Cada 14 de febrero, la Iglesia recuerda a San Valentín, obispo y mártir del siglo III, venerado como patrono de los enamorados.
San Valentín vivió en tiempos de dura persecución contra los cristianos. Fiel a Cristo y a su Iglesia, continuó anunciando el Evangelio y acompañando a los fieles, incluso cuando hacerlo ponía en peligro su vida. La tradición lo recuerda como un pastor cercano, defensor del amor vivido con fidelidad y entrega.
Por no renegar de su fe, fue arrestado y martirizado. Su testimonio quedó unido para siempre al verdadero significado del amor: no un simple sentimiento, sino una decisión de entrega total.
San Valentín nos enseña que el amor cristiano es sacrificio, fidelidad y donación, reflejo del amor mismo de Cristo por su Iglesia.
San Valentín,
obispo fiel y mártir del amor verdadero,
intercede por nosotros.
Enséñanos a amar con un corazón sincero,
a vivir la fidelidad en nuestras relaciones
y a reflejar en nuestra vida el amor de Cristo.
Que sepamos amar no solo con palabras,
sino con obras y entrega total.
Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario