El Misterio de la Luz
Hoy nos reunimos para celebrar lo que la tradición popular llama la Virgen de las Candelas. Al encender nuestras velas, no hacemos un simple rito; proclamamos con el anciano Simeón que este Niño es la “Luz para iluminar a las naciones”. En un mundo que a menudo se siente a oscuras por la incertidumbre, Cristo entra hoy en el Templo —y en nuestro corazón— para recordarnos que Dios siempre cumple sus promesas.
1. La Humildad de la Sagrada Familia
El Evangelio de Lucas (2, 22-40) nos muestra a María y José actuando con una sencillez asombrosa. Siendo los padres del Salvador, no reclaman privilegios; se presentan como una familia pobre, ofreciendo “un par de tórtolas”.
- Reflexión: ¿Cuántas veces buscamos reconocimiento por lo que hacemos para Dios? María nos enseña que la verdadera grandeza está en la obediencia humilde y en saber que todo lo que tenemos le pertenece a Él.
2. El Encuentro de las Generaciones
La escena en el Templo es un "abrazo" entre el pasado y el futuro. Simeón y Ana, cargados de años y de fe, reconocen al Mesías. Simeón no lo ve con ojos físicos, pues es solo un bebé, sino con los ojos del Espíritu.
- Lección: Esta fiesta nos invita a valorar la sabiduría de nuestros mayores y a mantener viva la capacidad de asombro. Como Simeón, debemos cultivar una espera paciente, sabiendo que Dios siempre llega a tiempo, aunque no siempre de la manera que esperamos.
3. Una Luz que Cuestiona
Simeón profetiza que este Niño será una “bandera discutida”. Seguir a Jesús no es un camino de pura comodidad; Su luz pone al descubierto nuestras sombras y nos exige decisiones valientes. A María se le anuncia que una espada atravesará su alma, recordándonos que el amor verdadero siempre implica entrega y sacrificio.
4. Jornada de la Vida Consagrada
Hoy celebramos también a quienes han dicho un "sí" total a Dios: religiosos, monjas y consagrados. En este año 2026, la Iglesia nos pide rezar por ellos para que sigan siendo “testigos de alegría” en medio de un mundo agitado. Su vida nos recuerda que solo Dios basta para colmar el corazón humano.
Conclusión
Al salir hoy del templo con nuestra luz simbólica, no dejemos que se apague. Que la Virgen de la Candelaria nos ayude a presentar nuestra propia vida ante Dios, para que Él la transforme en luz para los demás. ¡Que Cristo ilumine cada rincón de sus hogares y de sus vidas!
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