sábado, 18 de julio de 2026

Domingo 16, tiempo ordinario: 19 de julio de 2026

 

Dejadlos crecer juntos hasta la siega…

Monición de Entrada
Hermanos y hermanas:
Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este décimo sexto domingo del Tiempo Ordinario. Hoy, la Palabra de Dios nos invita a contemplar el misterio de su paciencia y su infinita misericordia. En un mundo donde a menudo nos apresuramos a juzgar y a condenar, Dios nos muestra que Él prefiere esperar con amor. Él hace crecer juntos el bien y el mal, dándonos siempre una oportunidad para la conversión. Con la alegría de sabernos amados por un Padre tan comprensivo, y con el deseo de que la buena semilla dé frutos en nosotros, comenzamos esta Santa Misa cantando juntos.
MONICIÓN A LAS LECTURAS
    • A la Primera Lectura (Sabiduría 12, 13. 16-19):
      Escucharemos un hermoso canto a la moderación de Dios. A diferencia de los seres humanos, que solemos usar el poder para imponer la fuerza, Dios —que lo puede todo— elige gobernarnos con paciencia y darnos tiempo para el arrepentimiento.
    • A la Segunda Lectura (Romanos 8, 26-27):
      San Pablo nos consuela hoy recordándonos que no estamos solos en nuestras luchas cotidianas. Cuando no encontramos las palabras para orar o nos sentimos débiles, el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos profundos.
    • Al Evangelio (Mateo 13, 24-43):
      Jesús nos habla hoy a través de parábolas, especialmente la del trigo y la cizaña. Frente al deseo humano de arrancar el mal de manera inmediata, el Señor nos pide paciencia y confianza, recordándonos que el tiempo presente es el tiempo de la misericordia. Nos ponemos en pie para la aclamación del Santo Evangelio.

INTRODUCCIÓN

Como todas las parábolas se trata de un relato completamente inofensivo por sí mismo, pero que, descubriendo la intención del que la relata, puede llevarnos a una reflexión muy seria sobre la manera que tenemos de catalogar a las personas en dos categorías excluyentes: buenos y malos. (Fray Marcos)

TEXTOS LITÚRGICOS

1ª lectura: Sab.12.13.16-19.                    2ª lectura: Ro. 8,26-27

EVANGELIO

Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»»

