/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.: Homilía para el XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (4 de octubre de 2026)

sábado, 3 de octubre de 2026

Homilía para el XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (4 de octubre de 2026)

 


Lecturas del Día

  • Primera Lectura (Isaías 5, 1-7): El profeta entona el "canto de la viña". Dios es el dueño que ha preparado con todo esmero y cariño su viña (la casa de Israel), esperando que dé uvas buenas y dulces; sin embargo, esta dio frutos agrios y amargos (desamor, injusticia, sangre derramada).

  • Salmo Responsorial (Salmo 79): “La viña del Señor es la casa de Israel”. Una súplica confiada pidiendo a Dios que vuelva sus ojos, visite su viña, la proteja con su diestra y le devuelva la vida.

  • Segunda Lectura (Filipenses 4, 6-9): San Pablo nos anima a vivir sin ansiedad, presentando siempre nuestras peticiones a Dios en la oración con acción de gracias. Promete que la paz de Dios custodiará nuestros corazones y nos invita a poner por obra todo lo verdadero, noble, justo y amable.

  • Evangelio (Mateo 21, 33-43): Jesús narra la parábola de los labradores homicidas. Los arrendatarios de la viña, movidos por la codicia, rechazan una y otra vez a los enviados del dueño y terminan sacando fuera de la viña y matando al propio hijo del propietario para quedarse con la herencia. Concluye Jesús señalando que el Reino de Dios se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

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Hermanos, las lecturas de hoy nos presentan una imagen muy clara: la viña del Señor.

En la primera lectura, el profeta Isaías nos describe a Dios como un agricultor apasionado que lo ha hecho todo bien por su viña —nosotros—, cuidándola con mimo y esperanza. Sin embargo, cuando llega el tiempo de la cosecha, en lugar de uvas buenas, solo encuentra frutos agrios.

En el Evangelio, Jesús retoma esta idea con la parábola de los labradores malvados. El dueño confía en ellos y les deja su tierra, pero ellos olvidan que son administradores y se creen dueños absolutos. Rechazan a los enviados y terminan expulsando y matando al hijo heredero. Es la historia de nuestra propia debilidad: cuántas veces actuamos como si fuéramos dueños de nuestra vida, de los demás e incluso de Dios, sacándolo de nuestros planes cuando nos incomoda.

Y, sin embargo, la gran lección de hoy es que el amor de Dios es más fuerte que nuestro rechazo. Jesús, a quien los hombres arrojaron fuera de la viña en la cruz, se ha convertido en la piedra angular, en el cimiento de nuestra salvación. Dios no destruye la viña; nos da una nueva oportunidad.

¿Cómo podemos dar buenos frutos y no caer en el egoísmo? San Pablo nos da la clave en la segunda lectura: "No os inquietéis por nada; presentad vuestras peticiones a Dios mediante la oración y la acción de gracias".

Que hoy le pidamos al Señor que quite de nuestro corazón la acidez del egoísmo y nos conceda su paz, para que nuestra vida sea tierra fértil que dé frutos abundantes de bondad, justicia y amor. Que así sea.

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