PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.
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martes, 17 de febrero de 2026
Miércoles de ceniza: 18 de febrero de 2026
“Acuérdate de que eres polvo”
1.- Oración introductoria.
Señor, en este miércoles de ceniza, quiero pedirte que me purifiques el corazón de todo aquello que me ata, me esclaviza o me nubla la mente para no ver con transparencia cuál es tu plan, tu proyecto, tu programa de vida cristiana. Y, una vez conocido, te pido que me des tu gracia para cumplirlo.
2.-Lectura reposada de la Palabra. Mateo: 6, 1-6 16-18
Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
Este evangelio forma parte del Sermón del Monte donde las exigencias que se nos pide a los cristianos no son condiciones para entrar en el Reino maravilloso que nos trae Jesús sino consecuencias de haber entrado en él de una manera gratuita por parte de Dios. Las tres obras tradicionales de piedad: la oración, la limosna y el ayuno se daban entre los judíos y también en otras religiones. Las tres responden a las tres dimensiones del hombre:
- a) con relación a Dios.
- b) con relación a los hombres en su aspecto social y
- c) con relación a uno mismo, especialmente en su aspecto físico.
Jesús no puede ir en contra de estas tres prácticas buenas en sí, pero las quiere “purificar” y “profundizar”. No es suficiente hacer cosas buenas sino que hay que tener en cuenta “desde donde las hacemos”. Las obras han de despojarse de todo egoísmo, de todo orgullo, de toda vanidad. Hay que orar, hay que dar limosnas, hay que ayunar, pero “no para que nos vea la gente” sino el Padre del cielo que “ve en lo secreto” y está dentro de nuestro propio corazón. Por lo demás, cuando uno ora ya no está rezando a un Dios impersonal, sino a un Dios personal y que además es mi Padre. Cuando hago limosnas no me sitúo ante gente extraña que me solicita una ayuda, sino ante unos hermanos con quienes yo debo compartir. Y esto lo debo hacer “sin que sepa la mano izquierda lo que hace la derecha”. Y cuando ayuno y paso hambre, caigo en la cuenta de la cantidad de hermanos míos que pasan hambre todos los días, incluso que mueren de hambre. Hay también otras clases de ayuno que debo asumir como “parte de la Cruz de cada día”. Pero no me lleno de tristeza, ni dejo que se marquen en mis mejillas las huellas del sufrimiento, sino que perfumo mi cuerpo para que nadie lo note, excepto mi Padre que ve en lo escondido. El dar gusto a ese Padre, el parecerme a ese Padre y “marcar sus huellas en mí alma” ésa será mi recompensa.
Palabra del Papa.
“La oración es un crisol en el que nuestras expectativas y aspiraciones son expuestas a la luz de la palabra de Dios, se sumergen en el diálogo con Aquél que es la verdad y salen purificadas de mentiras ocultas y componendas con diversas formas de egoísmo (cf. Spe Salvi n.33) Por eso, la oración es garantía de apertura a los demás. Quien se abre a Dios y a sus exigencias, al mismo tiempo se abre a los demás, a los hermanos que llaman a la puerta de su corazón y piden escucha, atención, perdón, a veces corrección, pero siempre con caridad fraterna. La verdadera oración es el motor del mundo, porque lo tiene abierto a Dios. Por eso, sin oración no hay esperanza, sino sólo espejismos. En efecto, no es la presencia de Dios lo que aliena al hombre, sino su ausencia: sin el verdadero Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, las esperanzas se transforman en espejismos, que llevan a evadirse de la realidad. En cambio, hablar con Dios, permanecer en su presencia, dejarse iluminar y purificar por su palabra, nos introduce en el corazón de la realidad, en el íntimo Motor del devenir cósmico; por decirlo así, nos introduce en el corazón palpitante del universo. (Benedicto XVI, Homilía miércoles 6 de febrero 2008)
4.- Qué me dice hoy a mí esta Palabra. (Guardo silencio).
5.- Propósito. Procuro hacer una obra buena destacada sin que nadie se entere.
6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, hoy día de la ceniza, quiero caer en la cuenta no de lo que tengo, ni de lo que valgo, ni de lo que puedo. Quiero caer en la cuenta de lo que “soy”. Y la esencia de lo que soy es “que no soy nada”. Un poco de ceniza. Eso es lo que nos entregan después de la incineración de un ser querido. Ésa es nuestra pequeñez. Pero esa poca cosa que yo soy “está hecha a imagen y semejanza de Dios”. Yo, con lo poco que soy, soy amado de Dios. Y ésa es nuestra grandeza. Como diría Teresa de Jesús: ¡Engrandecéis nuestra nada!
MIÉRCOLES DE CENIZA. 18 DE FEBRERO
- El Ayuno del "Yo": Menos selfis y más mirada al prójimo. Ayunar de tener siempre la razón, de la queja constante y de la envidia.
- La Limosna del "Tiempo": Lo más valioso que tenemos es el tiempo. Regalarle diez minutos de escucha real a alguien es la limosna más grande hoy.
- La Oración de "Conexión": No es informar a Dios de cosas (Él ya las sabe), es dejar que Él nos informe de cuánto nos ama. Es cargar la batería espiritual en el silencio.
Los 7 Fundadores de los Siervos de María
lunes, 16 de febrero de 2026
Lectio Divina: 17 de febrero de 2026
¿Para qué tenéis los ojos, si no veis; y los oídos, si no escucháis?
1.- Oración introductoria.
Señor, esta escena del evangelio me habla de la terquedad de los apóstoles. Han sido testigos del milagro de la multiplicación de los panes y sólo se preocupan de un olvido: se han olvidado de coger pan. Están ahí contigo y sólo se preocupan de comer. Ayúdame, Señor, a no imitar a esos apóstoles que dan más importancia a las cosas materiales que a tu persona. Haz que yo sepa olvidarme de todo cuando estoy contigo, cuando te tengo a Ti.
2.- Lectura reposada del evangelio: Marcos, 8,14-21
En aquel tiempo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca, se dieron cuenta de que se les había olvidado llevar pan; sólo tenían uno. Jesús les hizo esta advertencia: “Fíjense bien y cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes”. Entonces ellos comentaban entre sí: “Es que no tenemos panes”. Dándose cuenta de ello, Jesús les dijo: “¿Por qué están comentando que no trajeron panes? ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? ¿Tan embotada está su mente? ¿Para qué tienen ustedes ojos, si no ven, y oídos, si no oyen? ¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?” Ellos le contestaron: “Doce”. Y añadió: “¿Y cuántos canastos de sobras recogieron cuando repartí siete panes entre cuatro mil?” Le respondieron: “Siete”. Entonces Él dijo: “¿Y todavía no acaban de comprender?” Palabra del Señor.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión.
La levadura era signo y causa de corrupción. Jesús quiere que nos liberemos de la levadura de los fariseos. ¿De qué levadura se trata? Los fariseos están anclados en la Ley, en las Instituciones, es decir, en lo viejo. Ya todo está dicho y no cabe esperar nada mejor. La Pascua era la fiesta de la novedad, de la renuncia a lo viejo, de la búsqueda de un Dios que se revela en lo nuevo. Según San Pablo, Jesús será el pan ázimo, el hombre nuevo. (I Cor. 5,6-8). San Juan nos presenta a Jesús como “nuevo vino” que revienta los odres viejos; como nuevo Templo, donde hay que adorar al Padre en Espíritu y en verdad; como nueva Luz, que ilumina la ceguera del mundo; como nueva vida, que nos saca del sepulcro. Jesús trae un nuevo y maravilloso rostro de Dios. No es un Dios vengativo ni castigador; es un Dios Padre, lleno de bondad y de ternura, que siempre nos perdona y goza cuando volvemos a la casa y caemos en sus brazos.
Palabra del Papa.
“Porque el Señor hará derivar hacia la santa Ciudad y sus habitantes un “torrente” de consolación, un “torrente” de consolación, tan lleno de consuelo, un torrente de ternura materna: “Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán”. Como la mamá pone al niño sobre sus rodillas y lo acaricia, así hará el Señor con nosotros y hace con nosotros. Éste es el torrente de ternura que nos da tanto consuelo. “Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo” (v. 12-13) ( S.S. Papa Francisco Homilía del 7-7-13).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)
5.-Propósito. Vivir todo el día en el amor y así “todo me parecerá nuevo”.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Dios mío, de nuevo doblo mis rodillas ante Ti para adorarte y darte gracias por el don infinito de la persona de Jesús. En Él soy capaz de renovarme cada día. Desde que me levanto, voy estrenando la vida, voy aprendiendo a vivir. Lo vivido sin Ti es lo viejo, lo gastado, lo caduco. Lo vivido contigo siempre suena a nuevo. Contigo, Señor, es imposible envejecer.
Lectio Divina: 16 de febrero de 2026
Suena a blasfemia el decir que Dios no tiene futuro.
1.- Oración introductoria.
En este momento de oración, te pido Señor, que no me cierre nunca a lo que Tú me dices, a lo que Tú me pides, a lo que Tú me quieres dar. No quiero tener la mirada corta de los fariseos, encerrados en sí mismos y en el modo único y exclusivo de interpretar la ley. Yo quiero tener mi alma siempre abierta a la verdad, no a las verdades de los fariseos: ni los de entonces ni los de ahora, sino a Ti, Señor, que eres la misma Verdad.
