/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.

lunes, 24 de agosto de 2026

LUNES 24 de AGOSTO 2026 🎶 "Antes que te llamara" 🎶 Evangelio de San Juan 1, 45-51

 

"Antes que te llamara" 🎶 Evangelio de San Juan 1, 45-51
Felipe fue a buscarlo, con el corazón sincero; «Hemos encontrado al Mesías, al Salvador verdadero». Natanael tuvo dudas, no lo pudo comprender; pero Felipe le dijo: «Ven conmigo y lo vas a ver». Cuando Jesús lo miraba, vio su alma y su verdad; «Aquí tienes un hombre justo, sin engaño ni falsedad». Natanael quedó sorprendido, sin saber qué responder: «¿Cómo sabes quién soy, Maestro? ¿Cómo me puedes conocer?» Antes que tú me buscaras, yo ya te había encontrado; antes que tú me llamaras, yo ya te había contemplado. Yo conozco tus caminos, yo conozco tu interior; aunque tú no me conozcas, yo ya conozco tu corazón. «Antes que Felipe te hablara, yo ya te pude mirar; estabas bajo la higuera, cuando nadie te pudo encontrar». Entonces cayó la duda, y nació dentro la fe; «Tú eres el Hijo de Dios, tú eres mi Rey, yo lo sé». Jesús le habló de los cielos, de una gloria por venir; «Verás cosas mucho más grandes si decides junto a mí seguir». Y aquel hombre que dudaba ya no quiso retroceder; cuando el alma encuentra a Cristo, ya no vuelve a ser como ayer. Tal vez piensas que estás solo, que nadie te puede ver; pero Dios conoce tu historia mucho antes de amanecer. Él conoce tus heridas, Él conoce tu padecer; y aunque dudes de su camino, te repite: «Ven a ver». No necesitas comprenderlo, solo aprende a responder; cuando Cristo diga tu nombre, ten el valor de creer. Antes que tú me buscaras, yo ya te había encontrado; antes que tú me llamaras, yo ya te había contemplado. Yo conozco tus caminos, yo conozco tu interior; aunque tú no me conozcas, yo ya conozco tu corazón. **Si alguna vez tienes dudas, si no sabes qué hacer, recuerda aquella palabra: «Ven conmigo y lo vas a ver». **Ven y verás, ven y verás, lo que Dios puede hacer; cuando te encuentras con Cristo, tu vida vuelve a nacer.

San Bartolomé, Apóstol y Mártir

 

Cada 24 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de San Bartolomé Apóstol, uno de los Doce elegidos por Jesucristo.

En el Evangelio de San Juan aparece con el nombre de Natanael, y es presentado como un hombre sincero que buscaba conocer la verdad.

Cuando Felipe le anunció que habían encontrado al Mesías, Jesús de Nazaret, Natanael respondió con cierta incredulidad: “¿Puede salir algo bueno de Nazaret?”.

Sin embargo, después de encontrarse personalmente con Jesús, reconoció en Él al Hijo de Dios y Rey de Israel.

A partir de entonces se convirtió en uno de los Doce Apóstoles y fue testigo de la vida, muerte y Resurrección de Cristo. Después de Pentecostés, según antiguas tradiciones, llevó el Evangelio a regiones de Oriente, llegando hasta Armenia.

La tradición cristiana afirma que sufrió un terrible martirio por permanecer fiel a Cristo. Por ello, suele ser representado con un cuchillo, símbolo de la forma tradicionalmente atribuida a su martirio. Su vida nos recuerda que una persona puede comenzar con dudas, pero un encuentro verdadero con Cristo puede transformar completamente su corazón. San Bartolomé Apóstol, testigo fiel de Jesucristo, intercede por nosotros. Ayúdanos a buscar siempre la verdad, a superar nuestras dudas y a reconocer a Cristo como nuestro Señor y Salvador. Danos valor para anunciar el Evangelio con la misma fidelidad con la que tú lo anunciaste.
Amén.

Evangelio del día 24 agosto 2026 (San Bartolomé, apóstol)

<

¡Hemos encontrado: a Jesús”

San Bartolomé

1.- Introducción.

