/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.

domingo, 16 de agosto de 2026

Evangelio del día 16 agosto 2026 (Ten compasión de mí, Señor)

 

San Roque de Montpellier, patrono de los enfermos, los peregrinos y los perros

 


Cada 16 de agosto, la Iglesia celebra a San Roque, peregrino y santo venerado especialmente como protector frente a las epidemias y patrono de los enfermos. Nació probablemente en Montpellier, Francia, hacia el siglo XIV, en el seno de una familia acomodada. Tras quedar huérfano, decidió repartir sus bienes entre los pobres y emprender una peregrinación hacia Roma. Durante el camino encontró numerosas personas afectadas por la peste. En lugar de huir, decidió quedarse para atenderlas y servirlas con caridad. Según la tradición, muchos enfermos recuperaron la salud gracias a sus oraciones. Finalmente, el propio Roque contrajo la enfermedad y se retiró a un bosque para no contagiar a otros. Allí, según la tradición, un perro acudía diariamente a llevarle un pan y Dios permitió que sobreviviera. Su figura se convirtió en un poderoso símbolo de caridad hacia los enfermos y de confianza en Dios en medio del sufrimiento. San Roque, peregrino y servidor de los enfermos, intercede por nosotros. Enséñanos a no ser indiferentes ante el sufrimiento de los demás, a servir con caridad y a confiar siempre en la Providencia de Dios. Protege especialmente a los enfermos y a quienes los cuidan. Amén.

DOMINGO 16 de AGOSTO 2026 🎶 "Que grande es tu fe" 🎶 Evangelio de San Mateo 15, 21-28

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Domingo 20, tiempo ordinario: 16 de agosto de 2026

 

“Mujer, ¡qué grande es tu fe!

1ª Lectura: Is. 56, 1,6-7.                     

2ª lectura: Ro. 11, 13-15.29-32.

EVANGELIO

San Mateo 15, 21-28.

La audacia de una fe sin fronteras

El Evangelio de este domingo (Mateo 15, 21-28) nos presenta una de las escenas más conmovedoras, y a la vez más desconcertantes, de la vida pública de Jesús. El Maestro se retira a la región de Tiro y Sidón, tierra extranjera y pagana. No está en territorio judío; está en la periferia. Y allí sale a su encuentro una mujer cananea. Una mujer que, según las categorías de la época, lo tenía todo en contra: era extranjera, pertenecía a un pueblo históricamente enemigo de Israel, no compartía la misma fe y, para colmo, era una mujer sola gritando en público en un entorno de hombres.

Esta mujer lleva en el alma un dolor insoportable: su hija está terriblemente atormentada por un demonio. Es el grito desesperado de una madre que ya no tiene nada que perder. Se acerca a Jesús y le dice: «Señor, Hijo de David, ten compasión de mí».

El silencio y la prueba

Lo primero que nos descoloca es la reacción de Jesús. Dice el texto que «no le respondió palabra». El silencio de Jesús nos incomoda porque muchas veces se parece a nuestros propios silencios con Dios. ¿Quién de nosotros no ha gritado al cielo en un momento de enfermedad, de crisis familiar o de dolor profundo, y ha sentido solo el eco de su propia voz? El silencio de Dios no es desinterés, sino pedagogía. Jesús no está ignorando a la mujer; está purificando su fe y, sobre todo, está poniendo a prueba el corazón de sus propios discípulos.

Los discípulos fracasan en la prueba. Su reacción es la de la exclusión: «Despídela, que viene gritando detrás de nosotros». Para ellos, la mujer es una molestia, un ruido incómodo que rompe su tranquilidad. ¡Qué fácil es caer en la tentación de los discípulos! Cuántas veces en nuestras comunidades e iglesias miramos con sospecha al que viene de fuera, al que no viste como nosotros, al que tiene una vida rota o al que busca a Dios de una manera que no encaja en nuestros moldes perfectos.

La lógica del pan y las migajas

Cuando Jesús rompe el silencio, lo hace con una frase que suena durísima: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». En el lenguaje de la época, los "hijos" eran el pueblo de Israel, los depositarios de la promesa original. Jesús está marcando el orden de la historia de la salvación. [

Pero la respuesta de la mujer es una obra maestra de humildad y agudeza espiritual. Ella no se ofende, no se llena de orgullo, no exige derechos que no tiene. Ella acepta la lógica de Jesús, pero la ensancha desde el amor: «Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos».

