/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.

miércoles, 24 de julio de 2024

Santiago, Apóstol: 25 de julio de 2024

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 El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor

INTRODUCCION

Señor, hoy vengo a la Santa Misa y escucho de tus labios unas palabras difíciles de entender: “No sabéis pedir”. ¿Es posible que haciendo oración todos los días, me digas que no sé pedir? Con humildad, debo confesar que es así.   Ni la madre de los zebedeos, ni sus hijos, ni los demás apóstoles sabían pedir. Y yo tampoco. Reconozco que es egoísta mi oración. Dime Tú cómo tengo que pedir. Haz que yo esté dispuesto a beber la copa que Tú ya has bebido.

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Hech.4,33; 5.12.27-33.12,2.        2ª lectura: 2Cor. 4,7-15

EVANGELIO

Mateo 20, 20-28

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Ella le dice: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Le dicen: «Sí, podemos». Les dijo Jesús: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

MEDITACIÓN-REFLEXIÓN

Jesús nos dijo: “No será así entre vosotros”. Pero la historia es tozuda y nos dice; “Ha sido y sigue siendo así entre nosotros”. Creo que seguimos con la misma dinámica de los dos hermanos. Y para confirmar lo que digo no necesito ir a Roma. El escándalo lo llevo dentro de mi propio corazón. Me gusta ser importante, me gusta que me sirvan, me gustan los primeros puestos, me gusta todo lo que se opone al proyecto de Jesús. Estamos aquí para servir, para lavar los pies, para dar de comer al hambriento, para hacer la vida más agradable a la gente que lo pasa mal, aunque esto suponga que yo debo sacrificarme. Que quede claro que Santiago no mató ni a moros ni a nadie. Santiago se dejó matar por dar testimonio del Evangelio de Jesús. Ese Santiago que pedía los primeros puestos, fue trabajado por Jesús y fue capaz de “beber la copa del dolor” para parecerse más a él. Ojalá que en la España actual desaparezcan los “Santiagos- mata-moros”, los intolerantes, los que quieren imponer el evangelio por la fuerza de la espada. Y aparezca el verdadero Apóstol, el  que quiere convencer con la fuerza de la verdad. la humildad y la bondad. El que rubrica con su propia sangre la verdad que predica.  El Papa Francisco nos advierte:” Existe el riesgo de no entender la verdadera misión del Señor: esto sucede cuando se aprovecha de Jesús, pensando en “el poder”. Esta actitud se repite en los evangelios. Muchos siguen a Jesús por interés. Incluso entre sus apóstoles: los hijos de Zebedeo querían ser, uno, primer ministro y el otro, ministro de economía, querían el poder. Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia, se vuelve oscura, se pierde y se convierte en querer algo del poder. Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del estupor religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja personal” (Cf S.S. Francisco, 20 de abril de 2015, Santa Marta).

PREGUNTAS

1.- Cuando busco a Jesús, ¿qué busco? ¿Mis intereses personales o la voluntad del Padre?

2.- Ser cristiano es estar dispuesto a responder a esta pregunta: ¿Puedes beber el cáliz que yo he de beber? Soy realmente cristiano si   con decisión y humildad digo: PUEDO.

3.- Como Santiago, ¿estoy dispuesto a jugarme el tipo por Jesús?

Evangelio del miércoles 24 de julio de 2024

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Salió el sembrador a sembrar

1.- Introducción.

Señor, yo necesito una siembra de tu palabra. Y necesito que la siembres Tú, el mejor sembrador. Necesito que la semilla de tu palabra caiga sobre mí “como lluvia que empapa la tierra” y la hace fructificar. No me interesa, de momento, la cosecha. Eso es cosa tuya. Me interesa la siembra, el quedar sembrado de verdad, de bondad, de dulzura, de misericordia.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 13,1-9

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.  Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.  ¡El que tenga oídos, que oiga!».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Lo más importante de la parábola tal y como fue pronunciada por Jesús está condensado en tres verbos: “salir”, “sembrar”, “cosechar”.

1.- Salir. “Salió el sembrador”. No se quedó en casa guardando la semilla en el granero, conservándola.  Salió a pesar del riesgo. Salió convencido de que no podía quedarse con la semilla sin sembrarla. Y salió con gozo, con ilusión, con esperanza. Saliendo puede ocurrir que haya o no haya cosecha. Pero sin salir, es seguro que nunca habrá cosecha. El fracaso no consiste en no obtener cosecha; el fracaso está en “no haber sembrado”.

 2.- Sembrar. Lo sembró todo: No sólo la buena tierra, sino los caminos, las piedras, los espinos. Derrochó la semilla. No se cansó de sembrar. Para indicarnos que lo nuestro es “sembrar”, sembrarlo todo, gastar la vida sembrando. Nunca hay que cansarse de sembrar el bien. Lo nuestro es sembrar. La cosecha es cosa de Dios.

3.- Al final, un cosechón. En Israel una cosecha se consideraba normal si daba el siete por uno. Nunca se pensaba en un 30, 60, o 100. Pero la cosecha es de Dios. Lo que vamos a cosechar es mucho más de lo que hemos sembrado. Nosotros sembramos en mezquindad. Dios fructifica en generosidad. El derroche, la sin medida, la abundancia es lo propio de Dios.

Palabra del Papa.

