"Hijos amados y enviados a servir"
Las lecturas del domingo 11 de enero de 2026, que celebran el Bautismo del Señor, incluyen una lectura del profeta Isaías sobre el Siervo de Dios (Isaías 42:1-4), una lectura de la carta de San Pablo a los Gálatas sobre la filiación en Cristo (Gálatas 4:4-7), y el Evangelio según San Mateo (3:13-17) que narra el bautismo de Jesús en el Jordán, donde el cielo se abre y la voz del Padre lo identifica como su Hijo amado, marcando el inicio de su misión.
Introducción
Hoy cerramos con broche de oro el tiempo de Navidad. Hemos contemplado a Jesús como un niño en el pesebre y como el Salvador manifestado a los Magos. Hoy, lo vemos como un adulto que sale a la luz pública. El Bautismo en el Jordán no es solo un rito de purificación; es la Epifanía del Hijo de Dios que asume su misión para con nosotros.
1. La humildad que salva (El gesto de Jesús)
Resulta sorprendente que Jesús, el Santo de Dios, se ponga en la fila de los pecadores para recibir el bautismo de Juan. No lo hace porque necesite perdón, sino por solidaridad. Al sumergirse en el agua del Jordán, Jesús se sumerge en nuestra propia realidad, en nuestras heridas y en nuestros pecados.
Él no nos salva desde la distancia de un trono, sino desde la cercanía de la fila de los necesitados. "Cumplir toda justicia", como le dice a Juan, significa cumplir la voluntad del Padre: estar al lado del ser humano hasta las últimas consecuencias.
2. La voz del Padre y nuestra Identidad
Al salir del agua, ocurre lo extraordinario: el cielo se abre. El pecado había cerrado la comunicación entre el cielo y la tierra, pero en Cristo, el cielo vuelve a estar abierto para nosotros. La voz del Padre resuena: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo mi complacencia".
Estas palabras no son solo para Jesús. En el día de nuestro propio bautismo, Dios pronunció esas mismas palabras sobre cada uno de nosotros. A veces el mundo nos dice que valemos por lo que tenemos o por lo que hacemos. El Bautismo nos dice que valemos porque somos hijos amados de Dios. Esa es nuestra dignidad más profunda que nadie nos puede quitar.
3. La misión del Espíritu (El Siervo de Dios)
La primera lectura de Isaías nos describe cómo debe ser este "Hijo amado": alguien que no grita, que no rompe la caña quebrada ni apaga la mecha que todavía humea. El Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma para ungirlo como el Siervo que trae la paz.
Como cristianos, estamos llamados a continuar esta misión. Ser bautizados significa ser "otros Cristos" en el mundo. En un 2026 que sigue necesitando esperanza, nuestra misión es:
- No apagar la esperanza del que está desanimado (la mecha que humea).
- No pisotear al que ya está herido por la vida (la caña quebrada).
- Ser luz de las naciones a través de la justicia y la caridad.
Conclusión
Al terminar esta celebración, el Tiempo Ordinario comienza. Mañana volvemos a la rutina, al trabajo, a los estudios. Pero no volvemos solos. Volvemos como personas que tienen el cielo abierto sobre sus cabezas y el Espíritu de Dios en sus corazones.
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