Dirigida por José María Zavala (El Misterio del Padre Pío, Renacidos y Wojtyla.La investigación), la nueva pelicula Amanece en Calcuta es un cántico a una pequeña-gran mujer que entregó su vida a los más pobres de entre los pobres. Si algo sigue enseñándonos Santa Teresa de Calcuta es que esta capital de la India está presente hoy en todas partes. En tu ciudad hay también una "Calcuta" donde malviven personas necesitadas de Amor, con mayúscula. Con el ritmo trepidante de un thriller, "Amanece en Calcuta" ofrece los testimonios entrelazados de seis personas que siguen jugándose hoy la vida en los lugares más remotos del planeta para dar a conocer y amar a Cristo, según la espiritualidad de la Madre Teresa. Con una Banda Sonora Original maravillosa, que incorpora incluso instrumentos musicales de la India, la película impactará a buen seguro en el corazón de muchas personas, especialmente de aquellas que siguen instaladas en su "zona de confort" ignorando lo que sucede al otro lado de la realidad. El impacto de estas historias será brutal.
Texto del Evangelio (Jn 8,31-42):En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre».
Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham». Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios». Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado».
«Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy»
Texto del Evangelio (Jn 8,21-30):En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos:«Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?». El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados».
Entonces le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo». No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él». Al hablar así, muchos creyeron en Él.
La Amoris Laetitia es una Exhortación Apostólica fruto de dos Sínodos de los obispos convocados por el Papa Francisco. Se hace una distinción entre los diferentes documentos oficiales de la Iglesia y su rango en ese listado.
Texto del Evangelio (Jn 8,1-11):En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.
Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?». Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.
Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».
Texto del Evangelio (Jn 12,20-33):En aquel tiempo, había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Él les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
»Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre». Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré». La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel». Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
Les damos la más cordial bienvenida a esta celebración litúrgica. Llegamos ya casi finalizando la cuaresma, a dos semanas escasas para el Triduo Pascual. Las lecturas de hoy nos recuerdan la inminencia de esa celebración central: la muerte y la resurrección de Cristo Jesús.
Con la esperanza de participar también un día en el banquete celestial, dispongámonos a iniciar esta santa misa. De pie, cantamos.
REUNIDOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR
Moniciones para cada lectura
Primera lectura (Jeremías 31, 31-34)
Leemos hoy la famosa página del profeta Jeremías, la primera vez que en el AT se anuncia que va a haber una "nueva Alianza", después del fracaso de la primera por parte del pueblo infiel.
Salmo responsorial (Salmo 50)
El autor del salmo 50 hace suyos los sentimientos del profeta Isaías, reconociendo ante Dios la realidad del pecado. Nosotros también clamamos diciendo:
Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Segunda lectura (Hebreos 5, 7-9)
Es breve pero impresionante este pasaje que vamos a escuchar del autor de la carta a los Hebreos, que nos presenta un Mediador, un Sacerdote que sabe lo que es el dolor y el sufrimiento
Evangelio (Juan 12, 20-33)
En tres domingos sucesivos se nos presentan -en este ciclo B- otros tantos símbolos expresivos que nos permiten entender mejor el misterio de la Pascua del Señor: el templo que él reedificará en tres días, la serpiente levantada que cura a quien le mira con fe, y hoy el grano de trigo.
Homilía
La fidelidad y la constancia del hombre en sus compromisos con Dios resultan, la mayoría de las veces, bastante calamitosas, como hemos podido escuchar en la primera lectura. En esta reflexión también va dirigida a cada uno nosotros, reconociendo todas nuestras infidelidades, y todas las faltas a los compromisos asumidos como personas creyentes. El profeta Jeremías anuncia, de parte de Dios, el establecimiento de una alianza nueva. No es Dios quien ha invalidado la antigua, pues el es siempre fiel, ha sido el hombre, hemos sido nosotros, los que le hemos dado la espalda una y otra vez. Así que, puesto que esa alianza antigua ha sido permanentemente invalidada por la infidelidad humana, Dios establecerá otra alianza diferente a la primera. Pero, para eso, Dios tendrá que elaborar una nueva estrategia; y esa estrategia pasa por el perdón, pasa por el olvido de las culpas pasadas, de los pecados históricos, de la infidelidad a lo largo del tiempo. Solo desde ese perdón será posible un nuevo pacto. Es vedad que los términos de la alianza siguen siendo los mismos: Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Pero es tal la confianza de Dios en los hombres, que espera que reaccionen positivamente a su bondad y a su misericordia. No será una ley escrita en piedra, sino escrita en los corazones. El primer paso de esta nueva alianza lo da Dios, el segundo tiene que darlo el hombre, tenemos que darlo nosotros. Esta nueva alianza es la que ha llevado a cabo Jesús, en él, en su muerte, en su cruz y en su resurrección, Dios nos ha perdonado y redimido. La profecía de Jeremías se cumple y llega a su plenitud en la figura de Jesús.
