jueves, 21 de noviembre de 2024

Lectio Divina: 22 de noviembre de 2024

 

Está escrito: Mi casa será casa de oración

1.-Oración introductoria.

Señor, me indigna que tu Templo se convierta en “cueva de bandidos”. Me indigna que tu casa sea un mercado de gente sin escrúpulo que hace negocio con las cosas más sagradas. Yo quiero ofrecerte mi casa, mi pequeño templo, para que estés a gusto. Desde ahí quiero escuchar tu Palabra y ponerla en práctica.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Lucas 19, 45-48

Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!» Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Este texto debió ser muy importante en la Iglesia primitiva ya que está recogido en los cuatro evangelistas. San Lucas, pasa un poco por encima el episodio de los vendedores del Templo ya que quita lo que aparece en Marcos que “tiró las mesas” y lo de Juan que “tomó un látigo”. Le interesa más centrarse en el mensaje, que se puede reducir a estos puntos:

  • Recuperar el Templo como “casa de oración”. Es lo que había dicho el profeta Isaías en 56,7.
  • El Templo no puede ser espacio de inmunidad para los maleantes y mercaderes, que se sienten seguros en él.
  • Jesús, rodeado del pueblo, crea un nuevo espacio de encuentro del hombre con Dios. El pueblo está con Jesús y en este pueblo se diseña el verdadero pueblo de Dios de Israel, que está pronto a aceptar el mensaje de Dios anunciado por Jesús.  Este es el pueblo que acudía junto a Pedro y Juan (Act 3,11); éstos hablan al pueblo (4,1); el pueblo tenía en gran estima a la Iglesia naciente (5,13). El Nuevo Pueblo de Dios no se edificará reconstruyendo el viejo Templo. Sí con el pueblo humilde y sencillo que escucha el mensaje de Jesús y trata de “atestiguarlo en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta en los últimos rincones de la tierra” (Hech. 1,8).

Palabra del Papa

“Los explotadores, los comerciantes en el templo, explotan también el lugar sagrado de Dios para hacer negocios: cambian las monedas, venden los animales para el sacrificio, también entre ellos se vuelven como un sindicato para defender. Esto no solo era tolerado, sino también permitido por los sacerdotes del templo. Son los que hacen de la religión un negocio. En la Biblia está la historia de los hijos de un sacerdote que empujaban a la gente a dar ofrendas y ganaban mucho, también de los pobres. Y Jesús dice: Mi casa será llamada casa de oración. Vosotros, sin embargo, la habéis convertido en una cueva de ladrones. De este modo, la gente que iba en peregrinación allí a pedir la bendición del Señor, a hacer un sacrificio, era explotada. Los sacerdotes allí no enseñaban a rezar, no les daban catequesis… Era una cueva de ladrones. No sé si nos hará bien pensar si con nosotros ocurre algo parecido. No lo sé. Es utilizar las cosas de Dios por el propio beneficio”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio).

5.-Propósito. Caer en la cuenta de que yo soy Templo Vivo del Espíritu Santo.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero tomar conciencia de que soy Templo del Espíritu Santo. Y este templo es mucho mejor que el mismo templo de Jerusalén. Este templo quiero que sea para mí un lugar de encuentro contigo. Desde este templo elevaré a Ti mis primeras oraciones de la mañana y elevaré hacia Ti el incienso de la tarde como alabanza a tu Santo Nombre. Y, desde ahora, miraré a las personas como “templos vivos del Espíritu Santo”.

Lectio Divina: 21 de noviembre de 2024

 

Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella.

1.-Oración introductoria.

Señor, hay escenas en el evangelio tan emotivas, tan escalofriantes, que sólo los que tengan un corazón de piedra como aquellos paisanos tuyos de Jerusalén, pueden rechazar o quedar indiferentes. Normalmente, a los hombres nos cuesta llorar. Parece que es un signo de debilidad, propio de las mujeres. Pero Tú, el hombre cabal, el hombre perfecto, el hombre por antonomasia, has gustado el amargo sabor de las lágrimas. Así te has hecho más hermano. Gracias, Señor, por tus lágrimas.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 19, 41-44

En aquel tiempo, al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.

3.- Qué nos dice el texto

Meditación-reflexión

Me impresionan y me emocionan estas palabras del Evangelio: “Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella”. Sus lágrimas son expresión de “impotencia”. Dios respeta tanto nuestra libertad que prefiere ser rechazado antes de verse obligado a realizar algo en contra de la voluntad de su pueblo. Jesús habla, dialoga, sugiere, ofrece la salvación…pero jamás tira la puerta de nuestra libertad. “Estoy a la puerta y llamo” (Ap. 3,20). Llama y espera. Si se le abre, entra; si se le cierra la puerta, se va; pero con los ojos arrasados en lágrimas.  Si no le importara su pueblo, si no tuviera cariño por su pueblo, se marcharía tranquilo después de haber hecho todo lo que podía hacer. Pero Jesús ama a su pueblo, a su ciudad: “Jerusalén, Jerusalén…cuantas veces te he querido reunir como la gallina a sus polluelos, y no has querido” (Mt. 23,37). Las lágrimas de Jesús son expresión de ternura, de amor incomprendido y rechazado. Las lágrimas de Jesús nos hablan de un Dios cercano, que tiene entrañas de misericordia, que se alegra con nosotros cuando nosotros reímos y sufre con nosotros cuando nosotros lloramos.  ¡Qué finura de amor!

