viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES SANTO. El silencio que salva

 

"La Cruz que nos acompaña"
1. Dios no nos mira desde lejos
Hoy, Viernes Santo, recordamos a un Dios que no se quedó en el cielo mirando nuestro dolor desde la distancia. Al mirar a Jesús en la Cruz, vemos a alguien que sabe lo que es el miedo, el abandono, la sed y el dolor físico. En los pasillos de este hospital, Cristo no es un extraño; Él es el paciente que sufre y el enfermero que consuela.
2. La Cruz como lugar de encuentro
Para muchos, estar en el hospital hoy puede sentirse como un "Viernes Santo" interminable. Sin embargo, en la Pasión según San Juan, vemos que al pie de la Cruz no hay soledad absoluta: está María y está el discípulo amado. En esta comunidad hospitalaria, la Cruz nos une. El dolor del paciente se vuelve oración, y el cuidado del médico o la familia se vuelve caricia de Dios. Nadie aquí carga su cruz solo, aunque a veces el silencio parezca decir lo contrario.
3. "Tengo sed"
Esa frase de Jesús en la Cruz resuena hoy en cada habitación. Es sed de agua, pero también sed de compañía, de salud y de esperanza. Al servir un vaso de agua o al dar una palabra de ánimo, estamos respondiendo al grito de Cristo. En este hospital, el amor se vuelve práctico y concreto; es el lugar donde el sacrificio del Viernes Santo se transforma en servicio por el prójimo.
4. El silencio que precede a la vida
El Viernes Santo termina en silencio, pero no en derrota. La Cruz es el paso necesario hacia la Luz. A quienes hoy sienten que sus fuerzas flaquean, Jesús les dice: "No temas, yo he vencido al mundo". Incluso en la enfermedad, hay una dignidad que la Cruz de Cristo ha elevado para siempre. El sufrimiento no tiene la última palabra; la tiene el Amor que se entrega.

Puntos para la reflexión del personal y pacientes:
  • Para el enfermo: Unir el propio dolor al de Cristo como una ofrenda de paz por el mundo.
  • Para el personal sanitario: Ver en cada paciente el rostro de Jesús sufriente que necesita ser bajado de la cruz con ternura.
  • Para las familias: Ser como la Virgen María, que permanece fiel al pie de la cruz, sosteniendo con la presencia lo que las palabras no pueden explicar.

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