Señor, Bartolomé se encontró con Felipe y éste lo llevó a Jesús. Hoy quiero comenzar mi oración dándote gracias por los encuentros que he tenido con hombres y mujeres que me han ayudado en mi camino de fe. ¿Qué hubiera sido de mí si no hubiera sido por mis padres, el párroco de mi pueblo, religiosas, laicos comprometidos?… Gracias, Señor, por tantas personas que pusiste en mi camino y me ayudaron a encontrarme contigo.

2.- Lectura reposada del evangelio: Juan 1, 45-51

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: Aquel de quien escribieron Moisés y la Ley y los Profetas lo hemos encontrado: a Jesús, hijo de José, de Nazaret. Natanael le replicó: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: Ven y verás. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Natanael le contesta: ¿De qué me conoces? Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Natanael respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

“Aquel de quien escribieron Moisés y la Ley y los Profetas lo hemos encontrado” Debajo de estas sencillas palabras se descubre la alegría, el entusiasmo, el asombro, el impacto que ha producido en Felipe el encuentro con Jesús. Esta experiencia tan singular y gratificante, no se la puede guardar, sino que tiene necesidad de comunicarla. Natanael es un tanto escéptico: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Pero Felipe no intenta convencerlo con palabras. Apela a la fuerza de la experiencia. Se limita a decirle: “Ven y verás”.  Y claro que vio, y quedó admirado de Jesús. El mejor piropo que le pudo echar Jesús fue éste: “Un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Estas palabras indican que Jesús se ha encontrado muchas veces con falsos israelitas, con fariseos hipócritas, con hombres de quienes uno no se puede fiar. Pero Natanael es distinto. Natanael se extraña de las palabras de Jesús: Te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Esta frase alude a la costumbre que tenían los judíos de leer la Biblia, a la puerta de su casa, con tranquilidad, y a la sombra de una higuera, para protegerse del sol.  Las palabras de Jesús: “veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre” aluden a la escala de Jacob. (Gn. 28,12). Al evangelista Juan no se le escapa el anunciar a Jesucristo como la “verdadera escala de Jacob”, el verdadero “Revelador del Padre”, el único “Mediador” entre el cielo y la tierra,

“Jesús viene a nosotros. Conoce el corazón de cada hombre, pero desea encontrarse personalmente con cada uno y revelarle su amor y verdad. Desea un encuentro de corazón a corazón. Eso fue lo que los apóstoles experimentaron en sus vidas, su mirada se cruzó con la del Señor y ambas tocaron su corazón. Nuestra vida  cristiana no puede sostenerse solo por palabras que escuchamos o leemos, sino que encuentra su sentido y verdad en el encuentro personal con el Señor. Un encuentro en el silencio de nuestro corazón, de que nace el deseo de seguirlo y permanecer con Él y ser su discípulo”. (H. Abraham Cortés)

Palabra del Papa.

«Ven y lo verás». Cada uno de nosotros ha llegado a conocer a Cristo gracias a otra persona. Un sacerdote nos bautizó y nos da los demás sacramentos; en casa o en la parroquia nos enseñaron el catecismo; seguramente algún amigo o amiga en concreto nos ha atraído más hacia la fe… En cada cristiano, a lo largo de los siglos, se repite el evento de Felipe, Natanael y Jesús. Gracias, Señor, por todos aquellos que me han llevado a Ti. ¿Qué sería de mí sin la ayuda de mis papás, de los sacerdotes, de mis amigos y hermanos en la fe? Gracias, Jesús, porque entraste en mi vida gracias a las personas que amo y sé que me aman; gracias por ser ese tesoro que he recibido de otros. Gracias, por la oportunidad de venir y verte, de conocerte más de cerca y de descubrir tu amor. Gracias porque, siendo el Hijo de Dios, has querido vivir entre nosotros. Quien ha conocido a Cristo, ha recibido el mayor don de esta vida”. (Homilía de S.S. Francisco, 18 de enero de 2015). 