Palabra del Papa

“También esta enseñanza de Jesús es importante verla en el contexto concreto, existencial en la que Él la ha transmitido. En este caso, el evangelista Lucas nos muestra  a Jesús que está caminando con sus discípulos hacia Jerusalén, hacia su Pascua de muerte y resurrección, y en este camino les educa confiándoles lo que Él mismo lleva en el corazón, las actitudes profundas de su alma.

Entre estas actitudes están el desapego de los bienes terrenos, la confianza en la providencia del Padre y, también, la vigilancia interior, la espera activa del Reino de Dios. Para Jesús es la espera de la vuelta a la casa del Padre. Para nosotros es la espera de Cristo mismo, que vendrá a cogernos para llevarnos a la fiesta sin fin» (S.S. Francisco, 11 de agosto de 2013). 

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.-Propósito. Un rato de silencio para dar gracias a Dios porque Jesús, a través de sus lágrimas,  nos ha revelado el amor entrañable de Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, he entrado en la oración con mi corazón emocionado y salgo de ella con mi corazón enternecido. Tus lágrimas sobre la ciudad de Jerusalén me hablan de las veces que Tú has llorado por mí cuando me he empeñado en cerrar la puerta de mi corazón a tus llamadas. He sido duro, terco, insensible a tus dulces palabras, a tu suave invitación, a tanto derroche de cariño que has tenido conmigo. Gracias, Señor, por tanto amor. Te prometo desde hoy abrirte de par en par la puerta de mi corazón. Entra, Señor, a cenar conmigo. ¡Te necesito!. Y, por favor, quédate siempre a mi lado.

Lectio Divina: 20 de noviembre de 2024

¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades.

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy la parábola que nos trae el evangelio es una llamada a trabajar, a no ser ociosos, a no ser una carga para los demás, a no vivir del cuento, a no ser un parásito para la sociedad. San Pablo lo diría más claro: “El que no quiere trabajar no tiene derecho a comer”. Pero también nos llama a ser responsables, a aprovechar el tiempo, a prepararnos para presentarnos ante el Señor con los deberes hechos.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola, pues estaba Él cerca de Jerusalén, y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: «Negociad hasta que vuelva.» Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: «No queremos que ése reine sobre nosotros.» Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: «Señor, tu mina ha producido diez minas.» Le respondió: «¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades.»

Vino el segundo y dijo: «Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.» Dijo a éste: «Ponte tú también al mando de cinco ciudades.» Vino el otro y dijo: «Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste.» Díctele: «Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.» Y dijo a los presentes: «Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.» Dijéronle: «Señor, tiene ya diez minas.» «Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.» «Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.» Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.

3.- Qué dice el texto. 

Meditación-Reflexión

Todos los días, al comenzar la Eucaristía, pedimos perdón al Señor por un pecado que después nos olvidamos de confesar: el pecado de “omisión”. Creemos que sólo es pecado el mal que hacemos y no caemos en la cuenta de que también es pecado el bien que dejamos de hacer.  Es más, al final de la vida, estamos convencidos de que Dios es Padre Misericordioso y nos perdonará nuestros errores, nuestros fallos, nuestros pecados. Pero, ¿qué pasará con los pecados de omisión? El bien que no hicimos para siempre quedará sin hacer. A eso va la parábola de hoy. El que ha recibido diez minas y ha negociado con ellas hasta conseguir otras diez, será recompensado con diez ciudades. Lo mismo el que recibió cinco y consiguió otras cinco, recibirá cinco ciudades. Pero ¿qué pasará con el que ha enterrado la mina?  No podemos presentarnos ante el Señor “con las manos vacías”. El tiempo perdido no puede ser rescatado. Las horas vacías rodarán vacías por toda la eternidad sin que nadie, ni Dios, las pueda llenar de sentido. Trabajemos con los dones que Dios nos ha dado a cada uno, sin tener envidia de aquel a quien Dios le ha dado más porque tendrá una responsabilidad mayor. Pero trabajemos conscientes de que los dones y cualidades que el Señor nos ha entregado para que las trabajemos no son nuestros. No somos dueños sino administradores. Notemos la inmensa diferencia que hay entre la “mina” que nos entrega (una moneda de la Grecia antigua equivalente a 100 dracmas) y la “ciudad” que nos regala. A un dueño tan espléndido, sólo cabe el agradecimiento y no la exigencia.

Palabra del Papa

“El significado de esto es claro. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celeste, su perdón… en definitiva, tantas cosas, sus más preciosos bienes. Este es el patrimonio que Él nos confía. ¡No sólo para custodiar, sino para multiplicar! Mientras en el lenguaje común el término «talento» indica una notable cualidad individual – por ejemplo, talento en la música, en el deporte, etcétera –, en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos rendir. El hoyo excavado en el terreno por el «siervo malo y perezoso» indica el miedo del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en el amor nos bloquea. ¡Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte! No nos pide esto Jesús, sino que quiere que la usemos para provecho de los demás… Y nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos «contagiado» con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos animado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien hacernos”. (Ángelus de S.S. Francisco, 16 de noviembre de 2014).

