viernes, 30 de enero de 2026

+LUISA ÁLVAREZ ANTÓN

 


Doña LUISA ÁLVAREZ ANTÓN

Logroño, 28 de enero de 2026

Viuda de don Felipe delgado Escolar

Falleció  a los 84 años de edad, habiendo recibido los Santos Sacramentos.
D.E.P.
Su hijo: Felipe ; Hermanos: Juan(+), Rosa y Antonio.

Participan a sus amistades tan sensible pérdida y les ruegan una oración por el eterno descanso de su alma.

Logroño, 30 de enero de 2026

Funeral y misa: Hoy Viernes , a las 18:30, en la iglesia parroquial de San Pío X de Logroño.

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Nos reunimos hoy con el corazón pesado, pero iluminado por la Palabra de Dios. El Evangelio de Marcos (4, 26-34) nos regala hoy una imagen de paz: la semilla que crece sin que sepamos cómo. La vida de nuestra hermana Luisa  que comenzó en Viniegra de Arriba ha sido esa semilla. A veces la vimos brotar con alegría, otras veces quedó oculta en la tierra del sacrificio, pero siempre estuvo bajo la mirada de Dios.

Jesús nos dice que el sembrador duerme y se levanta, y la semilla germina "sin que él sepa cómo". En este funeral, esto es una promesa: la obra que Dios comenzó en Luisa no terminó con su último aliento. La vida eterna no es algo que fabricamos nosotros; es una fuerza divina que ya estaba actuando en ella a través de su bondad, su trabajo y su fe. Hoy, esa semilla alcanza su plenitud.

Nuestra hermana no permitió que su discapacidad fuera una tierra estéril; al contrario, fue el terreno donde Dios plantó una fuerza extraordinaria.

Su paso por la Frater, por el Centro de Educación Especial Los Angeles,  y por el Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud  no fue un simple cargo; fue una vocación. Como el grano de mostaza que menciona Marcos, ella se hizo pequeña para que otros crecieran. Formó a otros discapacitados no desde la teoría, sino desde la autoridad de quien conoce el dolor y lo habita con fe. En su parroquia de Santa María de la Vid, su sola presencia ya era una catequesis: nos enseñaba que la valía de una persona no está en su capacidad de movimiento, sino en su capacidad de amar.

 Su constancia en las procesiones de antorchas y su amor por la Virgen de Lourdes no fueron en vano; hoy esa semilla florece en el jardín del cielo, donde ya no hay cansancio, ni dolor, ni barreras físicas.

 Su trabajo en el Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud fue la respuesta concreta a la llamada de Dios. No se quedó en el lamento, sino que se hizo maestra. Al dar formación a otros discapacitados, ella no solo transmitía conocimientos, sino que contagiaba dignidad. Les enseñaba que, ante los ojos de Dios y de la Virgen de Lourdes, no hay vidas de segunda categoría. Ella fue el "brazo fuerte" para muchos que se sentían débiles. 

El Evangelio  nos habla de la semilla que alcanza su plenitud y de las aves que encuentran nido. En estos últimos años, el Hogar Sacerdotal de Logroño fue ese nido para nuestra hermana. Allí, rodeada de oración y del cuidado de los sacerdotes y el personal, ella vivió su etapa de "trigo maduro". Su gratitud constante por este hogar no era más que el reflejo de un alma que sabía reconocer la mano de Dios en quienes la cuidaban.

 Nuestra hermana vivió sus últimos meses en   centros sanitarios, no como una paciente más, sino como alguien que completaba en su carne la Pasión de Cristo. Ella, que tanto trabajó en la Pastoral de la Salud, terminó su camino siendo ella misma el signo vivo del sufrimiento redentor. Llevó en sus espaldas el peso de la cruz .

Somos humanos y frágiles. Al despedirnos, no pretendemos que nuestro ser querido fuera peor por eso, nuestra oración hoy no es solo de despedida, sino de intercesión: pedimos que cualquier sombra de su vida sea borrada por la luz de la Pascua. Nuestra hermana nos enseñó una lección distinta: que el poder de Dios se manifiesta en la debilidad. Como decía Santa Bernardita: "No se me encomendó hacerles creer, se me encomendó decírselo". Con su silla de ruedas y su sonrisa de peregrina, ella nos "dijo" a todos que la vida vale la pena y que la verdadera belleza está en el alma que confía

El Evangelio habla del grano de mostaza, la más pequeña de las semillas que se convierte en un refugio para las aves. Quizás la vida de Luisa no llenó los titulares del mundo, pero seguramente fue el árbol donde su esposo, hijo, familiares y amigos  encontraron sombra y descanso. Ese amor que dio en vida es la prueba de que el Reino de Dios estaba presente en ella.

El camino del peregrino

Las semillas  crecen en secreto. Para nuestra hermana, cada peregrinación a la Gruta de Massabielle fue una siembra de esperanza. Muchos ven la discapacidad como una limitación, pero ella la transformó en un camino de encuentro. No iba a Lourdes solo a pedir salud, sino a buscar esa "agua viva" que brota de la roca, esa paz que el mundo no puede dar.

Hoy imaginamos su última peregrinación. Ya no necesita autobuses, ni hospitalidad, ni voluntarios que empujen su silla. La Inmaculada Concepción, a quien tanto visitó en la tierra, sale hoy a recibirla para llevarla de la mano ante el trono del Padre. Si en la tierra bebió del agua de la fuente, hoy bebe del torrente de la vida eterna.

Hoy, nuestra hermana ha dejado su silla de ruedas y sus limitaciones físicas a los pies de la Inmaculada. Como miembro activo de la Pastoral de la Salud, pasó su vida cuidando el alma de los enfermos; hoy es el mismo Jesús, el Divino Enfermero, quien la recibe. Su "peregrinación" ha terminado en el Santuario eterno, donde ya no hay dolor, sino la luz plena que tanto buscó en cada peregrinación a Lourdes

Que su testimonio en la Frater y su entrega diocesana nos espoleen a nosotros. Que, al recordarla, no veamos a una persona con discapacidad, sino a una apóstol que, desde su fragilidad, hizo el mundo más humano y la Iglesia más acogedora.

Luisa tenía una virtud poco común: la capacidad de ver a Dios en los demás.  Pudo contemplar  en estos últimos meses a esos "buenos samaritanos" que se inclinaron sobre su fragilidad. Luisa daba gracias por cada mano tendida, reconociendo que en esos cuidados se manifestaba la caricia de la Virgen de Lourdes, a quien tantas veces visitó.
Que el ejemplo de nuestra hermana nos ayude a ser peregrinos, no errantes. Que cuando nos pese el camino, miremos a María como ella lo hizo. Que descanse en paz en la gruta eterna del amor de Dios. Amén

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