Hermanos y hermanas, ¡Feliz Año Nuevo! Iniciamos este 2026 no solo cambiando un calendario, sino celebrando el dogma más antiguo de la Virgen: María es la Theotokos, la Madre de Dios. Al comenzar este ciclo de 365 días, la Iglesia nos pone bajo su manto para recordarnos que Dios no es un concepto lejano, sino alguien que tiene rostro, que nació de una mujer y que ha decidido caminar a nuestro lado.
1. El silencio que comprende (María meditaba en su corazón):
El Evangelio de hoy nos muestra un contraste hermoso. Por un lado, los pastores llegan "corriendo", llenos de asombro y contando a todos lo que habían visto. Por otro lado, María guarda silencio. Dice san Lucas que ella "conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".
En un mundo que corre demasiado rápido y que a menudo nos abruma con noticias, ruidos y prisas, María nos enseña la liturgia del corazón. Meditar no es solo pensar; es "atar cabos", es unir lo que nos sucede (lo bueno y lo difícil) con el amor de Dios. Que este 2026 sea un año para no vivir superficialmente, sino para profundizar en el sentido de nuestra vida desde el silencio de la oración.
2. Una bendición para el camino:
La primera lectura del libro de los Números nos regala la bendición más antigua de la Biblia: "El Señor te bendiga y te proteja... te conceda la paz". Al empezar el año, muchos buscamos la suerte o el éxito. Pero la fe nos ofrece algo superior: la Bendición.
Ser bendecidos significa que, pase lo que pase en este 2026, la mirada de Dios estará sobre nosotros. No caminamos huérfanos. María, al darnos a Jesús, nos entrega la "Bendición encarnada". Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo.
3. El nombre de Jesús y la Paz:
Hoy también celebramos la Jornada Mundial de la Paz. El Evangelio concluye con la imposición del nombre al Niño: Jesús, que significa "Dios salva".
La paz no es solo la ausencia de guerras; es el estado del corazón que se sabe salvado y amado por Dios. No podemos construir paz fuera si no la tenemos dentro. Que el nombre de Jesús sea nuestra primera palabra en este año, para que nuestras acciones sean instrumentos de reconciliación en nuestras familias y en nuestra sociedad.
Conclusión:
Al salir de esta Eucaristía, llevemos con nosotros la actitud de los pastores: la alegría de haber encontrado al Señor. Y llevemos la actitud de María: la confianza de quien sabe que Dios cumple sus promesas.
Ponemos en las manos de María Madre de Dios nuestros proyectos, nuestras preocupaciones y este año 2026 que hoy recibimos como un regalo de la misericordia divina.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros. Amén.
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