miércoles, 23 de febrero de 2022

Evangelio de hoy Jueves 24 de febrero de 2023 | Lectura y Reflexión


 “Que haya sal entre vosotros mismos y viváis en paz unos con otros».

1.-Oración introductoria.

Señor, las personas somos capaces de todo: de lo mejor y de lo peor. Podemos ser altruistas, generosos, desinteresados hasta ir entregando la vida por los más pobres y desgraciados, como nuestra santa moderna, Santa Teresa de Calcuta. Pero también podemos manchar el alma limpia y pura de los niños. Dame, Señor, la gracia de vivir siempre siendo sal, que no estropee su efecto de conservar y dar sabor a este mundo tan triste y tan soso. 

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 9, 41-50

Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie te está haciendo caer, córtatelo; porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo prepara tu caída, sácatelo; pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».

3.- Qué dice este texto del  evangelio.

Meditación-reflexión.

Las palabras del evangelio de hoy son muy duras. Si tu mano, si tu pie, son  ocasión de escándalo, ¡Córtalos! La dureza de sus palabras está en consonancia con la gravedad del pecado. Jesús defiende a todos, pero especialmente a “sus pequeñitos”.  El Papa Francisco es un luchador contra aquellos que abusan de los niños. Para prevenir, ahí están las palabras del Señor a todos los cristianos: Si alguna vez pasa por vuestra mente alguna idea  de este tipo, hay que pedirle al Señor antes de cometer tal crimen, ¡Que me corten las venas! ¡Que me mutilen! ¡Que me maten!,  Incluso aquí se habla de la Gehena, del infierno. El infierno comienza ya aquí. Y la mejor manera de ir al cielo es ser ya desde aquí un cielo para los demás. La sal es buena, sirve para evitar la corrupción y dar sabor a la vida. Pero si se vuelve insípida, ¿Para qué sirve? Cuando los cristianos perdemos el sabor a evangelio, ya no servimos para nada. Sólo para ser despreciados por la gente.  Hay que recuperar “las manos”, “los ojos” y “ los pies” para poner nuestras acciones al servicio del evangelio. 

Palabra del Papa.

“Sabemos que [a la Iglesia] no le faltan hijos reacios e incluso rebeldes, pero es en los santos donde la Iglesia reconoce sus propios rasgos característicos y, precisamente en ellos, saborea su alegría más profunda. Todos tienen en común el deseo de encarnar el Evangelio en su existencia, bajo el impulso del eterno animador del Pueblo de Dios, que es el Espíritu Santo. Al fijar la mirada sobre sus propios santos, esta Iglesia particular ha llegado a la conclusión de que la prioridad pastoral de hoy es hacer de cada hombre y mujer cristianos una presencia radiante de la perspectiva evangélica en medio del mundo, en la familia, la cultura, la economía y la política. Con frecuencia nos preocupamos afanosamente por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, dando por descontado que hay fe, lo cual, lamentablemente, es cada vez menos realista. Se ha puesto una confianza tal vez excesiva en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y funciones, pero ¿qué pasaría si la sal se volviera insípida?” (Benedicto XVI, Homilía, Terreiro do Paço de Lisboa, 11 de mayo de 2010).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Me comprometo a luchar junto al Papa Francisco, para erradicar de la Iglesia y del mundo este  horrible pecado de los abusos a los niños.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy me has hablado de un tema muy actual, de un pecado muy horrible: el hacer daño a los niños, “tus predilectos”. Quiero unirme al Papa Francisco para que en la Iglesia de Jesús no se den ya más este tipo de pecados, especialmente entre los clérigos.  Limpia, purifica, a tu Iglesia.  Que brille el rostro bello de una Iglesia, esposa de Cristo, “sin mancha, sin arrugas”. 

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