Cada 17 de febrero, la Iglesia celebra a los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María, conocidos también como los Servitas.
En el siglo XIII, siete jóvenes comerciantes de Florencia, pertenecientes a la cofradía de los Laudesi, llevaban una vida cómoda y próspera. Sin embargo, en un contexto marcado por conflictos sociales y crisis espirituales, escucharon un llamado más profundo: consagrarse por completo a Dios bajo la protección de la Virgen María.
Movidos por la fe, renunciaron a sus riquezas, al prestigio y a sus proyectos personales para abrazar una vida de oración, penitencia, pobreza y fraternidad. Se retiraron primero al Monte Senario, donde comenzaron una nueva forma de vida centrada en el servicio a María y en la contemplación del misterio del sufrimiento de Cristo.
De esta experiencia nació la Orden de los Siervos de María, aprobada por la Iglesia y extendida posteriormente por distintos lugares de Europa. Su carisma se caracteriza por la devoción mariana, la vida comunitaria y el acompañamiento espiritual del pueblo de Dios.
Los Siete Santos Fundadores nos enseñan que la verdadera riqueza está en responder con generosidad al llamado de Dios y en servir a la Virgen con una vida entregada.
Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María,
testigos de renuncia y fidelidad,
intercedan por nosotros.
Enséñennos a escuchar la voz de Dios,
a desprendernos de lo que nos aleja de Él
y a servir con amor a la Virgen María.
Que, siguiendo su ejemplo,
vivamos una fe auténtica, humilde y generosa.
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