Cada 5 de febrero, la Iglesia recuerda a Santa Águeda (Ágata) de Catania, virgen y mártir del siglo III, una de las santas más antiguas y veneradas del cristianismo.
Nació en Catania, Sicilia, hacia el año 230, en el seno de una familia noble. Desde muy joven consagró su vida a Jesucristo, prometiendo vivir en virginidad y fidelidad absoluta a Dios.
Durante la persecución del emperador Decio, el gobernador Quinciano, atraído por su belleza, intentó forzarla a renunciar a su fe. Santa Águeda resistió con firmeza, prefiriendo el sufrimiento antes que traicionar a Cristo.
Fue sometida a crueles tormentos, pero permaneció serena y confiada en Dios. Según la tradición, durante su encarcelamiento recibió el consuelo de San Pedro, quien la curó milagrosamente. Finalmente, entregó su vida por Cristo alrededor del año 251.
La devoción a Santa Águeda se extendió rápidamente por toda la Iglesia. Es invocada como protectora contra incendios, erupciones volcánicas y desastres naturales, y como ejemplo luminoso de fortaleza, pureza y fidelidad.
Su testimonio sigue recordándonos que ninguna violencia puede apagar una fe sostenida por el amor de Dios.
Santa Águeda,
virgen fiel y mártir valiente,
intercede por nosotros.
Danos fortaleza en las pruebas,
pureza de corazón
y fidelidad absoluta a Cristo.
Que, siguiendo tu ejemplo,
permanezcamos firmes en la fe
hasta el final.
Amén.
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