Yo estoy seguro de que la simiente puede caer en buena tierra… «No padre, yo no soy buena tierra, soy una calamidad, estoy lleno de piedras, de espinas, y de todo». Si puede que eso hay arriba, pero haré un pedacito, haré un cachito de buena tierra y dejaré que caiga allí, ¡y vas a ver cómo germina! […] Todos en silencio, miremos al corazón y cada uno dígale a Jesús que quiere recibir la semilla. Dígale a Jesús: mirá Jesús las piedras que hay, mirá las espina, mirá los yuyos, pero mirá este cachito de tierra que te ofrezco, para que entre la semilla. En silencio dejamos entrar la semilla de Jesús… Acuérdense de este momento, cada uno sabe el nombre de la semilla que entró. ¡Déjenla crecer y Dios la va a cuidar! (Discurso en la Vigilia con los Jóvenes, JMJ Río, 27 de julio de 2013)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto del evangelio que acabo de meditar. (Silencio)

5.- Propósito. Hacer un esfuerzo por descubrir que este mundo está sembrado “de las semillas del Verbo” y mirar la vida con optimismo.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar esta oración te quiero agradecer las luces que me has dado a través de tu palabra. He aprendido a no cansarme nunca de sembrar, a no dar nunca nada por perdido, a confiar en la fuerza que encierra tu palabra y, sobre todo, a saber esperar en Ti que pasaste la vida sembrando el bien y, al final, Tú mismo te sembraste en la tierra muriendo por nosotros en la Cruz. La gran cosecha fue tu gloriosa Resurrección. Como Tú mismo dijiste: El grano de trigo, cuando cae en tierra y muere, da mucho fruto. 

martes, 23 de julio de 2024

25 de julio, Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrón de España



 El 25 de julio celebramos la fiesta grande de Santiago Apóstol, patrono de España. Santiago es uno de los Doce, llamados por su nombre para formar parte del grupo de los apóstoles sobre los que Jesucristo ha fundado su Iglesia y los ha enviado a predicar el Evangelio por todo el mundo. Santiago es del círculo más íntimo de los amigos de Jesús, los tres –Pedro, Santiago y Juan- que le acompañan en los momentos más delicados de su vida, como fue la transfiguración en el monte Tabor, de la que ellos –sólo ellos- fueron testigos o la oración en el huerto de Getsemaní, viviendo más cerca de Jesús aquellos momentos de angustia y hechos partícipes de su pasión.

Santiago y su hermano Juan son los hijos de Zebedeo, que piden a Jesús ocupar los primeros puestos en su reino, recurriendo a la intercesión de su propia madre. Y Jesús les asegura que beberán el cáliz, el trago del martirio que los asemejará a Jesús, pero que esos puestos primeros los asigna el Padre y que el discipulado de Jesús consiste en el servicio y en dar la vida. Santiago fue el primero en derramar su sangre en la persecución de Herodes.

En la tradición de la Iglesia, el apóstol Santiago ha sido el predicador del Evangelio en las tierras de España. A orillas del Ebro recibió el consuelo de la visita de María santísima, que vino en carne mortal a Zaragoza. Y su sepulcro apareció en Compostela, convirtiéndose en lugar de peregrinaciones desde la edad media hasta nuestros días. Cuando los reyes cristianos fueron recuperando las tierras cristianas, que los musulmanes habían ocupado, y fueron cristianizando a sus gentes, atribuyeron a la intercesión del apóstol Santiago esa reconquista. Y cuando en siglos posteriores se ha afrontado la gran tarea evangelizadora de los pueblos de América, el apóstol Santiago ha estado presente en esa gran gesta histórica. El apóstol Santiago forma parte de la identidad española desde sus orígenes evangelizadores hasta nuestros días, pasando por las épocas gloriosas de una reconquista fatigosa y la evangelización del nuevo mundo.

Hoy vivimos en otro contexto cultural, social y político, pero el Evangelio que nos trajeron los apóstoles sigue siendo el mismo. «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hbr. 13,8) y también hoy se nos invita a no avergonzarnos del Evangelio (cf. Rm 1,16). También hoy necesitamos el vigor del apóstol Santiago para evangelizar nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra vida. En un Estado aconfesional, que muchos confunden con un estado laico, e incluso laicista, la confesión de la fe está protegida y promovida, según el libre ejercicio de los ciudadanos. 

La fiesta del apóstol Santiago, patrono de España, es una llamada al seguimiento de Cristo en todas las situaciones: en el gozo, en el dolor, en el servicio y hasta en el martirio. El patrono de España no nos incita hoy a una lucha sin cuartel entre moros y cristianos, pero nos recuerda las palabras de Jesús: «el que se avergüence ante los hombres de mí, también yo me avergonzaré de él ante mi Padre» (Mc 8,38). Que el apóstol Santiago nos dé lucidez para saber estar como creyentes en una sociedad que prescinde de Dios y que impone su ley de la ausencia de Dios como el mejor de los consensos. España, Europa y todo el mundo occidental tienen profundas raíces cristianas y de tales raíces se han producido excelentes frutos en la historia. Olvidar o prescindir de lo que somos sería la peor de las represiones, la peor de las catástrofes.


Evangelio del martes 23 de julio de 2024

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Yo soy la vid y mi Padre el viñador

Santa Brígida

1.- Oración introductoria.

Señor, en este día de la festividad de Santa Brígida, copatrona de Europa, quiero rogarte encarecidamente por Europa. Lamentablemente, en el terrero de la fe, ha quedado como “Una viña devastada” (Papa Benedicto). Haz que vuelva a correr por ella la misma savia, la misma vida de fe de otros tiempos. Tú, Señor, eres la Vid. No toleres que esa viña fecunda en otros tiempos, se convierta en un montón de sarmientos secos. No arranques la viña, Señor. Cuídala, riégala y hazla florecer de nuevo.  