HOMILÍA: LA PACIENCIA DE DIOS Y EL TRIGO DE NUESTRAS VIDAS
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo nos sitúan ante uno de los misterios más profundos, y a veces más dolorosos, de la existencia humana: la coexistencia del bien y del mal. Todos nosotros, al mirar el mundo que nos rodea —las noticias, la política, las divisiones sociales— y, de manera aún más íntima, al mirar dentro de nuestros propios corazones, nos hacemos a menudo la misma pregunta que los criados de la parábola: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?».
Jesús nos responde hoy con la Parábola del trigo y la cizaña. Nos explica que el Reino de los Cielos no es un laboratorio esterilizado donde solo habitan los perfectos. El Reino crece aquí, en la tierra, en un campo abierto donde el enemigo aprovecha la noche y el descuido para sembrar el mal.
Frente a esta realidad, la primera reacción humana suele ser la impaciencia. Los criados, llenos de un celo amargo, quieren arrancar la cizaña de inmediato. Quieren limpiar el campo ya. ¿No nos pasa lo mismo a nosotros? Cuántas veces caemos en la tentación de clasificar el mundo de forma binaria: los buenos y los malos, "los nuestros" y "los otros". Cuántas veces quisiéramos extirpar por la fuerza aquello que nos molesta, aplicando una justicia rápida, rígida y cortante.
Sin embargo, la respuesta del Amo del campo es desconcertante: «Dejadlos crecer juntos hasta la siega».
¿Por qué detiene Dios la mano de los criados? El Evangelio nos lo dice con claridad: «No sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo». Dios protege el trigo. Para Dios, la salvación de una sola brizna de trigo es infinitamente más importante que la destrucción inmediata de la cizaña. Dios no actúa con los criterios de eficacia o de limpieza social de este mundo. Dios actúa con la lógica del amor.
La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, nos revela el verdadero rostro de este Dios: «Tú, siendo soberano del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia». Qué contraste tan hermoso. El Dios que lo puede todo, el único que tendría el derecho absoluto de juzgar y destruir el mal en un segundo, elige la moderación y la indulgencia. ¿Por qué? Porque Dios no busca la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Dios nos da tiempo porque el ser humano, a diferencia de las plantas, puede cambiar. En el campo del Señor, lo que hoy es cizaña, mañana —por la gracia de la conversión— puede transformarse en un trigo limpio y maduro.
Esto nos lleva a una doble lección para nuestra vida diaria:
En primer lugar, una lección de humildad y paciencia con nosotros mismos. En el corazón de cada uno de nosotros conviven el trigo y la cizaña. Hay días en que somos trigo: generosos, orantes, amables, llenos de fe. Y hay días o parcelas de nuestra vida donde brota la cizaña: el egoísmo, la soberbia, el rencor o la pereza. El Señor nos pide hoy que no nos desanimemos al ver nuestras miserias. Él conoce nuestra debilidad. Como nos ha dicho San Pablo en la segunda lectura: «El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir como conviene». Dios nos mira con paciencia; aprendamos a mirarnos también con esa paciencia santa que nos permite levantarnos cada día.
En segundo lugar, una lección de misericordia con los demás. Si Dios es paciente conmigo, ¿quién soy yo para exigir la destrucción o la condena inmediata de mi hermano? El Libro de la Sabiduría nos dejaba una frase que deberíamos grabar en el alma: «Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano». Ser justo, a los ojos de Dios, no es ser un juez implacable. Ser justo es ser humano, compasivo, capaz de esperar y de dar segundas oportunidades.
Queridos hermanos, el final de la parábola nos recuerda que habrá una siega. El mal no tiene la última palabra; la justicia de Dios llegará a su tiempo. Pero mientras estemos en este mundo, el tiempo presente es el tiempo de la misericordia, el tiempo del crecimiento, el tiempo de la gracia.
No gastemos nuestras energías obsesionados con arrancar la cizaña ajena, señalando los errores de los demás o quejándonos de lo mal que está el mundo. Gastemos nuestras fuerzas en alimentar el trigo. Cuidemos la buena semilla que Dios ha puesto en nosotros: el amor en nuestras familias, la honestidad en el trabajo, la solidaridad con los que sufren y la fidelidad en la oración.
Pidámosle hoy a la Virgen María que nos conceda un corazón paciente como el de su Hijo Jesús, para que sepamos vivir en este mundo con esperanza, sabiendo que, al final, el trigo del Señor brillará como el sol en el Reino de su Padre.
Amén.


ORACIÓN DE LOS FIELES
Sacerdote o Presidente:
Dirijamos, hermanos, nuestra oración a Dios Padre, que nos gobierna con mucha indulgencia y conoce perfectamente nuestra debilidad, y pidámosle que escuche las súplicas de su pueblo.
A cada petición responderemos con fe:
R/. Señor, ten paciencia con nosotros y escúchanos.
  1. Por la Iglesia universal y por el Papa Francisco: Para que sea siempre un reflejo de la paciencia y la misericordia de Dios, un espacio abierto de acogida para todos y un campo donde el trigo de la fe crezca con fuerza. Roguemos al Señor.
    R/. Señor, ten paciencia con nosotros y escúchanos.
  2. Por los gobernantes y líderes de las naciones: Para que el Espíritu Santo les conceda sabiduría y prudencia, y para que en la búsqueda de la justicia sepan actuar con moderación, humanidad y respeto por la dignidad de cada persona. Roguemos al Señor.
    R/. Señor, ten paciencia con nosotros y escúchanos.
  3. Por todos los que sufren a causa de la injusticia, la guerra o la violencia: Para que encuentren en la comunidad cristiana un refugio de paz, y para que el Señor fortalezca su esperanza en que el bien triunfará finalmente sobre el mal. Roguemos al Señor.
    R/. Señor, ten paciencia con nosotros y escúchanos.
  4. Por los pecadores y por quienes viven alejados de la fe: Para que la paciencia amorosa de Dios toque sus corazones y aprovechen este tiempo de gracia y misericordia para experimentar el don de la conversión. Roguemos al Señor.
    R/. Señor, ten paciencia con nosotros y escúchanos.
  5. Por nuestra comunidad parroquial aquí reunida: Para que evitemos la tentación de juzgar o condenar a los demás, y dediquemos nuestras energías a cultivar las buenas obras, el amor familiar y la ayuda al prójimo. Roguemos al Señor.
    R/. Señor, ten paciencia con nosotros y escúchanos.
Sacerdote o Presidente:
Escucha, Padre, las oraciones que tu Espíritu Santo inspira hoy en nuestros corazones. Danos la gracia de ser pacientes como Tú y concédenos lo que con fe te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Monición a la Comunión
Queridos hermanos:
Cristo, el Buen Sembrador, se nos ofrece ahora como alimento en el altar. Acercarse a comulgar es recibir la fuerza del Trigo Divino que purifica nuestras almas y debilita la cizaña del pecado en nosotros. Con un corazón agradecido por la paciencia que Dios nos tiene, nos acercamos a recibir la Santa Comunión.
Monición de Despedida
Hermanos:
Hemos celebrado el banquete del amor y de la misericordia. Volvemos a nuestros hogares, trabajos y ambientes con una misión clara: mirar a los demás con los ojos pacientes de Dios. Seamos constructores de paz, cuidemos el trigo que hay a nuestro alrededor y evitemos la tentación de juzgar. Que tengan un bendecido domingo en el Señor. Podéis ir en paz.



