"La Palabra que se hace cercanía"
Introducción: El
silencio que rompe la historia
Hoy no celebramos un aniversario más de un evento antiguo. Celebramos que el
tiempo se ha llenado de eternidad. Las lecturas de este Ciclo A, especialmente
el Prólogo de San Juan (Jn 1, 1-18), nos invitan a contemplar no solo al
niño en el pesebre, sino al Dios que es "Palabra" (Logos) y que
decide poner su tienda entre nosotros.
1. Dios no es un
extraño (La Palabra se hizo carne)
San Juan nos dice que "la Palabra estaba junto a Dios". Pero esa
Palabra no se quedó en la comodidad del cielo. En un mundo que a menudo se
siente solo o desconectado, el mensaje de este 2025 es claro: Dios se ha hecho
"carne". Ha asumido nuestra fragilidad, nuestros miedos y nuestras
alegrías. Al hacerse hombre, Dios ha validado nuestra existencia; ya nada de lo
humano le es ajeno.
2. La Luz frente a la
ceguera
El Evangelio subraya que "la luz brilla en la tiniebla". A finales de
este año, podemos mirar a nuestro alrededor y ver sombras de guerra, soledad o
incertidumbre económica. Sin embargo, la Navidad nos recuerda que la luz de
Cristo no es un foco deslumbrante que ciega, sino una llama que guía. Cristo no
elimina mágicamente todos los problemas del mundo, pero nos da la luz necesaria
para caminar a través de ellos sin perder la esperanza.
3. El drama del
rechazo y la gracia de la acogida
"Vino a su casa y los suyos no lo recibieron". Esta es la advertencia
de la liturgia de hoy. El mayor peligro de la Navidad es que el
"ruido" de la fiesta nos impida escuchar el susurro de la Palabra.
Recibir a Jesús hoy significa abrir espacio al que es diferente, al necesitado
y al que sufre. Quien recibe a Cristo, recibe la capacidad de ser "hijo de
Dios".
4. Conclusión: Un Dios
que habla nuestro idioma
Como dice la Carta a los Hebreos en
la segunda lectura, Dios nos habló de muchas maneras, pero hoy nos habla a
través de su Hijo. La homilía de nuestra vida debe ser ahora reflejar esa
Palabra. Que nuestra alegría no termine hoy con los regalos, sino que comience
al entender que nunca más estaremos solos.
Mensaje final:
Vayamos a casa con una certeza: Dios es uno de nosotros. En este 25 de
diciembre, dejemos que la Palabra habite en nuestros hogares, transformando
nuestro egoísmo en servicio y nuestra tristeza en esperanza.
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