sábado, 21 de marzo de 2015

V DOMINGO DE CUARESMA

V Domingo de Cuaresma 22 de marzo de 2015
 

 

 Estamos pasando ya las últimas jornadas de este tiempo de amor y conversión. La cuaresma permanece hasta que se inicia el Triduo Pascual, allá en la tarde del Jueves Santo. El domingo próximo es Domingo de Ramos y es, asimismo, el inicio de lo que también llamamos Semana Santa. Puede verse que nos acercamos a esas fechas en las que celebramos los grandes misterios de nuestra fe. Y hoy Jesús de Nazaret nos va a volver recordar que es necesario que Él sea alzado en la Cruz para que nosotros, para que la humanidad no perezca. Abramos nuestro corazón a esas verdades y completemos nuestra conversión para mejor entender el sacrificio de Cristo, el Señor.
 
LECTURA DEL LIBRO DE JEREMÍAS 31, 31-34
 

1.- El libro de Jeremías nos habla de una alianza nueva entre Dios y su pueblo. Los pecados desaparecerán y la nueva ley llegará hasta nuestros corazones por mano del Señor. Ya el profeta anuncia esa nueva alianza que Cristo nos va a traer con su enseñanza, con su Muerte y su Resurrección.
 
SALMO 50
R.- OH, DIOS CREA EN MI UN CORAZÓN PURO
 
S.- El Salmo 50 ha sido un cántico de Penitencia durante siglos para muchas generaciones de cristianos. Tal vez, el texto latino no comprendido en demasía hizo que este salmo tuviera “mala fama”. Pero es hermosísimo y demuestra el gran amor de Dios hacía su pueblo “al que devuelve la alegría de la salvación”.
 
LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 5, 7-9
 
2.- El brevísimo fragmento de la Carta a los Hebreos que leemos hoy, refleja bien el drama de Cristo, Nuestro Señor, ante la muerte. Jesús no quería morir, como ningún ser humano en su sano juicio. Pero aceptó su sacrificio, con obediencia total al Padre, para que nosotros viviéramos.
 
 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 12, 20-33
 
3.- No hay vida donde no hay fruto, ni hay fruto si la semilla no muere. La muerte de Jesús ha dado vida y ha transformado a todos los hombres. Eso nos dice Jesús, hoy, a través de las palabras del Evangelio de San Juan. Y por eso los frutos que nosotros recogemos son todos regalos de Dios. Esto nos muestra que la vida no nos pertenece para vivirla a solas, sino que la tenemos que poner al servicio de los demás.
 
 

 

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