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Silencio)

5.- Propósito. Buscar un lugar tranquilo y leer un trozo de la Biblia.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar hoy mi oración, te pido que me des “el celo” de Felipe que tiene prisa por comunicar la fe en Jesús; la “sinceridad” de Natanaél y su afición por leer la Palabra de Dios. Y la experiencia de alegría desbordante de los dos al encontrarse con JESÚS.

domingo, 23 de agosto de 2026

DOMINGO 23 de AGOSTO 2026 🎶 "Tú eres la Roca" 🎶 Evangelio de San Mateo 16, 13-20

 

"Tú eres la Roca" 🎶 Evangelio de San Mateo 16, 13-20
Jesús un día quiso saber, Qué pensaba el pueblo de su poder. “¿Quién dicen que soy?”, preguntó el Señor, Y todos hablaron con cierto temor. Unos decían que era Elías, Otros pensaban que Jeremías. Mas Pedro habló con el corazón: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Tú eres la Roca, Pedro fiel, Fundamento firme del cielo y la miel. La Iglesia nace de tu confesión, Y el mal no vence esta construcción. Llaves del Reino, don celestial, Atar y desatar, poder sin igual. Jesús anunció su Pasión, El camino duro de la redención. Pedro, asustado, quiso evitar, Que el Salvador tuviera que pasar. Pero el Maestro lo reprendió, “¡Apártate, Satanás!”, le dijo con dolor. “No ves como Dios, sino como el mundo”, Y reveló su plan más profundo. Hoy también Jesús nos quiere hablar, “¿Quién dices que soy?”, nos viene a preguntar. No basta el rumor, ni hablar por hablar, La fe verdadera se debe encarnar. Seguirle es cruz, es don y misión, Ser piedra firme con decisión. Tú eres la Roca, Pedro fiel, Fundamento firme del cielo y la miel. La Iglesia nace de tu confesión, Y el mal no vence esta construcción. Llaves del Reino, don celestial, Atar y desatar, poder sin igual. ¡Tú eres el Cristo, mi Salvador! Te sigo, Señor, con fe y con amor.

sábado, 22 de agosto de 2026

XXI Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) (23 de Agosto)


EXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Is. 22,19-23.                  