4.- ¿Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.-Propósito. Me haré esta pregunta al final del día. ¿He aprovechado bien los dones que Dios me ha regalado hoy?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque en este rato he aprendido a ser responsable, a llenar mi vida de sentido, a ser agradecido por lo que me has dado. Reconozco que sólo si me siento un regalo tuyo, puedo hacer de mi vida “una donación” para los demás. Haz que nunca me guarde para mí los dones que me das sino que los entregue en beneficio de los demás, y en especial de los más necesitados. 

Lectio Divina: 19 de noviembre de 2024

 

Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.

1.- Oración introductoria.

Señor, Zaqueo era un pecador y él lo sabía; pero no estaba a gusto con su pecado; le pesaba demasiado, no era feliz y buscaba encontrarse con Jesús para poder abrir su vida a un nuevo horizonte. Señor, yo también tengo pecados, pero tal vez  el mayor de todos sea  el que no tengo ganas de cambiar, no tengo aspiraciones de ser mejor, incluso me encuentro cómodo viviendo como vivo y no siento deseos de encontrarme vivencialmente contigo. Haz, Señor, que cambie, pero no mañana sino hoy,

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 19, 1-10

“Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Observemos la postura de Jesús y la reacción de Zaqueo.

  • Jesús le mira. Antes de que Zaqueo mirara a Jesús, Zaqueo se sintió mirado…Y, como dice San Juan de la Cruz, el mirar de Dios es amar. Se sintió amado por Jesús antes de que Zaqueo lo viera. Jesús siempre nos sorprende y nos lleva la delantera.
  • Jesús le llamó por su nombre: Zaqueo baja. Qué impresión le debió de dar. Hacía mucho tiempo que nadie le llamaba por su nombre. Le decían de todo: ladrón, corrupto,     sinvergüenza, malvado… Para Jesús ese hombre tiene un nombre: Zaqueo. Y, al llamarlo por su nombre, le restituye su dignidad.
  • Se invitó a comer en su casa“Hoy debo hospedarme en tu casa”. El invitar a uno a casa era signo de amistad, pero el invitarse a comer, sólo se hacía cuando había una enorme amistad. Zaqueo bajó loco de alegría… Notemos que Jesús no le ha dicho nada de su situación: no le ha echado en cara su pecado, no le ha exigido como condición devolver el dinero robado.  Simplemente se ha dedicado a amarle y darle toda su confianza… Lo demás vendrá solo.

         ¿Cómo reacciona Zaqueo?

  • Se pone en pie. Hacía mucho tiempo que iba encorvado, con la cabeza baja, se sentía una piltrafa de hombre. Se levanta el hombre con sus          derechos, su dignidad, sus posibilidades de ser persona…
  • La mitad de lo que tengo lo doy a los pobres. Y doy cuatro veces más de lo que he defraudado. Se ha dicho que, cuando Dios entra por la puerta, los dineros salen por la ventana.
  • Se sintió feliz. Lo contrario del joven rico. Con Jesús había descubierto que la riqueza no da la felicidad. La felicidad no está fuera de nosotros sino dentro del corazón. No hay mayor riqueza que un corazón lleno de Dios.

Palabra del Papa

“Y Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida como a Zaqueo, a Bartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al Señor, Él siempre nos mira primero. Es nuestra historia personal; al igual que muchos otros, cada uno de nosotros puede decir: yo también soy un pecador en el que Jesús puso su mirada. Los invito, que hoy en sus casas, o en la iglesia, cuando estén tranquilos, solos, hagan un momento de silencio para recordar con gratitud y alegría aquellas circunstancias, aquel momento en que la mirada misericordiosa de Dios se posó en nuestra vida. Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Sabe ver más allá de la categoría social a la que podemos pertenecer. Él ve más allá de todo eso. Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Es nuestra dignidad de hijo. Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús, dejemos que su mirada recorra nuestras calles, dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida”. (Homilía de S.S. Francisco, 21 de septiembre de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio) 

5.-Propósito: Hoy puede ser un buen día para mí si no dejo mi conversión para mañana.    

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, sabemos que Zaqueo era rico, muy rico, pero le costó muy poco desprenderse del dinero cuando se encontró contigo. Con el dinero podía comprar muchas cosas: casas, campos, joyas, pero no podía comprar la paz, la alegría y la felicidad que encontró contigo. De aquí en adelante, el dinero sólo le serviría para ayudar a otros a encontrase contigo. Señor, cuando tanto me cuesta dejar el dinero, mis propiedades, mi confort, mi vida cómoda, es señal de que no me he convertido del todo, no he puesto mi felicidad en ti. ¡Ayúdame a cambiar!

Lectio Divina: 18 de noviembre de 2024

 

¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

1.- Oración introductoria.

Hoy, Señor, vengo a la oración a pedirte lisa y llanamente lo que te pidió aquel ciego que estaba al borde del camino: ¡Señor, que vea!. Que vea mi limitación, mi fragilidad, mi pobreza. Que vea que yo solo no puedo caminar y te necesito. Que vea que Tú estás en mis hermanos y los ame. Que vea que Tú estás presente en el corazón del mundo y te alabe.

