- Primera Lectura: Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13
- Salmo: Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10
- Segunda Lectura: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31
- Evangelio del día: Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a
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El Sermón de
la Montaña. Jesús sube
a la colina, se sienta y empieza a enseñar. Pero lo que sale de su boca no es
una lista de prohibiciones ni un manual de autoayuda para tener éxito. Es algo
mucho más radical.
Jesús nos
presenta un "mapa del tesoro", pero es un mapa que parece estar al
revés. Donde el mundo ve fracaso, Jesús ve bendición. Donde nosotros vemos
debilidad, Él ve la entrada al Reino de los Cielos.
1. La paradoja de la felicidad
La palabra
"Bienaventurado" significa, sencillamente, feliz. Todos los
que estamos hoy aquí queremos ser felices; es el motor de nuestra vida. Sin
embargo, nos pasamos los días buscando esa felicidad en el lugar equivocado: en
la acumulación de bienes, en el reconocimiento de los demás o en el control
absoluto de nuestras circunstancias.
Jesús rompe
ese esquema:
- Dice que son felices los
pobres de espíritu, es decir, los que tienen el corazón ligero de
equipaje y saben que sin Dios no son nada.
- Dice que son felices los que
lloran, porque su sensibilidad les permite conectar con el consuelo de
Dios y con el sufrimiento del prójimo.
- Dice que son felices los que
tienen hambre y sed de justicia, no los que se conforman con el
"así son las cosas", sino los que sueñan con el mundo que Dios
quiere.
2. El poder de los "insignificantes"
La primera
lectura de Sofonías y la carta de San Pablo a los Corintios
refuerzan esta idea. Dios no busca a los más brillantes, a los más ricos ni a
los más influyentes según las encuestas de este mundo.
Dios busca
lo que el mundo descarta. Como decía San Pablo: "Dios ha escogido lo
débil del mundo para confundir a lo fuerte". Esto es una gran noticia
para nosotros. No necesitamos ser perfectos ni poderosos para que Dios haga
maravillas en nuestra vida; solo necesitamos ser humildes y dejarle espacio
para que Él actúe.
3. Un estilo de vida para el 2026
Vivir las
Bienaventuranzas en pleno siglo XXI parece una locura. ¿Cómo ser
"pacífico" en un mundo de conflictos? ¿Cómo ser "limpio de
corazón" en una cultura de sospecha?
La respuesta
es la confianza. Las Bienaventuranzas no son un esfuerzo que nosotros
hacemos para "ganarnos" el cielo. Son el resultado de dejar que Jesús
viva en nosotros. Ser cristiano hoy no es cumplir normas, es tener el valor de
ser diferentes:
- Ser diferentes al no entrar en
el juego del insulto.
- Ser diferentes al compartir lo
que tenemos.
- Ser diferentes al perdonar a quien nos ha herido.
Al salir hoy
de la Eucaristía, no nos preguntemos "¿qué tengo que hacer?", sino
más bien "¿en quién confío?". Si confiamos en nuestras propias
fuerzas, las Bienaventuranzas serán una carga imposible. Si confiamos en la
promesa de Jesús, se convertirán en el camino de la verdadera libertad.
No tengas
miedo de ser "pobre", "humilde" o
"misericordioso". Es precisamente ahí donde Dios ha escondido la
verdadera alegría que el mundo no te puede quitar.
Que así sea.
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