sábado, 3 de enero de 2026
Lecturas del día de hoy Sábado 3 de enero de 2026 | Evangelio de Hoy
Lecturas de la Misa en Lenguaje de Signos: DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD
"LA LUZ QUE BRILLA EN NUESTRAS TINIEBLAS" II DOMINGO DE NAVIDAD (4 de Enero de 2026)
"La luz que brilla en nuestras tinieblas"
- Propósito: Busquemos un momento de silencio esta semana para leer despacio el Prólogo de Juan (Jn 1, 1-18) y preguntémonos: ¿En qué parte de mi vida necesito que la Luz de Jesús brille hoy con más fuerza?
viernes, 2 de enero de 2026
POEMA AL DULCE NOMBRE DE JESÚS (3 de Enero)
Oh, Dulce Nombre de Jesús
San Basilio y San Gregorio: Dos gigantes que defendieron la fe
Lectio Divina: 3 de enero de 2026
«He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo
1.-Oración introductoria.
Padre Santo, dame la gracia de experimentar tu presencia en esta oración. Cordero de Dios, quita mi pecado. Sé que no he sido fiel a tu gracia, pero puedo decirte con San Pedro: “Tú sabes todo, tú sabes que yo te amo”. Dame la fuerza de tu Espíritu para arrancar de mí las raíces y secuelas del pecado. Quiero dedicar el resto de mi vida a hacer el bien a todos y en especial, a las personas que más necesidad tienen de Ti.
2.- Lectura reposada de la Palabra. Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: «Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.» Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.
3.- Qué dice la Palabra de Dios.
Meditación-Reflexión.
Dios es el Inefable, el Indecible. Por eso los autores sagrados tuvieron necesidad de echar mano de imágenes, incluso de animales. En algún momento nos hablan de la belleza del Águila escalando las alturas; de la fuerza del León; y también de la mansedumbre del cordero y la sencillez de la paloma. Hay que desterrar para siempre la imagen de un Dios que exige la sangre del Hijo para satisfacer la sed de justicia por la ofensa de los hombres. Si Dios es amor, siempre que nos apartamos de esta realidad, seguro que nos equivocamos. Hay que recuperar la imagen del cordero “paciente y bueno” anunciado por Isaías. (53, 6 ss.) Jesús es aceptado por el Padre porque luchó contra el dolor y sufrimiento de los hombres hasta dar la vida. Nosotros no estamos en el mundo para sufrir sino para quitar el sufrimiento del mundo. Y si para eso hay que luchar y sufrir, lo haremos como Jesús, desde el amor. Lo nuestro es retornar con Jesús al Paraíso, a aquel proyecto maravilloso de Dios sobre el mundo. Nosotros estamos aquí para luchar contra el mal, contra las guerras, contra todo tipo de injusticias y conseguir que “de oriente a occidente revolotee sobre nuestras cabezas la paloma de la paz”.
Palabra del Papa.
«He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado», ¡pero quita el pecado con la raíz y todo! Esta es la salvación de Jesús, con su amor y su mansedumbre. Al oír esto que dice Juan el Bautista, que da testimonio de Jesús como Salvador, debemos crecer en la confianza en Jesús. Muchas veces tenemos confianza en un médico: es bueno, porque el médico está para sanarnos; tenemos confianza en una persona: los hermanos, y las hermanas están para ayudarnos. Es bueno tener esta confianza humana entre nosotros. Pero nos olvidamos de la confianza en el Señor: esta es la clave del éxito en la vida. La confianza en el Señor: encomendémonos al Señor. «Pero, Señor, mira mi vida: estoy en la oscuridad, tengo esta dificultad, tengo este pecado…», todo lo que tenemos: «Mira esto: ¡yo confío en ti!» Y esta es una apuesta que tenemos que hacer: confiar en Él y nunca decepciona. Nunca, ¡Nunca! Escuchen bien, chicos y chicas, que comienzan la vida ahora: Jesús nunca decepciona. Nunca. Este es el testimonio de Juan: Jesús, el bueno, el manso, que terminará como un cordero: asesinado. Sin gritar. Él ha venido a salvarnos, para quitar el pecado. El mío, el tuyo y el del mundo: todo, todo.» (S.S. Francisco, 19 de enero de 2014).
4.- Qué me dice hoy a mí esta Palabra. (Guardo silencio)
5.- Propósito. En el día voy a recordar la Cruz de Cristo como suprema manifestación de amor a mí. Y viviré el día derrochando amor.
6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor Jesús, para tenerte como compañero de mi vida necesito conocerte más, especialmente en la Eucaristía, en el Evangelio y en la oración. Pero no quiero quedarme en la superficialidad de quienes sólo oyen» hablar de Ti, pero no tienen una relación personal contigo ni se preocupan de los demás. Sólo en el contacto asiduo contigo se podrá formar mi corazón de discípulo y misionero de tu amor para mis hermanos.