 2.- Lectura reposada del evangelio Lucas 18, 35-43

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Él dijo: ¡Señor, que vea! Jesús le dijo: Ve. Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Aquel ciego había perdido la vista, pero no el oído. Había oído cosas maravillosas de Jesús. Sobre todo escuchó una frase que le traspasó el corazón: ¡Por ahí pasa Jesús!. No se lo pensó dos veces. Él se las arregló para que lo llevasen donde pasaba Jesús. Por fin había llegado el día que tanto esperaba. Era su día, la gran oportunidad de su vida. Y bien que la aprovechó. Tampoco había perdido el habla para poder exponerle a Jesús su problema. Ni tampoco  el grito de su garganta cuando pretendían que se callase. Muchas veces nos quejamos de todo lo que nos falta y nunca caemos en la cuenta de lo que podemos hacer con lo que todavía nos queda. Con los sentidos que le quedaban sanos fue a Jesús y le devolvió la vista.  Con los nuevos ojos estrenó una nueva vida. No se marchó a su casa a hacer su vida, sino que siguió a Jesús por el camino. De oyente de Jesús se convirtió en “seguidor” de Jesús. Y, de tal manera hablaba de Jesús, que contagió a todo el pueblo. No se limitó a ser un cristiano del montón, sino que se convirtió en apóstol. Toda mi vida está tejida de grandes favores y gracias de Dios. ¿Qué más debe hacerme Dios para sacarme de mi rutina, de mi pereza, de mi vulgaridad? Tal vez el milagro de la vista. Que vea la vida con ojos nuevos, que siga a Jesús por el camino que Él me marca y no por el que yo quiero ir. Que sea un cristiano más convencido, más audaz, más entusiasta, más misionero.

Palabra del Papa

“Él lo ha prometido: eh aquí la piedra angular sobre la que se apoya la certeza de una oración. Con esta seguridad nosotros decimos al Señor nuestras necesidades, pero seguros de que Él pueda hacerlo. Rezar es sentir que Jesús nos dirige la pregunta del ciego: ¿tú crees que puedo hacer esto? Él puede hacerlo. Cuando lo hará, como lo hará no lo sabemos. Esta es la seguridad de la oración. La necesidad de decir la verdad al Señor. ‘Soy ciego, Señor. Tengo esta necesidad. Tengo esta enfermedad. Tengo este pecado. Tengo este dolor…’, pero siempre la verdad, como es la cosa. Y Él siente la necesidad, pero siente que nosotros pedimos su intervención con seguridad. Pensamos si nuestra oración es de necesidad y es segura: de necesidad porque nos decimos la verdad a nosotros mismos, y segura, porque creemos que el Señor puede hacer aquello que le pedimos”. (Cf. S.S. Francisco, 6 de diciembre de 2013, homilía en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto (Silencio).

5.-Propósito. Hoy daré gracias a Dios por tantos regalos que me ha hecho en mi vida.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy siento envidia de este cieguecito. Tenía deseos de estar contigo, te buscaba, te deseaba, te necesitaba. Y, cuando fue curado por ti, ya no te dejó. Te siguió por el camino. Y el camino era el de la Cruz. Ante la muerte en la Cruz te abandonaron tus discípulos, pero este ciego ya no te abandonó sino que te siguió hasta el final.Y el final no fue la muerte sino la Resurrección.  Fue tu discípulo, no sólo con palabras sino con el testimonio de su vida. ¡Cuánto me queda por aprender!

jueves, 14 de noviembre de 2024

LA MIGRACIÓN, UNA MIRADA HUMANA - IV Jornadas Pobreza y Exclusión Social -

lunes, 11 de noviembre de 2024

Domingo 33, tiempo ordinario: 17 de noviembre de 2024

 

…sabed que él está cerca, a la puerta…

INTRODUCCIÓN

En el tiempo en que se escribe este evangelio de Marcos, todo el mundo pensaba que “el fin del mundo era ya inminente”. La destrucción del Templo de Jerusalén fue para ellos, una “premonición”.  Pero hubo un hombre genial, San Lucas, el que “inspirado por Dios” escribió una obra en dos partes: El Evangelio y los Hechos de los Apóstoles. Con el evangelio acaba la etapa del Jesús histórico: Vida, Muerte y Resurrección. Pero esta bonita historia “continua” en los Hechos, es decir, en la vida de la Iglesia. Que nadie hable de “fin del mundo”. Que todos nos pongamos a trabajar y construir un mundo nuevo, el mundo que inició Jesús. Hay mucha tarea por delante y no es tiempo de pensar en el final. Tampoco es tiempo de “dormir”, ni de ser vagos y perezosos.  La tarea es inmensa y apasionante. Teniendo siempre la mirada puesta en Jesús, pasemos por la vida “haciendo el bien a todos” y creando una Nueva Humanidad.

