Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo…1ª lectura: Is. 58, 7-10. 2ª lectura: 1Cor. 2, 1-5
EVANGELIO
Mt. 5, 13-16
“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
El llamado a ser nosotros mismos
Hermanos y hermanas, hoy Jesús nos hace un regalo y un encargo. No nos pide que
intentemos ser "otra cosa", sino que descubramos lo que ya somos por
el bautismo. "Vosotros
sois la sal de la tierra y la luz del mundo". Estas dos metáforas
definen nuestra misión en medio de la sociedad actual.
1. La Sal: Dar sabor y evitar la corrupción
En tiempos de Jesús, la sal era esencial para dos funciones que hoy debemos
recuperar:
·
Dar sabor: Un cristiano que vive sin alegría, que siempre se queja o que no
transmite esperanza, es como una comida sin sal. Nuestra presencia en la
familia y en el trabajo debe ser la que aporte ese "punto de sabor" que
hace la vida más amable y digna de ser vivida.
·
Preservar: La sal evita que la carne se eche a perder. Nosotros estamos llamados
a ser la fuerza ética que impida que nuestra sociedad se corrompa en el
egoísmo, la mentira o la indiferencia.
2. La Luz: La fe que no se esconde
Jesús nos advierte que la luz no es para guardarla bajo un cajón. Una fe que
solo se vive "hacia dentro", en la comodidad del templo o del rezo
privado, es una lámpara apagada.
Pero cuidado: la luz no es para que nos miren a nosotros. La luz sirve para que
los demás vean el camino. Si brillamos con nuestras buenas obras, no es para
recibir aplausos, sino para que, al vernos, el mundo dé gloria al Padre.
Somos espejos que reflejan la luz de Cristo.
3. El "manual" de Isaías: La luz se enciende con las manos
¿Cómo se enciende esa luz? La Primera Lectura de Isaías es
tajante. No brillamos por tener grandes ideas, sino por acciones concretas:
·
Compartir el pan con el hambriento.
·
Hospedar al pobre sin techo.
·
Desterrar el gesto amenazador y la maledicencia.
Si hoy queremos ser luz, debemos mirar a nuestro alrededor: ¿Quién necesita ser
escuchado? ¿A quién podemos ayudar hoy mismo? la caridad es
el combustible que mantiene encendida nuestra lámpara.
4. Predicar desde la sencillez
Finalmente, San Pablo nos recuerda en la segunda lectura que no hace falta ser
expertos oradores ni personas influyentes. Él se presentó ante los Corintios
"débil y temblando de miedo". Para ser sal y luz, lo único que
necesitamos es dejar que el Espíritu de Dios actúe a través de
nuestra pequeñez.
Conclusión:
Pidamos hoy al Señor que nos libre de la "insipidez" espiritual. Que
cuando la gente se cruce con nosotros, encuentre a alguien que da sabor a la
vida y que, con su caridad silenciosa, ilumine las oscuridades de este mundo.
Amén.
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