos del tiempo de Jesús, sino una fe joven, sincera, confiada y comprometida, al estilo del Centurión. Dame, Señor, esta fe.  

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, entrando Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos. Jesús le dijo: Yo iré a curarle. Replicó el centurión: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: «Vete», y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Y dijo Jesús al centurión: Anda; que te suceda como has creído. Y en aquella hora sanó el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Este evangelio me hace pensar.  La alabanza espontanea de Jesús a la fe nueva y joven del Centurión, un pagano, un hombre rechazado por los judíos, me descubre la fe que agrada a Dios, la que le provoca admiración. Y esa fe vieja y cansina de los judíos, de puros ritos externos; de menudear plegarias teniendo el corazón lejos de Dios, le provoca nauseas. “Porque no eres ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Apo. 3,16). La fe farisaica, la fe del sacerdote y el levita que bajan del templo y pasan de largo ante un hombre que yace en el suelo medio muerto al borde del camino, no agrada a Dios. La fe sencilla del samaritano que se detiene ante ese hombre que sufre, y le ofrece su vino y su aceite; y él mismo le monta en la cabalgadura y le paga al posadero, ésa agrada a Dios. Jesús nos dice que no podemos ir a Dios dando rodeos al hombre. Jesús alaba la fe del centurión porque éste cuida a su criado, lo trata como persona, y disfruta de poder recuperarlo sano. La suegra de Pedro, tan pronto como ha sido curada, se pone a servir. La religión de Jesús nos humaniza, nos pone al servicio de los demás, nos hace sensibles ante el dolor y sufrimientos de nuestros hermanos. Y esta es la fe que agrada al Padre.

Palabra del Papa

“Cuando somos nosotros solos los que encontramos al Señor, somos nosotros –digámoslo, entre comillas – los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él quien entra en nosotros, es Él el que vuelve a hacer todo de nuevo, porque esta es la venida, lo que significa cuando viene Cristo: volver a hacer todo de nuevo, rehacer el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino. Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y, sobre todo, ¡para dejar que Él nos encuentre! Pero se necesita un corazón abierto ¡para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiere decirme, ¡que no es siempre aquello que yo quiero que me diga! Él es Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno a la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es un amor concreto! De persona a persona: el Señor persona me mira a mí persona. Dejarse encontrar por el Señor es precisamente esto: ¡dejarse amar por el Señor! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 2 de diciembre de 2013, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Al comulgar le diré a Jesús: No soy digno de que Dios entre en mi casa; pero entra dentro, porque estando fuera, me muero de frío.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, por estas bellas enseñanzas que me haces cada día. Hoy te pido vivir de fe; no de la fe de los fariseos, los separados, los que se creían santos y despreciaban a los demás. Quiero vivir de la fe del Centurión que se preocupó de su siervo; de la fe del samaritano, que se ocupó y preocupó de un hombre que estaba medio muerto, sin preguntarle de dónde era, de dónde venía, ni qué religión practicaba; de la fe de la suegra de Pedro que, tan pronto como fue curada, se puso al servicio de los demás.

Lectio Divina: 26 de junio de 2026

 «Señor, si quieres puedes limpiarme»

1.- Introducción

Señor, me llama la atención esta bajada del monte de las Bienaventuranzas. Qué distinta de aquella bajada de Moisés del monte Sinaí entre truenos, relámpagos, miedos y castigos. Jesús, bajas de la montaña de Dios, pero un Dios Padre, lleno de compasión y de ternura. No bajas para castigar sino para salvar; no bajas para meter miedo, sino para dar confianza; no bajas porque no te lo pases bien en el monte, sino porque los hombres y mujeres que están en el valle te necesitan. Que yo sepa bajar de la contemplación a la acción.

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 8, 1-4

Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Jesús sube al monte. Jesús baja del monte. Jesús sube no atraído por el aire sano de la montaña ni por el intenso olor de las flores en primavera, sino por el inmenso e infinito amor del Padre. Algo grande, inefable, misterioso, ocurre siempre que Jesús se interna en el silencio de la noche y abre su corazón a la ternura infinita del Padre. Para Jesús esta oración es una fuerte atracción, una imperiosa necesidad, una íntima y gozosa experiencia.  Pero Jesús baja al valle donde están los problemas de la gente. Y, en este caso, se encuentra con un problema terrible, el de la enfermedad de la lepra. En realidad son tres enfermedades en una: a) la física, dolorosa y difícil de curar; b) la social, que le apartaba de la sociedad para no contagiar. c) la religiosa, creyendo que eso sucedía como un castigo de Dios. Y aquí está Jesús para sanarlo todo. Le cura la lepra y deja ya de sufrir físicamente. Lo manda al sacerdote para que certifique que está curado y así pueda ya insertarse en la sociedad. Y, sobre todo, le cura de la enfermedad más terrible, la de creer que Dios está lejos de él.  Y Jesús le dice que Dios está tan cerca de él que le toca. Ese gesto por parte de Jesús es para expresarle con un apretón de manos, lo equivocado que estaba cuando se creía lejos de Dios.  Dios no se contagia al tocar de cerca nuestras miserias y nuestras enfermedades, pero sí nos contagia de su amor.

Palabra del Papa

“El episodio de la curación del leproso se desarrolla en tres breves etapas: la invocación del enfermo, la respuesta de Jesús, las consecuencias de la curación prodigiosa. El leproso le suplica a Jesús, ‘de rodillas’ y le dice: ‘Si quieres puedes purificarme’. A esta oración humilde y llena de confianza, Jesús responde con una actitud profunda de su ánimo: la compasión. La compasión es una palabra muy profunda que significa ‘sufrir con el otro’. El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por aquel hombre, acercándose a él y tocándolo. Este particular es muy importante. Jesús ‘tiende la mano, lo toca… y en seguida la lepra desaparece y Él lo purifica”. La misericordia de Dios supera cada barrera y la mano de Jesús toca al leproso. Él no pone una distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio por nuestro mal. Y así justamente nuestro mal se vuelve el lugar del contacto: Él, Jesús, toma de nosotros la humanidad enferma y nosotros de Él su humanidad sana y que cura. Esto sucede cada vez que recibimos con fe un sacramento: el Señor Jesús nos ‘toca’ y nos da su gracia. En este caso pensamos especialmente al sacramento de la Reconciliación, que nos cura de la lepra y del pecado. (S.S. Francisco, Ángelus del 15 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya reflexionado. (Silencio)

5.- Propósito. Yo no puedo curar enfermedades físicas. Sí puedo visitar hoy a un enfermo y curarle de la enfermedad de la soledad y tal vez del prejuicio de creer que Dios no le quiere.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, tu amor siempre me sorprende y me desborda. No te limitas a hacer el bien, sino que lo quieres hacer bien. No te gusta emplear el bisturí para curar; te basta con el ungüento de tu dulzura, con la unción de tu bondad, con la caricia de tu mano, con la sonrisa de tus labios, con la ternura de tu corazón. ¡Qué bisturí tan bonito el de Jesús!

Lectio Divina: 25 de junio de 2026

 

No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”

1.- Oración introductoria.

Hoy la Palabra de Jesús en el evangelio es dura y exigente. Me dices Jesús que debo vivir en verdad y no aparentar lo que no soy. Tu palabra debe transformar mi vida. Si me limito a escucharla cada día, pero sigo igual, no avanzo, no cambio, no me transformo, no me parezco cada día un poco más a ti, estoy edificando mi vida sobre la arena movediza. En cualquier momento, todo puede terminar en una ruina total. Ayúdame, Señor, a edificar mi vida sobre la roca firme de las obras.

2.- Lectura reposada de la Palabra del Evangelio Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y entonces les declararé: «¡Jamás os conocí; ¡apartaos de mí, agentes de iniquidad!» Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina. Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

Nosotros, los que tomamos el evangelio cada día en nuestras manos, no podemos olvidar que la Palabra de Dios es “interpelación”. Es un desafío que nos invita a cambiar, a transformarnos, a ajustar nuestra vida al evangelio. Y nos preguntamos. ¿Por qué leyendo el Evangelio todos los días se nota tan poco en nuestras vidas? Seguimos teniendo los mismos defectos, las mismas limitaciones, las mismas rutinas. Y lo peor es que podemos seguir engañándonos a nosotros mismos y creer que ya somos buenos. Ya en el siglo IV San Juan Crisóstomo advertía a sus fieles:” ¿Acaso creéis que el fervor espiritual consiste simplemente en venir continuamente a la celebración de la Divina Liturgia? Eso no sirve para nada si no obtenemos algún fruto: si no sacamos ningún partido, es mejor que nos quedemos en casa”.  El gran profeta Isaías arengaba al pueblo a pensar en la fe de sus antepasados: “Mirad la piedra de que fuisteis tallados, y el corte en la roca de donde fuisteis sacados. Mirad a Abrahán, su padre, y a Sara, que los dio a luz” (Is 51,1-2). En estos tiempos donde se debilita la fe, no está demás el pensar en la fe de nuestros padres. Como diría San Agustín, “la fe en Jesús la aprendí en la leche de mi madre”.  Unas madres sencillas, trabajadoras, sacrificadas, que al mismo tiempo que nos enseñaban a hablar y a caminar, nos enseñaron también a rezar.

Palabra del Papa.

“Cristo nos pide permanecer en su amor. Hay dos criterios que ayudan a distinguir el verdadero amor del que no lo es. El primer criterio es éste: el amor está más en los hechos que en las palabras, no es un amor de telenovela, una fantasía, historia que nos hacen latir el corazón, pero nada más, está en los hechos concretos. Jesús avisaba a los suyos: «No los que dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que han hecho la voluntad de mi Padre, que cumplen mis mandamientos». El verdadero amor es concreto, está en las obras, es un amor constante. No es un sencillo entusiasmo. También, muchas veces es un amor doloroso: pensemos en el amor de Jesús llevando la cruz. Pero las obras de amor son las que Jesús nos enseña en el pasaje del capítulo 25 de san Mateo. Quien ama hace esto, el protocolo del juicio: Estaba hambriento y me han dado de comer, etc. Las bienaventuranzas, que son el programa pastoral de Jesús, son concretas. El segundo criterio del amor es que el amor se comunica, no permanece aislado. El amor da de sí mismo y recibe, se da esa comunicación que existe entre el Padre y el Hijo, una comunicación que la hace el Espíritu Santo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 7 de mayo de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico que acabo de meditar?  (Silencio) 