2.- Lectura reposada del evangelio: Juan 15, 1-8

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

“Sin mí no podéis hacer nada”. La frase de Jesús es rotunda. No dice: Sin mí podéis hacer poco. Sin Jesús no podemos hacer nada. Cuando trabajamos y nos atribuimos algo a nosotros, eso se lo estamos robando a Cristo. Un sarmiento separado de la vid, no puede dar ningún fruto. Esto nos hace ser humildes y sentir la necesidad que tenemos de Jesús. Es verdad que los sarmientos separados de la vid no pueden hacer nada. Pero me pregunto: ¿Y qué puede hacer una vid sin los sarmientos? Tampoco nada. Dios ha querido tener necesidad de nosotros. Para Él, y porque así lo ha querido, nosotros somos muy importantes. ¡Pedid lo que queráis! Esta frase tan comprometedora por parte de Jesús sólo la dice con esta condición: “Si permanecéis en mí y yo en vosotros”. Jesús quiere, a toda costa, que contemos con él, que le amemos como Él nos ama, que permanezcamos, es decir, que no nos cansemos, que no le olvidemos, que nos fiemos plenamente de Él. ¿Cuál es la gloria del Padre? La gloria, el orgullo, el gozo, la fiesta de un Padre es ver a sus hijos unidos. Eso le pasa a nuestro Padre Dios.  Sólo si nos amamos podemos dar fruto y ser sus discípulos.

Palabra del Papa

PERMANECED. “Y sabemos muy bien lo que eso significa: contemplarlo, adorarlo y abrazarlo en nuestro encuentro cotidiano con él en la Eucaristía, en nuestra vida de oración, en nuestros momentos de adoración, y también reconocerlo presente y abrazarlo en las personas más necesitadas. El “permanecer” con Cristo no significa aislarse, sino un permanecer para ir al encuentro de los otros. Quiero acá recordar algunas palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta. Dice así: “Debemos estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres. Es en las ‘favelas’, en los ‘cantegriles’, en las ‘villas miseria’ donde hay que ir a buscar y servir a Cristo. Debemos ir a ellos como el sacerdote se acerca al altar: con alegría”. Hasta aquí la beata. Jesús es el Buen Pastor, es nuestro verdadero tesoro, por favor, no lo borremos de nuestra vida. Enraicemos cada vez más nuestro corazón en él”. (Homilía de S.S. Francisco, 27 de julio de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Silencio)

5.- Propósito. No separarme nunca de Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por el afán, el interés que tienes de querer estar siempre conmigo. Haz que yo descubra que precisamente estando siempre contigo es como yo puedo ser feliz. Esto no es una teoría. Es la experiencia más fuerte de mi vida. Sólo he dejado de ser feliz cuando he intentado separarme de ti. Por eso he intentado buscarte enseguida. Señor, qué bueno has sido siempre conmigo. ¡Gracias!

lunes, 22 de julio de 2024

La Iglesia celebra el próximo 28 de julio la Jornada de Abuelos y Mayores

 


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA IV JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y DE LOS MAYORES
28 de julio de 2024

“En la vejez no me abandones” (cf. Sal 71,9)

Queridos hermanos y hermanas:

Dios nunca abandona a sus hijos. Ni siquiera cuando la edad avanza y las fuerzas flaquean, cuando aparecen las canas y el estatus social decae, cuando la vida se vuelve menos productiva y corre el peligro de parecernos inútil. Él no se fija en las apariencias (cf. 1 S 16,7) y no desdeña elegir a aquellos que para muchos resultan irrelevantes. No descarta ninguna piedra, al contrario, las más “viejas” son la base segura sobre las que se pueden apoyar las piedras “nuevas” para construir todas juntas el edificio espiritual (cf. 1 P 2,5).

La Sagrada Escritura, en su conjunto, es una narración del amor fiel del Señor, del que emerge una certeza consoladora: Dios sigue mostrándonos su misericordia, siempre, en cada etapa de la vida, y en cualquier condición en la que nos encontremos, incluso en nuestras traiciones. Los salmos están llenos del asombro del corazón humano frente a Dios, que nos cuida a pesar de nuestra pequeñez (cf. Sal 144,3-4); nos aseguran que Dios nos ha plasmado en el seno materno (cf. Sal 139,13) y que no entregará nuestra vida a la muerte (cf. Sal 16,10). Por tanto, podemos tener la certeza de que también estará cerca de nosotros durante la ancianidad, tanto más porque en la Biblia envejecer es signo de bendición.  

Y, sin embargo, en los salmos encontramos además esta sentida súplica al Señor: «No me rechaces en el tiempo de mi vejez» (Sal 71,9). Una expresión fuerte, muy cruda. Nos lleva a pensar en el sufrimiento extremo de Jesús que exclamó en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).

En la Biblia, pues, hallamos la certeza de la cercanía de Dios en cada etapa de la vida y, al mismo tiempo, encontramos el miedo al abandono, particularmente en la vejez y en el momento del dolor. No se trata de una contradicción. Mirando a nuestro alrededor no nos resulta difícil comprobar cómo esas expresiones reflejan una realidad más que evidente. Con mucha frecuencia la soledad es la amarga compañera de la vida de los que como nosotros son mayores y abuelos. Siendo obispo de Buenos Aires, muchas veces tuve ocasión de visitar residencias de ancianos y me di cuenta de las pocas visitas que recibían esas personas; algunos no veían a sus seres queridos desde hacía muchos meses.

Las causas de esa soledad son múltiples. En muchos países, sobre todo en los más pobres, los ancianos están solos porque sus hijos se han visto obligados a emigrar. Pienso también en las numerosas situaciones de conflicto; cuántos ancianos se quedan solos porque los hombres —jóvenes y adultos— han sido llamados a combatir y las mujeres, sobre todo las madres con niños pequeños, dejan el país para dar seguridad a los hijos. En las ciudades y en los pueblos devastados por la guerra, muchas personas mayores se quedan solas, como únicos signos de vida en zonas donde parece reinar el abandono y la muerte. En otras partes del mundo, además, existe una falsa creencia, muy enraizada en algunas culturas locales, que genera hostilidad respecto a los ancianos, acusados de recurrir a la brujería para quitar energías vitales a los jóvenes; de modo que, en caso de que una muerte prematura, una enfermedad o una suerte adversa afecte a un joven, la culpa recae sobre algún anciano. Esta mentalidad se debe combatir y erradicar. Es uno de esos prejuicios infundados, de los que la fe cristiana nos ha liberado, que alimenta persistentes conflictos generacionales entre jóvenes y ancianos.

Si lo pensamos bien, esta acusación dirigida a los mayores de “robar el futuro a los jóvenes” está muy presente hoy en todas partes. Esta también se encuentra, bajo otras formas, en las sociedades más avanzadas y modernas. Por ejemplo, hoy en día está muy extendida la creencia de que los ancianos hacen pesar sobre los jóvenes el costo de la asistencia que ellos requieren, y de esta manera quitan recursos al desarrollo del país y, por ende, a los jóvenes. Se trata de una percepción distorsionada de la realidad. Es como si la supervivencia de los ancianos pusiera en peligro la de los jóvenes. Como si para favorecer a los jóvenes fuera necesario descuidar a los ancianos o, incluso, eliminarlos. La contraposición entre las generaciones es un engaño y un fruto envenenado de la cultura de la confrontación. Poner a los jóvenes en contra de los ancianos es una manipulación inaceptable; «está en juego la unidad de las edades de la vida, es decir, el real punto de referencia para la comprensión y el aprecio de la vida humana en su totalidad» (Catequesis 23 febrero 2022).

El salmo citado anteriormente —en el que se suplica no ser abandonados en la vejez— habla de una conspiración que ciñe la vida de los ancianos. Parecen palabras excesivas, pero comprensibles si se considera que la soledad y el descarte de los mayores no son casuales ni inevitables, son más bien fruto de decisiones —políticas, económicas, sociales y personales— que no reconocen la dignidad infinita de toda persona «más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre» (Decl. Dignitas infinita, 1). Esto sucede cuando se pierde el valor de cada uno y las personas se convierten en una mera carga onerosa, en algunos casos demasiado elevada. Lo peor es que, a menudo, los mismos ancianos terminan por someterse a esta mentalidad y llegan a considerarse como un peso, deseando ser los primeros en hacerse a un lado.

Por otra parte, hoy son muchas las mujeres y los hombres que buscan la propia realización personal llevando una existencia lo más autónoma y desligada de los demás que sea posible. Las pertenencias comunes están en crisis y se afirman las individualidades; el pasaje del “nosotros” al “yo” se muestra como uno de los signos más evidentes de nuestro tiempo. La familia, que es la primera y la más radical oposición a la idea de que podemos salvarnos solos, es una de las víctimas de esta cultura individualista. Pero cuando se envejece, a medida que las fuerzas disminuyen, el espejismo del individualismo, la ilusión de no necesitar a nadie y de poder vivir sin vínculos se revela tal cual es: uno se encuentra en cambio teniendo necesidad de todo, pero ya solo, sin ninguna ayuda, sin tener a alguien con quien poder contar. Es un triste descubrimiento que muchos hacen cuando ya es demasiado tarde.

La soledad y el descarte se han vuelto elementos recurrentes en el contexto en el que estamos inmersos. Estos tienen múltiples raíces: en algunos casos son el fruto de una exclusión programada, una especie de triste “complot social”; en otros casos se trata lamentablemente de una decisión propia. Otras veces también se los sufre fingiendo que se trate de una elección autónoma. Estamos perdiendo cada vez más «el sabor de la fraternidad» (Carta enc. Fratelli tutti, 33) e incluso nos cuesta imaginar algo diferente.

En muchos ancianos podemos advertir ese sentimiento de resignación del que habla el libro de Rut, cuando relata que la anciana Noemí —después de la muerte del marido y de los hijos— invitó a sus nueras, Orpá y Rut, a regresar a sus países de origen y a sus casas (cf. Rut 1,8). Noemí —como tantos ancianos de hoy— teme quedarse sola, pero no consigue imaginar algo distinto. Como viuda, es consciente de valer poco ante la sociedad y está convencida de ser un peso para esas dos jóvenes que, al contrario de ella, tienen toda la vida por delante. Por eso piensa que sea mejor hacerse a un lado y ella misma invita a las jóvenes nueras a dejarla y a construir su futuro en otros lugares (cf. Rut 1,11-13). Sus palabras son un concentrado de convenciones sociales y religiosas que parecen inmutables y que marcan su destino.