Es una respuesta bellísima. Ella está diciendo: "Sé que no tengo derecho al banquete principal, pero sé también que eres tan rico en misericordia, que incluso tus migajas bastan para salvar a mi hija". Ella descubre que el amor de Dios no es un recurso limitado que se agota; es un manantial tan desbordante que hay de sobra para todos.

El elogio de la fe

Ante esta muestra de confianza absoluta, el corazón de Jesús se conmueve y exclama: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas». Es curioso: en el Evangelio de Mateo, Jesús suele reprochar a sus apóstoles —los que estaban siempre con Él— su "poca fe". Sin embargo, la fe más grande, la que arranca el milagro y la admiración del Salvador, la encuentra en una mujer pagana, en la periferia de la religión oficial.

Como nos recordaba hoy la primera lectura del profeta Isaías, la casa de Dios es «casa de oración para todos los pueblos». Dios no tiene aduanas, no pide pasaportes religiosos para derramar su gracia. Lo único que pide es un corazón humilde y necesitado.

¿Qué nos dice esta palabra hoy?

Hermanos, esta palabra nos invita a dos conversiones urgentes en nuestra vida:

1.    En nuestra relación con los demás: A derribar los muros de la intolerancia. A no juzgar a las personas por su pasado, por su origen o por sus errores. Dios opera con fuerza en los lugares más insospechados y en los corazones que a veces nosotros mismos damos por perdidos.

2.    En nuestra oración personal: A no desanimarnos ante el silencio de Dios. La mujer cananea nos enseña la "audacia de la fe". Orar no es convencer a Dios de que haga nuestra voluntad, sino insistir con la confianza absoluta de que Él nos ama y sabe lo que necesitamos, postrándonos ante Él con humildad.

Que en esta Eucaristía, al acercarnos a recibir no una migaja, sino el Pan entero de la vida que es Cristo, le pidamos al Señor que sane nuestra falta de fe y nos conceda un corazón tan grande y confiado como el de aquella mujer de la periferia. Amén.

 

Lecturas de la Misa en LENGUA DE SIGNOS: DOMINGO XX del TIEMPO ORDINARIO (A)

 

SÁBADO 15 de AGOSTO 2026 🎶 "Mi alma glorifica" 🎶 Evangelio de San Lucas 1, 39-56

 

Asunción de de la Virgen María: 15 de agosto de 2026



 La Asunción de María, el Triunfo de la Humildad

LECTURAS BÍBLICAS

1ª lectura: Apo. 11, 19ª; 12,1-6ª.10ab.                   

 2ª lectura: 1Cor. 15, 20-27ª

EVANGELIO

San Lucas 1, 39-56:

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Una fiesta de esperanza
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy la Iglesia se viste de fiesta para celebrar una de las solemnidades más bellas y consoladoras del año litúrgico: la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma a los cielos.
En pleno corazón del verano, cuando el cansancio del año se hace sentir, la liturgia nos invita a levantar la mirada al cielo. No miramos al espacio vacío, sino que contemplamos a una Madre que ya ha llegado a la meta. La Asunción no es un mito ni una simple tradición piadosa; es el dogma de fe que nos recuerda que María, por haber sido preservada del pecado, no conoció la corrupción del sepulcro. Ella participa ya de manera plena, en cuerpo y alma, de la victoria de su Hijo Jesús.
1. El secreto de María: La prisa por servir
El Evangelio de hoy nos muestra el camino que llevó a María a esta gloria tan alta. San Lucas nos dice que, tras recibir el anuncio del ángel, María se levantó y partió «de prisa» a la montaña para ayudar a su prima santa Isabel.
Es un detalle precioso. Quien llevaba en su seno al Rey del universo no se quedó en casa exigiendo atenciones. Al contrario, se hizo sierva. Salió al camino, cruzó montañas y se entregó al servicio doméstico de su familia.
Aquí radica el primer gran mensaje para nuestra vida: el camino hacia el cielo se construye en la tierra a través del servicio diario. María es elevada a lo más alto de los cielos porque primero supo abajarse a lo más humilde de la tierra. Su grandeza no nació del poder, sino de su capacidad de amar y servir sin reservas.
2. El Magníficat: La revolución de los humildes
Al encontrarse con Isabel, brota de los labios de la Virgen el canto del Magníficat. Es un canto de alabanza, pero también una declaración profética que sacude los cimientos de los criterios de este mundo.
María canta: «El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos».
Nuestra cultura actual nos repite constantemente que para ser felices hay que ser fuertes, ricos, independientes y famosos. Sin embargo, la fiesta de hoy demuestra que Dios tiene otra lógica. Dios se enamora de la pequeñez. La Asunción es la prueba definitiva de que las promesas del Magníficat son verdaderas: la humilde esclava de Nazaret es hoy coronada como Reina de la creación.
3. Nuestra carne tiene destino de eternidad
La segunda lectura de san Pablo a los Corintios nos recordaba que Cristo ha resucitado como «primicia» de los que durmieron. María, la primera y perfecta discípula, sigue los pasos de su Hijo.
Esto nos deja una enseñanza profundamente reconfortante sobre nosotros mismos. En un mundo que a veces idolatra el cuerpo físico a través de la estética, pero que al mismo tiempo lo maltrata o lo ve solo como un objeto descartable, la Asunción dignifica nuestra condición humana.
Esta fiesta nos dice que nuestros cuerpos, nuestra materia, el cansancio de nuestras manos y el sudor de nuestra frente importan para Dios. Tu cuerpo no está hecho para el polvo de la nada; está hecho para la resurrección. María nos precede en ese destino. Al contemplarla a ella en la gloria, vemos el reflejo de lo que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros al final de los tiempos.
 Un signo de consuelo
Hermanos, el Apocalipsis nos ha descrito hoy una batalla espiritual: la mujer vestida de sol frente al gran dragón del mal. Muchas veces sentimos que ese dragón (en forma de enfermedad, problemas familiares, injusticias o crisis de fe) nos acecha y nos debilita.
Pero hoy no es un día para el temor. María en el cielo es, como dice el Concilio Vaticano II, «signo de esperanza cierta y de consuelo para el pueblo de Dios que peregrina». Ella nos cuida con amor maternal y nos recuerda que el mal y la muerte no tienen la última palabra.
Que al salir hoy del templo renovemos nuestro deseo de caminar como ella: con los pies firmes en la tierra del servicio y los ojos puestos en la gloria del cielo.
Santa María, Asunta al cielo, ruega por nosotros. Amén.

viernes, 14 de agosto de 2026

Lectio Divina: 14 de agosto de 2026

 

Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

1.- Oración Introductoria.

Hoy, Señor, quiero pedirte por tantas parejas que fracasan; por tantos hombres y mujeres que se quisieron mucho y, con el paso del tiempo, llegan a odiarse, incluso a matarse. Los sueños de Dios sobre el matrimonio eran bellísimos, las intenciones no podían ser mejores: ponerles en un Jardín de delicias.   ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando? Te pido que ayudes a tantas parejas malogradas, a tantos niños que, sin ninguna culpa, tienen que pagar muy caro los errores de sus padres.

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer –no hablo de prostitución- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero Él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Jesús, en este texto, quiere luchar contra distintos frentes:

  • Quiere dejar bien clara la intención de Dios sobre el matrimonio al comienzo de la Creación: que vivieran siempre en un paraíso de delicias. El asombro y fascinación de Adán ante Eva, indica que el sueño de Dios es que los matrimonios fueran plenamente felices. A ese sueño nunca se puede renunciar.
  • La ley de Moisés permitiendo el divorcio es por la “dureza de corazón”. Notemos que Jesús no recrimina nada a Moisés sino que trata de comprenderlo al verse obligado a dar una solución ante problemas concretos que se le presentan; pero mantiene en pie la voluntad del Creador.
  • En lo que Jesús no puede estar en absoluto de acuerdo es en el modo de promulgar una ley donde sólo el varón tiene derecho a divorciarse y nunca la mujer. “Si uno se casa con una mujer y… descubre en ella “algo vergonzoso” le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa” (Dt. 24,1). Por eso, en el lugar paralelo de Marcos 10,12 se dice: “y si ella repudia a su marido y se casa con otro comete adulterio”. Está hablando a paganos y Marcos descubre muy bien la intención de Jesús.
  • Tampoco Jesús está de acuerdo en la interpretación laxista de la escuela de Hillel, donde se podía despedir a la mujer por cualquier motivo: porque se le había quemado la comida, o simplemente se había cansado de ella y ya no le gustaba. (La otra escuela de Sammai era más rigurosa). Por tanto, Jesús quiere reconducir al matrimonio a su prístina pureza, como corresponde a los “hijos del reino”, trata de comprender a los de “corazón duro”, y aprovecha la ocasión para hablar en contra de un “machismo escandaloso” y de una ley injusta en relación con la mujer.