Lecturas de la Misa en LENGUA DE SIGNOS: DOMINGO XVI del TIEMPO ORDINARIO (A)

 

Lectio Divina: 18 de julio de 2026

 

No quebrará la caña doblada ni apagará la mecha humeante

1.- Oración introductoria.

Señor, me impresionan las palabras del Evangelio: “Querían acabar contigo”. ¿Por qué quieren acabar contigo que eres “la luz”, la “verdad”, “la vida”? Por pura envidia. El gran enemigo de la luz es la oscuridad; el enemigo de la verdad, es la mentira; y el de vida es la muerte. Hazme, Señor, descubrir pronto ese “gusano roedor” que puede estar dentro de mí y trata de destruirme.

2.- Lectura reposada del evangelio: San Mateo 12, 14-21

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él. Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías: «Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su nombre».

3.- Qué dice el texto?

Meditación-reflexión

Los fariseos buscan a Jesús para matarle. Jesús, a pesar de todo, sigue su camino: predica, cura y da esperanza al pueblo. Nosotros, si nos sentimos amenazados de muerte, ya no tenemos ganas de nada, sino buscar el modo de liberarnos. Nos preguntamos: ¿De dónde le venía a Jesús esa fuerza interior para no hundirse, para seguir trabajando como si nada le ocurriese? De la palabra de Dios. Ha escuchado a su Padre Dios que habla de Él en estos términos:” Es  mi hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. La clave para entender a Jesús es su padre Dios. Se siente amado del Padre y le basta. Frente a la actitud de los enemigos que disfrutan haciendo el mal, Jesús disfruta “haciendo el bien”. Y no sólo hace el bien, sino que el bien “lo hace muy bien”. “No grita, no vocifera”, no quiere aplausos ni alabanzas, sino “la complacencia del Padre en el silencio”.  “No quiebra la caña cascada”. Ya sabe que el hombre es eso: “Una caña cascada” (Pascal). Por eso precisamente busca, cuida,  mima, nuestra fragilidad.  “No apaga la mecha humeante”. Ya sabe que nosotros no podemos presumir de ser “hogueras llameantes”; pero nos respeta y nos ama “como pequeñas lamparitas de barro”. Esa brizna de verdad, de respeto, de justicia, de libertad, de amor, que aparece en nosotros, Él la cuida, la fomenta, esté donde esté y venga de donde venga.

Palabra del Papa

Así era la vida de Jesús: “Recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”. Jesús que predica y Jesús que cura. Toda la jornada era así: predica al pueblo, enseña la Ley, enseña el Evangelio. Y la gente lo busca para escucharlo y también porque sana a los enfermos. “Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados… Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios”. Y nosotros estamos delante de Jesús en esta celebración: “¿Dejo que Jesús me predique, o yo sé todo? ¿Escucho a Jesús o prefiero escuchar cualquier otra cosa, quizá las habladurías de la gente, o historias…? Hay que escuchar la predicación de Jesús. “¿Y cómo puedo hacer esto, padre? ¿En qué canal de televisión habla Jesús?”. Te habla en el Evangelio. Y esta es una costumbre que aún no tenemos: ir a buscar la palabra de Jesús en el Evangelio. Llevar siempre un Evangelio con nosotros, pequeño, y tenerlo al alcance de la mano.» (Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2015).