El relato bíblico nos presenta en este momento dos opiniones diferentes frente a la invitación de Rut y, por tanto, frente a la vejez. Una de las dos nueras, Orpá, que le tiene cariño a Noemí, con un gesto afectuoso la besa, pero acepta lo que ella también cree que es la única solución posible y sigue su propio camino. Rut, en cambio, no se separa de Noemí y le dirige palabras sorprendentes: «No insistas en que te abandone» (Rut 1,16). No tiene miedo de desafiar las costumbres y la opinión común, siente que esa mujer anciana la necesita y, con valentía, permanece a su lado, dando inicio a una nueva travesía para ambas. A todos nosotros —acostumbrados a la idea de que la soledad es un destino inevitable— Rut nos enseña que a la súplica “¡no me abandones!” es posible responder “¡no te abandonaré!”. No duda en trastocar lo que parece una realidad inmutable, ¡vivir solos no puede ser la única alternativa! No es casualidad que Rut —la que se quedó acompañando a la anciana Noemí— sea un antepasado del Mesías (cf. Mt 1,5), de Jesús, el Emanuel, Aquel que es “Dios con nosotros”, Aquel que lleva la cercanía y la proximidad de Dios a todos los hombres, de todas las condiciones y de todas las edades.

La libertad y la valentía de Rut nos invitan a recorrer un camino nuevo. Sigamos sus pasos, hagamos el viaje junto a esta joven mujer extranjera y a la anciana Noemí, no tengamos miedo de cambiar nuestras costumbres y de imaginar un futuro distinto para nuestros ancianos. Nuestro agradecimiento se dirige a todas esas personas que, aun con muchos sacrificios, han seguido efectivamente el ejemplo de Rut y se están ocupando de un anciano, o sencillamente muestran cada día su cercanía a parientes o conocidos que no tienen a nadie. Rut eligió estar cerca de Noemí y fue bendecida con un matrimonio feliz, una descendencia y una tierra. Esto vale siempre y para todos: estando cerca de los ancianos, reconociendo el papel insustituible que estos tienen en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, también nosotros recibiremos muchos dones, muchas gracias, muchas bendiciones. 

En esta IV Jornada Mundial dedicada a ellos, no dejemos de mostrar nuestra ternura a los abuelos y a los mayores de nuestras familias, visitemos a los que están desanimados o que ya no esperan que un futuro distinto sea posible. A la actitud egoísta que lleva al descarte y a la soledad contrapongamos el corazón abierto y el rostro alegre de quien tiene la valentía de decir “¡no te abandonaré!” y de emprender un camino diferente.

A todos ustedes, queridos abuelos y mayores, y a cuantos los acompañan, llegue mi bendición junto con mi oración. También a ustedes les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de abril de 2024

Día Mundial de los Abuelos 2024: “Ojalá sea un día sin soledad”

 

JULIO 22 / SANTA MARIA MAGDALENA /EL SANTO DEL DIA

 

Evangelio del lunes 22 de julio de 2024

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«Mujer, ¿por qué lloras?»

Santa María Magdalena

1.- Introducción.

Señor, te confieso que este relato de Juan siempre me emociona. La Magdalena es una mujer desfasada ya que no ha dado el paso al Cristo de la Resurrección y se conforma con el cadáver de Jesús. Pero lo que siente por Jesús es locura. Y este amor loco, desinteresado, sin el menor atisbo de egoísmo, es el que siempre me ha cautivado. Haz que yo viva siempre de este amor.

2.- Lectura reposada del evangelio. Juan 20, 11-18

Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Drícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» – que quiere decir: «Maestro» -. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Este relato lo ha escrito el evangelista Juan teniendo la vista puesta en uno de los libros más bonitos del A.T. “El Cantar de los Cantares”, es decir, el más bello canto de amor. Los protagonistas son dos esposos perdidamente enamorados. Abundan los pronombres personales: “Yo” “Tú”. Las escenas se desarrollan en un huerto donde se aspira el perfume de las flores y el rico sabor de las frutas maduras. Hay gratas presencias y amargas ausencias. También se hacen presentes las admiraciones, los anhelos, los suspiros y los abrazos. Todo esto se hace presente en esta aparición de la Magdalena con el Resucitado. Y todo el relato se concentra en dos admiraciones: ¡MARIA! “RABBONI”. Jesús Resucitado es el “nuevo esposo” de la nueva esposa, la Iglesia. Las relaciones deben ser nupciales, llenas de admiración y de amor apasionado. Una cosa queda prohibida: pretender retener el tiempo y volver a la situación anterior. La Esposa-Iglesia está aquí en la tierra y el esposo Jesús que vive en el cielo, tira de ella y la atrae hacia arriba. Pero, en cualquier situación, lo que importa es el amor, no un amor cualquiera, sino un amor loco y apasionado. Nos hemos acostumbrado a pensar que la resurrección es sólo una cosa que nos espera al otro lado de la muerte. Y nadie piensa que la resurrección es también, entrar «más» aun en esta la vida.

Palabra del Papa

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» Esta pregunta nos hace superar la tentación de mirar hacia atrás, a lo que fue ayer, y nos empuja a avanzar hacia el futuro. Jesús no está en la tumba, él es el Resucitado, el Viviente, el que siempre renueva su cuerpo que es la Iglesia y lo hace andar atrayéndolo hacia Él. «Ayer» es la tumba de Jesús y la tumba de la Iglesia, el sepulcro de la verdad y la justicia; «hoy» es la resurrección perenne a la que nos impulsa el Espíritu Santo, que nos da plena libertad.» (S.S. Francisco, catequesis del 23 de abril de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio).