  2ª lectura: Ro.11,33-36

EVANGELIO

San Mateo 16, 13-20

--------------------------------------------

1. Introducción: La pregunta que lo cambia todo
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy el Evangelio nos sitúa en un escenario lejano, en Cesarea de Filipo, un lugar fronterizo rodeado de templos paganos. Allí, lejos del ruido de las multitudes, Jesús hace a sus discípulos la pregunta más crucial de todas. Primero les consulta por lo que dice la calle: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Las respuestas son variadas, respetuosas y elevadas: Elías, Jeremías, Juan el Bautista. Para la masa, Jesús es un gran personaje del pasado, un profeta admirable, un maestro ético.
Pero a Jesús no le basta con la opinión pública. Por eso da un giro directo y los mira a los ojos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». En ese "vosotros" estamos incluidos cada uno de nosotros hoy, en este banco de la iglesia, en medio de nuestra vida cotidiana, en este año 2026. Jesús no busca una definición de diccionario; busca una definición de nuestra propia vida.
2. La confesión de Pedro: El don de la fe
Pedro, con su habitual audacia, toma la palabra en nombre de todos y dice: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Es una respuesta perfecta. Pero Jesús inmediatamente aclara algo fundamental: «Esto no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en los cielos».
La fe verdadera no es el resultado de un estudio intelectual, ni de una tradición familiar que se sigue por pura inercia. La fe es un don, una gracia, un encuentro íntimo que el Padre siembra en el corazón humano. Pedro no llegó a esa conclusión por ser el más inteligente, sino por tener el corazón lo suficientemente abierto para escuchar la voz del Espíritu Santo.
A veces nos conformamos con una "fe de segunda mano": creemos porque nos lo enseñaron, porque es la costumbre o porque admiramos la doctrina de la Iglesia. Pero el Evangelio de hoy nos empuja a pasar de las respuestas aprendidas a una experiencia viva. Si Jesús te preguntara hoy directamente al corazón: «¿Quién soy yo para ti en tus problemas, en tus alegrías, en tu sufrimiento?», ¿qué le responderías?
3. La Iglesia edificada sobre la roca y el poder del servicio
Al ver la fe de Pedro, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Aquí encontramos la institución del primado de Pedro. Las lecturas de hoy nos hablan de llaves y de autoridad. En la primera lectura, el profeta Isaías nos muestra cómo Dios quita el poder a un mayordomo soberbio y se lo entrega a otro más fiel, colocándole la llave del palacio sobre el hombro.
En el Evangelio, Jesús entrega las llaves del Reino a Pedro. Pero no olvidemos nunca qué significa esto en el lenguaje de Jesús: la autoridad en la Iglesia es, y debe ser siempre, un servicio. Las llaves no son para cerrar el paso, sino para abrir las puertas de la misericordia de Dios. El poder de atar y desatar es el poder de liberar a los hombres del pecado y de unirlos al amor del Padre.
La Iglesia, compuesta por hombres débiles como Pedro —que más adelante negará a Jesús y que a menudo duda—, permanece en pie no por la fuerza humana, sino porque está sostenida por la promesa de Cristo: «El poder del infierno no la derrotará». La roca no es la perfección moral de Pedro; la roca es la fidelidad de Dios y la fe confesada.
4. La sabiduría incomprensible de Dios
San Pablo, en la segunda lectura, estalla en un himno de alabanza ante los misterios de Dios: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!».
Esto nos recuerda que el Mesías que Pedro confiesa no es un rey político ni un libertador militar. Es un Mesías que salvará al mundo a través de la entrega, de la humillación de la cruz y de la resurrección. Los caminos de Dios descolocan nuestros planes humanos de éxito, comodidad y control. Confesar a Jesús como el Señor significa aceptar también su estilo de vida: perder para ganar, servir para reinar, morir para vivir.
5. Conclusión y compromiso de vida
Hermanos, la liturgia de este domingo no nos deja indiferentes. Al salir hoy del templo, volvemos a nuestras casas, a nuestros trabajos y a nuestras realidades cotidianas con una tarea.
No podemos vivir de una fe prestada. Renovemos hoy nuestra adhesión personal a Jesucristo. Que nuestra respuesta a su pregunta no sea de palabra, sino con los hechos de nuestra vida: perdonando a quien nos ofende, tendiendo la mano al necesitado y manteniendo la esperanza en los momentos de oscuridad.
