sábado, 11 de abril de 2026

VIGILIA POR LA PAZ. EUCRISTÍA A LAS 19:00 H. (11 DE ABRIL)

 


 "Misericordia, el Rostro de la Paz"
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy celebramos el Segundo Domingo de Pascua, el Domingo de la Divina Misericordia. Es un día para dejar que la luz de la Resurrección ilumine nuestras zonas oscuras, nuestros miedos y, de manera especial en este año 2026, nuestro anhelo profundo de paz.
1. Del miedo a la paz (El Evangelio)
El Evangelio de hoy nos sitúa en un escenario que conocemos bien: puertas cerradas por miedo. Los discípulos estaban recluidos, temerosos del exterior. ¿No nos ocurre a nosotros lo mismo? El miedo a la violencia, a la incertidumbre económica o a la guerra nos hace levantar muros en el corazón.
Pero Jesús atraviesa las puertas cerradas. No espera a que seamos valientes para venir; llega en medio de nuestra fragilidad y dice las palabras que el mundo más necesita hoy: "Paz a vosotros". No es un saludo protocolario; es el don pascual por excelencia. Es la paz que nace de saberse perdonado y amado.
2. Las llagas: El precio de la paz
Jesús muestra sus manos y su costado. ¿Por qué el Resucitado conserva las llagas? Para recordarnos que la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una respuesta al dolor humano.
El Papa León XIV, en su invitación para este día, nos ha pedido que "toquemos las llagas de Cristo en las llagas del mundo". Pedir por la paz, como nos exhorta el Santo Padre, no es solo decir palabras; es reconocer que la guerra y el odio son llagas abiertas en el cuerpo de la humanidad. El Papa nos invita a una "paz desarmada", que empieza cuando dejamos de señalar con el dedo y empezamos a abrir las manos para ayudar, como hizo Jesús.
3. La duda de Tomás y nuestra incredulidad
Muchos de nosotros somos como Tomás. Miramos el telediario, vemos los conflictos actuales y decimos: "Si no veo un cambio real, si no toco la paz, no creeré". Jesús no se enfada con Tomás; se le acerca y le ofrece sus heridas.
Hoy, la invitación del Papa a la oración mundial por la paz es un reto a nuestra incredulidad. Creer en la Divina Misericordia es creer que el amor es más fuerte que el odio, que el perdón es más poderoso que la venganza y que la paz es posible incluso donde parece reinar la muerte.
4. Ser "Artesanos de Misericordia"
La primera lectura de los Hechos nos muestra una comunidad que ponía todo en común. Esa es la traducción social de la misericordia. La paz que pedimos hoy al Señor no es solo el silencio de las armas; es la justicia que permite que todos tengan pan y dignidad.
Conclusión:
Al recibir hoy la Eucaristía, hagamos propia la oración que el Papa León XIV nos ha propuesto: "Señor, haz de mi corazón un territorio de paz".
Que la Divina Misericordia nos cure del virus de la indiferencia. Salgamos de esta celebración no solo como quienes "han visto al Señor", sino como quienes están dispuestos a ser, en sus familias y en la sociedad, el eco de aquel saludo de Jesús: "Paz a vosotros".
Amén.

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