POEMA A SAN BASILIO Y SAN GREGORIO (2 de Enero)
Lumbreras de Capadocia
POEMA A SANTA MARÍA MADRE DE DIOS (1 de enero)
jueves, 1 de enero de 2026
Lectio Divina: 2 de enero de 2026
Juan, ¿Qué dices de ti mismo?
1.- Oración introductoria.
Señor, hoy también a mí me preguntas como aquellos judíos preguntaron a Juan ¿Qué dices de ti mismo? Mi respuesta es bien sencilla: de mí no puedo hablar porque todo lo que tengo lo he recibido de Otro que es más importante que yo. ¿Quién soy yo sin Jesús? No soy nada. Mi vida sólo tiene sentido con Jesús. Cuando me he apartado de Él, me he sentido perdido, fracasado, vacío, hueco por dentro. Gracias, Señor, porque nunca he podido soportar el vivir lejos de ti. Tú nunca has sido un lujo para mí, sino una imperiosa necesidad. Te necesito para adorarte, alabarte y amarte. Y desde ahí poder amar a los demás. Y en esa preciosa tarea encuentro mi auténtica y verdadera realización personal. Gracias, Señor, por lo bueno que siempre has sido conmigo.
2.- Lectura reposada de la Palabra: Juan 1, 19-28
Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: «¿Quién eres tú?» Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: «Yo no soy el Mesías». De nuevo le preguntaron: «¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?» Él les respondió: «No soy». «¿Eres el profeta?» Respondió:»No». Le dijeron: «Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?» Juan les contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: ´Enderecen el camino del Señor´, como anunció el profeta Isaías». Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos le preguntaron: «Entonces por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno, al que vosotros no conocéis, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias». Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
3.- Qué dice el texto.
Meditación-Reflexión
El hombre es un ser que hace preguntas. Los niños aprenden preguntando ¿qué es esto? Pero, de mayores, debemos hacernos todos, esta gran pregunta: ¿quién soy yo? Los griegos solían decir: “Conócete a ti mismo”. Y es el propio Sócrates el que comenta este texto al joven Alcibíades: “Para conocerte a ti mismo no basta conocer tu cuerpo: Tienes que conocer el alma de Alcibíades. Y no llegarás a conocer tu alma si no conoces esa pequeña “centella de divinidad” que hay dentro de ella”. Es verdad que toda persona está hecha a imagen y semejanza de Dios, pero esto no debe hacernos orgullosos ni altaneros, al contrario. Normalmente, cuando preguntan por nosotros, solemos contestar poniendo por delante nuestros títulos: soy el Sr. ministro, el Sr. Obispo, el Sr. alcalde, el Sr. Párroco… Pero Juan contestaba: “Yo no soy”… ni profeta, ni Elías, ni el Mesías. Soy la voz de otro, soy el que da paso a otro que es más importante que yo. Qué hermosa misión la de Juan: señalar con el dedo a Jesús y decir: ése es el Cordero de Dios que quita el pecado, las esclavitudes, el mal que hay dentro de nosotros. ¡Él es el importante!
Y escuchamos la palabra del Papa León XIV a los jóvenes en Tor Vergata:
“Aspiramos continuamente a un “más” que ninguna realidad creada nos puede dar; sentimos una sed tan grande y abrasadora, que ninguna bebida de este mundo puede saciar. No engañemos nuestro corazón ante esta sed, buscando satisfacerla con sucedáneos ineficaces. Más bien, escuchémosla. Hagámonos de ella un taburete para subir y asomarnos, como niños, de puntillas, a la ventana del encuentro con Dios. Nos encontraremos ante Él, que nos espera; más bien, que llama amablemente a la puerta de nuestra alma (cf. Ap 3,20). Y es hermoso, también con veinte años, abrirle de par en par el corazón, permitirle entrar, para después aventurarnos con Él hacia espacios eternos del infinito” (5-agosto-2025).
4.- Qué me dicen hoy a mí esos textos. (Guardo silencio)
5.-Propósito: Descubrir el gozo de vivir el día con toda sencillez, como uno más, como uno de tantos.
6.- Dios me ha hablado hoy por medio de su Palabra; y ahora yo le respondo con mi oración.
Necesito ser más humilde, Señor, para permanecer cerca de Ti, conociendo y haciendo vida tu Evangelio. Haz que yo no responda con teorías bonitas, que hable sólo desde mi propio testimonio, desde lo que yo he experimentado, de lo que tú, Dios mío, has hecho en mí. Tú eres el único que da sentido a mi vida. De nada me sirve la fama, el poder, los bienes materiales. Lo único que me importa es el permanecer unido a Ti para poder dar testimonio de mi fe y realizar la misión que me has encomendado.