El mensaje de este domingo es para todos una invitación a la conversión radical del corazón, a fin de conquistar el reino, porque solamente los esforzados le darán alcance. Necesitamos convertirnos urgentemente; mañana puede ser tarde.
Tercera lectura: Lucas 13, 22-30 (Puerta que se abre para unos y se cierra para otros)
“Para entender correctamente
la invitación a «entrar por la
puerta estrecha», hemos de recordar las palabras de Jesús que podemos
leer en el evangelio de Juan: «Yo soy la
puerta; si uno entra por mí será salvo» (Juan 10,9). Entrar por la puerta estrecha es «seguir a Jesús»;
aprender a vivir como él; tomar su cruz y confiar en el Padre que lo ha
resucitado. En este seguimiento a Jesús, no todo vale, no todo da igual; hemos
de responder al amor del Padre con fidelidad. Lo que Jesús pide no es rigorismo
legalista, sino amor radical a Dios y al hermano. Por eso, su llamada es fuente
de exigencia, pero no de angustia. Jesucristo es una puerta siempre abierta.
Nadie la puede cerrar. Sólo nosotros si nos cerramos a su perdón”. (J.A.Pagola)
1.– La puerta estrecha. En
las antiguas ciudades amuralladas, había grandes puertas que estaban abiertas
durante el día y por donde entraban los camellos cargados de toda clase de
mercancías. Y estas puertas se cerraban por la noche. Pero había una escondida
muy pequeña por donde sólo podían entrar las personas. Esta es la puerta
estrecha. No se puede atravesar cargado de dinero o de mercancías
materiales. Hay que ir ligeros de equipaje, como decía el Señor: “No
llevéis nada por el camino: ni alforja ni bolsa” (Lc. 10,4).
Entonces, ¿qué debemos llevar? Un solo libro: el evangelio hecho vida, al
estilo de María. Esa es la “puerta estrecha” que ha abierto tantas puertas a
tantas personas. A los que viven el evangelio, al pasar por la “estrecha puerta
de la muerte”, se les concede abrir otra puerta que ya nadie puede cerrar.
(Apo. 3,7). Es la puerta grande y universal que nos lleva a la
Resurrección. Una puerta a la esperanza, al amor, a la ilusión, al gozo eterno
y verdadero.
2.- ¿Quién estará detrás de la puerta? La
pregunta que le hicieron a Jesús en este evangelio era sobre números. ¿Son
muchos los que se salvan? Jesús no está demasiado preocupado por los números.
Jesús no entra en las cuestiones superficiales de las escuelas de los escribas
y fariseos de entonces. A Jesús le encanta hablar de un Padre maravilloso que “hace
salir el sol sobre buenos y malos y manda su lluvia sobre justos y pecadores”
(Mt. 5,45). A Jesús le interesa que todo el mundo se entere
de lo bueno que es ese Padre que disfruta cuando están todos sus hijos
alrededor de su mesa. A los discípulos también les interesaban preguntas
semejantes: “Señor, cuando sucederá eso? Estaban
interesados por el tiempo. Tampoco eso le preocupa demasiado a Jesús. “Nadie
sabe nada. Es algo que se ha reservado el Padre” (Mt. 24,16). Detrás
de la “puerta estrecha de la muerte” habrá un Padre “que nos sorprenderá”. Nos
sorprenderá porque será mucho más maravilloso de lo que aquí habíamos soñado.
Aquí sólo lo podíamos ver a través de “sombras y espejos. Allí le veremos cara
a cara” (1Cor. 13,12).
3.- Y vendrán de oriente y occidente, del
norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. El
evangelio termina con una llamada a la “universalidad”. Por parte de Dios nadie
puede estar excluido de la casa y de la mesa. El orgullo de un padre es ver a
todos sus hijos alrededor de una mesa. Y la gloria del Padre, el orgullo de
nuestro Padre Dios, es poder compartir con todos sus hijos “el vino de la
alegría” en la mesa de su reino. Este deseo de Dios nos debe incentivar a
todos los que nos denominaos cristianos a ser cristianos de verdad y no de
apariencias. Y vivimos en la verdad cuando intentamos ser coherentes entre lo
que creemos y lo que vivimos. Más aún, en este mundo nuestro tan alejado de lo
religioso, debemos dar testimonio de nuestra fe. La gente no nos va a preguntar
por lo que sabemos de Dios. Pero sí les interesa que les digamos “a qué sabe
Dios”. La gente necesita saber que con Jesús se vive muy bien, que
es el “sentido de la vida”. Nos ha hablado de Dios desde la experiencia
personal que Él ha tenido y, como resumen, sólo nos ha dejado una
palabra: “Abbá”. Dios es un Papá maravilloso, encantador, comprensivo y
perdonador. Como Padre sólo le interesa vernos felices.
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