Que la Virgen María nos ayude a decir, como ella y como Pedro, un "sí" rotundo al plan de Dios, reconociendo siempre a su Hijo como el único Señor de nuestras vidas.
Amén.
-----------------------------------
1. Monición de entrada
Hermanos y hermanas, bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este XXI Domingo del Tiempo Ordinario. Hoy la Palabra de Dios nos sitúa ante una decisión fundamental en nuestra vida de fe. Jesús nos hace directamente la misma pregunta que formuló a sus apóstoles: ¿Quién es Él para cada uno de nosotros?. No se trata de repetir respuestas aprendidas, sino de reconocerlo con el corazón como nuestro Salvador y el motor de nuestras vidas. Con la alegría de sabernos comunidad reunida en su nombre, y con el deseo de renovar nuestra profesión de fe, comenzamos la Santa Misa cantando juntos. 
2. Monición a las lecturas
Escucharemos ahora la Palabra de Dios, que nos habla de confianza, autoridad y de los misterios insondables de su amor. En la primera lectura, el profeta Isaías nos muestra cómo Dios otorga el poder y las llaves de la autoridad a quien es fiel. San Pablo, en la segunda lectura, prorrumpe en un himno de alabanza ante la infinita sabiduría del Creador. Finalmente, en el Evangelio, seremos testigos de la confesión de fe de Pedro en Cesarea de Filipo y de cómo Jesús lo constituye como la roca sobre la cual edificará su Iglesia. Escuchemos con atención. [1, 2, 3]
  • Monición para la Primera Lectura (Isaías 22, 19-23): El profeta Isaías nos relata cómo Dios destituye a un funcionario soberbio para colocar en su lugar a un servidor de confianza, a quien le entrega las llaves de la autoridad. Esta lectura anticipa el poder espiritual que Cristo otorgará más tarde a Pedro. 
  • Monición para la Segunda Lectura (Romanos 11, 33-36): San Pablo concluye su profunda reflexión sobre el plan de salvación maravillándose ante los caminos de Dios, cuya sabiduría supera todo entendimiento humano.
  • Monición para el Evangelio (Mateo 16, 13-20): Escucharemos el momento crucial en el que Pedro, inspirado por el Padre, reconoce a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo, recibiendo la misión de guiar y sostener a la Iglesia. 
3. Oración de los fieles (Oración universal)
Sacerdote: Dirijamos nuestras súplicas a Dios Padre, que fundó su Iglesia sobre la roca de la fe, y pidámosle que escuche las intenciones de este pueblo que confiesa a su Hijo como el Señor. 
A cada intención respondemos juntos: "Señor, escucha nuestra oración".
  • Por la Iglesia universal y por el Papa: Para que el Señor lo sostenga con la fuerza de su Espíritu en su misión de guiar al pueblo de Dios, confirmando a sus hermanos en la fe verdadera. Roguemos al Señor.
  • Por los gobernantes y líderes de las naciones: Para que ejerzan su autoridad como un servicio a la justicia, la verdad y la paz, velando especialmente por los más desfavorecidos. Roguemos al Señor.
  • Por los que dudan de su fe o no conocen a Cristo: Para que el testimonio valiente y coherente de los cristianos les ayude a descubrir en Jesús al Salvador que da sentido a la vida. Roguemos al Señor.
  • Por los enfermos, los que sufren y los marginados: Para que experimenten el consuelo de Dios a través de nuestra caridad fraterna y nuestra solidaridad activa. Roguemos al Señor. 
  • Por nuestra comunidad parroquial: Para que seamos verdaderas piedras vivas en la construcción del Reino de Dios, viviendo unidos en el amor y en el servicio mutuo. Roguemos al Señor. 
Sacerdote: Escucha, Padre bondadoso, las oraciones de tu Iglesia. Concédenos lo que te pedimos con fe por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. [1]
4. Monición de ofertorio
Al presentar el pan y el vino en el altar, ofrecemos también nuestras propias vidas. Le entregamos al Señor nuestras debilidades, pero sobre todo nuestro deseo sincero de serle fieles. Que este sacrificio nos transforme para ser reflejo de su amor en el mundo. Con generosidad, presentamos las ofrendas.
5. Monición de comunión
Cristo, a quien hemos reconocido como el Hijo de Dios vivo, se hace ahora alimento para fortalecer nuestro caminar. Acercarnos a recibir la Sagrada Eucaristía es reafirmar nuestra unión con Él y con toda la Iglesia. Con un corazón limpio y agradecido, vayamos a comulgar. [
6. Monición de salida / despedida
Terminada nuestra celebración, volvemos a nuestras actividades cotidianas con una misión clara: dar testimonio con nuestras obras de que Jesús es nuestro Señor. Que la bendición de Dios nos acompañe y nos dé la fuerza para edificar su Reino allá donde vayamos. Podéis ir en paz. 

