lunes, 23 de enero de 2023

ENCUENTRO DE FE-VIDA.:"VEN Y VERÁS"

PARROQUIA SAN PÍO X

DÍA 4 DE FEBRERO, DE 5 A 6 DE LA TARDE

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EL PRIMER ANUNCIO 

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1ª SESIÓN: RECONOCER





ORAMOS Y ESCUCHAMOS LA PALABRA DE DIOS

 

Monición: Bienvenidos a este encuentro de oración, escucha de la Palabra de Dios y discernimiento sobre el Primer Anuncio del Evangelio. Hoy nos centraremos en reconocer con los ojos y la mirada de Dios, a las personas, las cosas y las situaciones que vivimos, para discernir cómo estamos anunciando a Jesucristo.

Para madurar y hacer crecer la dimensión misionera de nuestra vida cristiana, hemos de reconocer si somos en verdad discípulos misioneros, si tenemos la necesidad de anunciar “lo que hemos visto y oído” y de contagiar la alegría del Evangelio a tantas personas que buscan saciar la sed de su corazón. Comenzamos haciendo silencio interior y orando juntos a nuestro Padre.

 

Rezamos todos:

Aquí estamos, Padre, reunidos en tu nombre.

Queremos escuchar tu Palabra que es Jesús,

camino, verdad y vida.

Permítenos escuchar la llamada que Él hizo

y continúa haciendo: Sígueme.

 

Una palabra inagotable, que hemos escuchado tantas veces.

Indícanos el modo de ir en pos de Jesús,

de imitarle, de acoger sus sentimientos, su estilo de vida.

 

Concédenos el don del Espíritu,

que permita que la llamada de Jesús resuene en nosotros,

para que así comprendamos y vivamos nuestra vocación:

ser santos, ser discípulos misioneros de Cristo.

 

Unidos a la Virgen María,

que conservaba la Palabra en su corazón y, con ella,

a todos los testigos de la fe que con su ejemplo nos han precedido.

 

Amén.


Monición: Vamos a escuchar un fragmento de la parábola de la semilla, que, una vez sembrada se transforma progresivamente. Primero surge un tallo, después una espiga y, por fin, un fruto abundante. Este dinamismo progresivo e ininterrumpido da esperanza. Dios regala frutos abundantes, aunque primero necesitemos constatar que tenemos tallos débiles; de esos tallos, sin saber cómo, sin que dependa de nosotros, obtenemos espigas esbeltas y, ya más tarde, el esperado fruto. Escuchemos atentamente la Palabra de Dios.


Lectura del Evangelio de Marcos:


“El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está  a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega” (Mc. 4, 26-29). Palabra de Dios.

 

(Breve silencio para la reflexión personal).

 

Oración comunitaria:

 

(Recitada a dos coros)

 

Dios y Padre nuestro,

que atiendes las necesidades de todos tus hijos

y les concedes siempre lo que conviene.

Te damos gracias por tu amor que fomenta el nuestro.

Que nuestra meta sea hacer tu voluntad en todo.


Señor Jesucristo, Salvador nuestro,

ayúdanos a crecer en santidad,

y produce en nosotros una verdadera conversión pastoral misionera.

Que tengamos un corazón compasivo como el tuyo,

para construir un mundo más fraterno.

Enséñanos a acercarnos con sencillez y humildad

a los más pequeños y necesitados,

a trabajar por la justicia y la dignidad

de todos los seres humanos.

           

Espíritu Santo,

que nos reúnes en pueblo de amor.
Inspira nuestra vocación laical,
para que anunciemos a Jesús con fidelidad,

y crezcamos, junto con nuestros pastores y la vida consagrada,

en comunión y sinodalidad.
           

Orienta nuestros pasos,

para avanzar en la construcción de una Iglesia

en la que los laicos nos sintamos corresponsables

y protagonistas de la misión evangelizadora.

 

María, Madre nuestra,
tú conociste las preguntas sin respuesta, los caminos sin salida,
la vía dolorosa.

Te pedimos que nos acompañes en esta labor tan importante

para la misión de la Iglesia en el mundo de hoy.

Que nunca nos falte la alegría y la esperanza,

cuya fuente está en tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.  AMÉN.