 5.-Propósito. Hacer todo en este día con “mucho amor”

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, lo que define a María Magdalena fue su inmenso amor. En cuestión de fe no fue un ejemplo, ya que no creía en la Resurrección; tampoco se quería arrancar del Cristo histórico, pero todo lo superó su gran amor. Y este gran amor debe ser la clave y el fundamento de la Iglesia del Resucitado. Cristo, muriendo en la Cruz, nos expresó su amor loco y a un amor loco sólo se le puede responder con una locura de amor.

sábado, 20 de julio de 2024

Domingo 16, tiempo ordinario: 21 de julio de 2024

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…andaban como ovejas sin pastor

INTRODUCCIÓN

En este Evangelio de Marcos, en varias ocasiones, aparece Jesús “enseñando” sin decir qué enseñaba y cómo enseñaba. Y este verbo, sin complemento, es sumamente sugerente. Jesús no enseñaba sólo con sus palabras. Jesús enseñaba con sus silencios, con sus miradas, con su ternura. Lo dice el evangelio de hoy: “Jesús vio una multitud y le dio lástima”, es decir, le dio un vuelco el corazón y comenzó a enseñarles. ¡Qué preciosas lecciones las que brotan de un corazón “estremecido”!  La Iglesia ha dado muchas lecciones “con la cabeza” y no tantas con el “corazón”.  Necesitamos enseñar con el corazón lecciones de cercanía, de ternura, de dulzura. Y al corazón sólo le puede dar lecciones otro corazón “que esté enternecido” por el gran amor que nos tiene. Ése es Jesús. 

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Jer. 23, 1-6.                                   

2ª lectura: Ef. 2, 13-18.

EVANGELIO

San Marcos 6, 30-34:

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

REFLEXIÓN

 1.– VENID A UN SITIO TRANQUILO A DESCANSAR.  Aquí aparece un Jesús muy humano. Han ido a la misión y han venido contentos. Ahora quiere que descansen un poco y le cuenten cómo les ha ido. Y nosotros, ¿ya le contamos a Jesús cómo nos ha ido después de una experiencia apostólica? Jesús no les ha dicho a los apóstoles: “ID”. Les ha dicho: “VENID”. El Señor no quiere mandarlos solos a descansar. ¿Acaso podrían los apóstoles descansar sin Jesús? La palabra “descanso” es muy ambigua. Solemos decir de uno que acaba de fallecer: «Ya ha descansado”. Ya ha dejado de sufrir. Dios no nos ha creado para que no suframos, sino para que seamos felices. Ahora bien, ¿Dónde descansamos mejor? Descansamos cuando estamos en un ambiente bueno, con las personas que amamos. ¿Y los cristianos?  Cuando estamos con Jesús. Oigamos a aquellos apóstoles que son las columnas de nuestra fe. Que lo diga San Pedro: Señor, sin ti, ¿adónde iremos? (Jn. 6,68). Que lo diga San Pablo: “Para mí el vivir es Cristo”. (Fil. 1,21). Jesús nos invita a descansar con Él. Como disfrutan las ovejas con su pastor. (Salmo 23). Como disfruta el amigo con sus amigos. (Jn. 15, 14). Como disfruta la esposa con el esposo (2 Cor. 11,2). 

2.– NO ENCONTRABAN TIEMPO NI PARA COMER. Nos preguntamos: ¿En qué empleaba Jesús el tiempo? San Marcos, en el capítulo primero, nos presenta una jornada ordinaria de Jesús, lo que solía hacer en un día. Y en verdad es de una actividad intensísima: Está en la sinagoga, llama a los discípulos, hace milagros, predica en Galilea, quiere ir a pueblos vecinos. Los discípulos lo dicen bien claro: “Todo el mundo te busca” (Mc. 1,37). Jesús vive desviviéndose por la gente. Pero hay un detalle que no podemos perder de vista: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, salió y fue a un lugar solitario, y allí se puso a hacer oración” (Mc. 1,35). Jesús estaba ocupado todo el día con la gente, pero siempre tenía tiempo para estar con su Padre-Dios. Antes de salir el sol, antes de estrenar el nuevo día, en el silencio de la noche, Jesús necesitaba llenarse de la ternura del Padre, de las caricias del Padre, de las palabras del Padre que dejaban estremecido a Jesús:” Tú eres mi Hijo Amado en quien pongo todas mis complacencias” (Mt. 3,17). Esta es la raíz profunda de la vida tan llena y tan fecunda de Jesús. Con el rocío de la mañana Jesús se empapaba del cariño del Padre y su jornada rezumaba paz, alegría, bondad, dulzura. Sus palabras estaban llenas de frescura y novedad. “El amor ni cansa ni se cansa”. (San Juan de la Cruz).

3.– JESUS VIO UNA MULTITUD Y LE DIO LÁSTIMA. Según el texto original, ese “le dio lástima” hay que traducirlo por “le dio un vuelco el corazón” Y esto es sumamente importante porque todo lo que dice y hace Jesús es revelación de su inmenso amor. Si Jesús hace un milagro con sus palabras, con sus manos, con sus ojos, con todo su cuerpo, antes lo hace con su corazón. Todo lo que dice y hace es expresión del amor. Todos los días nos vemos inundados de dones y gracias que el Señor nos hace. “desde la salida del sol hasta el ocaso”. Al final de la jornada, debemos buscar un momento de silencio para decirle: Gracias, Señor, por todo lo que me amas. Nuestras obras valen por el amor que ponemos en ellas. “No son nuestras acciones como el oro que el que más vale es el que más pesa, sino como el fuego, que el mejor es el que más dista de la materia”. (San Francisco de Sales). Las obras, cuanto más distan de nuestro egoísmo, cuando más desinteresadas, más gratas a Dios.

PREGUNTAS

1.– Descanso cuando estoy con las personas que amo. ¿He sentido alguna vez gozo, paz, satisfacción, al descansar en Dios?

