/> PARROQUIA SAN PÍO X, LOGROÑO.: 8. El permiso de sentir: Caminar el duelo a tu propio ritmo (Pastoral del Duelo)

martes, 3 de noviembre de 2026

8. El permiso de sentir: Caminar el duelo a tu propio ritmo (Pastoral del Duelo)

 


Si estás leyendo esto, es probable que tu mundo haya cambiado por completo y que sientas que el dolor es un peso demasiado grande para llevar. En un mundo que siempre tiene prisa por que todo se solucione, lo primero que necesitas saber es esto: tienes derecho a no estar bien. Tienes derecho a llorar, a extrañar, a sentir enfado, desconcierto o un vacío profundo. No hay una forma correcta o incorrecta de transitar el duelo; solo está tu forma, y es completamente válida.
Al principio, el dolor por la pérdida es como una tormenta en el mar: las olas son gigantescas, rompen con fuerza y parece que te van a ahogar en cualquier momento. A medida que pasa el tiempo, la tormenta no desaparece mágicamente, pero las olas empiezan a espaciarse.
Habrá días de calma en los que sientas que vuelves a respirar, y de pronto, sin previo aviso—por una fecha, una canción, un olor o un recuerdo—, una nueva ola fuerte te golpeará. No te asustes ni pienses que has retrocedido. Esos rebrotes de tristeza no son un fracaso en tu proceso; son el testimonio de que el amor que sientes sigue vivo. El dolor es, en el fondo, la continuación de ese amor que te unía a esa persona y que ahora busca un nuevo lugar donde habitar.
Sanar no es olvidar, es integrar
A veces da miedo dejar de llorar o empezar a sonreír de nuevo, porque se siente como una traición. Pero sanar no significa olvidar. Nunca vas a olvidar a quien tanto significó para ti. Sanar significa aprender a vivir con su ausencia física, permitiendo que su recuerdo ya no te desgarre el pecho, sino que empiece a abrigarte el alma.
Tu herida poco a poco se convertirá en una cicatriz. Las cicatrices quedan para siempre en la piel, nos recuerdan dónde nos dolía, pero ya no sangran de la misma manera. Nos recuerdan que fuimos lo suficientemente fuertes como para sobrevivir a la herida. El renacer de la vida
No te exijas prisa. Permítete ser sostenido por quienes te quieren y por tu comunidad. No estás solo en este desierto. Aunque hoy todo te parezca gris y lejano, llegará el día en que el dolor se transformará en un manantial de sabiduría, empatía y madurez. Descubrirás que el sufrimiento te ha vuelto una persona más comprensiva y sensible ante el dolor de los demás.
Tu vida volverá a tener luz, no porque vayas a borrar el pasado, sino porque el amor que compartiste con esa persona se ha quedado dentro de ti para siempre, empujándote a seguir adelante. Ve paso a paso, día a día, o incluso respiración a respiración. La vida que renace en ti lo hará despacio, pero lo hará.

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