Domingo 21, tiempo ordinario: 23 de agosto de 2026

 

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

INTRODUCCIÓN

          Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Aparentemente, la respuesta de Pedro parece la correcta: TU ERES EL MESÍAS. Pero sólo aparentemente porque, a continuación, cuando Jesús les dice que el Mesías va a sufrir mucho, Pedro no acepta un Mesías que vaya a la Cruz. Jesús increpa a Pedro y le dice: Satanás, tú ponte detrás de mí. El camino lo marco yo y no tú.  Y Jesús jamás se desvía del camino señalado por el Padre. Jesús siempre es camino hacia el Padre.

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Is. 22,19-23.                    2ª lectura: Ro.11,33-36

EVANGELIO

San Mateo 16, 13-20:

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. “Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: “¡Dichoso tú, Simón, ¡hijo de Jonás!”, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

REFLEXIÓN

La pregunta de Jesús a los discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? es una pregunta abierta para todos los discípulos de Jesús de todos los tiempos. Es una pregunta concreta, incisiva, que nos lanza Jesús hoy a cada uno de nosotros. A lo largo del mismo evangelio se van dando distintas respuestas: unas falsas, otras insuficientes y  otras que son auténticas.  En la misma persona de Pedro se dan estas dos últimas.

1.– Respuestas falsas. Son las de todos aquellos que, en la práctica, no aceptan a Jesús como en el “centro”.  Uno de ellos es el “joven rico”. Era bueno, cumplía los mandamientos, buscaba salvarse, pero prefirió “su dinero” a Jesús. El texto nos dice que se quedó “muy triste”. Con dinero se pueden comprar muchas cosas, pero no la felicidad.  Otros ponen en el centro “el poder” A estos Jesús les dice que eso es propio de los poderosos de este mundo, pero “no debe ser así entre vosotros” (Lc. 22,25). Y los mismos apóstoles, mientras suben a Jerusalén, piensan en quién de ellos iba a ser el más importante. Tampoco ellos han puesto a Jesús en el “Centro”. Ahora bien, si Cristo no está en el centro, viviremos siempre “descentrados”. Y una persona descentrada no puede ser feliz.

2.– Respuestas insuficientes. Una de ellas es la de Pedro en el evangelio de hoy. No bastan las teorías ni las palabras solemnes. Es verdad que ha dicho que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Pero, a continuación, cuando Jesús les explica que este Mesías debe pasar por el sufrimiento y la Cruz, Pedro se lleva aparte a Jesús y le dice que eso no le puede pasar a Él. Jesús le contesta con dureza: “Apártate de mi vista, Satanás”. (Mt.16,23). No podemos separar a Cristo de la Cruz. Y los cristianos no podemos aceptar un cristianismo sin Cristo. Respuestas insuficientes son todas las que damos todos los días los cristianos que no somos consecuentes con nuestra fe; los que somos incoherentes; los que decimos y no hacemos, los que separamos fe y vida. Y todos los que predicamos, pero no damos trigo.

3.– Respuestas auténticas. También hay respuestas verdaderas. Una de ellas es la del mismo Pedro después de la multiplicación de los panes. Cuando todos se querían marchar, Jesús pregunta a sus discípulos: ¿También vosotros os queréis ir? Pedro, en nombre de todos, contesta: “Señor, ¿adónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6, 68).  No poner a Dios en el centro de la vida es lo mismo que sentirse perdido. Nos lo demostró muy bien el malhadado “corona-virus”. Respuesta auténtica es la del ciego de nacimiento que “tira la capa, da un salto, y sigue a Jesús por el camino”. (Mc, 10,50) Y el camino era el camino de Jerusalén donde se iba a encontrar con la Cruz. Y respuestas auténticas son las de miles de misioneros: religiosos, religiosas, laicos, que, de una manera silenciosa, dan la vida por Jesús. Y no digamos nada de tantos cristianos que, en pleno siglo XXI, son asesinados por el delito de ser cristianos. Como dice el Papa Francisco, en estos últimos años, ha habido más mártires en la Iglesia que en la época de las persecuciones romanas. Y respuestas auténticas han sido las de tantos profesionales de la salud, tantos militares, transportistas, comerciantes, y voluntarios en general que, en la pandemia, o sofocando fuegos, arriesgaron sus vidas, incluso llegan a morir por auxiliar a los demás.

Y, entre las respuestas auténticas, están las del Papa León XIV sobre la persona de Jesús: «El cristianismo no nació de una idea, sino de una carne; no de un concepto abstracto, sino de un vientre, de un cuerpo, de un sepulcro. La fe cristiana, en su esencia más auténtica, es histórica: se basa en hechos concretos, en rostros, en gestos y en palabras pronunciadas en una lengua, en una época y en un entorno. […] Dios eligió hablar en una lengua humana, caminar en una tierra, habitar lugares, casas, sinagogas, calles» (11-diciembre-2025).

🎶 “Sin espectador”, Reflexión hecha canción del Evangelio de Mateo 23,1-12

 

SANTA MARÍA REINA. 22 DE AGOSTO

 


SÁBADO 22 de AGOSTO 2026 🎶 "El que sirve primero" 🎶 Evangelio de San Mateo 23, 1-12

 

"El que se humilla" 🎶 Evangelio de San Mateo 23, 1-12
Jesús hablaba con gran verdad, su voz llamaba a la humildad. "Los fariseos imponen cargas, pero no ayudan a levantarlas." Buscan honores y admiración, pero su vida es solo ilusión. Quieren los puestos de gran honor, pero su orgullo es su peor error. El que se humilla, será exaltado, quien se engrandece, será humillado. No es el primero quien brilla más, sino el que sirve con humildad. "No busques títulos ni atención, tienes un Padre, Dios de amor. Uno es tu Guía, tu Redentor, Cristo es el único Maestro y Señor." Ser el más grande no es aparentar, es con amor a otros cuidar. Si quieres gloria en la eternidad, sirve en la tierra con caridad. El que se humilla, será exaltado, quien se engrandece, será humillado. No es el primero quien brilla más, sino el que sirve con humildad. Dame, Señor, un corazón, que no presuma, sino dé amor. Que en el silencio aprenda a ser, fiel servidor hasta el amanecer.