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Dan. 12, 1-3.                  2ª lectura: Heb. 10.11-14.18

EVANGELIO

Marcos 13, 24-32:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

REFLEXIÓN

En estos últimos domingos del año litúrgico, la Iglesia nos sitúa al final de la historia. Pero para los judíos (y después los cristianos), la historia no es “circular” como en los pueblos vecinos, donde todo se repite, sino “lineal” es decir, con perspectivas de futuro. Israel se encuentra siempre en tensión hacia la salvación que ha de venir. Desde Abrahán, a quien Dios le dice: «sal de tu tierra», pasando por el éxodo hacia la tierra prometida; y terminando por la espera del Mesías, Israel vivió siempre con la esperanza de algo mejor, que Dios le iba a dar. Veamos los textos de hoy en esta perspectiva positiva.

1.– Entonces verán al Hijo del Hombre sobre las nubes. La partícula “entonces” viene a continuación de hablarnos de una angustia ante el  oscurecimiento del sol, y de  la luna y  la caída de las estrellas. Esto significa que, ante la llegada del Hijo del Hombre en poder y majestad, todas las criaturas palidecen, dejan de brillar. Tal y como habían anunciado los profetas, todos los imperios, destructores de la humanidad, tienen que ceder y dar paso a una humanidad nueva donde reine la justicia, la igualdad, la fraternidad.  “El cielo y la tierra pasarán”. En este mundo todo pasa. Si pasan los astros, más los modelos, los ídolos de barro, los que acaparaban las noticas de los medios de comunicación,  los grandes de la tierra, Y dice Jesús: Para hablar de este final tan apoteósico, no hay que meter miedo a nadie. Basta con que sepamos presentar el verdadero rostro de Dios. Dios no quiere esclavos que le sirvan por miedo, sino hijos que le amen con libertad.

2.– Aprended de la higuera.  Es una bella imagen. Por frío, duro y crudo que sea el invierno, nunca podrá detener la primavera. En primavera las ramas se ponen tiernas, brotan los capullos y son expresión de vida y de belleza.  Parece decirnos Jesús con esta imagen: ¡No tengáis miedo!  Está por estallar una eterna primavera de Dios. Por fin os vais a enterar quien era Dios. Ese Dios que ha estado tan oculto en vuestra historia, se va a manifestar “tal y como es” Allí reunirá “a los elegidos de los cuatro vientos” . Y se logrará la gran fiesta de la fraternidad universal. “Y Dios será todo en todos” (1Cor. 15,28).

3.– El día y la hora nadie lo sabe, sólo el Padre.  Jesús, durante su vida, no hizo otra cosa que hablarnos del Padre y sólo del Padre. Parece que era eso lo que más  le interesaba.  Sabía muy bien que en el momento en que los hombres y mujeres de este mundo cayéramos en la cuenta de cómo es Dios, el Dios revelado por el Hijo, un Dios cercano, el Dios -Abbá-, es decir, “Papá”, el Dios que sólo quiere nuestro bien y que seamos felices, ese día nuestra vida cambiaría.  El que Dios Padre se haya reservado para Él sólo el saber el día y la hora, quiere decir que quiere ser “El personalmente, el que nos dé la “sorpresa”.  Si un Padre se ha visto forzado a vivir muchos años separado de un hijo, cuando le dicen que ya pronto va a regresar, el primero que quiere ir al aeropuerto a darle el primer beso, el primer abrazo, es el padre. Así es Dios. De lo que ha de suceder ese último día, nadie sabe nada, ni a nadie le interesa. Es algo que se ha reservado el Padre para darnos la GRAN SORPRESA”.

PREGUNTAS

1.- ¿Todavía le tengo miedo a Dios? ¿Aún no he experimentado su cariño, su bondad, su ternura? ¿Por qué esperar al último día?

2.- ¿Me da alegría el pensar que después de la muerte, vendrá el “estallido de una eterna primavera”?

3.- ¿He pensado que el primero que vendrá a abrazarme, después de mi muerte, va a ser mi Padre-Dios? ¿Me lo creo?

Lectio Divina: 16 de noviembre de 2024

 

Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar?

1.- Oración introductoria.

Señor, Tú quieres que yo ore, que no me canse de orar, que no me canse de pedir aquello que más necesito. Pero ¿qué es aquello de lo que tengo mayor necesidad? Lo que más necesito es tu presencia, el saber que me escuchas, el tenerte cerca, el que yo sienta necesidad de Ti.

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos que era preciso orar siempre sin desfallecer, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: “¡Hazme justicia contra mi adversario!” Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme.” Dijo, pues, el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

En este evangelio está claro que Jesús nos insiste machaconamente en que debemos rezar y no cansarnos. Pero sacaríamos una mala conclusión de este texto, si Dios, por el hecho de que nosotros le pidamos insistentemente una cosa, se viera en la necesidad de concederla. La verdadera oración de petición siempre pasa por la oración de Cristo al Padre: “No se haga mi voluntad sino la tuya”. Una oración de petición bien situada es la que nos ha llegado a nosotros a través del salmo 16. “Yo digo al Señor: Tú eres mi bien”. Lo primero que debemos dejar bien claro es esto: Dios es nuestro bien, el Absoluto, Aquel que más necesitamos. Pedimos, pues, que siga siendo nuestro bien, que le sintamos cercano, que le busquemos a Él de todo corazón. Una vez que  tenemos esto claro podemos pedir lo que queramos, pero sabiendo que todo lo que pidamos  ya es relativo. Si no me da lo que pido, no importa. Siempre me quedaré con lo esencial: que Él es mi Dios, el Dios de mi vida, el que da sentido a mi existencia, el que me quiere como el mejor de los padres.

