sábado, 19 de diciembre de 2020

EL MANANTIAL DE LA VIDA. Domingo 4º de adviento: 20 de diciembre de 2020

 


LECTURAS BÍBLICAS

1ª Lectura: 2Sam. 7,1-5.8b-12.   

  2ª Lectura: Ro. 16.25-27

EVANGELIO







AUDIO

Santo evangelio según san Lucas (1.26-38):

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Destacamos algunos aspectos de este texto tan antiguo y siempre nuevo.  Y hacemos silencio dentro de nuestro corazón.

1.– ALÉGRATE, LA LLENA DE GRACIA. Dios es amor y sólo tiene una preocupación:  el hacernos plenamente felices. Es lo primero que hace Dios: llamarnos a la alegría. En este caso es la alegría mesiánica, el gozo de tantos personajes famosos en la historia de Israel que “quisieron ver este día y no lo vieron”.  El nombre de la Virgen era MARIA. Pero el nombre que le da el Ángel es “la llena de gracia”.  Lo que define el ser más genuino de María es el “estar llena de Dios”. María rezuma a Dios, rebosa de DiosSi Dios nos quisiera poner a nosotros un nombre ¿Qué nos pondría? ¿Los llenos de Dios?  ¿O tal vez los “vacíos de Dios”, “los mediocres de Dios”, los “vulgares de Dios?  María es una llamada constante a la plenitud.

2.– ELLA SE TURBÓ. Y no era para menos. Lo que el Ángel le anunciaba era tan enorme que no lo podía digerir. Siente esa especie de “escalofrío” que suscita el Misterio. Y se da siempre que lo finito se topa con lo INFINITO, la nada con el TODO, o como dirá Santa Teresa “el ser que no es con el ser que nunca acaba”. Dice R. Tagore: cuando un pájaro ha cantado sobre la rama de un árbol, al marchar, la rama queda estremecida. No un pájaro cualquiera, ni siquiera un ruiseñor, sino un ángel de Dios ha cantado el más bello canto sobre la rama tierna del viejo árbol de Israel. La rama llamada María “quedó estremecida”.  Las palabras de María en el Magníficat es el himno de agradecimiento cantado por María con esa alma estremecida. 

3.– HAGASE EN MÍ.  En la vida es bonito decir sí. Es bonito estar atentos a las necesidades de los demás. Cuando una joven pareja se presenta ante el Altar para decirse que sí, que se quieren, Dios les regala un Sacramento. Si ha habido un sí famoso en la historia de la humanidad ha sido el sí de María.  Nadie ha recogido tan bien como San Bernardo ese momento único y trascendental. “El ángel espera tu respuesta, Oh María. También nosotros estamos esperando. En tus manos está el precio de nuestro rescate: responde pronto, Oh Virgen. Pronuncia la palabra que el cielo, la tierra y hasta los infiernos esperan de ti.… Mira, es el deseo de todas las gentes el que está ahí fuera y llama a tu puerta…Levántate, corre, abre. Levántate con la fe, corre con tu afecto, abre con tu consentimiento”.  María tuvo la osadía de decir sí al Misterio de Dios. Como otro Abrahán, salió de su tierra, salió de sí misma y se dirigió a la tierra de Dios “sin saber adónde iba”. María cargó con el Misterio de Dios durante toda su vida. No pretendió abrirlo, entenderlo, porque lo hubiera estropeado. María “no entendió a Dios” (Lc. 2,50), pero hizo algo mucho más importante: se fió plenamente de Él. 

PREGUNTAS.

1.- ¿Estoy contento con Dios? ¿Me llena Dios por dentro? ¿Me hace feliz?  Y si lo soy, ¿Me preocupo de hacer felices a los demás?

2.- ¿Siento necesidad de admirar a Dios, adorarle, alabarle, y estremecerme ante sus palabras?

3.– El sí que doy a Dios, ¿lo doy también a los demás? 

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