LECTURAS BÍBLICAS
1ª lectura: Is.55, 10-11.
2ª lectura: Rm. 8, 18-23
EVANGELIO
San Mateo 13, 1-9:
Corazones que Acogen, Manos que Siembran
Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Las lecturas que acabamos de proclamar en este XV Domingo del Tiempo Ordinario nos regalan una de las imágenes más bellas y sugerentes de toda la Sagrada Escritura: Dios es un Sembrador apasionado y generoso.
El profeta Isaías nos recordaba que la Palabra de Dios es como la lluvia y la nieve que caen del cielo: no regresan vacías, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar. Y en el Evangelio de Mateo, Jesús nos describe a ese Sembrador que no escatima en recursos. Él no calcula dónde cae la semilla; la derrama con abundancia sobre el camino, entre las piedras, entre las zarzas y en la tierra buena. Dios no da a ningún corazón por perdido. Su amor y su gracia se ofrecen a todos por igual, esperando pacientemente a que esa semilla dé fruto.
Esta palabra cobra hoy una fuerza especial en nuestra diócesis al celebrar el Día del Misionero Diocesano Riojano. Bajo el hermoso lema de este año, "Gracias de corazón", nuestra Iglesia local vuelve sus ojos y sus oraciones hacia esos 105 misioneros y misioneras de La Rioja que están repartidos por todo el mundo. Ellos son los brazos y los pies de ese Dios Sembrador. Dejaron su tierra riojana para llevar la semilla del Evangelio a lugares de dificultad, pobreza o increencia. Con sus vidas, nos demuestran que la Palabra sigue viva y sigue siendo capaz de transformar los terrenos más áridos en campos fértiles. A todos ellos, hoy les decimos con profunda gratitud: ¡Gracias de corazón por vuestra entrega generosa!
Pero para ser sembradores fuera, primero hemos de ser tierra buena por dentro. La homilía de nuestra vida diaria se escribe en lo cotidiano. Y en nuestra diócesis, esa tierra buena se cultiva de manera admirable a través de la caridad y la entrega comunitaria
Hoy sábado 11 de julio, vivíamos un momento precioso de siembra espiritual. Como cada día 11 de mes, algunos miembros de la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de La Rioja nos reunimos en la Parroquia de San Pío X para celebrar la Eucaristía. Aquí, a los pies de la Virgen de Lourdes y recordando su primera aparición a Santa Bernardita, se hizo visible el milagro de la "tierra buena". En esa parroquia, los enfermos, los hospitalarios y los fieles se convirtieron en un solo corazón. Al rezar juntos, al ofrecer el dolor y el servicio, la Hospitalidad nos enseña a limpiar nuestro terreno interior de las "zarzas" del egoísmo y de las "piedras" del desánimo. El sufrimiento, cuando se une a la cruz de Cristo y al manto de María, se convierte en la tierra más fértil que existe.
Hermanos, el Evangelio de hoy nos lanza una pregunta directa a cada uno de nosotros: ¿Qué tipo de terreno somos?
- ¿Somos como el camino, distraídos por el ruido del mundo, dejando que las preocupaciones nos roben la fe?
- ¿Somos como las piedras, entusiastas al principio pero asustados ante las dificultades?
- ¿O dejamos que las zarzas del materialismo y las prisas ahoguen nuestra vida de oración?
Pidámosle hoy al Señor, por intercesión de la Virgen de Lourdes, que prepare nuestro corazón para ser tierra buena. Que el ejemplo de nuestros misioneros riojanos en el extranjero, y el testimonio de fe y servicio de nuestra Hospitalidad diocesana de La Rioja, nos impulsen a acoger la Palabra de Dios. Solo así podremos dar fruto abundante —al ciento, al sesenta o al treinta por uno— y convertirnos, también nosotros, en sembradores de esperanza en medio de nuestro mundo.
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