4.- ¿Qué significa hoy para mí esta palabra ya meditada? (Silencio)

5.- Propósito. Tratar de no hacer daño a mis hermanos ya que son “pura fragilidad”

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque cada día que medito el evangelio me parece más impresionante, más maravilloso. Estas palabras tuyas tocan mi corazón, reconstruyen mi vida, me dan paz. Es muy bonito pasar por la vida con una mirada limpia, tratando de descubrir el bien que hay en cada una de las personas. Por lo demás, yo me conformo con ser esa pequeña lamparita que alumbra en la noche del mundo.

viernes, 17 de julio de 2026

La VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores (26 de Julio)

 

GRUPO DE PERSONAS MAYORES "SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA"
PARROQUIA SAN PÍO X

La Iglesia celebrará el domingo 26 de julio la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores con el lema «Yo no te olvidaré» (Is 49,15), elegido por el Papa León XIV. La celebración, cercana a la memoria de santos Joaquín y Ana, invita a las familias, parroquias y comunidades a reconocer a los mayores como una bendición y a llevar consuelo a quienes viven solos o se sienten olvidados.

Un lema nacido del consuelo de Dios

El tema de este año está tomado del libro del profeta Isaías y expresa una certeza central de la fe: Dios no abandona a ninguno de sus hijos. El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida explica que el lema quiere subrayar que el amor de Dios por cada persona no falla, tampoco cuando llegan la ancianidad, la fragilidad o la experiencia de la soledad.

En su mensaje para esta Jornada, fechado en el Vaticano el 15 de junio de 2026, el Papa León XIV recuerda que muchas personas mayores experimentan hoy la dolorosa sensación de ser olvidadas. Esa realidad puede aparecer en casas marcadas por la soledad, en centros sanitarios o residenciales, o en situaciones donde la persona corre el riesgo de quedar reducida a un diagnóstico, una cama o una necesidad asistencial. Frente a ello, el Santo Padre vuelve a anunciar la promesa de Dios: nadie queda fuera de su memoria ni de su ternura.

La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores fue instituida por el Papa Francisco en 2021 y se celebra cada cuarto domingo de julio. Su finalidad es hacer llegar a los mayores la cercanía de la Iglesia y agradecer su aportación a las familias, a las comunidades cristianas y a la transmisión de la fe. Este año, la fecha coincide con el domingo 26 de julio, día vinculado a santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.

Visitar, escuchar y acompañar

El mensaje de León XIV pone el acento en una invitación muy concreta: recuperar la hermosa costumbre de visitar a los abuelos, a los mayores de la propia familia y también a quienes no reciben ninguna visita. No se trata solo de un gesto social, sino de una obra profundamente evangélica, porque la proximidad, la escucha y la ternura hacen visible la cercanía de Dios.

El Papa anima especialmente a los jóvenes a acercarse a los mayores con afecto y presencia real. En una cultura que multiplica las conexiones digitales, el corazón humano sigue necesitando cercanía, manos que cuidan, tiempo compartido y palabras buenas. La Jornada se convierte así en una oportunidad para que las parroquias, los grupos de catequesis, las familias y las comunidades religiosas promuevan encuentros sencillos: una llamada, una visita, una oración compartida, el rezo del Rosario, una bendición, una Eucaristía vivida en comunión con quienes sostienen la vida de la Iglesia con su fe silenciosa.

León XIV dirige también una palabra de esperanza a quienes atraviesan la ancianidad desde la enfermedad, la dependencia o la pérdida de fuerzas. El Santo Padre invita a no tener miedo de la fragilidad y recuerda que también en la edad avanzada es posible descubrir una vocación nueva. La vida cristiana no se mide por la productividad, sino por la capacidad de amar, orar, reconciliar, custodiar la memoria y abrir caminos de paz.

Una llamada para nuestras parroquias y familias

En La Rioja, esta Jornada ofrece una ocasión pastoral para mirar con gratitud a tantos abuelos y personas mayores que han transmitido la fe en el seno de las familias, han sostenido la vida de las parroquias y han conservado con fidelidad la oración, la Eucaristía dominical, las devociones populares y el cariño a sus pueblos, ermitas, cofradías y comunidades.

