lunes, 13 de mayo de 2019

El Manantial de la Vida. Reflexión del Evangelio del Día 14 de Mayo:“Como el Padre me amó”…


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1.-Oración introductoria.
Señor, hoy sólo te pido, al iniciar mi oración, que se hagan realidad en mí las palabras de tu evangelio: Que sigas amándome a mí como el Padre te está amando a ti. Yo, pobre criatura, no hubiera podido ni pensar ni soñar tanto. El amor infinito de Dios se hace presente en Jesús y este mismo amor corre ahora por mis venas. Dame, Señor, capacidad de admiración, de asombro, de estremecimiento.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 15, 9-17
Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.

3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
Lo que afirma Jesús en este evangelio es inmenso, inefable, inaudito. Yo ahora soy amado con el mismo amor con que el Padre ama a Jesús. No me extraña que Jesús diga que nuestro gozo puede llegar a plenitud. Sólo en la plenitud del amor puede darse un gozo de plenitud; sólo viviendo ese amor infinito de Dios en mí, puedo llegar a un gozo colmado, rebosante, sin medida. Esto es tan grande que no cabe dentro de un corazón tan limitado como el nuestro. Es el mismo Dios el que debe “ensanchar la tienda de nuestro pobre y pequeño corazón”. Lo único que importa es “permanecer en ese amor”. Y permanecer significa vivir ese amor sin desmayos, sin cansancios, sin desganas, sin aburrimiento. Permanecer significa no cansarse, no entregarse “por un tiempo”, sino vivir toda la vida en permanente adoración, alabanza, acción de gracias, glorificación.

Palabra del Papa
“En cualquier necesidad y aridez, Él es la fuente de agua viva, que nos nutre y fortalece. Él en persona carga sobre sí el pecado, el miedo y el sufrimiento y, en definitiva, nos purifica y transforma misteriosamente en vino bueno. En esos momentos de necesidad nos sentimos a veces aplastados bajo una prensa, como los racimos de uvas que son exprimidos completamente. Pero sabemos que, unidos a Cristo, nos convertimos en vino de solera. Dios sabe transformar en amor incluso las cosas difíciles y agobiantes de nuestra vida. Lo importante es que «permanezcamos» en la vid, en Cristo. En esta breve perícopa, el evangelista usa la palabra «permanecer» una docena de veces. Este «permanecer-en-Cristo» caracteriza todo el discurso. En nuestro tiempo de inquietudes e indiferencia, en el que tanta gente pierde el rumbo y el fundamento; en el que la fidelidad del amor en el matrimonio y en la amistad es frágil y efímera; en el que desearíamos gritar, en medio de nuestras necesidades, como los discípulos de Emaús: «Señor, quédate con nosotros, porque anochece, porque las tinieblas nos rodean»; el Señor resucitado nos ofrece aquí un refugio, un lugar de luz, de esperanza y confianza, de paz y seguridad”. Benedicto XVI, 22 de septiembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Durante este día no me voy a limitar a dar gracias a Dios sino que quiero “ser” una ofrenda de alabanza, de acción de gracias.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Por eso yo ahora le respondo con mi oración.
Señor, mi respuesta hoy a tu palabra sólo puede ser de agradecimiento. Gracias, sobre todo, por habernos dado a Jesucristo. Sin El no sabríamos nada del Padre ni del Espíritu. Sin Él nunca podríamos haber disfrutado tanto con el amor del Padre y del Espíritu. Al decirnos que Tú eras la puerta, querías decirnos que eras la puerta del verdadero amor, de la verdadera alegría, de la plena felicidad. Gracias, Señor.
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