jueves, 5 de febrero de 2026

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO, 5 DE FEBRERO

 

EXPOSICIÓN DEL SANTISIMO


MONICIÓN: 
¡Oh Jesús que sufres! Has que hoy y cada día, sepa yo verte en la persona de tus enfermos, y que ofreciéndoles mis cuidados, te sirva a Ti. Que sepa reconocerte y decir: Jesús que sufres, cuan dulce es servirte. Dame Señor esta visión de fe y mi trabajo jamás será monótono.  

La Eucaristía es alimento y medicina. Si estás en las tinieblas, la Eucaristía es la Luz. Si sientes la fiebre de las pasiones, la Eucaristía es medicina. Si estás oprimido por las culpas, la Eucaristía es la victima que paga por ellas. Si tienes hambre, la Eucaristía es alimento del Alma. Si te sientes débil, la Eucaristía es tu fortaleza. Si tienes miedo a la muerte, la Eucaristía es vida, porque “El que come mi carne y bebe mi sangre, vivirá para siempre”

El Papa León XVI ha elegido el tema elegido para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de 2026, año solemne: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”.

El tema, centrado en la figura evangélica del samaritano que manifiesta su amor al cuidar al hombre herido que ha caído en manos de los ladrones, quiere subrayar este aspecto del amor al prójimo: el amor necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad, a menudo en un contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la soledad.

La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992, busca ser un momento privilegiado de oración, de cercanía y de reflexión para toda la comunidad eclesial y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos y hermanas marcados por la enfermedad y la fragilidad.

Al igual que el buen samaritano que se detiene y se inclina ante el herido en el camino, la comunidad cristiana está llamada a detenerse ante quien sufre, y a dar testimonio evangélico de cercanía y servicio hacia los enfermos y los más vulnerables.

En esta Campaña ponemos en el centro el cuidado a los enfermos. La Iglesia es la posada a donde el Buen Samaritano lleva al hombre herido y necesitamos aprender a acoger y cuidar. De ahí el lema elegido: “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 34). Jesús se presenta públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. “Le llevaron a todos los enfermos y endemoniados” (Mc 1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado y hoy nos envía a cumplir su propia obra y nos dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el fondo ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; ésta es la tarea (cf. Papa Francisco, Audiencia 10-VI- 2015).

Cuidar a los enfermos y sus cuidadores lejos de suponer un problema son una oportunidad evangelizadora de primer orden. Los enfermos son, con palabras de Benedicto XVI, “un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para vuestras familias (…) sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo”.

--------------------------------------------------


Evangelio (Lc 10,25-37)

Entonces un doctor de la Ley se levantó y dijo para tentarle:

—Maestro, ¿qué puedo hacer para heredar la vida eterna?

Él le contestó:

—¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees tú?

Y éste le respondió:

—Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.

Y le dijo:

—Has respondido bien: haz esto y vivirás.

Pero él, queriendo justificarse, le dijo a Jesús:

—¿Y quién es mi prójimo?

Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo:

—Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto. Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. Igualmente, un levita llegó cerca de aquel lugar y, al verlo, también pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje se llegó hasta él y, al verlo, se llenó de compasión. Se acercó y le vendó las heridas echando en ellas aceite y vino. Lo montó en su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta». ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los salteadores?

Él le dijo:

—El que tuvo misericordia con él.

—Pues anda —le dijo Jesús—, y haz tú lo mismo.

ADORACIÓN: Jesús, Tú eres el pan de vida, el que viene a ti, no tendrá más hambre. Señor Jesús, si no comemos tu carne y no bebemos tu sangre no tendremos vida en nosotros. El que come tu carne, Tú lo resucitarás, Señor Jesús, ¿A quién iremos Señor? Tú sólo tienes palabras de vida eterna. Tú Señor, eres el pan bajado del cielo; el que coma de este pan, vivirá para siempre. Jesús, el permanece en ti, da muchos frutos; quien no permanece en ti, está muerto.

Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman… (tres veces) (Padre Nuestro y Ave María

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Yo te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El es ofendido. Por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María, te pido la conversión de los pecadores… (Vamos hacer un momento de silencio y traer a nuestro pensamiento a aquellas personas por las que queremos interceder.


ALABANZA Y ACCIÓN DE GRACIA: Te damos gracias y te bendecimos Dios Santo y fuerte, porque diriges con sabiduría los destinos del mundo y cuidas con amor, a cada uno de los hombres. Tú nos invitas a escuchar tu palabra, que nos reúne en un solo cuerpo, y a mantenernos siempre firme en el seguimiento de tu Hijo Jesús. Porque sólo El es el camino que nos conduce a Ti, Dios invisible, la verdad que nos hace libres y la vida que nos colma de alegría. Te damos gracias y te bendecimos Padre fiel y lleno de ternura porque tanto amaste al mundo que le has entregado a tu 12 hijo para que fuera nuestro Señor y nuestro hermano. Jesús manifestó su amor con los pobres y los enfermos, con los pequeños y los pecadores. El nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano; su vida y su palabra son para nosotros la prueba de Tú amor; como un padre siente ternura por Tus hijos; así también Tú sientes ternura por tus fieles. Por eso, te alabamos y te glorificamos y, con los ángeles y los santos, cantamos tu bondad y tu fidelidad, proclamando el himno de tu gloria. Santo, Santo es el Señor, Dios del universo; llenos están el cielo y la tierra de tu gloria; ¡Hosanna en el Cielo, bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en el Cielo!


SALMO RESPONSORIAL: R: Compadécete de mi, Señor, estoy enfermo.

Señor no me corrijas con ira, no me castigues con cólera. Misericordia Señor que desfallezco; cura Señor, mis huesos dislocados. Tengo el alma en delirio, y Tú, Señor ¿Hasta cuándo? R

Vuélvete, Señor, liberta mi alma, sálvame por tu misericordia. Porque en el reino de la muerte nadie te invoca, y en el abismo, ¿Quién te alabará? R

Estoy agotado de gemir: de noche lloro sobre el lecho, riego mi cama con lágrimas. Mis ojos se consumen irritados, envejecen por tantas contradicciones. R/

Apartaos de mí los malvados, porque el Señor ha escuchado mis sollozas; el Seño ha aceptado mi oración. R/

REPARACIÓN: Señor Jesús, tus nos has prometido habitar siempre con nosotros. Tú verdaderamente llamaste a todos los cristianos a acercarse y compartir tu Cuerpo y tu Sangre. Pero nuestros pecados nos han dividido y no está en nuestro poder compartir juntos la Santa Eucaristía. Nosotros confesamos nuestro pecado y te pedimos: perdónanos y ayúdanos a tomar los caminos de la reconciliación según tu voluntad. Abraza nuestros corazones con el fuego del Espíritu Santo, concédenos el Espíritu de Sabiduría y de Fe; de audacia y de paciencia; de humildad y firmeza; de amor y arrepentimiento, por las oraciones de la Santísima Virgen Madre de Dios y de todos los Santos. A M E N

SUPLICA: Señor Jesús, te acepto en mi corazón y en mi vida: quiero que Tú seas mi Señor, perdona mis pecados, y purifícame con tu Sangre Divina. Yo pongo ante ti mi sufrimiento y mi enfermedad. Sáname, Señor, por el poder de tus gloriosas llagas, por tu cruz y por tu preciosísima Sangre. Tú eres el buen pastor y yo soy una de las ovejas de tu redil: ten compasión de mí. Tú eres siempre el mismo. Tú tienes siempre el mismo poder; yo creo que Tú puedes sanarme porque tienes la misma compasión que tenías con los enfermos; porque eres la resurrección y la vida.

Gracias, Señor Jesús, por lo que haces por mí y acepto tu plan de amor. Te doy gracias y te alabo. 

A M E N

BENDICIÓN CON EL SANTISIMO  

CON MARÍA PEREGRINOS DE LA ESPERANZA

No hay comentarios:

Publicar un comentario