La invitación del Papa puede vivirse de manera sencilla en cada hogar y en cada parroquia: recordando a los mayores en la oración universal, acercando la comunión a los enfermos cuando sea posible, promoviendo visitas a quienes viven solos, facilitando que los nietos compartan tiempo con sus abuelos y agradeciendo públicamente la misión de quienes han cuidado, educado y acompañado a varias generaciones.

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha invitado a las Iglesias particulares, asociaciones y comunidades eclesiales de todo el mundo a encontrar formas concretas de celebrar esta Jornada en su propio contexto local. Además, el Santo Padre invita a que se celebre con una liturgia eucarística en la iglesia catedral de cada diócesis, según las posibilidades y disposiciones de cada Iglesia particular.

En España, la Jornada aparece recogida en el calendario de Jornadas y Colectas de la Iglesia como celebración pontificia, con alusión en la monición de entrada y en la homilía, además de una intención en la oración universal.

Lectio Divina: 17 de julio de 2026

 

Aquí hay uno que es más que el templo”

1.- Introducción.

Señor, dame la sensatez para saber distinguir lo esencial de lo accidental. Para aquellos fariseos del tiempo de Jesús, lo esencial era el cumplimiento de la ley hasta caer en minucias absurdas. Entendían como trabajo prohibido por la ley el “frotar las espigas” con las manos. Jesús no puede permitir esta falsa interpretación del sábado, día en que uno cesa del duro trabajo de la semana, para descansar con su Dios en la oración y dedicar este tiempo sagrado al cuidado de los hermanos que lo necesitan. Dame, Señor, tu Espíritu para saber interpretar tu ley.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 12, 1-8

Un sábado de aquellos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. Les replicó: -¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Las tres grandes Instituciones de los judíos eran: La Ley, el Templo y el sábado. En un principio la Ley “La Torá” era la voluntad de Dios expresada como una manifestación de amor en el corazón de los fieles. A lo largo del tiempo, las escuelas farisaicas la multiplicaron en muchos preceptos hasta convertirla en “fardos pesados que cargan a la gente en los hombros” (Mt. 23,4) El Templo que, en un principio, pretendió “dar un espacio” para Dios, se convirtió en “cueva de bandidos” al pretender amordazar a Dios diciendo ¡Templo de Yavé!  Y así cometer impunemente todo tipo de injusticias.  Y el sábado, hecho para consagrar un tiempo a Yavé, se convirtió en instrumento de esclavitud al no poder ni siquiera hacer el bien. Jesús quiso descubrir el significado profundo de estas instituciones (Ley, sábado, Templo) al decir que “Él está por encima del Templo y es Señor del Sábado.” Por eso, siempre que en el evangelio estas instituciones entran en conflicto con el hombre, Jesús estará a favor del hombre y no a favor de las instituciones.   Santa Teresita del Niño Jesús afirmaba: «Sólo me guía el abandono, ¡no tengo otra brújula!».

“El Hombre es lo que importa. El Hombre ahí, desnudo bajo la noche y frente al misterio, con su tragedia a cuestas, con su verdadera tragedia, con su única tragedia…la que surge, la que se alza cuando preguntamos, cuando gritamos en el viento: ¿Quién soy yo? El Cristo es el Hombre…la sangre del Hombre…de cualquier Hombre. Esto lo afirmo. No lo pregunto. ¿No puedo yo afirmar? “(León Felipe)

Palabra del Papa

“Quien cree en Dios, Padre lleno de amor por sus hijos, pone en primer lugar la búsqueda de su Reino, de su voluntad. Es todo lo contrario del fatalismo o el ingenuo irenismo. La fe en la Providencia, de hecho, no exime de la cansada lucha por una vida digna, sino que libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana. Está claro que esta enseñanza de Jesús, si bien sigue manteniendo su verdad y validez para todos, es practicada de maneras diferentes según las diferentes vocaciones: un fraile franciscano podrá seguirla de manera más radical, mientras que un padre de familia deberá tener en cuenta sus deberes hacia su esposa e hijos. En todo caso, el cristiano se distingue por su absoluta confianza en el Padre celestial, como Jesús. Precisamente la relación con Dios Padre da sentido a toda la vida de Cristo, a sus palabras, a sus gestos de salvación, hasta su pasión muerte y resurrección. Jesús nos ha demostrado qué significa vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo, y, al mismo tiempo, teniendo el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios”. Benedicto XVI, 27 de febrero de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar.  (Guardo silencio).

