/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.: ¡FELIZ DÍA DE TODOS LOS SANTOS!

sábado, 31 de octubre de 2026

¡FELIZ DÍA DE TODOS LOS SANTOS!

 


Hoy celebramos una de las fiestas más hermosas, alegres y esperanzadoras del año litúrgico: la Solemnidad de Todos los Santos.

A menudo, cuando pensamos en los santos, nos vienen a la mente las imágenes de los altares, las estatuas de las iglesias o los grandes héroes de la fe que realizaron milagros extraordinarios o sufrieron el martirio. Sin embargo, la fiesta de hoy no mira únicamente a esos santos con nombre y apellido conocidos por todos. Hoy miramos al cielo y contemplamos a una multitud inmensa, imposible de contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.

¿Quiénes son ellos? Son lo que el Papa Francisco ha llamado con ternura la santidad de la puerta de al lado. Son nuestros abuelos que mantuvieron la fe con paciencia, los padres que se sacrificaron día a día por sus familias, los enfermos que ofrecieron su dolor con una sonrisa, los vecinos silenciosos que hicieron el bien sin hacer ruido. Hoy es la fiesta de nuestra familia del cielo, de aquellos santos anónimos que compartieron nuestra vida, nos sostuvieron con su ejemplo y hoy ya gozan de la presencia de Dios.

Esta fiesta nos deja dos grandes mensajes que deben transformar nuestro corazón:

En primer lugar, los santos nos recuerdan que el cielo es real y que nuestro destino final es la felicidad eterna. En un mundo que a veces parece perder el rumbo, sumido en el pesimismo, el cansancio o la desesperanza, la multitud celestial nos grita: ¡Ánimo, vale la pena seguir a Cristo! La meta existe, el camino tiene sentido y la victoria final es del amor de Dios. Ellos no están lejos; nos acompañan, nos comprenden y su intercesión nos sostiene en las dificultades cotidianas.

En segundo lugar, hoy recordamos que la santidad no es el privilegio de una élite espiritual ni una meta inalcanzable para héroes perfectos. La santidad es la vocación universal de todo bautizado. Ser santo no significa no equivocarse nunca, sino levantarse siempre con la ayuda de la misericordia de Dios. Significa vivir la vida ordinaria con un amor extraordinario.

¿Y cuál es el mapa para no perdernos en este camino? Jesús mismo nos lo ha entregado hoy en el Evangelio: las Bienaventuranzas.

Las Bienaventuranzas son el verdadero perfil del cristiano, el carné de identidad del santo. Jesús nos dice hoy que son dichosos, que son felices los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia, e incluso los que sufren persecución por hacer el bien. El mundo nos dice que para ser felices hay que tener éxito, poder, dinero y placer a toda costa. Jesús le da la vuelta a los criterios del mundo y nos propone la lógica del amor, del servicio y de la confianza total en el Padre.

Vivir las bienaventuranzas es el camino de la santidad cotidiana. Ser santo es consolar al que sufre, ser paciente con el que nos molesta, compartir el pan con el necesitado y sembrar paz allí donde hay división. Cada pequeña fidelidad a las exigencias de nuestro bautismo nos acerca un paso más al cielo.

Hermanos, no tengamos miedo de la santidad. Dejémonos tocar por la gracia de Dios y transformar por el Espíritu Santo. Al contemplar hoy a esa inmensa nube de testigos que nos alientan desde el cielo, renovemos nuestro deseo de caminar con alegría. Que la Virgen María, Reina de todos los Santos, y el ejemplo de tantos hermanos que ya han vencido nos guíen para que un día podamos unirnos a ellos en el banquete eterno del Reino.

Amén.

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