sábado, 15 de agosto de 2015

19 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/B

XX Domingo del Tiempo Ordinario16 de agosto de 2015

Continúa el Evangelio de Juan con el discurso del Pan de Vida. Jesús se va a proclamar para siempre alimento para poder caminar por la senda que lleva a la vida feliz, a la Eternidad en la Gloria de Dios Padre.
Estos domingos en que vamos leyendo y meditando el discurso de Jesús sobre el pan de vida nos invitan a colocarnos delante del sacramento de la Eucaristía para que el mismo Señor nos vaya desvelando su misterio y su riqueza. Sabemos que Jesús nos ofrece verdaderamente su cuerpo y su sangre en el sacrificio de la Eucaristía. El Señor nos pide esa fe que nos permite acercarnos a la comunión.
 
Jesús une la donación de su vida a la realidad del sacrificio de la cruz. Por eso, en la Comunión Jesús nos hace entrar en relación con la ofrenda que ha hecho de sí mismo al Padre.
 
El Señor se nos ofrece como "pan", "alimento", "comida". Y está diciendo que comparte con nosotros la fraternidad, la amistad y la fiesta de nuestra liberación. Esto es lo que celebramos en cada Eucaristía.
 
Todo brota y se rige por la Sabiduría de Dios. La sabiduría ofrece un banquete a los hombres y, quienes participan en él, van adquiriendo inteligencia, sensatez y sabiduría.
 
Quien vive bajo la luz del Espíritu irradia a su alrededor la bondad, la alegría, la esperanza y la Paz del Evangelio de Jesús.
No es sabio  ni sensato, nos recuerda San Pablo, quien se "emborracha" con los bienes que la sociedad ofrece: alimentos, confort, placer de vida, etc.  y le da la espalda a Dios.
 
Pidamos a Jesús que nos ayude a valorar la Eucaristía.
Cuando tomamos y comemos es Pan, somos asociados a la vida de Jesús, entramos en comunión con él, nos comprometemos a realizar la comunión entre nosotros, a transformar nuestra vida en don, sobre todo a los más pobres.
 
La Eucaristía es fuente de amor para la vida de la Iglesia, es escuela de caridad y de solidaridad. Quien se nutre del Pan de Cristo ya no puede quedar indiferente ante los que no tienen el pan cotidiano. (El Papa Francisco)
 
Quien le acoge a Dios y le ofrece acción de gracias, está haciendo que su vida sea un auténtico cántico de alabanza.
 
¡Alabado sea Jesucristo!.
 
 

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