EUCARISTÍA
PARROQUIA SAN PÍO X
19:00
HOMILÍA: "Centinelas de la caridad y peregrinos hacia el Cielo"
Queridos hermanos y hermanas:
Nos reunimos en esta tarde de sábado para anticipar la alegría del Día del Señor en nuestra Parroquia de San Pío X. Lo hacemos en un contexto comunitario verdaderamente extraordinario, cargado de gracia y de una profunda emoción. Hoy es 5 de mes, el día en que nuestra comunidad se convoca para una cita de amor absoluto: la Adoración al Santísimo Sacramento. Y providencialmente, este día 5 coincide con la memoria litúrgica de Santa Teresa de Calcuta, de quien tenemos la inmensa bendición de custodiar en nuestro templo sus reliquias de primer y segundo grado.
Pero el mapa del amor de Dios en nuestra parroquia no termina ahí. Contamos también con la presencia de una reliquia vinculada a la Hospitalidad de Lourdes de La Rioja. Las reliquias no son objetos del pasado; son ventanas al cielo que nos recuerdan que la santidad es una tarea para el día a día. Ambos testimonios nos hablan de lo mismo: el amor de Dios hecho servicio, entrega y cuidado del que sufre.
Las lecturas que la Iglesia nos regala hoy iluminan con fuerza este misterio de comunión. En la Primera Lectura, el profeta Ezequiel nos recuerda que Dios nos ha constituido "centinelas" de nuestros hermanos. El centinela es el que vela en la noche, el que está atento, el que cuida que el peligro no arrastre a los suyos. San Pablo, en la Segunda Lectura, nos desvela cómo ejercer hoy ese oficio: “A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley”. El amor no hace daño al prójimo.
Santa Teresa de Calcuta fue la gran centinela de las periferias del mundo. Escuchó el grito de Jesús en la cruz, "Tengo sed", y lo sació amando a Cristo escondido bajo el doloroso rostro de los más pobres entre los pobres. Del mismo modo, la Hospitalidad de Lourdes es una escuela de centinelas: hombres y mujeres que se hacen servidores de los enfermos, llevándoles el consuelo, el agua de la esperanza y la dignidad en medio del dolor físico.
Este espíritu de servicio y de amor ante el sufrimiento cobra hoy un rostro muy concreto y conmovedor en nuestra Eucaristía. Pedimos con fe y esperanza por el eterno descanso de Jesús Alberto, quien ha fallecido esta semana tras afrontar una larga enfermedad. Él guardaba en su corazón un deseo muy profundo: ir en peregrinación al Santuario de Lourdes. Por motivos de su salud, ese anhelo no pudo cumplirse aquí en la tierra.
Sin embargo, la fe nos asegura que hoy Jesús Alberto ya no necesita viajar a ningún santuario terrenal. La Virgen María, que se le apareció a Santa Bernardita, habrá salido a su encuentro para tomarlo de la mano y presentarlo ante el trono de su Hijo Jesús. Su larga enfermedad y sus dolores han quedado atrás; ahora participa de la peregrinación definitiva en la Jerusalén celestial, donde no hay llanto ni dolor. Su deseo se ha cumplido con creces en la eternidad del Padre.
El Evangelio de San Mateo nos regala una hoja de ruta para cuidar la vida comunitaria a través de la corrección fraterna, pidiéndonos sanar las relaciones desde el respeto y el perdón. Y culmina con una promesa que es el motor de nuestra Adoración de esta tarde: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Si Jesús promete estar donde hay dos o tres, ¡cuánto más se derrama su gracia cuando nos postramos juntos, como parroquia, ante el Santísimo Sacramento! Todo el servicio de Madre Teresa nacía de sus horas de rodillas frente a la Custodia; no podía ir a los pobres sin llenarse antes de Jesús Sacramentado. El servicio a los enfermos en Lourdes brota, igualmente, de la adoración y la bendición eucarística.
Al acercarnos al altar y, posteriormente, al comenzar nuestro tiempo de Adoración, miremos las reliquias que embellecen nuestra parroquia. Que la presencia de Santa Teresa de Calcuta, el espíritu de la Hospitalidad de Lourdes de La Rioja, y el recuerdo agradecido de nuestro hermano Jesús Alberto nos impulsen a no salir de este templo igual que entramos.
Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen y de la Madre Teresa, la gracia de un corazón limpio para adorarle en la Hostia Santa, el consuelo para la familia de Jesús Alberto, y la valentía para ser verdaderos centinelas que sirvan a Cristo en cada hermano que sufre.
Que así sea.
RELIQUIAS DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA
Oh Dios, que llamaste a santa Teresa de Calcuta, virgen, para que correspondiera al amor de tu Hijo, sediento en la cruz, con una eximia caridad hacia los más pobres, te pedimos que nos concedas, por su intercesión, servir a Cristo en los hermanos afligidos. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén
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