sábado, 2 de julio de 2022

EL MANANTIAL DE LA VIDA. Domingo 14, tiempo ordinario: 3 de julio de 2022

 Designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó de dos en dos

INTRODUCCIÓN

“Lucas es el único evangelista que narra la misión de los 72, (de los 70 como dicen algunos códices). También relata antes, la de los doce. Seguramente ha querido acentuar el carácter universal de la predicación de la nueva comunidad. Doce era el número de las tribus de Israel. Setenta era el número de las naciones gentiles, según el Génesis. El domingo pasado se hablaba del fracaso de los discípulos en su intento de preparar el camino a Jesús en su subida a Jerusalén. Probablemente, Lucas quiere poner este envío de «otros setenta y dos» para dejar un buen sabor de boca. Estos vuelven «muy contentos» de sus correrías y tienen mejor acogida que los discípulos. No penséis que se trata de enviar a un número de especialistas en comunicación. No se trata de recomendaciones a unos cuantos escogidos. El evangelio dice simplemente: «envió a otros setenta y dos». Ni siquiera dice que fueran discípulos. Se da por supuesto que todo cristiano por el hecho de serlo, tiene la misión de proclamar la buena noticia que él vive”. (Fray Marcos)

LECTURAS DE HOY

1ª lectura: Is. 66,10-14.                        2ª lectura: Gal 6,14-18.

EVANGELIO

Lc. 10,1-12.17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad». Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

REFLEXIÓN

1.- Sujetos de la Evangelización. Está claro que la mies es mucha. El Señor manda a 72 simbolizando así las ciudades conocidas de entonces. No hay un rincón del mundo que quede exento de la predicación de Jesús. La buena noticia de Jesús debe resonar en el mundo entero. Jesús no es patrimonio de un pueblo sino de todos los pueblos. Lo que sí extraña aparentemente que Jesús diga que los obreros son pocos. Los escribas y fariseos que se dedicaban al estudio de la Biblia y a su difusión se podían contar por miles. ¿Qué quiere decir Jesús con que son pocos? Que son pocos los que a Él le sirven para extender su mensaje. Para hablar de Jesús no sirve cualquiera sino aquellos que han estado cerca de Jesús, han captado su estilo de vida, lo han aceptado con gozo y sienten una necesidad imperiosa de comunicar a otros lo que ellos han experimentado.  El modo de esa predicación puede ser diferente, pero la base, el fundamento de toda predicación, es la vida misma de cada cristiano. Vivir como cristianos, es la mejor predicación y la que convence. En cada instante estamos predicando, para bien o para mal. El misionero, el catequista, el evangelizador, no es un “Maestro” que enseña lo aprendido en los libros. Es un “testigo” que narra con alegría su vivencia de fe.

2.- Objeto de la evangelización: La Buena noticia (evangelio). «El reino, que es Dios, está cerca». Nada de peroratas teológicas, nada de discursitos apologéticos, nada de propagandas ideológicas, nada de doctrinas ni rituales ni normas morales… Lo único que un ser humano debe saber es que Dios le ama.  Y le ama con el cariño y la ternura de una madre. “Como a un niño a quien su madre consuela así os consolaré yo” (1ª lectura) Para captar el significado de esta imagen hay que ir al salmo 122 “Acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre”. En el texto original, tiene más fuerza: “como un niño que acaba de mamar”. El niño antes de mamar, tiene hambre y lloriquea para que su mamá le dé el pecho cuanto antes. Mientras está mamando está agitado porque cree que le va a faltar. Sólo cuando acaba de mamar, se siente satisfecho, feliz, y se queda dormido en brazos de su mamá. Esta es la bella imagen del salmista al hablar de ese niño, que somos tú y yo, cuando confiamos plenamente en nuestro Padre-Dios.

La parábola más bella del evangelio la podemos estropear si todavía seguimos llamándola: “del hijo pródigo” y no del Padre bueno a quien le traiciona el corazón. Jesús jamás pensó en hacer una parábola para describir la situación de un hijo tan calavera. En eso no pierde ni un minuto. Pero emplea todo su tiempo en hablar de lo maravilloso que es el Padre-Dios. Ese hijo que se encuentra con ese Padre, ¿acaso tuvo ya tentación de irse otra vez de casa? Nuestro gran pecado consiste en el desconocimiento de Dios, en no creernos lo que Dios nos ama. Una persona que no tenga experiencia del Dios-Amor no está capacitada para evangelizar.

“Paz a esta casa”. La paz es el cúmulo de bienes mesiánicos. Tener paz es realizarse uno plenamente como persona. Dar la paz es dar esa vida en plenitud que llevamos dentro. Esta paz no es una condición para el Reino sino una consecuencia de que el Reino de Dios ha estallado dentro de nosotros. Cuando yo me creo de verdad que Dios me ama, todo es posible.

3.- Medios para evangelizar. Sigamos las consignas del evangelio:

“Los mandó de dos en dos”. El evangelizador debe “dar testimonio” de lo que dice. Y el testimonio de uno no es válido. El testimonio debe ser “eclesial”. Sólo desde el nido de la comunidad en la que “dos (o más) están reunidos en su Nombre” (Mt. 18, 19) se hace presente el Señor. Y sin la presencia del Señor no cabe evangelizar. “Sin Mí no podéis hacer nada” (Jn. 15, 5).

“A los lugares a donde iba a ir Él”. Es muy consolador el pensar que el Señor viene detrás de nosotros. ¡Qué alivio! No viene a fiscalizarnos, sino a poner orden, a corregir las chapuzas que hacemos cada día. Podemos permitirnos el lujo de saber que somos muy limitados y vamos a hacer mal las cosas. Detrás vendrá el Señor y las arreglará.

“No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino”.  El evangelizador debe ir “ligero de equipaje”. Sólo debe llevar en las alforjas a Dios que es espíritu, y pesa muy poco. En cambio, debe llevar las alforjas cargadas de alegría, de ilusión, de esperanza, de paz. Y siente tanta prisa en anunciarlo que no se puede permitir el “coger capazos” y entretenerse en el camino. Como María que salió a visitar a Isabel “con prisa” (Lc. 1,39).

“Los setenta y dos volvieron con alegría” La mayor alegría de la vida es trabajar en aquello que te gusta, en aquello que te agrada. Jesús invitaba a sus discípulos a “contemplar los campos dorados dispuestos para la siega” (Jn.4,34). ¿Cómo no descubrir la maravillosa obra de su Padre en la elaboración de esa semilla que un día deposita el labrador en el campo, se va tranquilo a dormir y después viene a cosechar? ¿Creció sola la semilla? Creció con la caricia del sol, del viento, de la lluvia, es decir, con la caricia de Dios. Así será en la siembra de la Palabra. ¿Cómo no estar alegres con un Dios tan bueno y tan maravilloso?

PREGUNTAS

1ª ¿Es voluntad del Señor que salgamos a llevar el evangelio a todo el mundo? ¿Por qué me quedo tan tranquilo, sentado en mi sillón? ¿Espero que vengan? ¿No estaré confundiendo peligrosamente el verbo “venir” con el verbo “ir?

2ª ¿Estoy convencido de que la gente necesita experimentar lo que Dios les quiere? ¿Qué hago para que esto sea posible?

3ª ¿Qué métodos estoy usando para evangelizar? ¿Coinciden con los que nos dejó Jesús?


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