2.- Lectura reposada de la palabra del Señor. Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo se acercaron a Jesús los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Jesús suspiró profundamente y dijo: «¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal». Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.
3.- Qué dice el texto bíblico.
Meditación-reflexión.
Me impresiona ese suspiro profundo de Jesús. No viene motivado por la gente que está fuera, que no han oído hablar de Dios. Viene motivado por los de casa, los fariseos, los que se pasan el día con el Códice de las Sagradas Escrituras en las manos. Sus mentes están cerradas y su corazón endurecido. Están anclados en el pasado y creen que ya todo está atado y bien atado. ¿Qué nos puede decir a nosotros, maestros de la Ley, ese humilde pescador de Galilea? Los fariseos se creían que Dios ya lo ha dicho todo. A estos conservadores del pasado, incapacitados para lo nuevo, habría que recordarles lo que ya decía el profeta Isaías: “No recordéis lo de antaño” “Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis? (Is. 43, 18,19). Para el pueblo judío quedaba lo mejor: la venida del Mesías. A Dios no hay que buscarlo sólo en el pasado. Dios siempre va abriendo caminos nuevos. Es una blasfemia el decir que Dios no tiene futuro. Porque el futuro no es “algo”. El futuro es “Alguien”. El futuro es Dios desplegando en el hombre todas sus posibilidades. Lo mejor de Dios nos queda todavía por escuchar, por ver, por descubrir, por experimentar, por disfrutar.
Palabra del Papa.
¿Por qué estos doctores de la ley no entendían los signos de los tiempos y pedían un signo extraordinario, por qué no entendían? Antes que nada, porque estaban cerrados. Estaban cerrados en sus sistemas, habían organizado muy bien la ley, una obra maestra. Todos los hebreos sabían lo que se podía hacer y lo que no, hasta donde se podía llegar. Estaba todo organizado, todos se sentían seguros allí. Para ellos eran cosas extrañas las que hacía Jesús: Ir con los pecadores, comer con los publicanos. A ellos no les gustaba, era peligroso; estaba en peligro la doctrina, esa doctrina de la ley, que ellos, los teólogos, habían creado a lo largo de los siglos.
Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; que nunca reniega de sí mismo, que nunca dice que se ha equivocado, nunca, pero nos sorprende siempre. Y ellos no entendían y se encerraban en ese sistema hecho con tanta buena voluntad y le pedían a Jesús: ‘Pero, ¡Haz un signo!’ Y no entendían los muchos signos que hacía Jesús y que indicaban que el tiempo estaba maduro. ¡Cerrazón! Segundo, habían olvidado que ellos eran un pueblo en camino. ¡En camino! Y cuando nos encaminamos, cuando uno está en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía. Y un camino no es absoluto en sí mismo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 13 de octubre de 2014, en Santa Marta).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)
5.-Propósito: Poner a Cristo en mi vida y vivir todo el día como una novedad.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, gracias por tu palabra, la que me has enseñado hoy. No te pido señales ni milagros como los fariseos. Me basta el milagro de tu amor manifestado en la Cruz. Haz que yo sepa vivirlo, actualizarlo cada día en mi oración, especialmente en la Eucaristía. Y, al contemplarte clavado en la Cruz, sepa decirte con tu apóstol Pablo: “Me amó y se entregó por mí” (Gal. 2,29).
domingo, 15 de febrero de 2026
Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma de 2026
Escuchar y ayunar.
La Cuaresma como tiempo de conversión
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Escuchar
Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.
Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.
Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.
Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]
Ayunar
Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Juntos
Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.
Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.
Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
LEÓN XIV PP.
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[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.
[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.
[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).
[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).
Domingo 6º, tiempo ordinario: 15 de febrero de 2026
- Primera Lectura: Del libro del Eclesiástico (15, 16-21). Dios pone ante el hombre la vida y la muerte, dándole la libertad de elegir guardar sus mandamientos.
- Segunda Lectura: De la primera carta de San Pablo a los Corintios (2, 6-10). Se habla de una sabiduría que no es de este mundo, sino de los misterios de Dios revelados por el Espíritu.
- Evangelio: Según Mateo (5, 17-37). Jesús afirma que no ha venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud.
"La Ley del Corazón: De la norma al Amor"
- Esta semana, elijamos la vida: No te conformes con "no hacer el mal". Intenta que tu "justicia sea mayor".
- Acción concreta: Identifica a esa persona con la que tienes una "cuenta pendiente" de perdón y da tú el primer paso, antes de volver a presentarte ante el altar.
sábado, 14 de febrero de 2026
San Valentín: Obispo y Mártir del Amor Cristiano