Palabra del Papa

“Todo itinerario de formación religiosa auténtica acompaña a la persona, desde su más tierna edad, a conocer a Dios, a amarlo y hacer su voluntad. Dios es amor, es justo y pacífico, y quien quiere honrarlo debe sobre todo comportarse como un hijo que sigue el ejemplo del padre. Un salmo afirma: “El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos… El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”. Como Jesús nos ha demostrado con el testimonio de su vida, justicia y misericordia conviven en Dios perfectamente. En Jesús “misericordia y fidelidad” se encuentran, “la justicia y la paz” se besan. En estos días la Iglesia celebra el gran misterio de la encarnación: la verdad de Dios ha brotado de la tierra y la justicia mira desde el cielo, la tierra ha dado su fruto. Dios nos ha hablado en su Hijo Jesús”. Benedicto XVI, 1 de enero de 2012.

4.– Qué me dice ahora a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.-Propósito: Iré a la oración porque a Dios le encanta que yo vaya.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, cuando Tú insistes tanto en la oración es porque Tú antes la has experimentado. Tú, antes de salir el sol, ya estabas en el monte, orando a tu Padre (Mc. 1,35). Era la primera obra del día y la más importante. Haz que yo también sienta la necesidad de estar contigo aun antes de amanecer. Que la primera brisa de la mañana me hable de tu ternura, y los primeros rayos del sol me bañen de tu presencia joven y gozosa de recién resucitado.

Lectio Divina: 15 de noviembre de 2024

 

Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.

1.- Oración introductoria.

Señor, haz que, en esta oración, entre en la dinámica del evangelio: perder para ganar. Perder tiempo, esfuerzo, trabajo, energías, en servicio de los demás, de los que más me necesiten. Y esto para tener más vida, más realización personal, más alegría y más esperanza. Es lo que hizo Jesús y es lo que yo también quiero hacer.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Lucas 17, 26-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada. Y le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les respondió: Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Miremos los verbos que usa el texto bíblico hablando de los hombres de aquel tiempo: “comían, bebían”, (aspecto corporal), “plantaban, construían”, (aspecto laboral),  “compraban, vendían”, (aspecto social), tomaban mujer o marido (aspecto afectivo). Pero aquí, ¿dónde queda el aspecto espiritual? Lo ignoraban. Esto es lo que Jesús les echa en cara. Y ese pecado es el que abunda en nuestro mundo y en nuestros días. El mundo de nuestro tiempo está organizando su vida al margen de Dios. “Ser agnóstico es no tener necesidad de Dios” (Tierno Galván). Y ésta es nuestra tragedia.  Según el Génesis el hombre es “un trozo de barro con un soplo divino” (Gn.2, 7). Y este hombre con ese soplo divino se convierte en “imagen y semejanza de Dios”. Pero ¿qué es el hombre sin ese soplo de Dios? Barro, arcilla, tierra, nada. El hombre, como el árbol, necesita de las raíces de la tierra y de la inmensidad de los cielos para mantenerse en pie. Por eso dice el Concilio Vaticano II que: “el hombre sin Dios se desvanece”. La imagen de Dios en el hombre es el mejor carnet de identidad, su ADN más profundo.

Palabra del Papa

“Hay aquí una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresado con una paradoja muy eficaz, que nos permite conocer su modo de hablar; casi nos hace percibir su voz… Pero, ¿qué significa “perder la vida a causa de Jesús”? Esto puede realizarse de dos modos: explícitamente confesando la fe o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una multitud inmensa los hombres y las mujeres que sacrificaron la vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes del mundo, hay muchos, muchos, muchos mártires —más que en los primeros siglos—, que dan la propia vida por Cristo y son conducidos a la muerte por no negar a Jesucristo. Esta es nuestra Iglesia. Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos. Pero está también el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un “perder la vida” por Cristo, realizando el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don, del sacrificio. Pensemos: cuántos padres y madres, cada día, ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente la propia vida por el bien de la familia”. (S.S. Francisco, 23 de junio de 2013).

4.– Qué me dice ahora a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5- Propósito: Voy a vivir este día desviviéndome por aquellas personas que más me necesitan.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero aprovechar mi vida empleándola en servir a los demás con generosidad y amor. No quiero mirar atrás como la esposa de Lot. Mirar atrás es vivir de reservas o de nostalgias. Yo quiero mirar siempre adelante para no petrificarme. Y quiero mirar adelante consciente de que, para un cristiano, cualquier tiempo pasado fue peor. Lo que nos queda es infinitamente mejor que lo que hemos vivido. ¡Gracias, Señor!.

