sábado, 3 de enero de 2026

"LA LUZ QUE BRILLA EN NUESTRAS TINIEBLAS" II DOMINGO DE NAVIDAD (4 de Enero de 2026)

  


"La luz que brilla en nuestras tinieblas"

Introducción:
Hermanos y hermanas, nos encontramos en el primer domingo de este nuevo año 2026. Todavía con el eco de los villancicos y el calor del pesebre, la Iglesia nos invita hoy a profundizar en el misterio más grande de nuestra fe: "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros". No es solo un recuerdo histórico; es una realidad presente que debe transformar nuestra manera de vivir este año que comienza.
1. Dios no se queda en el cielo:
La lectura del Evangelio de Juan nos saca de la imagen del "Niño en el pesebre" para llevarnos a la eternidad de Dios. "En el principio existía la Palabra". Pero lo asombroso no es que Dios sea eterno, sino que ese Dios eterno decidió hacerse tiempo, hacerse carne, hacerse fragilidad.
Al empezar este 2026, muchos sentimos incertidumbres o miedos por el futuro. El mensaje de hoy es contundente: Dios no nos mira desde lejos. Él ha puesto su "tienda" en medio de nuestras dificultades, de nuestras familias y de nuestros trabajos. Si Dios se hizo hombre, es porque considera que nuestra vida humana, con sus luces y sombras, es un lugar digno de Su presencia.
2. La Luz y las tinieblas:
San Juan nos dice que "la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió". Es una descripción cruda de nuestro mundo. A veces, las tinieblas del egoísmo, la guerra o la indiferencia parecen ganar terreno. Sin embargo, la promesa es clara: la luz de Cristo es invencible.
Nuestra tarea para este año no es quejarnos de la oscuridad, sino encender nuestra propia lámpara. Recibir a la Palabra significa ser testigos de la verdad y de la caridad en ambientes donde parece que Dios ha sido olvidado.
3. Llamados a ser hijos:
El texto termina con una promesa gloriosa: "A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios". Este es nuestro mayor título de nobleza para el 2026. No somos esclavos del destino, ni del azar, ni del mercado. Somos hijos e hijas amados por un Padre que nos ha dado a Su propio Hijo como hermano.
Conclusión y compromiso:
Al acercarnos a la Eucaristía, pidamos la gracia de "ver su gloria". Que en este 2026 no pasemos de largo ante el misterio de Dios.
  • Propósito: Busquemos un momento de silencio esta semana para leer despacio el Prólogo de Juan (Jn 1, 1-18) y preguntémonos: ¿En qué parte de mi vida necesito que la Luz de Jesús brille hoy con más fuerza?
Que María, que acogió a la Palabra en su seno, nos enseñe a acogerla nosotros en nuestro corazón. Amén.

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