5.-Propósito. Todo lo que hoy voy a hacer, lo haré a impulsos del corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero ser cristiano, pero no fariseo; yo quiero cumplir hasta en los últimos detalles el mandamiento tuyo del amor. Y te pido que me ayudes a sumergir mi corazón en el mar infinito de tu amor para poder amar a mis hermanos con un corazón lleno de ternura y de misericordia.

miércoles, 15 de julio de 2026

Lectio Divina: 16 de julio de 2026

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”.

1.- Introducción.

Hoy, Jesús, vengo a la oración a escuchar unas sabias palabras que salieron de tu boca: “Aprended de mí”. En la vida hemos tenido muchos maestros, pero “uno solo es el Maestro” (Mt. 23,10). Ni siquiera los Apóstoles se llamaron maestros sino “discípulos”. Todos somos discípulos, aprendices de cristianos; siempre nos queda mucho que aprender de este gran Maestro que es Jesús.

2.- Lectura reposada del Evangelio Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, tomó Jesús la palabra y dijo: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

La tradición ha puesto a Jesús muchos títulos: el Mesías, el Señor, el Hijo del Hombre…pero la gente sencilla que acudía a Jesús cuando caminaba por las calles de Palestina le llamaría así “Jesús, el quita pesos”; “Jesús el quita cargas”. Porque todo el que se acercaba a Jesús notaba que su vida se aliviaba, se aligeraba. Jesús se dedicaba a eso: a curar, sanar, aliviar, levantar, animar. Lo dice muy bien el libro de los Hechos de los Apóstoles en un precioso resumen de la vida de Jesús: “Pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos” (Hech. 10,38). No cabe duda que Jesús disfrutaba haciendo el bien. Jesús quiere que evitemos el mal, lo que hace sufrir, y nos dediquemos a aliviar la vida de los que llevan cargas demasiado pesadas que no pueden soportar. Porque hay ocasiones en las que a todos “nos pesa la vida”. ¿Qué hacer? Acudir a Jesús. En realidad, sólo descansamos cuando estamos con las personas que amamos.  Y Jesús, el hombre del amor, el que vive henchido de la ternura del Padre, quiere que nos acerquemos a Él porque sabe que sólo en Él está nuestro verdadero descanso.  A veces, cuando muere alguien que ha sufrido mucho, decimos: YA HA DESCANSADO. Pero Dios no nos ha creado para que no suframos, sino para que gocemos plenamente. El que Dios será nuestro descanso significa que viviremos en un eterno abrazo con Dios.

Palabra del Papa

“Jesús pide que vayamos a Él, que esta   es la verdadera sabiduría, a Él que es «manso y humilde de corazón»; propone «su yugo», el camino de la sabiduría del Evangelio, que no es una doctrina que hay que aprender o una propuesta ética, sino una Persona a la que hay que seguir: Él mismo, el Hijo Unigénito en perfecta comunión con el Padre.

Queridos hermanos y hermanas, hemos gustado la riqueza de esta oración de Jesús. Que también nosotros, con el don de su Espíritu, podamos dirigirnos a Dios en la oración, con confianza de hijos, invocándolo con el nombre de Padre, Abbá. Pero debemos tener el corazón de los pequeños, de «los pobres en espíritu», para reconocer que no somos auto-suficientes, que no podemos construir nuestra vida solos, que necesitamos de Dios, necesitamos encontrarle, escucharle y hablarle. La oración nos abre la puerta para recibir el don de Dios, su sabiduría, que es Jesús mismo, para llevar a cabo la voluntad del Padre en nuestra vida y encontrar así reposo en las fatigas de nuestro camino”. ¡Gracias! Benedicto XVI, 7 de diciembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Este día lo voy a emplear no sólo a no hacer mal a nadie sino a hacer el bien a todos.

6.- Dios me ha habado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, una cosa es dormir y otra descansar. A veces me rinde el sueño y me quedo dormido, pero no descanso. El verdadero descanso no se obtiene simplemente porque tengo salud y en mi cuerpo no me duele nada. El verdadero descanso es más profundo y es necesario que el alma esté en paz. En paz paradisíaca, como cuando nuestros padres, antes del pecado, estaban en paz con Dios, con ellos mismos y con toda la creación.