Cada 2 de enero, la Iglesia celebra juntos a San Basilio Magno y a San Gregorio Nacianceno, dos grandes Padres y Doctores de la Iglesia, cuya amistad, santidad e inteligencia fueron decisivas para la historia del cristianismo.
San Basilio nació en Cesarea de Capadocia hacia el año 329. Brillante estudiante en Atenas y Constantinopla, pudo haber alcanzado fama y poder, pero eligió una vida entregada a Dios. Influido por su hermana Santa Macrina, abrazó la vida monástica y comprendió que la verdadera grandeza no está en el prestigio, sino en la santidad. Como obispo, defendió con valentía la fe verdadera frente al arrianismo y organizó la vida monástica en Oriente con una regla que aún hoy inspira a miles de religiosos.
San Gregorio Nacianceno, nacido en el año 330, fue su gran amigo desde los años de estudio. Hombre profundamente contemplativo, poeta y teólogo, es conocido como “el Teólogo” por la profundidad con la que explicó el misterio de la Santísima Trinidad. Aunque deseaba una vida retirada, aceptó responsabilidades difíciles por amor a la Iglesia, llegando a ser obispo de Constantinopla en tiempos de graves divisiones doctrinales.
Ambos lucharon juntos para defender la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo, ayudando a que la Iglesia expresara con claridad la fe trinitaria que hoy profesamos. Su enseñanza no fue solo intelectual: estuvo acompañada por una vida austera, oración constante y entrega total.
Junto a Gregorio de Nisa, son conocidos como los Tres Capadocios: testigos de una fe pensada, vivida y entregada.
Que el ejemplo de San Basilio y San Gregorio nos enseñe a amar a Dios con la mente, el corazón y la vida entera. Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario