lunes, 2 de febrero de 2026

EVANGELIO DEL DÍA 3 DE FEBERERO

 

“Pero Él miraba a su alrededor”

El Valor de la Fe en Medio de la Prueba

Lecturas: 2 Sam 18, 9-10. 14. 24-25. 30—19, 3; Salmo 85; Mc 5, 21-43.

Queridos hermanos: La Palabra de Dios hoy nos sitúa frente a una de las realidades más profundas del ser humano: el dolor y la esperanza. A través de la figura del Rey David, que llora por su hijo, y de las dos mujeres del Evangelio que buscan la vida, se nos invita a reflexionar sobre cómo reaccionamos cuando nuestras fuerzas se agotan.

1. El dolor de un padre: David y Absalón

En la primera lectura, asistimos a una de las escenas más conmovedoras del Antiguo Testamento. David, a pesar de la traición de su hijo Absalón, no desea su muerte. Al recibir la noticia de su fallecimiento, se estremece y llora diciendo: “¡Hijo mío, Absalón! ¡Hijo mío! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar!”.

Este es el rostro de la misericordia. David no ve a un enemigo político, ve a su hijo. Este dolor de David prefigura el dolor de Dios Padre ante la pérdida de sus hijos por el pecado. Nos enseña que, incluso en nuestras rebeldías, Dios no deja de amarnos y de sufrir por nuestra distancia.

2. El "toque" de la fe: La hemorroísa

En el Evangelio de Marcos, vemos a Jesús rodeado de una multitud que lo apretuja. Sin embargo, solo una persona lo "toca" de verdad. Una mujer que llevaba doce años sufriendo, gastando todo lo que tenía sin hallar solución.

Ella no quiere ser el centro de atención; solo piensa: “Con solo tocar su manto, curaré”. Esta es la fe audaz. A veces, nuestra oración se vuelve rutinaria y "apretujamos" a Jesús con ritos, pero sin llegar a "tocarlo". Tocar a Jesús significa acercarse con la convicción de que Él es el único que puede sanar nuestras heridas más profundas, aquellas que nadie más ve.

3. "Levántate": El triunfo sobre la muerte

Mientras Jesús atiende a la mujer, llega la noticia fatal para Jairo: “Tu hija ha muerto”. Es el momento de la prueba suprema. Pero Jesús le dice las palabras que hoy resuenan para nosotros: “No temas; basta que tengas fe”.

Al entrar en la casa y decir "Talitha kumi" (Muchacha, levántate), Jesús demuestra que Él es el Señor de la vida. Para Dios, la muerte no es un final, sino un sueño del que Él nos despierta. Jairo nos enseña la fe paciente, la que sabe esperar incluso cuando las circunstancias dicen que ya no hay esperanza.

4. San Blas: Testigo de la protección divina

Hoy también recordamos a San Blas, obispo y mártir. La tradición nos cuenta que salvó a un niño que se asfixiaba con una espina de pescado. Por eso, hoy bendecimos las gargantas.

San Blas no es un amuleto contra el médico, sino un recordatorio de que nuestra salud y nuestra voz están al servicio de Dios. Pedir su intercesión hoy es comprometernos a que de nuestra garganta solo salgan palabras de bendición, de consuelo y de verdad.

Hoy el Señor nos hace dos preguntas:

  1. ¿Somos capaces de ver a los demás con la misericordia de David, por encima de sus errores?

  2. ¿Tenemos la valentía de la mujer para tocar el manto de Jesús en nuestra debilidad?

No permitamos que el miedo nos paralice. Si sientes que algo en tu vida ha muerto o está seco, escucha hoy la voz de Jesús que te dice: “A ti te digo: ¡Levántate!”.

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