La intensidad del sufrimiento, obviamente, es mucho mayor por la muerte de seres queridos que por pérdidas de bienes apreciados. El tipo de relación afectiva es el factor más importante. La intensidad de la pena está relacionada con la intensidad del vínculo afectivo habido con el muerto: grado de parentesco o de vinculación, tiempo, calidad y significación. El trabajo del duelo es complejo y difícil porque demanda afrontar con valentía el inicio de un proceso que implica:
- El sufrimiento por sí mismo/por el muerto.
- El sufrimiento es el mismo doliente.
- Actuar como sanadores/heridos.
- La purificación del amor. El desapego/no posesión.
- Condividir el sufrimiento/sanación con otros dolientes.
- Seguir con entusiasmo el ritmo de la vida.
- Confrontar el sentido de la vida y de la muerte.
- Asumir el destino final del hombre.
Hay otros factores que considerar:
- Lo definitivo de la pérdida o de la muerte. Lo que significaba quien ha muerto.
- El manejo de la ansiedad y culpabilidad tras la separación.
- El vacío o desconcierto de la ausencia.
- La naturaleza de la hondura/apego/dependencia de la relación existente.
- El rol y funciones desempeñados por el difunto o ausente.
- La actitud asumida: pasiva o activa.
- La consideración de la realización, satisfacción y cumplimiento de la vida del muerto.
- Los asuntos sin resolver entre dolientes y difuntos (conflictos habidos).
- La causa y circunstancias que ocasionaron la muerte (acción o muerte impuesta, indigna, deshumanizada; abandono, negligencia, violencia; muertes múltiples...).
- El control del dolor y de otros síntomas. Si el ser querido sufrió, cuánto sufrió, durante cuánto tiempo y cómo sufrió, éstos son factores que influyen notablemente en el proceso de duelo
- El aspecto del cadáver.
- Las consecuencias posteriores no previstas.
- La calidad de las relaciones entre los allegados al difunto y manejo de conflictos (ejemplo: el caso de las herencias).
- La canalización y reinversión afectivas desplegadas.
- La utilización de los recursos humanos de que dispone cada persona doliente: carácter, salud mental, autoestima, capacidad adaptativa, experiencia de otros duelos anteriores, acción vincular y familiar, capacidad de expresar el duelo, vivencia espiritual-religiosa.
- Sufrimos como somos, pensamos, creemos y esperamos.
- Sufrimos según nuestra propia personalidad.
Se ha tratado de registrar la intensidad según diversas circunstancias. La conocida escala de Reajuste Social (Holmes y Rahe, 1967) declara:
1. Muerte del cónyuge
2. Divorcio
3. Separación conyugal
4. Encarcelamiento o pérdida de la libertad
5. Muerte de familiares cercanos
6. Accidente o enfermedad
7. Crisis familiar grave
8. Expulsión del trabajo
9. Pérdida económica importante
10. Jubilación
En la mayoría de fuentes documentales se considera que el fallecimiento de un familiar cercano es lo que produce un mayor impacto psicológico. En la actualidad pocos dudarían en afirmar que la muerte del hijo ocupe el primer rango. Por ello, podríamos asegurar con certeza absoluta que el prototipo de duelo es la muerte de un hijo. No obstante, no podemos dejar de afirmar que el mayor sufrimiento es el que no se afronta para sanarlo, que además se va a prolongar y pasar factura de más sufrimiento para el doliente y sus allegados.
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