Tu dolor no pasa desapercibido, tu vivencia es importante y no tienes que librar esta batalla en la más absoluta soledad, aunque hoy prefieras la distancia.
En este primer paso que andamos juntos, recordamos tres cosas sencillas que ojalá traigan un poco de paz a tu corazón en este momento:
Tu dolor no es un fallo ni una debilidad: El duelo no es una enfermedad que haya que curar a la prisa. Es, sencillamente, la forma que tiene nuestro corazón de gritar cuánto ha amado a esa persona que ya no está física con nosotros. Si te duele tanto, es porque el amor era y sigue siendo inmenso.
Siente lo que necesites sentir, sin culpa: Habrá momentos de rabia, días de un cansancio pesado que no se va durmiendo, días de lágrimas repentinas o momentos de vacío. No luches contra lo que sientes ni te exijas "estar fuerte" para contentar a los demás. Todo lo que sientes es normal y tiene derecho a existir.
No tienes por qué llevar esta carga a solas: El aislamiento a veces nos parece un refugio, pero con el tiempo se vuelve una prisión muy fría. Saber que hay otras personas que también están atravesando el desierto de la pérdida y que te entienden sin necesidad de darte explicaciones ayuda a aligerar el peso, aunque sea solo un poco.
Tómate tu tiempo. Abre los brazos a tu propio dolor y a tu proceso, a tu propio ritmo. Las puertas del grupo están y estarán siempre abiertas para cuando sientas que es tu momento, sin ninguna presión.
Hoy nos acordamos de ti, encendemos una luz pensando en ti y en la persona que echas de menos, y te enviamos un abrazo lleno de respeto, silencio y acogida.


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