¿Qué tengo que hacer para obtener la vida eterna?
1.- Oración Introductoria.
Muchas veces he pensado en este joven, buen cumplidor de la ley, a quien Jesús mira con afecto. ¡Qué oportunidad le ofrece Jesús! Seguirle a Él, disfrutar de su compañía, compartir su mundo, su riqueza interior, ser plenamente feliz. Y, por ser miope, de mirada corta, de vuelo horizontal, se quedó solo con su riqueza humana, es decir, con su pobreza existencial, su limitación, su fragilidad, su finitud. Señor, yo quiero estar siempre contigo: con un horizonte abierto al infinito, con una felicidad completa, esa que sólo Tú me puedes dar.
2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama al prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.
3.- Que dice el texto
Meditación-reflexión
Este joven rico era un buen judío. Era cumplidor de la Ley y nadie le echaba en cara que su fortuna la hubiera adquirido con medios ilícitos. Y, como buen judío, buscaba la “vida eterna” es decir, ser feliz después de la muerte. Jesús no le recrimina nada de lo que ha hecho, incluso le mira con cariño (Mc. 10,21), Jesús ha visto en él “buen fundamento” para levantar un bonito edificio espiritual. Por eso le dice: “Si quieres llegar hasta el final”, es decir, si no quieres quedarte a mitad del camino, si no quieres ser una medianía, una vulgaridad, un judío más del montón, te hago una oferta: “Deja lo que tienes y vente conmigo”. Aquel joven vio con claridad lo que Jesús le ofrecía: su persona, su riqueza interior, el gozo de caminar a su lado…Todo lo vio, pero “como era rico” prefirió seguir son su riqueza. Y aquí está el peligro de la riqueza. No es en sí mala, incluso se puede hacer buen uso de ella, pero de tal modo avasalla el corazón de la persona que “no le deja libertad para decidirse por Jesús”. Y el texto termina diciendo: “se fue triste”. Y uno se pregunta: ¿Por qué tienes que quedarse triste si Jesús no te ha quitado nada? Jesús te ha respetado y has hecho lo que tú has querido. Aquel joven se quedó triste porque “se quedó con su riqueza, pero se quedó sin Jesús”. De una manera sencilla, insinuante, Jesús nos está diciendo que la riqueza es fuente de tristeza y que Jesús es la alegría y la fiesta de la vida. Un judío (y también muchos cristianos) se preguntan por la vida futura, por su salvación eterna. El que de verdad sigue a Jesús experimenta que esa vida futura, “ya está presente aquí en esta vida, siguiendo a Jesús”. El cielo, el reino de Dios “ya está dentro de nosotros”. Ya hoy, aquí y ahora podemos ser felices con Jesús. Y sólo desde esta experiencia puedo esperar con seguridad la vida eterna.
Palabra del Papa
“Lo que llama la atención es que este hombre no conoce el vocabulario de la gratuidad. Todo parece debido. Todo es una obligación. La vida eterna es para él una herencia, algo que se obtiene por derecho, a través de una meticulosa observancia de los compromisos”, dice el Papa. Y destaca además que Jesús no se queda en las apariencias: “Mientras este hombre pone ante Jesús su buen currículum, Jesús va más allá y mira en su interior. El verbo que emplea Marcos es muy significativo: ‘mirando en su interior’ (v. 21)”.
“Mirando en su interior -dice el Evangelio- «le amó» (v. 21). Jesús ama a este hombre incluso antes de invitarle a seguirle. Lo ama tal como es. El amor de Jesús es gratuito: exactamente lo contrario de la lógica del mérito que acosaba a esta persona” (Papa Francisco, 9-abril-2025)
4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)
5.-Propósito. Hoy me hago esta pregunta: ¿Realmente me hace feliz Jesús a mí, o pongo mi felicidad en otras cosas?
6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, a veces tengo la tentación de buscar la felicidad fuera de ti, haciendo mis gustos, mis caprichos, mi “santa” voluntad. Pero soy sincero cuando te digo que, fuera de ti, nunca he sido feliz. Siempre me ha quedado un vacío dentro de mí que nadie, excepto Tú, has sabido llenar. Por eso, quiero agradecerte, de todo corazón, esta experiencia maravillosa de no poder disfrutar de nada de este mundo estando Tú ausente. Es una gran gracia que yo te agradezco.
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