miércoles, 18 de febrero de 2026

+ Don Miguel Ángel Celorrio Borobio

 


Logroño, 18 de febrero de 2026

Don Miguel Ángel Celorrio Borobio

Falleció en el día de ayer, a los 77 años de edad, habiendo recibido los Santos Sacramentos.

D.E.P.

Su esposa: María Angélica Lázaro Lázaro; hijos: Sergio y Marta Ortega, Rubén y Mercedes Sáenz, Víctor; nietos: Hugo, Aitana y Elisa; hermanos, hermanos políticos, sobrinos, primos y demás familia,

Participan a sus amistades tan sensible pérdida y les ruegan una oración por el eterno descanso de su alma.

Logroño, 18 de febrero de 2026

Conducción: En la intimidad.

Funeral y misa: HOY, MIÉRCOLES, a las SEIS de la tarde, en la iglesia parroquial de San Pío X.

La familia recibe en la sala nº 4 del Tanatorio Mémora, de Logroño, HOY, MIÉRCOLES, de 10.00 a 14.00 horas y de 16.00 a 17.00 horas.

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Queridos hermanos y hermanas: Hoy nos reunimos en una circunstancia que sacude profundamente nuestra fe. Iniciamos la Cuaresma, un tiempo de penitencia y reflexión, marcados por el signo de la ceniza. Pero hoy, este rito no es una teoría: el cuerpo de nuestro hermano Miguel Ángel nos recuerda, con una crudeza que duele, que "somos polvo y al polvo volveremos".

1. La ceniza: reconocimiento de nuestra pequeñez
La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a la humildad. Al imponer la ceniza, la Iglesia nos dice que no somos eternos en este mundo, que nuestras posesiones y títulos se desvanecen. 
Sin embargo, para el cristiano, el polvo no es el final. San Juan Pablo II decía que somos "polvo amado por Dios". Dios tomó el barro de la tierra y le sopló aliento de vida. Por eso, al despedir a nuestro Miguel Ángel , no estamos devolviendo a la tierra un objeto, sino entregando a Dios a una persona que lleva Su propio aliento.
2. El camino de retorno (La conversión)
El profeta Joel nos ha gritado hoy: "Convertíos a mí de todo corazón". La Cuaresma es un camino de regreso a casa. Miguel Ángel ya ha terminado ese camino. Su "cuaresma" en la tierra ha llegado a su fin.
Para nosotros, que nos quedamos, la muerte de un ser querido es el "ayuno" más difícil: el ayuno de su presencia, de su voz y de sus abrazos. Pero este dolor debe transformarse en la oración que el Evangelio nos pide hoy. Nuestra oración de hoy es un acto de caridad suprema: interceder para que el Señor purifique sus faltas y lo(a) reciba en el banquete donde ya no hay ceniza, sino gloria.
3. La esperanza de la Pascua
No olvidemos que el Miércoles de Ceniza no tiene sentido sin el Domingo de Resurrección. No nos ponemos la ceniza para quedarnos en la muerte, sino para prepararnos para la vida.
[Nombre] fue marcado(a) en su bautismo con la señal de la cruz, la misma que hoy trazamos con ceniza en nuestras frentes. Esa cruz es un sello de propiedad: le pertenece a Cristo. Y Cristo no es un Dios de muertos, sino de vivos. Por eso, aunque hoy entregamos su cuerpo a la tierra, lo hacemos con la certeza de que el grano de trigo que cae en la tierra y muere, da mucho fruto.
A la familia aquí presente: Que el signo de la ceniza no sea para ustedes un signo de desesperanza, sino un recordatorio de que somos peregrinos. Miguel Ángel se nos ha adelantado en el viaje.
Que el Señor, que es compasivo y misericordioso, lo(a) reciba en su descanso eterno, y que a nosotros nos conceda vivir esta Cuaresma con los ojos puestos en el cielo, sabiendo que allí no habrá más llanto, ni luto, ni dolor.
Que descanse en paz. Amén.

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