/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.: San Francisco de Borja: De Noble de la Corte a Superior de los Jesuitas

sábado, 3 de octubre de 2026

San Francisco de Borja: De Noble de la Corte a Superior de los Jesuitas

 

Cada 3 de octubre, la Compañía de Jesús celebra a San Francisco de Borja, sacerdote jesuita que renunció a los honores y privilegios de la nobleza para entregar su vida al servicio de Dios. Francisco nació en Gandía, España, en 1510, en una familia de la alta nobleza. Llegó a servir en la corte del emperador Carlos V y se casó con Leonor de Castro, con quien tuvo ocho hijos. Su vida parecía encaminada a los honores, el poder y el reconocimiento. Sin embargo, un acontecimiento lo llevó a reflexionar profundamente sobre la fugacidad de las glorias humanas. En 1539, tras la muerte de la emperatriz Isabel de Portugal, a quien había conocido y servido en la corte, Francisco acompañó sus restos durante el traslado para su sepultura. Al contemplar el deterioro de aquel cuerpo que antes había sido admirado por su belleza, tomó conciencia de que la fama y la grandeza terrenal no duran para siempre. Esta experiencia contribuyó a transformar su vida espiritual. Tras la muerte de su esposa, en 1546, decidió orientar su vida por completo hacia Dios. Después de asegurar el futuro de sus hijos, ingresó en la Compañía de Jesús en 1550 y fue ordenado sacerdote al año siguiente. Su capacidad de organización y su profunda vida espiritual lo llevaron a ser elegido, en 1565, tercer superior general de los jesuitas. Durante su gobierno impulsó la formación de los religiosos, la fundación de colegios y la expansión de las misiones en distintas partes del mundo, incluidas las Américas. San Francisco de Borja murió en Roma en 1572 y fue canonizado por el papa Clemente X en 1671. Su historia nos invita a preguntarnos qué lugar ocupan en nuestra vida el prestigio, las riquezas y los reconocimientos. Todo lo terrenal pasa, pero el amor a Dios y la fidelidad a Cristo tienen un valor que trasciende esta vida. San Francisco de Borja, que dejaste los honores del mundo para seguir a Cristo, enséñanos a no poner nuestra esperanza en las riquezas ni en la gloria pasajera de esta vida. Ayúdanos a buscar primero el Reino de Dios y a servir al Señor con humildad y fidelidad. Amén.

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