 

(Oración Congreso Nacional de Laicos 2020)

1.       REFLEXIONAMOS Y DISCERNIMOS:

 

“EL PRIMER ANUNCIO: RECONOCER” (Paso 1º)

 

En este primer encuentro proponemos llevar a cabo un análisis de nuestra realidad pastoral y comunitaria en torno al Primer Anuncio.




¿Qué es el Primer Anuncio?: manifestación explícita de la fe a quienes no conocen a Cristo.

 

La evangelización es la razón de ser de la Iglesia. No puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor y sin que exista un primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización (EG, n. 110). La esencia de la misma está en anunciar «Dios te ama» (ChV, n. 112), «Cristo te salva» (ChV, n. 118) y «Él vive» (ChV, n. 124), experimentando la acción del Espíritu Santo, que es quien «mantiene viva esa experiencia de salvación» (ChV, n. 130).

 

Como señala el Papa Francisco, «Cuando a este primer anuncio se le llama «primero», eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos» (EG, 164).

 

Con el itinerario Primer Anuncio buscamos reafirmar la idea de que, en el contexto de la secularización y pluralismo, caracterizado por el desconocimiento y la indiferencia hacia la persona de Jesús, la propuesta cristiana sigue siendo hoy imprescindible para la liberación de las personas y para la humanización de la sociedad. Constituye un tesoro no reservado exclusivamente para las personas creyentes; por el contrario, lejos de reservarlo para nosotros mismos, nuestra misión es compartirlo desde la experiencia de nuestro testimonio personal y comunitario con Cristo. Asimismo, pretendemos ayudar a redescubrir la necesidad de hacernos presentes, a nivel personal y comunitario, en los espacios públicos y en la vida de las personas para escucharlas, acompañarlas en sus anhelos y necesidades y anunciar el Kerigma con lenguajes adecuados a aquellos con los que se dialoga.

 

Recuperar en la Iglesia la centralidad del Primer Anuncio:

La Iglesia existe para evangelizar y, con esta tarea, responde al mandato último de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). Precisamente por ello, recuperar en el momento actual la centralidad del Primer Anuncio en nuestras acciones pastorales, como núcleo y fin de las mismas, no ha de verse como una exigencia de la necesidad de frenar la reducción del número de cristianos en nuestro país ni como otra nueva operación de marketing, sino que hemos de ser capaces de descubrir la motivación teológica de la evangelización: Jesús, nuestro Señor, nos lo pide.


“La renovación eclesial pasa por la centralidad del kerigma”, lo cual nos obliga a replantear nuestras estructuras y acciones pastorales, para valorar si están o no al servicio del Primer Anuncio. Es más, nos debe involucrar a todos, puesto que anunciar a Jesucristo no está reservado a quienes tienen un carisma específico o a grupos concretos, sino que es misión de todos y cada uno de nosotros, compromiso recibido por el Bautismo.

 

Con este contexto presente, entendemos por Primer Anuncio la proclamación explícita del kerigma: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte y ahora está vivo a tu lado cada día para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (Papa Francisco, EG, 164), con la finalidad de generar un primer encuentro con Cristo y regenerar la vida en Él y con Él.

 

En definitiva, «La centralidad del kerigma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas, a veces más filosóficas que evangélicas. Esto exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena» (EG, 165).

 

PREGUNTAS PARA EL DISCERNIMIENTO COMUNITARIO:

 

1.    ¿Está mi vida orientada a anunciar a Jesucristo?

 

2.    ¿En qué medida nuestras comunidades y nuestras estructuras están impregnadas de la cultura del primer anuncio? ¿Cómo anunciamos a Jesucristo en nuestras parroquias, asociaciones y movimientos?

 

3.    ¿Cómo acompañamos y nos sentimos acompañados en nuestra responsabilidad de anunciar el kerigma? ¿Cómo nos formamos para asumir esta tarea? ¿Cómo integramos el primer anuncio desde nuestra presencia en la vida pública?

 

1.   ORACIÓN COMUNITARIA (Oración del Papa Francisco)

 

Lector: Virgen y Madre María, tú, que, movida por el Espíritu, acogiste al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe,

 

Todos: ayúdanos a decir nuestro «sí», ante la urgencia

de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Lector: Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,

Todos: consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte.

Lector: Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres.

 

Todos: Que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz. Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros. Amén. Aleluya.

 

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