Don José Serrano Bericochea
Logroño, 6 de enero de 2026
Viudo de doña Margarita del Carmen Sáenz Sáenz
Logroño, 7 de enero de 2026
"De las tinieblas a la Gran Luz"
Nos reunimos hoy con el corazón encogido por la partida de nuestro hermano José. En este 7 de enero, todavía bajo
el resplandor de la Epifanía, la Iglesia nos habla de una "gran luz"
que nace en medio de la oscuridad. Aunque hoy sintamos que la tiniebla del
duelo nos rodea, la Palabra de Dios viene a decirnos que la muerte no es un muro,
sino un umbral iluminado por Cristo.
1. El paso por la
oscuridad (El Evangelio)
El Evangelio de hoy (Mateo 4, 12-17) nos dice que "el pueblo que
habitaba en tinieblas vio una luz grande". La pérdida de un ser
querido es, sin duda, nuestro momento de mayor oscuridad. Sin embargo, Jesús
eligió precisamente los lugares de "sombra de muerte" para comenzar
su misión.
Él no es un Dios
lejano al dolor. Al hacerse hombre, Jesús habitó nuestra tristeza para que
nadie tenga que caminar solo por el valle de la muerte. José ya no
camina en penumbra; la promesa del Reino de los Cielos que Jesús anunció hoy en
el Evangelio es ahora para él una realidad plena.
2. La confianza del
hijo (La Primera Lectura)
La lectura de San Juan (1 Juan 3, 22 – 4, 6) nos recuerda que Dios nos ha dado
su Espíritu. En un funeral, el discernimiento más importante que podemos hacer
es reconocer que nuestra vida le pertenece a Dios. San Juan nos dice: "En
esto conocemos que Él permanece en nosotros".
José llevó en vida
esa chispa del Espíritu. Sus obras de amor, su entrega y su fe fueron las
formas en que la luz de Dios se manifestó a través de su persona. Hoy, esa fe
se transforma en visión: ya no necesita señales, porque ahora ve a Dios cara a
cara.
3. La invitación a la
esperanza
Jesús recorría Galilea "curando toda enfermedad y toda dolencia". La
muerte es la última dolencia del cuerpo, pero la resurrección es la curación
definitiva del alma. Al despedir a nuestro hermano, no lo hacemos con la
desesperación de quienes no tienen esperanza, sino con la confianza de quienes
saben que el Amor es más fuerte que la muerte.
Conclusión
Que San Raimundo de Peñafort, cuya memoria celebramos hoy y quien dedicó su
vida a guiar a las almas con misericordia, interceda por José.
Señor, recíbelo en tu
Reino donde no hay luto, ni llanto, ni dolor, sino paz y alegría sin fin. Que
esa "Luz Grande" que hoy menciona el Evangelio brille para él
eternamente. Amén.
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