         Palabra del Papa.

“Cuando imagino un corazón, lo imagino siempre de carne, rojo, palpitante, sano, fuerte, vigoroso, y transmitiendo vida. Pero podría también imaginar cómo es la imagen que representa a los fariseos el día de hoy: un corazón de piedra. Es un corazón muerto, grisáceo, seco, inmóvil, resistente, es un corazón que pesa, que causa dolor y transforma todo en muerte… «Nosotros debemos caminar con estas dos cosas que Jesús nos enseña: la verdad y la comprensión. Y esto no se resuelve como una ecuación matemática, sino con la propia carne: es decir, yo cristiano ayudo a esa persona, a aquellos matrimonios que atraviesan una dificultad, que están heridos, en el camino de acercamiento a Dios. Permanece el hecho que la verdad es aquella, pero esta es otra verdad: todos somos pecadores, en camino. Y siempre está este trabajo por hacer: cómo ayudar, cómo acompañar, pero también cómo enseñar a aquellos que se quieren casar, cuál es la verdad sobre el matrimonio.» (Homilía    de S.S. Francisco, 20 de mayo de 2016, en santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. A la luz de este texto intentaré conciliar el capítulo cuarto y el octavo de “Amoris laetitia” del Papa Francisco.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, tengo dentro de mí dos sentimientos encontrados: Me encanta tu plan, tu proyecto original sobre el matrimonio. Le dotaste de los elementos necesarios para que las parejas fueran felices. Pero la historia es tozuda y cada día nos encontramos con escenas muy desagradables y que a tantas personas les hacen sufrir mucho. Ayuda, Señor, a tantas parejas en situaciones conflictivas.

jueves, 13 de agosto de 2026

JUEVES 13 de AGOSTO 2026 🎶 "Setenta veces Siete" 🎶 Evangelio de San Mateo 18, 21-- 19, 1

 


Lectura reposada del evangelio: Mateo 18, 21-19,1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán. Palabra del Señor

Lectio Divina: 13 de agosto de 2026

 ¿Cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?


1.-Introducción.

Señor, Tú sabías muy bien que el perdón era totalmente necesario para la vida de comunidad. Por eso, en la oración del Padre Nuestro nos dijiste que teníamos que pedir cada día el pan: el pan material para “vivir” y el pan espiritual del perdón para “convivir”. Es imposible una vida de comunidad sin capacidad de perdonar. Señor, dame el don de saber perdonar de corazón a mis hermanos.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 18, 21-19,1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión.

Dentro del capítulo 18 sobre la “vida de fraternidad” el Señor ha insistido mucho sobre la necesidad del perdón. La razón es muy sencilla: Todos somos limitados, todos somos pecadores, todos nos equivocamos. Ante esta aplastante realidad, ¿qué podemos hacer? ¿Esforzarnos para evitar todo error, toda caída? Esto, además de llevarnos a una falsa humildad, no lo podríamos evitar dada nuestra situación de personas frágiles, débiles, limitadas. La única manera de salir de este atolladero es fomentar una gran capacidad de perdón. Pero no sirve una reconciliación superficial, se necesita una reconciliación “de corazón”. Ni bastan las palabras ni siquiera las buenas intenciones. No hay duda de que San Pedro tenía buenas intenciones cuando estaba dispuesto a perdonar “hasta siete veces” y sabemos que el siete es un número que indica perfección. Jesús le habla no de siete veces, sino de  “setenta veces siete”. Es como si Jesús le dijera: Pedro, ¿me pides una medida para el perdón? Te la voy a dar: “Hay que perdonar sin medida”.  Y para que esto lo entienda bien le propone una parábola de la “desmedida”. El rey le perdona al empleado “diez mil talentos”. Esto equivaldría a TRESCIENTAS CINCUENTA TONELADAS DE ORO. Y lo que ese empleado no está dispuesto a perdonar a su pequeño deudor equivaldría a TREINTA GRAMOS DE ORO. Lo que el Señor quiere dejar bien claro, a la hora del perdón, es que “no miremos las pequeñas deudas que unos a otros nos debemos”, sino la inmensa deuda que todos debemos a Dios. Si Dios nos perdona todo, nos perdona siempre, y nunca nos pasa factura, ¿Cómo vamos nosotros a tener una cara tan dura para no perdonarnos nuestros fallos que, por grandes que nos parezcan, siempre son pequeños e insignificantes, comparados con todo lo que le debemos a Dios?

