Queridos hermanos y hermanas:
Nos encontramos en el corazón del año cristiano. Esta
noche de Jueves Santo no es una simple conmemoración de una cena antigua; es la
actualización de un misterio que sostiene nuestra fe: Dios se queda con
nosotros. En este 2 de abril de 2026, el mundo sigue sediento de esperanza,
de consuelo y de gestos de auténtica humanidad. Y la liturgia de hoy nos ofrece
la respuesta en tres signos claros: un trozo de Pan, una jofaina con agua y
el Aceite que sana.
1. La Eucaristía: Pan partido para
un mundo herido
En la primera lectura hemos escuchado el memorial de
la Pascua judía. Pero Jesús lleva ese memorial a una plenitud asombrosa. Él no
nos deja una estatua, ni un libro de reglas; nos deja su Cuerpo y su Sangre.
Cuando Jesús dice: "Haced esto en memoria
mía", no se refiere solo a repetir el rito, sino a repetir su entrega.
Cada vez que comulgamos, nos comprometemos a ser, como Él, "pan
partido" para los demás. La Eucaristía es el alimento de los débiles, la
fuerza de los que sufren y el motor de nuestra caridad.
2. El Lavatorio: La Teología de la
Toalla
En el Evangelio de San Juan, sorprendentemente, no se
narra la institución de la Eucaristía, sino el Lavatorio de los pies.
Para Juan, la Eucaristía y el Servicio son dos caras de la misma moneda. No se
puede comulgar en el altar si no estamos dispuestos a arrodillarnos ante el
hermano.
Jesús se quita el manto, se ciñe la toalla y realiza
el trabajo de un esclavo. Al lavarle los pies a sus discípulos —incluyendo a
Pedro que lo negaría y a Judas que lo traicionaría—, Jesús nos dice que el
amor no pone condiciones.
- Lavar
los pies hoy
significa entrar en la fragilidad del otro.
- Significa
tocar la carne herida, el cansancio y el polvo del camino ajeno sin
juzgar, solo para limpiar y aliviar.
3. La Unción de los Enfermos: Cristo
abraza nuestra fragilidad
Esta noche, nuestra comunidad vive un signo de amor
muy concreto: algunos de nuestros hermanos y hermanas van a recibir la Unción
de los Enfermos.
¿Qué mejor momento que este? Si hoy celebramos que
Cristo se entrega totalmente, la Unción nos recuerda que Él se entrega
especialmente a quienes cargan con la cruz de la enfermedad o el peso de los
años.
- A vosotros, queridos hermanos que váis a ser ungidos: Este aceite santo no es
solo para el cuerpo, es para el alma. Es la caricia de Dios que os dice: "No
estás solo en tu Getsemaní".
- Cristo,
que hoy sufre la angustia en el Huerto de los Olivos, comprende vuestro
dolor, vuestro miedo y vuestra debilidad. Al recibiros en este sacramento,
la Iglesia entera os sostiene.
4. El Mandamiento Nuevo
"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a
otros como yo os he amado".
La medida del amor cristiano ya no es nuestra propia
capacidad, sino la capacidad de Cristo: un amor que llega "hasta el
extremo".
Al terminar esta celebración, el altar quedará desnudo
y el Sagrario vacío. Acompañaremos al Señor en su silencio. Pero no nos
quedemos solo en la emoción del momento. Salgamos de aquí con el compromiso de
ser:
1. Pan para el que tiene hambre de
sentido.
2. Toalla para el que necesita que le limpien
las lágrimas.
3. Aceite y bálsamo para el que sufre en el cuerpo o en
el espíritu.
Que esta Cena del Señor nos transforme. Que al recibir
su Cuerpo, nos convirtamos en sus manos para acariciar, en sus pies para
visitar y en su corazón para amar sin medida. Amén.
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