Lectio Divina: 14 de noviembre de 2024

 

“ El reino de Dios ya está entre vosotros”

1.- Introducción

Hoy, Señor, quiero que mi mirada coincida con la tuya: haz que no me fije en los grandes y poderosos de este mundo sino en los pequeños y sencillos: en esos pastorcitos que guardan el ganado cuando Tú naces en una cueva; en esos niños que tienen unos pocos panes y unos pececillos cuando das de comer a la gente hambrienta en el desierto; en esa pobre viuda que echa en el cepillo del templo las dos moneditas que le quedaban. Haz, Señor, que descubra el valor de lo pequeño.

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 17, 20-25

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo llegaría el Reino de Dios, Jesús les respondió: El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: «Vedlo aquí o allá», porque el Reino de Dios ya está entre vosotros. Dijo a sus discípulos: Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: «Vedlo aquí, vedlo allá.» No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

El Reino de Dios ocupó el centro de la predicación de Jesús. A él dedicaba su tiempo y sus mejores  energías;  era el objeto de su ocupación y preocupación. El Reino de Dios, o mejor, el reinado de Dios, era la nueva situación creada por Dios para el hombre, con motivo de la llegada de Jesús al mundo.  Algunos esperaban esta venida de un modo espectacular. Pero este Reino “llegó sin dejarse sentir”. No hizo ruido. Y se instaló en silencio en los corazones de las personas de buena voluntad. Desde entonces miles y miles  de hombres y mujeres pasan su vida sin destacar en nada; sin recibir un aplauso; sin salir nunca en la prensa. Ellos y ellas van desgranando su vida ordinaria y sencilla en el campo, en un hospital,  en el taller, en los oficios de la casa. Estas personas jamás se enfadan ni están tristes, al contrario, ayudan al que lo necesita y todo lo hacen con  cariño,  con alegría, con ilusión. La razón de ese obrar es muy sencilla: “El reino de Dios  ya está entre ellos”. Estos no necesitan milagros para ser santos. Toda su vida ha sido un puro milagro y su fiesta la celebran el día uno de noviembre.

Palabra del Papa

“Nosotros sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado; que está vivo entre nosotros y que tiene una finalidad: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor. Y tiene una fuerza que la mueve hacia aquel fin: es la fuerza del Espíritu Santo. Todos nosotros tenemos el Espíritu Santo que hemos recibido en el bautismo. Y él nos empuja a ir hacia adelante en el camino de la vida cristiana, en el camino de la historia, hacia el Reino de Dios. Este Espíritu es la potencia del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los constructores de paz. Donde hay un hombre y una mujer constructor de paz, es exactamente el Espíritu Santo quien ayuda y lo empuja a hacer la paz» (S.S. Francisco, 1 de enero de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio. (Guardo silencio) 

5.-Propósito: Haré las cosas ordinarias de este día de modo que sean  la mejor expresión de que el Reino de Dios ya ha llegado a mi corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy te quiero agradecer el haber caído  en la cuenta de que Tú no eres para mí un ser extraño, que habitas en parajes lejanos. Estás a mi lado, es más, estás dentro de mi propio corazón. Ahí has instalado tu Reino.  Desde ahí diriges y orientas mi vida hacia la verdad, la libertad, el amor, la felicidad.

Lectio Divina: 13 de noviembre de 2024

 

Los otros nueve, ¿dónde están?

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy me inquieta una pregunta que Tú formulas en el evangelio: Y los otros nueve ¿dónde están? ¿Dónde están tantos que antes eran cercanos a la Iglesia  y ahora no quieren saber nada de ella? ¿Dónde tantos de aquellos que antes eran creyentes y ahora son ateos? ¿No tendré yo alguna culpa? ¿No habré vivido mi fe sin compromiso serio con los hombres, mis hermanos?

2.- Lectura reposada del evangelio Lucas 17, 11-19

En aquel tiempo, yendo Jesús de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: Jesús, Maestro, ¡ten compasión de nosotros! Al verlos, les dijo: Id y presentaos a los sacerdotes. Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate y vete; tu fe te ha salvado.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

En este evangelio nos llama poderosamente la atención el hecho de que precisamente el samaritano, el que vive al margen de la ley judía,  sea el único que venga a dar gracias al Señor. Los nueve leprosos judíos se limitan a ir a los sacerdotes, como mandaba la ley (Lev. 13,39). En cambio el samaritano se deja conducir por la ley natural, la que le dicta el corazón, es decir, la ley del agradecimiento. La consecuencia es clara: la religión mal entendida puede llegar a deshumanizarnos. No olvidemos que Jesús se hizo Hombre. Dios elevó, potenció y  enriqueció todo lo humano. Es el hombre el camino normal  para ir a Dios. Cuando esto no lo tenemos en cuenta, puede ocurrir que las leyes endurezcan el corazón. Hay personas religiosas que son muy violentas, muy criticonas, con cara de pocos amigos, con muy mal genio. Y nos preguntamos: ¿Y todos esos acaban de comulgar? ¿Acaban de comer el pan de la bondad? Jesús pregunta: Y esos otros nueve, ¿dónde están? ¿Dónde están esos cristianos auténticos que han hecho del amor a Dios y el amor al hermano un solo precepto? ¿Es posible que los no cristianos nos den lecciones? ¿Qué hemos hecho del testamento de Jesús que nos manda amarnos como Él nos ha amado?

