sábado, 7 de febrero de 2026

Domingo 5º, tiempo ordinario: 8 de febrero de 2026

 

Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo…
1ª lectura: Is. 58, 7-10.                                  2ª lectura: 1Cor. 2, 1-5
EVANGELIO

Mt. 5, 13-16

“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

1. El desafío de los elementos sencillos

Hoy Jesús nos define con una brevedad asombrosa. No nos dice que somos "el ejército de Dios" ni "los sabios del mundo". Nos dice algo mucho más humilde y, a la vez, más exigente:  “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo".

La sal y la luz tienen algo en común: no existen para sí mismas. La sal no se saborea a sí misma, sazona la comida. La luz no se ilumina a sí misma, ilumina la habitación. Ser cristiano  no es un privilegio para guardarlo en una vitrina, es una vocación de servicio.

2. Una sal que no puede ser sosa

Jesús nos advierte: "Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?". Una fe que no se traduce en gestos, una fe que no incomoda ante la injusticia o que no consuela al triste, es una sal que ha perdido su fuerza. En nuestra sociedad actual, a menudo marcada por la indiferencia o el "sabor amargo" del pesimismo, el cristiano debe ser ese ingrediente que aporta esperanza y sentido.

3. La luz se enciende con la justicia (Isaías 58)

¿Cómo se enciende esa luz que Jesús nos pide? La primera lectura de hoy es el manual perfecto. Dios nos dice a través de Isaías que no quiere ritos vacíos, sino hechos:

  • "Parte tu pan con el hambriento".
  • "Hospeda a los pobres sin techo".
  • "No te desentiendas de tus semejantes".

Solo entonces —dice el profeta— "romperá tu luz como la aurora". La luz de la fe no es una iluminación intelectual; es una luz que nace de las manos que ayudan.

4. Manos Unidas: Nuestra respuesta concreta

Hoy, 8 de febrero, esta palabra de Dios se hace carne en la campaña de Manos Unidas.

En un mundo donde todavía millones de personas viven en la oscuridad del hambre y la exclusión, Manos Unidas es la forma en la que nuestra comunidad parroquial decide no meter la lámpara debajo del cajón.

  • Ser Sal: Al colaborar con esta jornada, estamos "sazonando" de dignidad la vida de hermanos en África, Asia y América Latina. Estamos preservando su derecho a la vida y a la educación.
  • Ser Luz: Cada proyecto de Manos Unidas (un pozo, una escuela, una cooperativa agrícola) es una luz encendida contra la oscuridad de la pobreza.

5. Conclusión: Dejar que Dios brille

San Pablo nos decía en la segunda lectura que él no llegó con "palabras persuasivas", sino con la fuerza del Espíritu. Nuestra colecta de hoy y nuestro compromiso con Manos Unidas no son propaganda, son testimonio.

Al salir de la Eucaristía, que la gente no diga "qué buenos son estos cristianos", sino que, al ver nuestra alegría y nuestra generosidad, "demos gloria al Padre que está en el cielo".



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