2.- ¿Estoy convencido de que el tiempo es un tesoro?  ¿Lo empleo bien? ¿O empleo el tiempo en perder inútilmente el tiempo?

3.– Seguro que hago muchas cosas. Pero ¿Me paro a pensar desde donde las hago?  ¿Desde mi egoísmo o desde el amor?

Evangelio del sábado 20 de julio de 2024

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No quebrará la caña doblada ni apagará la mecha humeante

1.- Oración introductoria.

Señor, me impresionan las palabras del Evangelio: “Querían acabar contigo”. ¿Por qué quieren acabar contigo que eres “la luz”, la “verdad”, “la vida”? Por pura envidia. El gran enemigo de la luz es la oscuridad; el enemigo de la verdad, es la mentira; y el de vida es la muerte. Hazme, Señor, descubrir pronto ese “gusano roedor” que puede estar dentro de mí y trata de destruirme.

2.- Lectura reposada del evangelio: San Mateo 12, 14-21

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él. Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías: «Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su nombre».

3.- Qué dice el texto?

Meditación-reflexión

Los fariseos buscan a Jesús para matarle. Jesús, a pesar de todo, sigue su camino: predica, cura y da esperanza al pueblo. Nosotros, si nos sentimos amenazados de muerte, ya no tenemos ganas de nada, sino buscar el modo de liberarnos. Nos preguntamos: ¿De dónde le venía a Jesús esa fuerza interior para no hundirse, para seguir trabajando como si nada le ocurriese? De la palabra de Dios. Ha escuchado al profeta Isaías que habla de Él en estos términos:” Es  mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección”. La clave para entender a Jesús es su padre Dios. Se siente amado del Padre y le basta. Frente a la actitud de los enemigos que disfrutan haciendo el mal, Jesús disfruta “haciendo el bien”. Y no sólo hace el bien, sino que el bien “lo hace muy bien”. “No grita, no vocifera”, no quiere aplausos ni alabanzas, sino “la complacencia del Padre en el silencio”.  “No quiebra la caña cascada”. Ya sabe que el hombre es eso: “Una caña cascada” (Pascal). Por eso precisamente busca, cuida,  mima, nuestra fragilidad.  “No apaga la mecha humeante”. Ya sabe que nosotros no podemos presumir de ser “hogueras llameantes”; pero nos respeta y nos ama “como pequeñas lamparitas de barro”. Esa brizna de verdad, de respeto, de justicia, de libertad, de amor, que aparece en nosotros, Él la cuida, la fomenta, esté donde esté y venga de donde venga.

Palabra del Papa

Así era la vida de Jesús: “Recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”. Jesús que predica y Jesús que cura. Toda la jornada era así: predica al pueblo, enseña la Ley, enseña el Evangelio. Y la gente lo busca para escucharlo y también porque sana a los enfermos. “Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados… Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios”. Y nosotros estamos delante de Jesús en esta celebración: “¿Dejo que Jesús me predique, o yo sé todo? ¿Escucho a Jesús o prefiero escuchar cualquier otra cosa, quizá las habladurías de la gente, o historias…? Hay que escuchar la predicación de Jesús. “¿Y cómo puedo hacer esto, padre? ¿En qué canal de televisión habla Jesús?”. Te habla en el Evangelio. Y esta es una costumbre que aún no tenemos: ir a buscar la palabra de Jesús en el Evangelio. Llevar siempre un Evangelio con nosotros, pequeño, y tenerlo al alcance de la mano.» (Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2015).

4.- ¿Qué significa hoy para mí esta palabra ya meditada? (Silencio)

5.- Propósito. Tratar de no hacer daño a mis hermanos ya que son “pura fragilidad”

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque cada día que medito el evangelio me parece más impresionante, más maravilloso. Estas palabras tuyas tocan mi corazón, reconstruyen mi vida, me dan paz. Es muy bonito pasar por la vida con una mirada limpia, tratando de descubrir el bien que hay en cada una de las personas. Por lo demás, yo me conformo con ser esa pequeña lamparita que alumbra en la noche del mundo.

viernes, 19 de julio de 2024

Santo Evangelio 19 Julio 2024

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Aquí hay uno que es más que el templo

1.- Introducción.

Señor, dame  la sensatez para saber distinguir lo esencial de lo accidental. Para aquellos fariseos del tiempo de Jesús, lo esencial era el cumplimiento de la ley hasta caer en minucias absurdas. Entendían como trabajo prohibido por la ley el “frotar las espigas” con las manos. Jesús no puede permitir esta falsa interpretación del sábado, día en que uno cesa del duro trabajo de la semana, para descansar con su Dios en la oración y dedicar este tiempo sagrado al cuidado de los hermanos que lo necesitan. Dame, Señor, tu Espíritu para saber interpretar tu ley.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 12, 1-8

Un sábado de aquellos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. Les replicó: -¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Las tres grandes Instituciones de los judíos eran: La Ley, el Templo y el Sábado. En un principio la Ley “La Torá” era la voluntad de Dios expresada como una manifestación de amor en el corazón de los fieles. A lo largo del tiempo, las escuelas farisaicas la multiplicaron en muchos preceptos hasta convertirla en “fardos pesados que cargan a la gente en los hombros” (Mt. 23,4). El Templo que, en un principio, pretendió “dar un espacio” para Dios, se convirtió en “cueva de bandidos” al pretender amordazar a Dios diciendo ¡Templo de Yavé!  Y así cometer impunemente todo tipo de injusticias.  Y el sábado, hecho para consagrar un tiempo a Yavé, se convirtió en instrumento de esclavitud al no poder ni siquiera hacer el bien. Jesús quiso descubrir el significado profundo de estas instituciones (Ley, Sábado, Templo) al decir que “Él está por encima del Templo y es Señor del Sábado” Por eso, siempre que en el evangelio estas instituciones entran en conflicto con el hombre, Jesús estará a favor del hombre y no a favor de las instituciones.   