Palabra del Papa

“En los evangelios, algunos reciben la gracia y se van: de los diez leprosos curados por Jesús, solo uno volvió a darle las gracias. Incluso el ciego de Jericó encuentra al Señor mediante la sanación y alaba a Dios. Pero debemos orar con el «valor de la fe», impulsándonos a pedir también aquello que la oración no se atreve a esperar: es decir, a Dios mismo: Pedimos una gracia, pero no nos atrevemos a decir: ‘Ven Tú a traerla’. Sabemos que una gracia siempre es traída por Él: es Él que viene y nos la da. No demos la mala impresión de tomar la gracia y no reconocer a Aquel que nos la porta, Aquel que nos la da: el Señor. Que el Señor nos conceda la gracia de que Él se dé a nosotros, siempre, en cada gracia. Y que nosotros lo reconozcamos, y que lo alabemos como aquellos enfermos sanados del evangelio. Debido a que, con aquella gracia, hemos encontrado al Señor”. (Cf. S.S. Francisco, 10 de octubre de 2013, homilía en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto? (Silencio)

5.- Propósito: Hoy trataré de ver a Dios en el rostro de mi hermano.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy he aprendido a darte gracias a Ti, Señor. Y quiero darte gracias no porque me lo imponga ninguna ley externa sino por la ley del corazón, porque me sale de dentro, porque disfruto agradeciéndote tantas gracias, tantos favores, que me has dado a lo largo de mi vida. Más que darte gracias, quisiera hacer de mi vida “una acción de gracias permanente para Ti” Dame tu ayuda para conseguirlo.

Lectio Divina: 12 de noviembre de 2024

 

“Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer».

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy quiero convertir en materia de mi oración una de las últimas palabras del evangelio de este día: “Somos siervos inútiles”. Quiero afincarme en esta gran verdad: soy un inútil, no sirvo para nada. Y no es que esto sea una falsa humildad, es la pura verdad. ¿Qué hubiera sido de mi vida sin tu gracia, sin tu presencia? Lo dices Tú muy bien: “una casa edificada sobre arena”. Todo lo que hay en mí de sólido, de firme, de consistente, te lo debo a Ti.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 17, 7-10

«¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: «Pasa al momento y ponte a la mesa?» ¿No le dirá más bien: «Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?» ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer». 

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

A primera vista, parece que Jesús aprueba este trato abusivo y arbitrario de este amo. Se sabe que en tiempos de Jesús existía en Israel una esclavitud, aunque más moderada que en el imperio romano (J. Jeremías). Jesús se sirve de una realidad muy cotidiana para que las gentes que le escuchaban aprendieran cuál debía ser la disposición de la criatura ante su Creador: Ninguno de nosotros es dueño de su vida. Somos criaturas de Dios; estamos pendientes de Dios como lo estuvimos un día del cordón umbilical con nuestras madres. Por eso nuestra actitud profunda ante Dios es de gratitud, de alabanza, de adoración. Por otra parte, en tiempo de Jesús, los fariseos estaban cargados de méritos. Compraban a Dios con sus méritos y despreciaban a los que no los tenían (Ver parábola del Fariseo y publicano). Cuando el Señor nos dice que “somos siervos inútiles” nos quiere elevar a otra categoría superior: la categoría de “hijos” que obran por amor. “Como criaturas de Dios”, lo que debemos hacer, es adorar, alabar y agradecer al Creador; y, “como hijos de Dios”, debemos amarle y demostrarle nuestro amor con obras. Pero no obras para adquirir méritos y presumir ante Dios y los demás, sino para responder con amor al inmenso amor que Él nos ha tenido. Una madre se desvive por el hijo, se sacrifica por él, pero no le exige nada. Se siente feliz de poder expresarle el cariño que le tiene. Lo lógico es que ese hijo se desviva por su madre como la cosa más normal. El gozar haciendo el bien es la mejor recompensa.

Palabra del Papa

“Porque la fe es un encuentro con Jesús, nosotros debemos hacer lo mismo que hace Jesús: encontrarnos con  los demás. Vivimos una cultura del desencuentro, una cultura de la fragmentación, una cultura en la que lo que no me sirve lo tiro, la cultura del descarte. Pero sobre este punto os invito a pensar —y es parte de la crisis— en los ancianos, que son la sabiduría de un pueblo, en los niños… ¡la cultura del descarte! Pero nosotros debemos ir al encuentro y debemos crear con nuestra fe una “cultura del encuentro”, una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos hermanos, donde podemos hablar también con quienes no piensan como nosotros, también con quienes tienen otra fe. Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes de Dios, son hijos de Dios. Ir al encuentro con todos, sin negociar nuestra pertenencia» (S.S. Francisco, 18 de mayo de 2013). 

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio) 

5.-Propósito En este día mostrar a los demás un rostro “alegre” y así manifestaré el gozo de servir a mi Señor Jesucristo.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy al terminar mi oración, mi mirada se dirige a María, tu Madre, esa mujer maravillosa que, a pesar de la dignidad que le diste de ser Madre de Dios, sólo se fijó en lo poco que era: “ha mirado la pequeñez de su esclava”. Siempre se sintió pobre, humilde, sencilla, esclava. Haz que yo sepa imitarle.