Del discurso de Jesús en el evangelio, lo que realmente nos interesa, es que anuncia con solemnidad que ha llegado su hora. El ejemplo del grano de trigo le es perfectamente aplicable. Jesús va a ir a la cruz y lo va a hacer llevando al límite su amor y su fidelidad al Padre. Con su ejemplo nos quiere transmitir, que aferrarse a lo que en la vida nos esclaviza, y nos aleja de los demás, es perderla. Y que ser desprendido por generosidad, por entrega, por amor, es ganarla.
Como antesala de la Semana Santa, las lecturas nos proponen reflexionar y profundizar acerca del sentido de la muerte del Señor. Cosa que no es fácil, porque una de nuestras tentaciones es la de saltar del Jueves Santo al Domingo de resurrección, dejando de la lado todo lo que sucede el Viernes. La cruz es el gran misterio y la gran aportación de la experiencia cristiana a la realidad humana, a esa realidad ante la que nos encontramos desorientados. A falta de respuestas a los por qué mas inquietantes y angustiosos del ser humano -la enfermedad, el fracaso, la muerte- nuestra referencia es un Cristo crucificado, solidario hasta el final con la condición humana y sus necesidades. La sombra de la cruz se va alargando en la vida de Jesús, como se alarga en la vida del discípulo que ha comprendido que no es mas que su maestro. Esa cruz, que es testimonio de vida, es la que atrae las miradas, la que provoca interrogantes, la que vuelve a suscitar curiosidad por conocer a Jesús y la que en definitiva abre caminos a la esperanza y nos dirige hacia la resurrección.
Nuestra oración hoy es, Señor, cuando vamos a celebrar los misterios de la Semana Santa, danos valor para vivir todo lo que significan, abre nuestra mente para comprender lo que a través de ellos nos quieres comunicar a cada uno de nosotros, y danos fuerza para ser fieles a ellos.
Se lo pedimos al Señor, y lo hacemos especialmente para los que estamos aquí, y lo hacemos recordando a los que menos tienen, a los que están solos, o enfermos, a los que necesitan de nosotros y nosotros les damos de lado.
TE PRESENTAMOS EL VINO Y EL PAN
Oración de los fieles
Para que el papa, obispos y sacerdotes sean fieles a su ministerio. Oremos.
Para que nuestros gobernantes busquen con verdadera responsabilidad el bien d todos.
Para que todos aquellos que sufren la esclavitud del pecado puedan recorrer el camino del grano de trigo. Oremos.
Para que todos nosotros descubramos la ley que Dios puso en nuestros corazones y la vivamos a imagen de Jesús
Presentación de las Ofrendas
Presentemos ahora al Señor las ofrendas de Pan y Vino. También entreguémosle nuestro corazón quebrantado y humillado para que él nos lo renueve. Cantamos...
Comunión
"Oh Dios, crea en mí un corazón puro" hemos aclamado con el salmista. Con ese corazón puro vayamos cantando a comulgar
SOIS LA SEMILLA
Final
Con la Semana Santa cada vez más cerca, vayamos a nuestros hogares a prepararnos con más intensidad para vivir mejor la Semana Mayor.
«Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre»
Texto del Evangelio (Jn 7,40-53) En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: «Éste es verdaderamente el profeta». Otros decían: «Éste es el Cristo». Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?».
Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?». Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre». Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos».
Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?». Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta». Y se volvieron cada uno a su casa.
«José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer»
SAN JOSÉ, RUEGA POR NOSOTROS
Texto del Evangelio (Mt 1,16.18-21.24a):Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado.
Por la señal, de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Nuestro. En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para empezar todos los días
Oh gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos, como fieles católicos, a la santa familia de tu Hijo que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida, y sobre todo los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias, la de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad; la de un sincero amor y devoción a Jesús y María, y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos. Concédenos además la gracia especial que te pedimos cada uno en esta novena.
Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.
Oración del día correspondiente
Jesús, así como has elegido por medio de tu Vicario en la tierra a tu amado padre para protector de tu Santa Iglesia Católica, así te suplicamos humildemente por intercesión de San José, nos concedas el que seamos verdaderos y sinceros católicos, que profesemos sin error la fe católica, que vivamos sin miedo una vida digna de la fe que profesamos, y que jamás puedan los enemigos ni aterrarnos con persecuciones, ni con engaños seducirnos y apartamos de la única y verdadera religión que es la Católica.
Oración final para todos los días
Oh custodio y padre de Vírgenes San José a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María; por estas dos queridísimas prendas Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.
Jesús, José y María
os doy mi corazón y el alma mía.
Jesús, José y María
asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María
con Vos descanse en paz el alma mía.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Antífona
Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba de José.
V. San José, ruega por nosotros.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oración final
Oh Dios que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos. Oh Dios que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En la fiesta de la Sagrada Familia, el Papa anunció un Año dedicado a la Familia que se inicia el 19 de marzo de 2021, Solemnidad de San José
En la fiesta de la Sagrada Familia que representa el ideal del amor conyugal y familiar, el Papa Francisco convocó un Año especial dedicado a la familia. Comenzará el 19 de marzo de 2021, coincidiendo con el quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia y finalizará con la celebración del X Encuentro Mundial de las Familias programado aquí en Roma en junio de 2022.
«Este Año especial será una oportunidad para profundizar en los contenidos del documento Amoris laetitia, a través de propuestas e instrumentos pastorales, que se pondrán a disposición de las comunidades y familias eclesiales, para acompañarlos en su camino», explicó el Papa.
«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido»
Texto del Evangelio (Jn 5,31-47):En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.
»Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.
»Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».
Por la señal, de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Nuestro. En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para empezar todos los días
Oh gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos, como fieles católicos, a la santa familia de tu Hijo que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida, y sobre todo los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias, la de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad; la de un sincero amor y devoción a Jesús y María, y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos. Concédenos además la gracia especial que te pedimos cada uno en esta novena.
Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.
Oración del día correspondiente
Jesús, que en la hora de su muerte consolaste a tu glorioso padre, asistiendo juntamente con tu Madre su esposa a su última agonía, te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos concedas una muerte semejante a la suya asistido de tu bondad, de tu Santísima Madre y del mismo glorioso Patriarca protector de los moribundos, pronunciando al morir vuestros santísimos nombres, Jesús, María y José.
Oración final para todos los días
Oh custodio y padre de Vírgenes San José a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María; por estas dos queridísimas prendas Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.
Jesús, José y María
os doy mi corazón y el alma mía.
Jesús, José y María
asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María
con Vos descanse en paz el alma mía.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Antífona
Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba de José.
V. San José, ruega por nosotros.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oración final
Oh Dios que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos. Oh Dios que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En el capítulo 8 de Amoris Laetitia, el papa Francisco reflexiona sobre la situación de los divorciados y otras circunstancias "irregulares" dentro de la Iglesia Católica.
«En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna»
Texto del Evangelio (Jn 5,17-30):En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.
Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».
Por la señal, de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Nuestro. En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para empezar todos los días
Oh gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos, como fieles católicos, a la santa familia de tu Hijo que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida, y sobre todo los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias, la de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad; la de un sincero amor y devoción a Jesús y María, y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos. Concédenos además la gracia especial que te pedimos cada uno en esta novena.
Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.
Oración del día correspondiente
Oh benignísimo Jesús, así como por seguir la voluntad de tu padre celestial permitiste que tu amado padre en la tierra padeciese el vehementísimo dolor de perderte por tres días, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que antes queramos perder todas las cosas y disgustar a cualquier amigo, que dejar de hacer tu voluntad; que jamás te perdamos a ti por el pecado mortal, o que si por desgracia te perdiésemos te hallemos mediante una buena confesión.
Oración final para todos los días
Oh custodio y padre de Vírgenes San José a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María; por estas dos queridísimas prendas Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.
Jesús, José y María
os doy mi corazón y el alma mía.
Jesús, José y María
asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María
con Vos descanse en paz el alma mía.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Antífona
Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba de José.
V. San José, ruega por nosotros.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oración final
Oh Dios que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos. Oh Dios que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.