5.- Propósito: Pensaré que puedo arruinar mi vida si no pongo en práctica las enseñanzas de Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero agradecerte tu palabra exigente. Gracias por esta sacudida que he sentido en el alma. Yo también, como cristiano, puedo vivir del cuento, puedo poner el paraguas y constatar cómo la lluvia de tu Palabra resbala sobre mí. Yo te prometo cambiar, prometo hacer un propósito de llevar a la vida lo que oigo en el evangelio. Quiero asentar mi vida sobre la roca firme de las obras.

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VÍSPERAS Miércoles 24 de Junio de 2026

 

LAUDES Miércoles 24 de Junio de 2026

 

Lectio Divina: 24 de junio de 2026

 

“San Juan Bautista”

1.- Oración Introductoria.

Señor, te confieso que me fascina la figura de Juan y te pido que sepa imitarle en su humildad: “es la voz de otro”. Está llamado a señalar a otro que viene detrás y es más que él. Haz que el importante de mi vida no sea yo sino que seas Tú. Que yo sólo viva para anunciarte con mis palabras y, sobre todo, con el testimonio de mi vida.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lc. 1, 57-66, 80

Se le cumplió a Isabel el tiempo y dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella. Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo: -No, se llamará Juan. Le dijeron: No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre. Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos se llevaron una sorpresa. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban en su interior: «¿Qué va a ser este niño?». Porque efectivamente el Señor estaba con él. El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión.

1.- San Juan como hombre. Normalmente, cuando nos preguntan como a Juan: Tú, ¿quién eres? enseguida enseñamos todos nuestros títulos… soy doctorado, licenciado, obispo, párroco, maestro, etc. En cambio, San Juan dice: Yo no soy… No soy el Mesías. No soy profeta… No soy… ¿Quién eres? Mi misión es ser referente a Otro. Dar paso al que viene detrás de mí y es más que yo. Nos cuesta dar paso a otro. Nos cuesta aceptar que no somos importantes, imprescindibles; que hay otro que viene detrás y hace las cosas como nosotros y mejor que nosotros. Nos cuesta decir como San Juan: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Pero ahí está precisamente la grandeza de este hombre.

Dios permite el pecado para mantenernos humildes.

Me expongo a decir un despropósito, pero lo digo: El Señor ama tanto la humildad que, a veces, permite pecados graves. ¿Para qué? Para que aquellos que han cometido esos pecados, arrepentidos, después se mantengan humildes. (Juan Pablo I Aloc. 6-IX-1978).

2.- San Juan como profeta. A veces entendemos mal eso de profeta. Decimos que es como un adivino que ve el futuro y nos habla de lo que va a pasar. Pero el profeta es el que anuncia y denuncia. Anuncia la Buena Nueva de Dios o de Jesucristo. Da buenas noticias sobre Dios y sobre Jesús. Y denuncia todo lo que está mal. Juan tuvo valentía para decirle a Herodes: “No te es lícito tener la mujer de tu hermano”.

3.- San Juan, el Santo. De San Juan se dice que “nunca abaja el dedo”. No puede porque siempre debe apuntar a Jesucristo, a Dios. Dios es el Absoluto, el único necesario a quien debemos adorar. Hoy que tantos niegan a Dios o lo eliminan de sus vidas, hace falta cristianos con el dedo levantado, es decir, con su testimonio apuntando a Dios… gritando a Dios, diciendo que la vida sin Dios no  tiene sentido, ni tiene salida. ¡O Dios o Nada!

Palabra del Papa.

¿Quién es Juan? Él mismo, dijo el Papa, explica: «Yo soy la voz, una voz en el desierto», pero «es una voz sin la Palabra, porque la Palabra no es él, es un Otro». He aquí el misterio de Juan: «Nunca se apodera de la Palabra». Juan «es aquel que indica, que señala». El «sentido de la vida de Juan – añadió – es señalar a otro».  Y realmente Juan «era el hombre de la luz, llevó la luz, pero no era su propia luz, era una luz reflejada.» Juan es «como una luna», y cuando Jesús comenzó a predicar, la luz de Juan «comenzó a disminuir a bajar.» «Voz, no Palabra – dijo el Papa – luz, pero no propia»: «Juan parece ser nada” Esa es la vocación de Juan: desaparecer (24-06-2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Hacer todo en este día pensando: lo hago por Otro. Él es el importante. Yo soy su voz, pero no su palabra.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por Juan Bautista, ese hombre tan grande por ser pequeño, por no querer ser protagonista de nada, por dar paso a otro, por no querer figurar. Su misión fue la de señalar con el dedo y decir: Ahí está el Cordero de Dios. Ése sí que es importante. Yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia. Gracias, Señor, por esta figura tan genial.