Evangelio del día 22 agosto 2026 (Ellos dicen, pero no hacen)

“Todos vosotros sois hermanos”.

1.- Introducción.

Señor, hoy en mi oración sólo te pido una cosa: que llegue a comprender tu mensaje, el proyecto del Padre sobre la humanidad, que llegue a descubrir aquello que más le agrada al Padre: el vernos unidos; y también lo que más le duele: el que rompamos esa unidad.

2.- Lectura reposada del evangelio, Mateo 23, 1-12

Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Estas palabras duras de este capítulo de Mateo obedecen a una situación histórica concreta: la Iglesia cristiana ha roto definitivamente con la sinagoga judía. Los seguidores de Jesús deben ser fieles a Jesús y no a los jefes de las sinagogas a quienes les gustan los halagos de la gente, los primeros puestos en los banquetes, que la gente les salude como “maestros” por las calles… Y, lo peor de todo es que sean incoherentes: “dicen pero no hacen”; “ponen cargas pesadas a la gente y ellos ni levantan un dedo para moverlas”. La Iglesia de Jesús debe tener otro estilo, otro talante, otra manera de ver las cosas. A Jesús no le gusta que a cualquiera de los humanos le llamemos “padre”. Hay peligro de confundirlo con el único y verdadero Padre que es Dios; padre cariñoso y lleno de ternura y misericordia. Tampoco quiere que a nadie se le llame “maestro”. Entre cristianos el único Maestro es Jesús, un maestro de vida. Todos los demás, incluidos los apóstoles, somos “discípulos”, es decir, personas que siempre estamos aprendiendo de Jesús. Y menos quiere Jesús que se le dé a nadie el título de “señor” porque uno sólo es el Señor, el que ha muerto y ha resucitado por nosotros. Está claro el pensamiento de Jesús: “todos vosotros sois hermanos”. Ahora bien, las diferencias, los títulos, los honores, las preferencias son un obstáculo para la auténtica fraternidad. “El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer… Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos. Esto no es debilidad, sino autentica fuerza. Quien lleva en si? el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor”.  (Cf Homilía de S.S. Francisco, 5 de abril de 2015).

Palabra del Papa

“En el pasaje de hoy, Jesús amonesta a los escribas y fariseos, que en la comunidad desempeñaban el papel de maestros, porque su conducta estaba abiertamente en contraste con la enseñanza que proponían a los demás con rigor. Jesús subraya que ellos «dicen, pero no hacen» (Mt 23, 3); más aún, «lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar» (Mt 23, 4). Es necesario acoger la buena doctrina, pero se corre el riesgo de desmentirla con una conducta incoherente. Por esto Jesús dice: «Haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen» (Mt 23, 3). La actitud de Jesús es exactamente la opuesta: él es el primero en practicar el mandamiento del amor, que enseña a todos, y puede decir que es un peso ligero y suave precisamente porque nos ayuda a llevarlo juntamente con él” (cf. Mt 11, 29-30). (Benedicto XVI, Ángelus, Plaza de San Pedro, 30 de octubre de 2011)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya reflexionado. (Guardo silencio).

5.-Propósito. Hoy haré un esfuerzo por descubrir que cada hombre con quien me encuentre es mi hermano y cada mujer es mi hermana.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, sé muy bien que una cosa es saber cosas bonitas de la amistad y otra muy distinta es tener un buen amigo. Y también sé que una cosa es llamarse hermano y otra muy distinta el serlo. Dame, Señor, la gracia de vivir en una comunidad de hermanos, de saber superar las diferencias y, sobre todo, de poder experimentar “lo bueno y hermoso que es vivir los hermanos unidos”.