“La Iglesia está llamada a sanar corazones heridos, a ser facilitadora en procesos de reconciliación, a educar acerca del perdón y a que sus miembros oren los unos por los otros como medio efectivo de la gracia de Dios” (P. Pablo Rojas).  

Palabra del Papa.

“Te pido perdón, Señor, por las veces que no he sabido perdonar cuando Tú no tienes límites al perdonarme. Te pido que me ayudes a comprender la debilidad del hombre. Dame un corazón grande, un corazón bondadoso. Que nunca ofenda a nadie y que todos puedan recibir consuelo en él. Dame, Jesús, unos ojos misericordiosos que se compadezcan de las necesidades del prójimo, y dame una lengua que siempre hable bien de los demás y de la que nunca salgan palabras duras. Dame la gracia de tener ese corazón tuyo. Que nunca me canse de perdonar y que siempre esté dispuesto a sufrir por mis hermanos. «El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos permite vivir así, ser así: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados.»   (Homilía de S.S. Francisco, 14 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Después de haber orado con este evangelio, buscaré a la persona con quien me siento todavía distanciado y le pediré perdón independientemente de su reacción. El perdón me sale del corazón. Y se lo ofrezco gratis.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque Tú eres Dios y no un mero hombre. Los hombres somos mezquinos, cicateros, egoístas. Tú siempre eres generoso, y lo tuyo es lo grande, lo inmenso, lo nunca visto. Así siempre, y así también con el perdón. Como el perdón te sale del corazón, no cabe límite, ni medida. Tu perdón es inmenso, infinito, inabarcable. Gracias, Señor, porque eres Dios y no un simple hombre.

martes, 11 de agosto de 2026

Evangelio del día 12 agosto 2026 (Si tu hermano peca, repréndelo a solas)

 

SAN JUAN PABLO II | 🎨 COLOREANDO Y CANTANDO 🎶 la vida de los Santos


 

🎨 COLOREANDO Y CANTANDO 🎶 la vida de los Santos es una serie pensada para que los niños descubran, a través del color y la música, la alegría de seguir a Jesús.

MARTES 11 de AGOSTO 2026 🎶 "Como un niño" 🎶 Evangelio de San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

 

 

Lectura reposada del texto. Mateo 18, 1-5. 10, 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?» Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron.  De igual modo, el Padre Celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños».Palabra del Señor

lunes, 10 de agosto de 2026

El Papa León XIV de visita en Lourdes el 26 y el 27 de septiembre de 2026 .(INSCRIPCIÓN)



Sábado, 26 de septiembre

Evangelio del día 10 agosto 2026 (San Lorenzo, diácono y mártir)

 

sábado, 8 de agosto de 2026

Domingo 19, tiempo ordinario: 9 de agosto de 2026

 

«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

INTRODUCCIÓN

 Las aguas turbulentas son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte. Jesús caminando sobre el mar significa su poder sobre todas las fuerzas del mal. Este texto está coloreado por el triunfo de Jesucristo Resucitado.  Jesús les dice las palabras que necesitan escuchar: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”. Quiere transmitirles su fuerza, su seguridad y su absoluta confianza en el Padre.

LECTURAS BÍBLICAS

1ª lectura: 1Reg. 19, 9ª.11-13ª.                    2ª lectura: Ro.9,1-5

EVANGELIO

San Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»  Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

REFLEXIÓN

La Imagen de una barca sacudida por las olas y Jesús metiéndose en esa misma barca donde van sus apóstoles no deja de ser sugerente, evocadora, con muchas aplicaciones para nuestra vida concreta de cada época y de cada día.

