Aquí tienes la propuesta para la Ficha del Tema 5, centrada en la dimensión de la fe, las preguntas existenciales y la búsqueda de sentido.
En esta etapa del recorrido, es natural que emerjan dudas profundas, desacuerdos con Dios, crisis de fe o el dilema de cómo encajar el dolor desde la perspectiva creyente. Esta sesión ofrece un espacio sagrado para acoger esas preguntas sin miedo, desmitificando la idea de que "tener fe significa no dudar ni sufrir".
Ficha del Tema 5: "La fe a prueba: preguntas, dudas y el silencio de Dios"
1. Objetivos de la sesión
Validar las dudas y el enfado: Comprender que dudar, hacer preguntas a Dios o sentirse enojado con Él es parte del proceso de fe y no un pecado.
Desmontar imágenes falsas de Dios: Desechar la idea de un Dios castigador o distante, descubriendo al Dios que sufre con nosotros.
Redescubrir la oración en el duelo: Presentar la oración del lamento (los Salmos) como una forma sincera de orar desde el dolor.
Proponer la esperanza cristiana: Contemplar la Resurrección no como una anestesia para el dolor, sino como un horizonte de reencuentro y vida eterna.
2. Esquema y desarrollo de la sesión (Duración: 90 min)
Bloque I: Reencuentro y Oración de inicio (15 min)
Encendido de la vela central y momento de silencio reparador.
Oración de entrada: Lectura del Salmo 22 (21): "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?..." (remarcando que el propio Jesús oró con estas palabras en la Cruz).
Eco de la semana (10 min): Ronda breve sobre cómo les fue poniendo límites o gestionando el entorno social en los días pasados.
Bloque II: Exposición temática – "Gritar a Dios desde la herida" (20 min)
El facilitador/a aborda con sensibilidad la crisis de fe que suele acompañar a la pérdida:
Las preguntas inevitables: ¿Por qué a mí/él/ella? ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué no lo evitó?
La legitimidad del lamento:
En la Biblia, la fe no es pasividad ni resignación ciega; hay salmos de queja, protestas y lamentos sinceros (Job, Jeremías, los Salmos).
Expresar rabia o incomprensión a Dios es también un acto de confianza: le estamos hablando a Él y no dando la espalda.
Un Dios que acompaña en la Cruz:
Dios no envía las enfermedades, los accidentes ni la muerte.
En Jesucristo, Dios se hace frágil y experimenta la muerte de un amigo (Lázaro), el abandono y el dolor físico. Dios no evita el dolor, lo habita con nosotros.
La esperanza en la Resurrección:
El amor no se destruye con la muerte; se transforma. La fe cristiana nos promete que la última palabra no la tiene la tumba, sino la Vida.
Bloque III: Trabajo en grupo y diálogo (40 min)
Dinámica: "Mi diálogo sincero con Dios"
Se invita a los participantes a reflexionar de manera individual unos minutos (se puede entregar una hoja pequeña):
Si pudieras hacerle hoy una pregunta directa a Dios sin filtros, ¿cuál sería?
¿En qué momentos de este duelo has sentido la cercanía o el silencio de Dios?
Puesta en común (en círculo): Compartir libremente lo que cada uno desee.
Aviso para el facilitador: No intentes dar "respuestas teológicas perfectas" o explicaciones prefabricadas sobre el sufrimiento. Es mejor acoger el misterio y decir: "No sé por qué ha pasado esto, pero sé que Dios está llorando a tu lado".
Bloque IV: Cierre e Iluminación de Fe (15 min)
Reflexión pastoral: "La fe no nos quita el dolor, pero nos da una mano a la que agarrarnos en la oscuridad. Dios no se asusta de tus dudas ni de tus lágrimas".
Gesto de entrega: Depositar junto a la vela una tarjeta con la pregunta o emoción que le entregan a Dios en esta sesión.
Oración final: Una oración pidiendo luz, paz y serenidad.
3. Material para entregar a los participantes
Pautas para la oración en momentos de duelo
1. Sé completamente sincero/a: Háblale a Dios tal como te sientes hoy: triste, enfadado/a, cansado/a o desorientado/a. Dios prefiere tu verdad a una oración formal.
2. Apóyate en los Salmos: Cuando no te salgan las palabras, recurre a los Salmos de lamento (ej. Salmo 13, Salmo 22, Salmo 88).
3. Valora el silencio: No siempre hay que hablar. Estar en silencio ante el Santísimo o con una vela encendida en casa es ya un modo de orar.
4. Recuerda la promesa: La muerte ha sido vencida. Tu ser querido está acogido en las manos amorosas y misericordiosas del Padre.

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