Palabra del Papa

“Quien cree en Dios, Padre lleno de amor por sus hijos, pone en primer lugar la búsqueda de su Reino, de su voluntad. Es todo lo contrario del fatalismo o el ingenuo irenismo. La fe en la Providencia, de hecho, no exime de la cansada lucha por una vida digna, sino que libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana. Está claro que esta enseñanza de Jesús, si bien sigue manteniendo su verdad y validez para todos, es practicada de maneras diferentes según las diferentes vocaciones: un fraile franciscano podrá seguirla de manera más radical, mientras que un padre de familia deberá tener en cuenta sus deberes hacia su esposa e hijos. En todo caso, el cristiano se distingue por su absoluta confianza en el Padre celestial, como Jesús. Precisamente la relación con Dios Padre da sentido a toda la vida de Cristo, a sus palabras, a sus gestos de salvación, hasta su pasión muerte y resurrección. Jesús nos ha demostrado qué significa vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo, y, al mismo tiempo, teniendo el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios”. Benedicto XVI, 27 de febrero de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar.  (Guardo silencio).

5.-Propósito. Todo lo que hoy voy a hacer, lo haré a impulsos del corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero ser cristiano, pero no fariseo; yo quiero cumplir hasta en los últimos  detales el mandamiento tuyo del amor. Y te pido que me ayudes a sumergir mi corazón en el mar infinito de tu amor para poder amar a mis hermanos con un corazón lleno de ternura y de misericordia.

jueves, 18 de julio de 2024

Evangelio del jueves 18 de julio de 2024

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“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”

1.- Introducción.

Hoy, Jesús, vengo a la oración a escuchar unas sabias palabras que salieron de tu boca: “Aprended de mí”. En la vida hemos tenido muchos maestros, pero “uno solo es el  Maestro” (Mt. 23,10). Ni siquiera los Apóstoles se llamaron maestros sino “discípulos”. Todos somos discípulos, aprendices de cristianos; siempre nos queda mucho que aprender de este gran Maestro que es Jesús. 

2.- Lectura reposada del Evangelio Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, tomó Jesús la palabra y dijo: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.


3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

La tradición ha puesto a Jesús muchos títulos: el Mesías, el Señor, el Hijo del Hombre…pero la gente sencilla que acudía a Jesús cuando caminaba por las calles de Palestina le llamaría así “Jesús, el quita pesos”; “Jesús el quita cargas”. Porque todo el que se acercaba a Jesús notaba que su vida se aliviaba, se aligeraba. Jesús se dedicaba a eso: a curar, sanar, aliviar, levantar, animar. Lo dice muy bien el libro de los Hechos de los Apóstoles en un precioso resumen de la vida de Jesús: “Pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos” (Hech. 10,38). No cabe duda que Jesús disfrutaba haciendo el bien. Jesús quiere que evitemos el mal, lo que hace sufrir, y nos dediquemos a aliviar la vida de los que llevan cargas demasiado pesadas que no pueden soportar. Porque hay ocasiones en las que a todos “nos pesa la vida”. ¿Qué hacer? Acudir a Jesús. En realidad, sólo descansamos cuando estamos con las personas que nos quieren: el niño con su mamá, el enamorado con su enamorada. Y Jesús, el hombre del amor, el que vive henchido de la ternura del Padre, quiere que nos acerquemos a Él porque sabe que sólo en Él está nuestro verdadero descanso.  

Palabra del Papa

“Jesús pide que vayamos a Él, que esta   es la verdadera sabiduría, a Él que es «manso y humilde de corazón»; propone «su yugo», el camino de la sabiduría del Evangelio, que no es una doctrina que hay que aprender o una propuesta ética, sino una Persona a la que hay que seguir: Él mismo, el Hijo Unigénito en perfecta comunión con el Padre.

Queridos hermanos y hermanas, hemos gustado la riqueza de esta oración de Jesús. Que también nosotros, con el don de su Espíritu, podamos dirigirnos a Dios en la oración, con confianza de hijos, invocándolo con el nombre de Padre, Abbá. Pero debemos tener el corazón de los pequeños, de «los pobres en espíritu», para reconocer que no somos auto-suficientes, que no podemos construir nuestra vida solos, que necesitamos de Dios, necesitamos encontrarle, escucharle y hablarle. La oración nos abre la puerta para recibir el don de Dios, su sabiduría, que es Jesús mismo, para llevar a cabo la voluntad del Padre en nuestra vida y encontrar así reposo en las fatigas de nuestro camino”. ¡Gracias! Benedicto XVI, 7 de diciembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Este día lo voy a emplear no sólo a no hacer mal a nadie sino a hacer el bien a todos.

6.- Dios me ha habado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, una cosa es dormir y otra descansar. A veces me rinde el sueño y me quedo dormido, pero no descanso. El verdadero descanso no se obtiene simplemente porque tengo salud y en mi cuerpo no me duele nada. El verdadero descanso es más profundo y es necesario que el alma esté en paz. En paz paradisíaca, como cuando nuestros padres, antes del pecado, estaban en paz con Dios, con ellos mismos y con toda la creación.