/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO: 3."El cuerpo también duele: autocuidado y vida cotidiana" (Pastoral del Duelo)

lunes, 2 de noviembre de 2026

3."El cuerpo también duele: autocuidado y vida cotidiana" (Pastoral del Duelo)

 


El dolor por la pérdida de un ser querido nunca habita únicamente en las ideas o en el espíritu; se encarna con fuerza en cada rincón del cuerpo. Es común sentir que el cansancio no se quita durmiendo, que la garganta se anuda sin pedir permiso o que una pesadez profunda convierte el simple hecho de levantarse de la cama en una tarea titánica. Vivir el duelo es experimentar cómo el peso de la ausencia atraviesa la propia carne.

Ante ese agotamiento, la respuesta no es la exigencia ni el esfuerzo heroico, sino la compasión hacia uno mismo. Recordar el pasaje del profeta Elías en el desierto (1 Reyes 19) nos devuelve una imagen reconfortante: cuando las fuerzas se agotan por completo, Dios no exige discursos ni grandes gestos, sino que envía a un ángel con una indicación tan sencilla como profunda: «Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti». Antes de cualquier recuperación interior o spiritual, hay un tiempo sagrado para el descanso elemental, la comida caliente y el respiro.

Reconocer el cuerpo como "templo del Espíritu" (1 Corintios 6, 19) adquiere en el duelo un sentido distinto. Cuidar la salud física no es un mero trámite biológico ni un descuido de la memoria de quien ya no está; al contrario, es un acto de amor y de fidelidad a la vida. Prepararse una comida nutritiva, salir a recibir la luz del sol durante quince minutos o permitir que alguien más nos ayude con la compra son pequeñas maneras de honrar el propio templo cuando la estructura parece tambalearse.

El cuerpo tiene su propio ritmo para encajar el impacto de una pérdida. Respetar sus avisos, sin juzgar la falta de energía como pereza ni la necesidad de pausa como debilidad, es el primer paso hacia el consuelo. Aprender a transitar el dolor pasa por tratarse a uno mismo con la misma ternura, paciencia y cuidado con la que Dios nos acoge en medio del desierto.

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