Cada 27 de enero, la Iglesia celebra a Santa Ángela de Merici, una mujer adelantada a su tiempo, que supo transformar la sociedad no desde el poder, sino desde la educación, la fe y el amor cristiano.
Nació en 1474, en Desenzano del Garda, al norte de Italia, en una familia sencilla y profundamente creyente. Desde muy joven quedó huérfana, y en medio del dolor descubrió una profunda intimidad con Dios. Su vida estuvo marcada por la oración, la penitencia y un amor inmenso por la Iglesia.
Santa Ángela comprendió algo revolucionario para su época: que la educación cristiana de las niñas y jóvenes era clave para renovar la sociedad. En un tiempo donde muchas mujeres no tenían acceso a la formación, fundó la Compañía de Santa Úrsula, la primera comunidad dedicada por completo a la educación femenina, sin vida claustral, viviendo en medio del mundo.
Con sabiduría y ternura, Ángela formó educadoras que fueran más madres que maestras, enseñando no solo conocimientos, sino también virtudes, fe y amor a Cristo. Su pedagogía se basaba en la paciencia, el respeto y la confianza en la acción de Dios en cada alma.
Murió el 27 de enero de 1540, dejando una obra que sigue viva hasta hoy a través de las Ursulinas, presentes en todo el mundo. Santa Ángela de Merici nos recuerda que educar es un acto de amor, y que la santidad también se construye formando corazones para Dios.
Santa Ángela de Merici,
madre y maestra según el corazón de Dios,
intercede por nosotros.
Enséñanos a educar con amor,
a acompañar con paciencia
y a confiar en la obra que Dios realiza en cada alma.
Que, siguiendo tu ejemplo,
seamos instrumentos de luz y esperanza
para las nuevas generaciones.
Amén.
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