1.– La montaña y el mar.  La montaña es el lugar tradicional de las manifestaciones de Dios. Jesús, después de un día ajetreado, se eleva al ámbito de lo divino, está en la montaña, muy cerca de su Padre, y ésta es su propia casa. Allí respira el aire puro del Espíritu; allí se identifica con el programa que le ha preparado su Padre. No olvidemos que esto sucede después de la multiplicación de los panes y, según el evangelio de Juan, “Jesús sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña Él solo”. (Jn. 6,15). Jesús se retira porque hay peligro de un mesianismo triunfalista, como quería el pueblo. En la montaña, a solas con Dios, las cosas se ven de otra manera. Por otra parte, los apóstoles están en “el mar” que es lo más bajo, lo más profundo; allí está Leviatán, príncipe del mal, y ahí precisamente están los discípulos solos. Notemos el contraste: mientras los discípulos están solos en un mar agitado, Jesús permanece en la montaña, Aparentemente, lejos de ellos. En realidad, Jesús solo está lejos físicamente, pero espiritualmente está muy cerca porque “está orando por ellos”, metiéndolos en el mismo corazón del Padre.

Palabras del Papa León a los educadores de la fe:

“Os invito a actuar como pastores, educadores y amigos. Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios, pues ahí está la presencia de Jesús y la presencia de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Jesús no nos abandona”. (Viaje del Papa a España.  Vigilia de oración 7-06-2026).

2.– Jesús y los discípulos. Son muy significativas estas palabras del evangelio: ”Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca”.  Recordemos de nuevo el contexto: Tiene lugar después de la multiplicación de los panes. La gente está entusiasmada con Jesús. Y, en ese contexto, los discípulos están felices, saboreando las mieles de un mesianismo apoteósico. Jesús les apremia, les obliga a entrar en la barca y éstos entran a regañadientes, contra su deseo de hacerse importantes en un pueblo que quiere hacer rey a Jesús. Algo les tocará también a ellos. En sus cabezas ya está la idea de repartirse cargos honoríficos. Entre tanto la barca está siendo juguete de las aguas y ellos están solos. No es lo malo el que peligren sus posibles cargos; es que está en riesgo la propia vida. ¡No entienden el comportamiento de Jesús! Están en plena noche: y la noche temporal no es sino el signo de la noche que están viviendo en sus corazones. Pero Jesús no se hace esperar. De madrugada, con la luz de la mañana, va a alejar de ellos la oscuridad de la noche. Jesús aparece de una manera majestuosa “caminando sobre el mar” dominando por completo la situación. Y les llena de calma y serenidad cuando les dice: “Animo, soy yo, no tengáis miedo”. Al ver a Jesús se postraron y le adoraron, como a Dios. Hermosa profesión de fe. La postura ante Dios es la de adorar. Lo expresa muy bien el sabio hinduista Papaji: “Lo que sea que venga, déjalo venir; lo que quede, déjalo estar; lo que se va, déjalo ir. Quédate callado y adora al Ser”.

3.– Jesús y Pedro. Pedro, como siempre, es el más lanzado. Y se echa al mar. Mientras no deja de mirar a Jesús va muy bien; pero cuando mira a las olas, se hunde y comienza a temblar.   Mientras el Papa (y con él la Iglesia) camine sobre las olas de la debilidad, de la fragilidad, de la pobreza, de la vulnerabilidad, pero con las dos manos bien agarradas a la mano de Jesús, irá muy bien; pero si intenta ir a la orilla para pisar la tierra firme de la riqueza, los honores, la fama, los títulos etc. será la Iglesia de los hombres, pero ya no será la Iglesia de Jesús.

La Iglesia, hoy más que nunca, necesita apoyarse en Jesús, en el evangelio de Jesús. La Iglesia necesita “perder seguridades y ganar seguridad”. Necesita apoyarse en la roca de Jesús. Necesita decir AMEN a Jesús. Y esta palabra viene de la aramea “amán” que indica fortaleza, seguridad.   Y cuando esta Iglesia está edificada sobre la roca, pueden venir vientos y tempestades, pero no se hundirá.  “Estaba edificada sobre roca”. (Mt. 7,25).